domingo, 29 de abril de 2012

Nombres que nadie escribió

De vez en cuando, algunos de ustedes sugieren que me ponga en plan abuelo Cebolleta y cuente batallitas viejas. Lo hago con placer, porque me gusta la Historia y creo útil recordar ciertos episodios que, para bien o para mal, nos definen. E incluso, a veces, permiten reconciliarnos con nosotros mismos: con este desgraciado país que, pese a obispos, reyes, ministros y generales, también parió durante siglos a no poca gente honrada, valerosa y decente. A hombres y mujeres con los que valdría la pena tomarse una copa, e incluso dos. A fulanos admirables.
No siempre es necesario ir lejos en busca de analgésicos. Ejemplo fresco es algo ocurrido hace poco en Afganistán. En la guerra de Afganistán, palabra incómoda para esa idiotez de las Fuerzas Armadas Desarmadas Humanitarias que todo ministro de Defensa, sin distinción de pelaje ni pesebre, pretende calzarnos por la cara. El caso es que, en un lugar llamado Vigocho, hubo candela. Y varios nombres de legionarios españoles, que debían haber sido mencionados en el telediario y los papeles, no lo fueron. Si hubiera sido fútbol, no faltarían fotos, protagonistas calificados de héroes y ondear de banderas. Pero pegar tiros es menos mediático. Poco humanitario. Así que, por si les interesa –si no, lean a Paulo Coelho–, hoy cedo esta página al general que sí mencionó esos nombres en la orden del día. Y que, por cierto, no tiene mala prosa:
«Con motivo del combate acaecido el 7 de marzo de 2012, quiero felicitar a los componentes de la IIIª Sección de la TF 1ª Legión por su meritoria actuación, en especial los que se relacionan a continuación:
Teniente Ramón Prieto Gordillo. Jefe de la III Sección. Reaccionó de forma ejemplar. Dirigió el fuego de sus pelotones, distribuyendo los fuegos propios y solicitando apoyo del Pelotón de Morteros para hacer frente al fuego enemigo. Mantuvo la calma, transmitiéndola a sus subordinados. Coordinó la evacuación del herido, y realizó el repliegue de forma ordenada y coordinada.
Sargento José Moreno Ramos. Jefe del 3er. Pelotón. En cuanto recibe información sobre un hombre suyo herido en el cuello comprueba que su pelotón responde al fuego, realiza fuego rápido de supresión y abandona su pozo bajo fuego enemigo para atender personalmente al herido, que se encontraba cuarenta metros al sur. Mantuvo la calma en todo momento y la transmitió a sus subordinados. Su actuación en la atención de las heridas de uno de sus hombres, cortando una abundante hemorragia bajo fuego enemigo, fue determinante para salvarle la vida.
Cabo 1º José Manuel Gómez Santana. Jefe del equipo de tiradores de la compañía. Suprimió los orígenes de fuego enemigos realizando fuego de Barret y de Fusa, designó objetivos al jefe de sección, corrigió el fuego de mortero. Atendió a su binomio (compañero observador) cuando quedó cegado por la tierra a consecuencia del fogonazo del Barret. Mantuvo la calma en todo momento, siendo su actuación fundamental y clave para hacer frente al enemigo.
Cabo 1º José Miguel Ortega. Jefe del 1º Pelotón. Realizó de forma precisa fuego de mortero contra dos objetivos, exponiéndose al fuego enemigo para realizar fuego con eficacia, dirigiendo el fuego de su pelotón para que se le apoyase cuando se exponía al tirar con el mortero. Saltó de su posición, avanzando al descubierto para ocupar una mejor posición de tiro. Colaboró en la evacuación del herido, manteniendo la calma en todo momento.
Cabo Fernando Carrasco Ibriani. Jefe de Escuadra, tirador de MG42. Realizó fuego eficaz contra tres orígenes de fuego enemigos, manteniéndose firme sobre su ametralladora sin cesar en su apoyo en ningún momento. El jefe de Sección observa cómo el fuego de su ametralladora cae sobre un insurgente a 250 metros. Designó al jefe de su Sección los cuatro orígenes de fuego enemigos. Informaba del consumo de munición, dosificando los últimos 250 cartuchos, haciendo fuego sólo contra objetivos claramente identificados. Mostró un control total de la situación.
Iván Castro Canovaca. Fusilero del 3º Pelotón. Herido en los primeros segundos del combate, mantiene la calma y pide a su jefe de Pelotón que lo deje solo y acuda a su puesto nuevamente. Cuando su jefe de Sección le decía que estuviera tranquilo, que volvería a España a ver nacer a su hija, respondió que eso no le importaba en ese momento, que lo que quería era seguir en su puesto. No perdió en ningún momento la compostura, evitando ser un problema más en aquella situación».
Arturo Pérez-Reverte
Félix Velasco - Blog

La mala boina

El gran problema de los nacionalistas no es el nacionalismo, un problema intelectual y mental que sólo les afecta a ellos. La infección del ombligo de un número indeterminado de españoles no es un problema para España. Me lo decía un multimillonario en una tarde-noche en la que se sintió cercano a la humanidad: «Tengo un enorme problema. Mi hija vota a Zapatero». Alivié el peso de sus alforjas. «El problema no es tuyo, es de tu hija». Se sintió algo consolado, pero no del todo. El gran problema de los nacionalistas es que son antipáticos. No se trata de una táctica. Sale de su natural forma de ser. Y resulta lógico, por cuanto están acostumbrados a tratarnos a patadas a quienes no pensamos como ellos, y menos aún, los comprendemos. Se han dado excepciones. José Antonio Ardanza, que fue muchos años «Lehendakari», es una persona amable y educada, que combatía con sus ideas para no herir la sensibilidad de quienes no eran nacionalistas. Y el parlamentario de CIU Sánchez-Llibre es otro nacionalista agradable, al que la buena cuna y la educación recibida de niño le imponen todavía un respeto. Pero Arzallus es antipatiquísimo, como Eguibar, como Ibarreche, como Setién y demás proboscídios de la boina.
De siempre he sentido curiosidad por conocer los pormenores de la declaración de amor de Arzallus a su primera novia. «Amiga, algo te estimo», y ella, desfallecida por la emoción. «Es lo más bonito que me han dicho en la vida, Javiercho». «Pues ya sabes».
Urkullu tampoco es simpático, y está errado, sin «h», no vayamos a confundirnos. Habla en nombre de todos los vascos y se cree el dueño de sus tierras, tan españolas de siglos como las castellanas, las andaluzas, las catalanas o las valencianas. Y establece comparaciones confusas, no por la confusión de su mente, sino por sus deseos irrefrenables de herir, en el caso que nos ocupa, a una institución ejemplar. El Tercio de Sicilia ha llevado a cabo unas maniobras militares en el País Vasco. A sus miembros se los distingue por su tradicional boina caqui. Y han efectuado sus maniobras en tierras vascas porque esas tierras son parte de España desde muchísimo antes del nacimiento del primer pastor que llevara el apellido Urkullu. Se puede admitir que Urkullu manifieste su malestar por ver al Ejército de España marchando sobre el húmedo suelo de los hayedos vascos. El malestar es libre. Pero no resulta admisible la comparación. «Euskadi quiere dejar atrás, para siempre, la violencia y el terror». Es decir, que Urkullu compara las maniobras militares de un Regimiento ejemplar con el terrorismo etarra. Él sabe que ha hablado con ignominiosa injusticia. Pero se siente aliviado cuando se figura el daño moral que llevan sus palabras.
La diferencia está ahí. Si de Urkullu dependiera, esos soldados que sirven a España en tierras vascas no merecerían ni un segundo del pensamiento de Urkullu en el caso de sufrir un accidente. Pero si fuera Urkullu el accidentado, el necesitado de una ayuda urgente y de una evacuación rápida, todos esos soldados, unidos e individualmente, pondrían en peligro sus vidas, y las darían sin pensárselo dos veces, por salvar la del político nacionalista que los odia. Escribe Diego Mazón que hay diferencia entre las boinas de los militares y la de Urkullu. Que Urkullu vive con la chapela encajada hasta las cejas, y los soldados del Tercio de Sicilia llevan su boina caqui en el alma. Éste tendría que ser el lema de los regimientos establecidos en zonas de España influidas por los aldeanismos independentistas: «Nuestra Vida por los que Desean nuestra Muerte». Así, de punta a punta sobre la entrada del cuartel. Porque no es una frase, sino la síntesis de un deber voluntariamente aceptado.
¿Sería posible una mejor educación en los nacionalistas? ¿Un paso positivo hacia el respeto y la cortesía? Todos los años las Fuerzas Armadas rescatan y salvan a decenas de montañeros vascos que se pierden o hieren en las montañas. No les preguntan lo que piensan ni a qué partido político pertenecen. Se han jugado la vida salvando a individuos que les han negado hasta la expresión más elemental de la gratitud. Es lo que me distingue a mí de los militares. Si yo estuviera jugándome la vida para salvar la del que desea mi muerte, o ha aplaudido la muerte de mis compañeros por un disparo en la nuca o una bomba traidora, les diría que hasta ahí habíamos llegado y que lo rescate su puta madre. Por eso no soy militar. No tengo categoría para ello. Un militar, ése al que Urkullu le produce dolor de hígado cuando lo piensa ejercitándose en un bosque guipuzcoano, vizcaíno o alavés, jamás abandonaría a su suerte a su peor enemigo, ni al mismo asesino de su padre o de su hermano. Lo primero siempre el deber, aun a costa de perder la vida durante su cumplimiento.
No se pretende que este paleto de la boina reconozca en público la grandeza de nuestros soldados. Pero sí que se muestre, a partir de ahora, algo mejor educado. Con tanta antipatía no se llega a ninguna parte. Bueno sí, a ser nacionalista. Muy mala su boina.
Alfonso Ussía 
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sábado, 28 de abril de 2012

Volver a empezar

Tenemos sueños, ilusiones, proyectos (y pobre del que no los tenga)… y en ocasiones toca hacer balance, ya sea por la edad, enfermedad, una pérdida inesperada, desilusión, frustración, fortuna inesperada... o sin que exista un detonante concreto, solo porque así lo tenemos planificado periódicamente.
Si lo hacemos con seriedad y sinceridad, suele originar una revolución de pensamientos y sentimientos que, sin pedir permiso, entra en tu vida, arrasando todo lo que encuentra a su paso, buscando ordenar la situación que se vive, al constatar que alguno de esos sueños ya no están, que la vida que te ilusionaba es más dura de lo que creías, o que los proyectos a los que te has consagrado no dan los resultados previstos.
Entonces es el momento de hacer inventario:
✔Lo que tienes.
✔Lo que quieres.
✔Aquello de lo que puedes prescindir.
✔Volver a definir sueños, ilusiones y proyectos.
✔Todo ello enmarcado en tu nueva situación.
En definitiva, hay que decidir, porque depende de la opción que elijas, el curso de tu vida tomará rumbos distintos.
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miércoles, 25 de abril de 2012

Valiente

Atrévete, sé sensato y prudente sin perder tu valor y tu ilusión. El que pospone la hora de vivir, de tomar decisiones, de expresar sentimientos, de comenzar un proyecto ya madurado,... es igual al tonto que para pasar un rio aguarda a que acabe de correr toda el agua.
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Construye tu vida

Construimos nuestras vidas distraídamente. Reaccionamos en lugar de actuar, estamos contentos con aguantar menos que lo mejor. En momentos críticos no damos al trabajo nuestro mejor esfuerzo. Así que con un susto miramos la situación que hemos creado y encontramos que vivimos en la casa que hemos construido. Si nos hubiéramos dado cuenta lo hubiéramos hecho diferente.
Imagínate que fueras un carpintero. Piensa en tu casa. Cada día clavas un clavo, pones una estantería o levantas una pared. Construye con sabiduría. Es la única vida que vas a construir. Aunque solo vivas un día más, aquel día merece ser vivido con gracia y dignidad. La placa en la pared dice, "La vida es un proyecto de bricolaje: hazlo tu mismo." Tu vida mañana será el resultado de tu actitud y decisiones que haces hoy.
Mari Carmen Parrón
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Cocinas apagadas

Como consecuencia de una mala administración y por circunstancias objetivas adversas, en España hemos malversado la riqueza económica y nos vemos inmersos en una escasez que parecía inimaginable hace sólo algunos años. Se multiplicaron los casos de corrupción, se afianzó la incertidumbre y si uno le echa un vistazo a la vida social, se da cuenta de que, además de ver cómo se esfumaban las expectativas, poco a poco nos hemos quedado también sin alegría, sin callejeo y sin vicios. Habida cuenta de que la ira popular es de combustión imprevisible, podría ocurrir cualquier cosa, incluida la aparición de cualquier iluminado capaz de movilizar el descontento civil y conducirlo hacia un destino inquietante. Con la pobreza surgen las revoluciones, igual que con la falta de higiene irrumpe la peste. En la Historia abundan los ejemplos de sociedades que sucumbieron a la tentación revolucionaria tan pronto los ciudadanos comprendieron que tanto tiempo durmiendo mal era el resultado inmerecido de una corrupción generalizada y sostenida, no la lógica consecuencia de haber elegido mal el colchón. Es cierto que en momentos de extrema gravedad puede surgir el golpe de sensatez que regenere la moralidad pública y atempere las reacciones populares, pero es evidente que a cualquier hombre le resulta difícil contenerse cuando, después de hurgar en su conciencia, llega la hora de cenar y se da cuenta de que tiene vacía la nevera. Dicen los expertos que un pueblo que no se ilustra corre el riesgo de embrutecerse. Pero seamos realistas: un pueblo que no tiene nada que leer, no es en absoluto más peligroso que aquel otro que carece de algo para masticar. ¿Alguien duda de que al pueblo llano se le calienta la cabeza justo cuando se le enfría la cocina?
José Luis Alvite
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Las Ejércitas

El anafalbetismo de estos simpáticos zotes no tiene fronteras. A las «miembras» de Bibiana Aído, que se lo sigue pasando bomba en Nueva York, han seguido las «soldadas» del senador y portavoz de Defensa del Grupo Socialista Enrique Abad. Las soldadas, las cabas, las alférezas y las tenientas. Además de ingorante, cursi de la paridad. La soldada es el sueldo o el salario. Y soldada es también el haber y los devengos del soldado. Pero no más. Siguiendo la inteligente y culta pregunta del senador Abad, hay a partir de ahora en las Fuerzas Armadas, mandos y mandas. A Catalina de Erauso, la Monja Alférez, que le zurzan. Monja alféreza, de aquí en adelante. «Caba, preséntese inmediatamente ante la tenienta, que le va a meter una paqueta por incumplir sus deberas». Y la caba que va y se lleva la paqueta puesta.
¿Qué se puede hacer con esta gente para que abandone su obsesión por cargarse el idioma? Los «vascos y vascas» de Ibarreche, los «compañeros y compañeras» de comunistas y socialistas, los jóvenes y jóvenas de Carmen Romero, las exigencias de los grupos feministas profesionales y subvencionados que han creado un lenguaje aborrecible. Después, a los académicos se les ocurre criticar la modita progre, y casi los apedrean por la calle. Creo además, que estos asnos –voz muy utilizada por P.G Wodehouse–, son muy poco corteses y señores. La mujer, siempre primero. «Vascas y vascos», «compañeras y compañeros», «miembras y miembros» y «soldadas y soldados». No, hay un roquídeo fondo machista en todos ellos. Y a las feministas profesionales no les parece mal el papel secundario de la mujer, quizá porque no se sienten excesivamente femeninas y esa costumbre de que las mujeres sean objeto de las viejas cortesías masculinas se les antoja un retraso monumental.
La mujer es el eterno enigma, jamás resuelto. Se contaba de Carolina de Mónaco, una belleza espectacular, mimada, acostumbrada al lujo y nada a la miseria, perseguida por centenares de hombres dispuestos a darlo todo por ella. Pues nada. Sentada se hallaba en su mesa en una cena muy absurda que se organiza en Montecarlo –casi todo lo que se organiza en Montecarlo es absurdo, Montecarlo incluido–, cuando se dirigió a ella un tipo chulesco y contundente. «Has engordado como una cerda». Y se enamoró locamente del emisor de tan agradable juicio. Era Philipe Junot, que pocos meses más tarde se convertiría en su primer marido.
Las feministas y los pollinos desean acabar con el concepto de mujer que siempre nos ha acompañado. Son las «tontas y tontos» de la actualidad, que no los «tontos y tontas» como ellos dirían. El femenino del soldado, es la soldado, como el masculino de la psiquiatra es el psiquiatra, no el psiquiatro. Y la cabo, la alférez, la teniente y la comandante. El senador Abad ha recibido puntual respuesta. En las Fuerzas Armadas hay 15.686 mujeres, y el número de soldados extranjeros es de 3.591, sin especificar cuántos son hombres y cuántas son mujeres. Muy cotilla se me antoja este senador, que no ha formulado ninguna pregunta en las anteriores legislaturas al respecto. En las Academias Militares los alumnos son «caballeros» y «damas», no caballeros y caballeras. Y ahí me manifiesto en desacuerdo con la costumbre, por cuando «caballeros» son tan sólo los oficiales de Caballería. Mejor «Señores» y «Damas», entre otros motivos, porque los Ejércitos son la síntesis y la cúspide del señorío. De los Ejércitos y las Ejércitas, burros.
Alfonso Ussía 
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martes, 24 de abril de 2012

Demasiadas necedades

En 1793, siendo llevada a la guillotina, Madame Roland exclamó “Libertad, cuantos crímenes se cometen en tu nombre”. Me permito parafrasearla, (esperando no terminar como ella), “libertad, cuantas necedades se afirman en tu nombre.”
Un necio es aquel que, a pesar de no tener la razón, trata de imponer su voluntad sobre la de los demás actuando y hablando fuera de toda lógica. Las personas necias,tercas u obstinadas (utilizo sinónimos para no excluir a nadie) difícilmente aceptan estar equivocadas, y aún cuando el tiempo demuestra sus errores, porque la realidad es muy obstinada, se mantienen firmemente abrazadas a ellos.
Quienes afirman despropósitos son, o personas no informadas que, por ansia de protagonismo hablan de lo que no saben o, malintencionadas que buscan justificar sus fines mintiendo.
Numerosas personas públicas (de todos los sectores sociales, políticos, económicos, culturales, deportivos,...) han convertido los medios de comunicación, de templos de la información, en escuelas de necedad. Conductas necias que originan conflictos que pudieran haberse evitado si no se hablara solo porque se tiene boca.
Poner la televisión, escuchar la radio, leer la prensa,... se ha convertido, en la mayoría de las ocasiones, en presenciar un maratón de necedades.
Félix Velasco - Blog

domingo, 22 de abril de 2012

El cámara de Dien Bien Fu

En abril de 1954, el Vietminh cercaba la base francesa de Dien Bien Fu, en la Indochina francesa que pronto se llamaría Vietnam. Sometido a un espantoso bombardeo, el símbolo del orgullo colonial estaba a punto de caer. El gobierno de París, aun sabiendo que la derrota era inevitable, no quiso aceptarla sin un estúpido gesto teatral, así que lanzó en paracaídas a un último contingente de voluntarios, conscientes de que su único destino era la muerte o el cautiverio. Asombrosamente, se presentaron muchos. Entre ellos había tres hombres del servicio de prensa del ejército. Saltaron el primer día, entre las bombas, y cuando pisaron tierra uno estaba muerto y otro había perdido una pierna. Cuatro días después, en un segundo salto, llegaron otros dos reporteros para cubrir esas bajas: un fotógrafo y un camarógrafo. El cámara se llamaba Pierre Schoendoerffer y tenía veinticuatro años. Durante cincuenta y dos días filmó la carnicería, replegándose hacia el último bastión a medida que iban cayendo los reductos exteriores. No hubo rendición. Se peleó hasta que los viets penetraron en el puesto de mando y éste dejó de emitir. Hecho prisionero, Schoendoerffer vivió dos años en condiciones horribles, en un campo de concentración donde innumerables compañeros dejaron la piel que habían salvado de la batalla. Después hizo películas y escribió libros.
Lo conocí hace algún tiempo en París, con Pat, su mujer, cenando en casa del periodista Jean-Christophe Buisson en compañía de mi amigo Etienne de Montety. Yo acababa de dejar atrás veintiún años de reportero, pero aún tenía frescos los instintos y los mitos. Así que me pasé toda la cena como deben pasarse estas situaciones ante la gente adecuada, e incluso ante la que no lo es: hablando poco, lo imprescindible para que sea el otro quien hable. Y más cuando, como era el caso de Schoendoerffer, no se trataba de alguien demasiado hablador. Me había hecho el honor de leer algunas cosas mías y tuvo la amabilidad de mencionarlas; pero le dije que no me avergonzara con tan extrema cortesía. Que yo estaba allí para escucharlo hablar de él, de su trabajo, de sus películas y sus libros; y que todas mis novelas juntas, lo juraba por Toutatis, no valían una de sus imágenes tomadas en Dien Bien Fu. Si me hice reportero, añadí, fue posiblemente porque con quince años leí La 317e section, que en España se llamó Sangre en Indochina, y luego vi la película del mismo título, con un inolvidable Bruno Cremer interpretando al sargento Willsdorf. Y si estaba sentado a la mesa, mirándolo como quien mira a Dios, era porque había visto en el cine L’Honneur de un capitaine, La Section Anderson –un documental sobre Vietnam por el que ganó un Oscar–, Le Crabe tambour y Dien Bien Fu, y leído todos sus libros, incluido l’Adieu au roi, que tenía y sigo teniendo subrayado de principio a fin. Y del que, le dije y se mostró humorísticamente de acuerdo, Coppola tomó abundante material para recrear su Kurtz-Marlon Brando de Apocalypse Now.
Recuerdo sus ojos azules y su sonrisa melancólica cuando Jean-Christophe Buisson, que había hecho un magnífico documental para televisión revisitando con Schoendoerffer los lugares donde éste estuvo durante la guerra colonial, puso sobre el mantel palabras como lealtad, sacrificio, valor y sentido del honor. Todavía brillaba la mirada del veterano cámara de guerra entre el humo de sus cigarrillos cuando pronunciaba esas palabras, quizá porque en francés suenan menos devaluadas que en español. Y recuerdo, sobre todo, otras palabras suyas, dichas con sencillez en respuesta a uno de mis comentarios: «Envejecer es tener más camaradas muertos que vivos. Cuando piensas en ello, se te hace la supervivencia incómoda». No usó la palabra amigos sino camaradas, y entendí lo que pretendía decir. Los amigos son seres entrañables que la vida te depara. Los camaradas, no forzosamente amigos, son quienes han estado contigo allí. Sea donde sea.
Pierre Schoendoerffer murió hace cuatro semanas, en el hospital Percy de Clamart, en una Francia que siempre supo hacer bien ciertas cosas: se le concedió funeral con honores militares en los Inválidos, con la insólita asistencia de todo el gran mundo de las armas, la política, el cine y la literatura. Tenía 83 años y se llevó en la retina la historia mundial de dos tercios del siglo XX. Hace cinco años aún tuvo los arrestos de viajar a Afganistán, invitado por el 1º RCP, regimiento paracaidista que lo nombró soldado de honor. En cuanto a mí, incluso después de la cena en París, nunca dejé de ver en aquel anciano distinguido, flaco, de pelo blanco, al joven de 24 años que saltó en paracaídas sobre el paisaje lunar y las explosiones de Dien Bien Fu.
Arturo Pérez-Reverte
Félix Velasco - Blog

Desesperación

Cuando, dentro de cien o de mil años, alguien se disponga a analizar las causas que condujeron a las sociedades occidentales a la ruina material y espiritual, se tropezará con un hecho gigantesco y evidente que hoy se soslaya, o que en el mejor de los casos se juzga equivocadamente una consecuencia de las calamidades que nos fustigan. Una de las notas más distintivas de nuestra época consiste en confundir causas y consecuencias; y así, se asemeja cada vez más al enfermo de cáncer hepático que, contemplando ante el espejo su aspecto macilento, resuelve ponerle remedio con baños de sol y una dieta rica en hierro. Ese hecho gigantesco al que nos referimos es la desesperación, enfermedad del alma que en sus manifestaciones individuales ha infectado a los hombres contemporáneos con multitud de trastornos mentales que la psiquiatría ha catalogado con vocación exhaustiva nunca del todo culminada; y que en sus manifestaciones colectivas hace a las sociedades impotentes al esfuerzo vital. Una desesperación que, en sus manifestaciones individuales o colectivas, se concreta en una falta de voluntad para seguir viviendo (con frecuencia, disfrazada paradójicamente de un vitalismo optimista y desaforado) que acaba incitándonos al abandono, o –todavía peor– a seguir caminando alocadamente, como esos gallos descabezados de las fiestas populares de antaño, sin brújula ni destino claros, impulsados por el mero hórror vacui. Decía Leonardo Castellani que el hombre no puede caminar sin «afirmarse», es decir, sin apoyarse en algo. Y añadía: «Desesperación es el sentimiento profundo de que la vida no tiene sentido, de que es un definitivo engaño; y este sentimiento es fatal consecuencia de la creencia de que no hay otra vida». El dolor que asociamos al vacío existencial se nos antoja intolerable; pero ningún padecimiento hay intolerable cuando el padeciente puede afirmarse en algo, cuando cree con firmeza que un día acabará su sufrimiento, y que su final será dichoso. La cualidad de infinito comunicada al dolor proviene de esa disposición de ánimo llamada desesperación, que paradójicamente puede disfrazarse –sobre todo en nuestra época– de alegría aspaventera y vociferante; pero está poseída de una sorda sed de destrucción y nihilismo.
No pensemos, sin embargo, que esta lacra del vacío vital y la desesperación es nueva, aunque la enmascaremos con un enjambre de nombres nuevos, etiologías diversas y terapias milagrosas. Los antiguos la llamaban acedia, y la describían como una tristeza caracterizada primero por el tedio, el desaliento, el torpor, la dispersión, el desinterés por las cosas y los hombres; y luego, a medida que va tomando posesión de nuestras almas, por el hastío, la ansiedad y las tentaciones suicidas. No, no es esta experiencia de vacío existencial algo originario de nuestra época, aunque la bauticemos con nombres nuevos. Más novedoso es que tal enfermedad, lejos de ser atacada en sus orígenes, haya sido estimulada por sistemas de pensamiento que la fomentan y propagan, favoreciendo la ruptura de los seres humanos con todos aquellos lazos que dan sentido de pertenencia y permanencia a su propia vida: combatiendo la fe religiosa, en primer lugar; y, a continuación, desnaturalizando las relaciones e instituciones humanas primordiales, imponiendo nuevas formas de trabajo que rompen los ritmos vitales e incomunican a las personas, reduciendo el espíritu humano a un repertorio de pulsiones que exigen satisfacción inmediata, desestructurando la vida moral, auspiciando –en fin– el consumo bulímico de placeres que, a la vez que nos transmiten una impresión fugaz de euforia, anestesian la sensibilidad, ofuscan la conciencia y dejan, a modo de resaca, un dolor que no remite nunca; y que, para ser aplacado, exige dosis cada vez mayores de falsos lenitivos que a la postre no hacen sino exacerbarlo.
Tal desesperación acaba manifestándose en dos expresiones que, a simple vista, parecen contradictorias, pero que albergan una misma aversión a la vida: por un lado, miedo a la soledad, a la vejez, al abandono y a la muerte, que se trata de exorcizar mediante un vitalismo compulsivo; por el otro, un deseo de acabar cuanto antes con un sufrimiento que se nos antoja absurdo. Pues la conciencia de absurdo –a veces envuelta en ropajes cínicos, a veces aullante de dolor– es siempre la estación última del viaje hacia la nada en el que nos embarca la desesperación.
Juan Manuel de Prada 

Félix Velasco - Blog

¡Plato!

Pertenezco a la generación de los Supersónicos. Quiero decir que, cuando yo era niña, nos imaginábamos la vida del siglo XXI parecida a la de los personajes de aquella legendaria serie. Con un padre que iba a trabajar en una micronave espacial y una madre que lo esperaba en casa dando instrucciones a Robotina, una mucama-androide con cofia y todo. Curiosamente, el futuro no ha ido por ahí, sino por derroteros que los guionistas de la serie (y los de tantas otras películas futuristas) ni siquiera atisbaron. Todos ellos, Spielberg incluido, imaginaron adelantos como teletransportadores, robots y naves interestelares, pero no se les ocurrió `inventar´ elementos ahora tan imprescindibles como Internet o teléfonos móviles. Otro punto en el que fallaron estrepitosamente los guionistas fue en lo que respecta a la comida. Imaginaban que los seres de nuestro siglo no perderían tiempo sentándose a la mesa ante un filete o una sopa de fideos. El hombre del siglo XXI, según ellos, se alimentaría de sanísimas píldoras diseñadas para aportar todos los nutrientes necesarios a su organismo. Lejos de hacerse realidad la profecía, se presta ahora más atención que nunca a la comida. Comer hoy es un rito, una ceremonia. Y los oficiantes de ese sagrado ritual se han convertido en sumos sacerdotes y admirados gurús, hasta tal punto que hoy un hijo te dice que quiere ser cocinero y, lejos de pegarte un julepe, te quedas tan contento como si te hubiera dicho que quiere ser ingeniero o físico nuclear. En efecto, la cocina ha salido del armario –o de la rústica alacena– en la que vivía confinada para reinar en todos los salones. Y a mí me parece muy bien, y soy gran partidaria de las excursiones gastronómicas, esas que, según la Guía Michelin, a veces «merecen el desvío» y otras «merecen todo un viaje». Me encanta la comida japonesa, la china, la peruana, la mexicana, la italiana, la francesa y, por supuesto, la española actual, que tiene, según creo, el equilibrio perfecto entre innovación y tradición. Admiro la tortilla deconstruida (aunque prefiero la de toda la vida); también el helado de romero (aunque, qué quieren que les diga, donde esté el de dulce de leche…); me sorprenden los sorbetes de pimienta, los arroces `en movimiento´, las piruletas de sobrasada, los filetes de peta zetas y todas esas creatividades que ahora se llevan. En fin, que todo eso me parece muy bien y da mucho tema de conversación. Pero hay una cosa que me carga y no puedo soportar. ¿Se han dado cuenta de que ahora todo, y en especial la carne y el pescado, se come en platos hondos o si no en unos supermegaguays ovalados o rectangulares, pero nunca llanos? Yo no sé quién inventará estas nuevas vajillas, pero me acuerdo de él y de toda su santa parentela cada vez que voy a un restaurante. Y es que es imposible hacer una pausa en la comida porque no se puede posar el cuchillo y el tenedor en el plato so pena de que se zambullan inmediatamente en la salsa, de donde hay que repescarlos pringosos. Y si por un casual uno intenta dejarlos un segundo, ¡uno!, sobre la superficie empinada del maldito plato de marras, van y hacen catapulta hasta aterrizar en la blusa propia o en la corbata ajena. Sí, ahora todos los platos son hondos. Excepto los de helado, que, a saber por qué otro superferolítico mandato culinario, son llanos, con lo que uno se pasa todo el rato persiguiendo el sorbete de aceite de oliva al eneldo perfumado o el semifreddo de café al aroma de boniato plato arriba, plato abajo. Con lo bonitas que eran las copas de helado y lo sencillos los boles de toda la vida. En fin. Quede aquí mi sugerencia para los chefs de campanillas. Que piensen que el placer de comer no reside solo en la imaginación, la creatividad y la innovación. También está en el sentido común y en la comodidad. Y que si quieren que uno –una en este caso– siga haciendo excursiones gastronómicas para extasiarse con palomitas de chile con carne y hamburguesa de tofu con salsa de vieiras, que tengan al menos la gentileza de servirlos de modo que resulten gratos de comer. Claro que donde estén unas buenas albóndigas caseras… A mí, esas me da igual comerlas donde sea.
Carmen Posadas
Félix Velasco - Blog

Tres eran tres las hijas de Elena…

"Tres eran tres y ninguna era buena". Hay que ver la que hemos armado aquí con la magia del número siete. Luis Cáceres opina que esa magia no es nada si la comparamos con la del número tres. Cita las tres dimensiones de los volúmenes o los tres estados de la materia (sólido, líquido y gaseoso). Recuerda el origen de nuestra cultura con las tres tribus (por eso se llamaron así) de la Roma primitiva. En ella se adoraba a la Triada Capitolina (Júpiter, Juno y Minerva). Tenemos la Santísima Trinidad y los tres Reyes Magos, quienes portaban tres regalos (oro, incienso y mirra). Pedro negó a Cristo tres veces y Cristo resucitó al tercer día. La Iglesia estableció tres votos: pobreza, castidad y obediencia. La Revolución Francesa estableció la tría de Libertad, Igualdad y Fraternidad. Son tres los órdenes del arte griego: dórico, jónico y corintio. Tenemos también las Tres Gracias, los Tres Mosqueteros y los Tres Cerditos. Por si fuera poco, don Luis comenta que esta es la tercera vez que gasto la pequeña broma a los libertarios para que participen. En verdad, que la aportación de don Luis es muy instructiva. Sin embargo, se ha quedado corto. El mundo triádico o trifásico admite todavía muchos más ejemplos. Veamos.
Ya dijo Pitágoras que el número tres es el perfecto, quizá por el triángulo. Quizá por eso los romanos decían: "Tres faciunt collegium" (= con tres personas ya tenemos un conjunto, una sociedad). Para Freud el tres es un símbolo sexual: madre, padre, hijo. Lo de la Trinidad cristiana no es nada original, aparte del precedente romano. Los budistas tienen tres deidades: Buda, Darma y Sanga. Los taoístas lo mismo: Tao, Libro y Comunidad. Los hindúes ídem de lienzo: Brahma, Visnú y Siva. El tridente es un atributo de Neptuno y a veces del Diablo. En el mundo clásico las Tres Parcas representaban la maldición del destino. Recordemos las tres virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. En el antiguo régimen eran tres los estamentos: nobleza, clero y estado llano. En la vida cotidiana hay muchas cosas trinas: los tres colores de los semáforos, los tres colores básicos (azul, amarillo y rojo), el terno (chaqueta, chaleco y pantalón). El día tiene tres momentos: la mañana, la tarde y la noche.
En la Literatura el número tres se repite con obsesiva frecuencia: Los tres deseos de Aladino, Tres horas en el Museo del Prado, Las tres Marías, Los tres maridos burlados, Tres noches de amor y celos, Tres novelas ejemplares y un prólogo, Tres pisadas de hombre, Tres sombreros de copa. Hay cientos. En las obras de teatro son característicos los tres actos. El triángulo amoroso (esposos y amante) está presente en el argumento de muchas obras de ficción.
El triángulo es un símbolo mágico muy repetido. En la alquimia simboliza la tierra, el aire y el agua según se dibuje de una u otra forma. La alquimia partía de la "tría prima", esto es, los tres elementos misteriosos: la sal, el azufre y el mercurio. La superposición de dos triángulos da lugar a la estrella de David, o mejor, de Salomón. En muchas culturas se reproduce el triángulo como representación del pubis femenino y por ende de la mujer. Es general también el signo de la buena suerte que marca el trébol, una especie de triángulo de la naturaleza. Los masones utilizan el triángulo en algunos de sus emblemas, puede ser por Pitágoras o por el ojo de Dios que todo lo ve desde el centro del triángulo.
No hay dos sin tres, se ha dicho muchas veces. Por ejemplo, un secreto se puede mantener muy bien si lo comparten solo dos personas. En cuanto lo conoce una tercera, el secreto deja de serlo. "Una, dos y tres", cuentan los niños en muchos juegos. Uno de ellos es el tres en raya. Los tres intentos están presentes también en algunos reglamentos deportivos. De ahí viene lo de "a la tercera va la vencida". Las corridas de toros se organizan en tres tercios. Decían los castizos: "tres cosas hay que nadie sabe cómo han de ser: el melón, el toro y la mujer". Y la canción: "Tres cosas hay en la vida: salud, dinero y amor". Es lástima que haya desaparecido la "tercera clase" de los trenes. Ya no se puede decir aquello de las crónicas de sucesos: "Afortunadamente las víctimas del descarrilamientos son todas de tercera". Quedan resabios de ese sentido despectivo. Un tercero es un alcahuete. Ahora tenemos la "tercera edad", la pobre. En las peleas siempre hay un tercero en discordia. Los países pobres constituyen el "tercer mundo", sin que se sepa bien cuáles son los otros dos. Operación difícil es la de buscar tres pies al gato. La sufrida clase media está entre la alta y la baja; es la que paga los impuestos.
Amando de Miguel
Félix Velasco - Blog

Tiempos mejores


Jamás renuncies a tus deberes por duros y dificiles que parezcan,el heroísmo no se puede exigir, pero la cobardía no se debe disculpar. En este mundo no se logra nada útil ni grande sin esfuerzo ni sacrificio.
Félix Velasco - Blog

La herencia del resentimiento


El hombre es un lobo para el hombre, ¿tendrá razón Hobbes? La Historia ha dejado muestras, a lo largo de los siglos, de la maldad y el odio que puede acumular el ser humano, convertido en bestia obcecada en la venganza y en la superioridad de los pueblos.
Félix Velasco - Blog

sábado, 21 de abril de 2012

Menú de Nochebuena de Sabino Arana

Sabino Policarpo Arana, político, escritor e ideólogo español, militante del movimiento carlista, y al que se considera padre del nacionalismo vasco al fundar el Euzko Alderdi Jeltzalea – Partido Nacionalista Vasco (EAJ–PNV),  que dirigió y por el que fue diputado provincial de Vizcaya. A él también se debe la creación de la ikurriña, actual bandera de la Comunidad Autónoma del País Vasco.
En 1895 fue condenado, por injurias aparecidas en la revista Bizkaitarra. El menú que tuvo Sabino Arana en la cárcel de Larrinaga el día de Nochebuena.

Platos:
  • Ostras
  • Sopa de chirlas
  • Ensalada de alubias
  • Bacalao en salsa roja
  • Angulas
  • Besugo
  • Bermejuelas
  • Merluza frita
  • Caracoles en salsa rojaPostre:
Postres:
  • Compota de manzana
  • Pastel
  • Mazapán
  • Turrón de Jijona
Bebidas:
  • Vino de Aranburuzabala
  • Txakolí
  • Jerez
  • Oporto
  • Chartreuse
Evidentemente el carcelero sufrió un expediente porque, como es de suponer, no era el menú normal del centro penitenciario, al parecer fue sobornado por los camaradas Sabino.
Félix Velasco - Blog

martes, 17 de abril de 2012

Doble moral

La doblemoral, esa por la que muchos juzgan, no es más que el desahogo de su propia mediocridad. Por lo general, es una práctica que se condena, pero en la realidad cotidiana es muy común su empleo.
Es un estilo de vida, asentada en la conciencia, que consiste en acusar sin pruebas a los adversarios y exigir la presunción de inocencia para uno mismo.
En muchos escenarios se aplaude esta incongruencia, porque es más fácil estar entretenido, que visualizar un verdadera urgencia: solucionar las heridas que hacen que el mundo se desmorone a pedazos.
Félix Velasco - Blog

El batacazo

En España estamos de regreso en la pobreza y tendremos que adaptarnos emocionalmente a las nuevas circunstancias, echar mano del sentido común y arrimar el hombro antes de que a la decepción generalizada le suceda sin remedio el pánico y se resientan incluso las costuras del Estado. Se acabaron los felices y desprevenidos días de esplendor, los tiempos fértiles, las décadas de auge y expansión. Nos preguntaremos ahora qué diablos ha sucedido para que sobreviniese semejante batacazo. ¿Cómo pudo ser que nos hayamos convertido en el camarero del restaurante en el que durante tanto tiempo fuimos el exquisito comensal? ¿No será que éste de ahora, tan precario, es justamente el lugar que nos corresponde en el mundo, un sitio discreto adecuado a las posibilidades reales de un país en el que la conquista moral más resistente de los últimos años es el botellón? No me sorprende la postración económica y social de España, que se viene abajo arruinada por una clase política irresponsable y por la actitud general de una ciudadanía que pasó de comer con los dedos a usar la pala del pescado para abrir la correspondencia. Fue todo apariencia, pirotecnia, el falso brillo económico de un pueblo en cuyas universidades la ciencia y el arte fueron desalojados sin pudor porque cundió la idea de que un biólogo, un pensador, un ingeniero, en modo alguno podrían ser equiparables a un cocinero. Ciudadanos que no conocían los alrededores del lugar en el que nacieron, gastaban sus ahorros en viajar a lugares remotos que ni siquiera sabrían pronunciar. ¿Qué podríamos esperar de una sociedad en la que el conocimiento ha sido considerado una lacra? ¿Podría haber ido muy lejos un país en el que nos enseñaron que para atracar un banco no hay nada mejor que dirigirlo?
José Luis Alvite
Félix Velasco - Blog

lunes, 16 de abril de 2012

Crítica destructiva

Si queremos es vivir en armonía no debemos criticar, culpar, condenar o quejarnos de las conductas que creemos erróneas, de forma precipitada, mucho menos si hay connotaciones ideológicas e intereses que alientan terceros. Es mejor tomarse un tiempo para realizar un análisis detallado de la situación de forma reposada. Y escuchar a la persona acusada, dejar que dé su punto de vista y posible justificación. Las cosas no suelen ser según nos las cuentan los agitadores de conciencias que únicamente buscan desacreditar en aras de sus intereses, no en base a una argumentación que busque la realidad de las cosas.
Si queremos decir lo que pensamos, hagámoslo, pero sin ofender, herir sentimientos o volcar todo el odio irracional que llevamos dentro, ya sea por causa ideológica o mala experiencia personal.
Félix Velasco - Blog

Algunas técnicas de manipulación

La manipulación se vale de mecanismos que desconciertan al receptor. Algunos de los procedímíentos que se utilizan de manera más frecuente son:
  1. Modificación del significado de la palabra - En función del "buenismo" que se pretenda inculcar: "derechos humanos, libertad, igualdad, derecho de los pueblos, autodeterminación,...
  2. Selección de imágenes - Las fotografías dan la impresión de la mayor objetividad, pero sufren un proceso de selección y recorte antes de la publicación. En el caso de una secuencia, se omiten aquellas que podrían modificar la intención.
  3. Se evitan o se utilizan en una determinada dirección palabras  "peligrosas" - Para dar o quitar énfasis a la frase:  "drogarse, terrorismo, flagelo, corrupción, suicida, guerrillero, terrorismo, violencia callejera, mobiliario urbano, deterioro de la convivencia,..."
  4. Utilización de frases hechas y repetidas que permiten un alto grado de identificación  - Una de las formas más usuales y menos visibles de la manipulación es recurrir a tópicos que de tanto repetirse han terminado por acostumbrar a la audiencia que finalmente acepta éste concepto como una verdad constatada y asumida por la mayoría: "las brujas no existen pero haberlas haylas, somos una nación, representamos al pueblo oprimido, somos la voz de la minoría,..."
  5. Presentación de hechos aparentes - Los productos que se promocionan desde una empresa, una institución o un gobierno no suelen ser presentados directamente por empresarios, directores de fundaciones o responsables gubernamentales, sino que se recurre a intermediarios como actrices o actores, deportistas, cantantes, etc. que, por lo general, son muy estimados por la audiencia, produciéndose una relación de empatía anuncios publicitarios, programas periodísticos, actos propagandísticos afines a un político, al gobierno, etc.
  6. Redacción tendenciosa e inexacta - Las palabras no son ingenuas, y la adecuada selección de las mismas invitan a una lectura con fuertes rasgos interpretativos sin que se advierta la intencionalidad del medio de comunicación que la emite. Siempre genera atracción por la posibilidad de un enfrentamiento de ideas: "polémica, fuentes consultadas, la opinión pública, presunto delito",... que muchas veces no son tales o ni siquiera existen. El titular en la prensa escrita da información falsa o inexacta acerca del contenido del artículo que luego desarrolla.
  7. Argumentos huecos y exagerados: Una de las formas que se ejerce sobre la audiencia es la utilización de argumentos que justifiquen una acción o que pongan de manifiesto las supuestas propiedades que tiene un producto, un individuo o una organización. Los argumentos a los que se suele aludir en este tipo de estrategias tienden a la exageración de los acontecimientos: "Con... puede adelgazar hasta 25 kilos".
  8. Omisión de los hechos - Se ofrecen ciertos elementos en información, pero se omiten otros: "Se toma una parte tendenciosa del suceso", "no hubo un antes que causó la situación",...
  9. Culpabilizar a un ente abstracto - No se señala nada específico, las cosas pasan solas: "Crisis", "mercados", "globalización",... cuando realmente se pueden dar nombre y apellidos de los causantes de una situación.
  10. Adulación - Este procedimiento se utiliza no sólo en publicidad. Es bastante frecuente en editoriales de periódicos o en programas periodísticos de máxima audiencia: "Con... iría a cualquier parte ". Los puntos suspensivos pueden ser reemplazados por un objeto de consumo, un político, etc. Hablar de un producto no significa enunciar sólo las propiedades del mismo, sino insistir en que poseerlo es lo que garantiza y legitima una determinada acción y el logro de ciertos objetivos.
  11. Añadidos degradantes - Los añadidos son construcciones que justifican una interpretación sobre alguien o algo posicionando de antemano a la audiencia: "La fría letra de la ley", "pirata", "vergonzosa",...
  12. Opiniones diferente según las circunstancia - Una estrategia bastante frecuente es la adecuación de los discursos del emisor en función de las ideas del receptor: Algunos políticos según el auditorio al que se dirigen. Lo mismo sucede con periodistas que adecuan sus discursos al cambio político que se vive en determinado momento. Este movimiento pendular no se hace explícito para la mayoría de las audiencias.

Félix Velasco - Blog

domingo, 15 de abril de 2012

Prédica relativista

La prédica relativista es seductora: ”Los tiempos cambian, los valores envejecen y son reemplazados por nuevos valores”.
El relativismo anega la sociedad y la hace impotente al esfuerzo vital, es consecuencia lógica de la exaltación de antivalores disfrazados de "nueva ética", que nos imposibilitan la capacidad para medir el Bien, la Verdad y la Justicia conforme a criterios objetivos,... que acaban siendo aquellos que nos convienen.
El relativismo es llevado a extremos. Ya no se tratará de pueblos y culturas que coparticipen de un conjunto de valores diferentes de los otros pueblos y culturas, sino de pequeños grupos y, finalmente, de cada individuo.
¿Cómo se organiza una sociedad sin una participación amplia y firme de valores en común? Si lo reducimos a individuos o grupúsculos, un país no tendría proyectos ni intereses comunes.
Las consecuencias las tenemos a la vista, y no se llama crisis, sino caos.
Que alguien diga ”yo lo veo así” no es razón para que su opinión tenga valor de verdad,..pues bastaría que el asesino recurriera a esa frase y saldría impune del juicio.
Félix Velasco - Blog

Esos diablillos alborotadores

Tiene la intención el Gobierno de impulsar una reforma legislativa que asimile las penas que se imponen por ley a los terroristas callejeros con las que sufren aquellos que dedican una tarde de su vida a perpetrar actos vandálicos en las ciudades con motivo de alguna fiesta de guardar. En la reciente y fallida -y violenta- huelga general convocada por los sindicatos de siempre se vivieron varios incidentes de importancia gradual: existieron, como es natural, piquetes coactivos, insultadores, amenazantes; se dieron los Willys Toledo que se dedicaron a romper bares y a zarandear pequeños propietarios; y se dieron los violentos aprendices de terroristas que aprovecharon la convocatoria y se sumaron a la fiesta con objeto de destruir lo que pillaran por delante (imágenes vistas por todos y que se dieron en Barcelona). De los primeros solo sorprende la resignación con la que unos y otros admiten que su figura esté dentro de la normalidad y que parezca, incluso, saludable. Del cretino del segundo caso, el trastornado ese que dice ser actor y que poco más se representa que a sí mismo, solo cabe aplicarle leyes que penen el acto violento de destruir propiedad privada de los demás. De los terceros habría que hablar más pausadamente. El perfil político no es ajeno a unos grupos de difícil socialización que han hecho del placer de destruir su último fin. Justifican mediante un ideario aterrador toda acción dedicada a atemorizar a su entorno: somos los más fuertes, somos revolucionarios, debemos ser impunes por mediar en nuestros actos el fin irrenunciable de la verdadera justicia... Son de extrema izquierda y en Barcelona han creado su particular parque temático, lo cual no debería extrañar tanto como lo hace. ¿Por qué siempre en Barcelona han de pasar estas cosas? Por la debilidad de las respuestas sociales, mediáticas y políticas que se han tenido con ellos. La esfera sociopolítica barcelonesa está llena de buenas intenciones y de conductas políticamente correctas. Es el paraíso de la corrección política y del buenismo. Ante la existencia de estos capullos en calles o universidades siempre habrá un rector timorato que los ampare o un político compasivo que haga las veces de pésimo traductor social y que entienda y justifique su comportamiento como una muestra contracultural de inconformismo. Siempre habrá un idiota, vengo a decir, que relativice el hecho de que quemen un Starbucks, que los califique como `gamberros´ -que es como decir que son unos `diablillos´ a los que reñir cariñosamente cuando lleguen a casa- o que los defina con una palabra neutra como hace la prensa local en más de una ocasión: `alborotadores´. Como si fuesen unos niños traviesos.
No son alborotadores. Son violentos profesionales del terrorismo callejero, que en el País Vasco tiñen su comportamiento de ideología independentista y en Barcelona lo hacen de leninismo renovado. Son facinerosos que han ido fanatizándose a ritmo galopante, de escasa edad mental y física, y de no poca excitación desmedida ante el pavor ciudadano que puedan crear a su paso, incendiando coches o contenedores, destrozando escaparates, quemando comercios o dedicándose al pillaje. Aparecen cuando surge la ocasión y salen, por lo general, bien parados: unos cuantos detenidos pasan la noche en el calabozo y al día siguiente se van a casa.
Si la ley se endurece hasta lo razonable y las autoridades entienden que tienen un serio problema (parece que ¡por fin! el Ayuntamiento de Barcelona se va a personar en las causas abiertas contra estos tipos), podrá ocurrir con ellos lo que pasó con los integrantes de la mal llamada `kale borroka´: que carguen con la responsabilidad de sus actos y penen por ello y que de su bolsillo o del de sus padres salgan las indemnizaciones por el mobiliario allanado. En tierras vascas tal reforma penal y tal postura administrativa han servido para calmar las llamas de las calles. A pesar de los lamentos que ya creo oír de algunos cómplices ideológicos de esta alegre panda, también pueden servir para arrinconarlos legítimamente en el resto de España.
Carlos Herrera
Félix Velasco - Blog

sábado, 14 de abril de 2012

SPQR


SPQR es la sigla de la frase latina Senatvs Popvlvsqve Romanvs, cuya traducción es «el Senado y el Pueblo Romano». Hay varias versiones acerca del correcto significado de la sigla, dependiendo de la declinación de la última sigla, la R, que podría declinarse como Romanus ('romano') o Romæ ('de Roma'), siendo estas dos formas las más comunes. La primera versión es la que nos ofrece la Columna de Trajano.
Lucio Tarquinio el Soberbio (534 a. C. – 509 a. C.) fue el séptimo y último rey de Roma. Huye de Roma con sus familiares más cercanos y el senado romano crea un gobierno cuya divisa es Senatus PopulusQue Romanus. Durante siglos, incluso en tiempos del imperio, estas iniciales S.P.Q.R. serán la marca distintiva de las legiones romanas, cuando ya Roma sea dueña del mundo.
Como dato anecdótico, existe una frase italiana que usa las mismas consonantes: "sono pazzi questi romani", que quiere decir "están locos estos romanos", muy utilizada por el personaje de Obélix en los cómics de Uderzo.
Félix Velasco - Blog

Piratas, filibusteros, bucaneros y corsarios

La piratería es una práctica de saqueo organizado o bandolerismo marítimo, probablemente tan antigua como la navegación misma. Consiste en que una embarcación privada o una estatal amotinada ataca a otra en aguas internacionales o en lugares no sometidos a la jurisdicción de ningún Estado, con el propósito de robar su carga, exigir rescate por los pasajeros, convertirlos en esclavos y muchas veces apoderarse de la nave misma. Su definición según el Derecho Internacional puede encontrarse en el artículo 101 de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.

Filibustero era el nombre que recibía el pirata que en el siglo XVII formaba parte de los grupos que actuaban en el mar de las Antillas. Su característica especial, que lo diferenciaba de otros piratas, era que no se alejaban de la costa, la bordeaban y saqueaban las localidades costeras. El último triunfo de estos piratas fue la toma de Cartagena de Indias en 1697, con la ayuda de una flota de corsarios franceses. Desde entonces su número disminuyó rápidamente, y no se encuentran referencias históricas de ellos a partir del siglo XVIII.

Un bucanero era en origen un habitante de la parte occidental de la isla de La Española, actual Haití y República Dominicana, que se dedicaba a cazar vacas y cerdos salvajes para bucanear, es decir, ahumar la carne y venderla a los navíos que navegaban por las aguas del mar Caribe.
Durante el siglo XVI se establecieron en la parte occidental de la isla, que había sido abandonada por los españoles, aventureros europeos, particularmente franceses, en su mayoría normandos, que copiaron de los amerindios la técnica de conservación de la carne y se dedicaron a preparar la piel de los animales cazados para venderla a los europeos de paso. Cuando las autoridades españolas invadieron la isla por no pagar impuestos a España, exterminaron a los animales en que se basaba el comercio de los bucaneros, y las autoridades francesas, que gobernaban la Tortuga, dictaron leyes en su contra, muchos de ellos se establecieron en la isla de la Tortuga sumándose a los filibusteros, para dedicarse a la piratería, sobre todo contra los españoles.

Corsario era el nombre que se concedía a los navegantes que, en virtud del permiso concedido por un gobierno en una carta de marca o patente de corso, capturaban y saqueaban el tráfico mercante de las naciones enemigas de ese gobierno.
Hasta el siglo XIX, la actividad corsaria estuvo siempre a cargo de particulares que armaban buques una vez obtenida la patente de corso y recuperaban la inversión con el botín obtenido en las presas capturadas y los rescates por pasajeros de importancia. El corsario estaba limitado en su acción por la patente, pudiendo sólo capturar mercantes de determinados países y teniendo que repartir botín y rescate con el Estado en muchas ocasiones.
Aunque la actividad corsaria ya se practicó en la Antigüedad, el auge de los corsarios tuvo lugar entre los siglos XVI y XVIII. Durante este periodo todas las potencias navales europeas empleaban sistemáticamente a los corsarios para entorpecer el tráfico de sus rivales con las colonias como complemento a su flota militar regular. Los últimos actos corsarios tradicionales tuvieron lugar en el siglo XIX durante la guerra de Cuba.
Félix Velasco - Blog


Pasado, presente y futuro

Hay quien trata de manipular nuestras ideas y sentimientos, utilizando continuas referencias al pasado, según conviene a los intereses de algunos resentidos, para que vivamos en un tiempo ajeno al que nos es propio.
Al retrovisor sólo hay que darle una mirada de vez en cuando, pero los cinco sentidos al volante y la mirada en la carretera.
No te concentres en el pasado, centrate apasionadamente en el presente y trabaja con esperanza para el futuro. El arte de olvidar es esencial para el arte de vivir.
Félix Velasco - Blog

viernes, 13 de abril de 2012

El número áureo en el arte y en la cultura


Relaciones en la forma de la Gran Pirámide de Gizeh. La afirmación de Heródoto de que el cuadrado de la altura es igual a la superficie de una cara es posible únicamente si la semi-sección meridiana de la pirámide es proporcional al triángulo rectángulo
  
donde 1 representa proporcionalmente a la mitad de la base, la raíz cuadrada del número áureo a la altura hasta el vértice (inexistente en la actualidad) y el número áureo o hipotenusa del triángulo a la apotema de la Gran Pirámide. Esta tesis ha sido defendida por los matemáticos Jarolimek, K. Kleppisch y W. A. Price, se apoya en la interpretación de un pasaje de Heródoto (Historiae, libro II, cap. 124) y resulta teóricamente con sentido, aunque una construcción de semejante tamaño deba contener errores inevitables a toda obra arquitectónica y a la misma naturaleza de la tecnología humana, que en la práctica puede manejar únicamente números racionales. Los demás investigadores famosos se inclinan por la hipótesis de que los constructores intentaron una cuadratura del círculo, pues la raíz cuadrada del número áureo se aproxima mucho al cociente de 4 sobre π. Pero una construcción tal, aunque se conociera π con una aproximación grande, carecería completamente de interés geométrico. No obstante, con base en mediciones no es posible elegir entre una u otra pues la diferencia sobre el monumento real no es mayor a 14,2 cm y esta pequeña variación queda enmascarada por las incertidumbres de las medidas, los errores constructivos y, principalmente, porque la pirámide perdió el revestimiento en manos de los primeros constructores de El Cairo. Para que esto quede más claro, una precisión del 1 por mil en una base de 230 metros equivale a 23 centímetros y en la altura está en el orden de la diferencia real que debería existir entre ambas posibilidades.
La relación entre las partes, el techo y las columnas del Partenón, en Atenas (s. V a. C.).Durante el primer cuarto del siglo XX, Jay Hambidge, de la Universidad de Yale, se inspiró en un pasaje del Teeteto de Platón para estudiar las proporciones relativas de las superficies, algo muy natural cuando se trata de obras arquitectónicas. Dos rectángulos no semejantes se distinguen entre sí por el cociente de su lado mayor por el menor, número que basta para caracterizar a estas figuras y que denominó módulo del rectángulo. Un cuadrado tiene módulo 1 y el doble cuadrado módulo 2. Aquellos rectángulos cuyos módulos son números enteros o racionales fueron denominados "estáticos" y los que poseen módulos irracionales euclidianos, o sea, expresables algebraicamente como raíces de ecuaciones cuadráticas o reducibles a ellas, "dinámicos". El doble cuadrado es a la vez estático y dinámico, pues 2 es la raíz cuadrada de 4. Un ejemplo de rectángulo dinámico elemental es aquel que tiene por lado mayor a la raíz cuadrad a de 5 y por lado menor a la unidad, siendo su módulo la raíz cuadrada de 5.Posteriormente Hambidge estudió a los monumentos y templos griegos y llegó a encuadrar el frontón del Partenón en un rectángulo de módulo
  
Por medio de cuatro diagonales suministra las principales proporciones verticales y horizontales. Este rectángulo es descompuesto en seis de módulo  y cuatro cuadrados. Como dato adicional para indicar la complejidad del tratamiento del edificio se tiene que en 1837 fueron descubiertas correcciones ópticas en el Partenón. El templo tiene tres vistas principales y si sus columnas estuvieran efectivamente a plomo, todas sus líneas fuesen paralelas y perfectamente rectas y los ángulos rectos fueran exactos, por las propiedades de la visión humana el conjunto se vería más ancho arriba que en la base, sus columnas se percibirían inclinadas hacia afuera y la línea que fundamenta el techo sobre las columnas se vería como una especie de catenaria, con los extremos del edificio aparentemente más altos que el centro. Los constructores hicieron la construcción compensando estos efectos de ilusión óptica inclinando o curvando en sentido inverso a los elementos involucrados. Así las columnas exteriores, en ambos lados del frente, están inclinadas hacia adentro en un ángulo de 2,65 segundos de arco, mientras que las que están en el medio tienen una inclinación de 2,61 segundos de arco. La línea que formarían los dinteles entre columnas y que constituye la base del triángulo que corona el edificio, en realidad es un ángulo de 2,64 segundos de arco con el vértice más elevado que los extremos. De esta forma, y con otras correcciones que no se mencionan aquí, se logra que cualquier observador que se sitúe en los tres puntos principales de vista vea todo el conjunto paralelo, uniforme y recto.
En el cuadro Leda atómica, de Salvador Dalí, hecho en colaboración con el matemático rumano Matila Ghyka.
En las estructuras y tiempos de las películas "El acorazado Potemkin" e "Iván el Terrible" de Serguéi Eisenstein.
En los violines, la ubicación de las efes o eses (los “oídos” u orificios en la tapa) se relaciona con el número áureo.
El número áureo aparece en las relaciones entre altura y ancho de los objetos y personas que aparecen en las obras de Miguel Ángel, Durero y Leonardo Da Vinci, entre otros.
Las relaciones entre articulaciones en el hombre de Vitruvio y en otras obras de Leonardo da Vinci
En las estructuras formales de las sonatas de Wolfgang Amadeus Mozart, en la Quinta Sinfonía de Ludwig van Beethoven, en obras de Franz Schubert y Claude Debussy (estos compositores probablemente compusieron estas relaciones de manera inconsciente, basándose en equilibrios de masas sonoras).
En la pág. 56 de la novela de Dan Brown El código Da Vinci aparece una versión desordenada de los primeros ocho números de Fibonacci (13, 3, 2, 21, 1, 1, 8, 5), que funcionan como una pista dejada por el curador del museo del Louvre, Jacques Saunière. En las pp. 121 a 123 explica algunas de las apariciones del número phi (1,618) en la naturaleza.
En el episodio “Sabotaje” de la serie de televisión NUMB3RS (primera temporada, 2005), el genio de la matemática Charlie Eppes menciona que el número fi se encuentra en la estructura de los cristales, en la espiral de las galaxias y en la concha del Nautilus.
En el episodio de Mentes Criminales "Obra maestra" (Cuarta temporada, episodio 8), los crímenes del profesor Rothschild siguen una sucesión de Fibonacci; en la primera zona, mató a una víctima; en la segunda, a otra; en la tercera, a dos; en la cuarta, a tres; y en la quinta, a cinco: doce en total. Las localizaciones también se disponen según una espiral áurea, de fuera hacia dentro: el sitio donde estaban secuestrados los niños estaba justo en el centro. Hasta eligió a sus doce primeras víctimas según cuánto se acercaran las relaciones entre sus rasgos faciales al número áureo: buscaba que fueran los "especímenes más perfectos de ser humano".
El arte Póvera fue un movimiento artístico italiano de los años 1960, muchas de cuyas obras se basan en esta sucesión.
Félix Velasco - Blog

El número áureo y la Naturaleza

Leonardo de Pisa (Fibonacci), en su Libro de los ábacos (Liber abacci, 1202, 1228), usa la sucesión que lleva su nombre para calcular el número de pares de conejos nmeses después de que una primera pareja comienza a reproducirse (suponiendo que los conejos están aislados por muros, se empiezan a reproducir cuando tienen dos meses de edad, tardan un mes desde la fecundación hasta la aparición y cada camada es de dos conejos). Este es un problema matemático puramente independiente de que sean conejos los involucrados. En realidad, el conejo común europeo tiene camadas de 4 a 12 individuos y varias veces al año, aunque no cada mes, pese a que la preñez dura 32 días. El problema se halla en las páginas 123 y 124 del manuscrito de 1228, que fue el que llegó hasta nosotros, y parece que el planteo recurrió a conejos como pudiera haber sido a otros seres; es un soporte para hacer comprensible una incógnita, un acertijo matemático. El cociente de dos términos consecutivos de lasucesión de Fibonacci tiende a la sección áurea o al número áureo si la fracción resultante es propia o impropia, respectivamente. Lo mismo sucede con toda sucesión recurrente de orden dos, según demostraron Barr y Schooling en la revista The Field del 14 de diciembre de 1912.
La disposición de los pétalos de las flores (el papel del número áureo en la botánica recibe el nombre de Ley de Ludwig).
La distribución de las hojas en un tallo. Ver: Sucesión de Fibonacci.
La relación entre las nervaduras de las hojas de los árboles
La relación entre el grosor de las ramas principales y el tronco, o entre las ramas principales y las secundarias (el grosor de una equivale a Φ tomando como unidad la rama superior).
La cantidad de espirales de una piña (ocho y trece espirales), flores o inflorescencias. Estos números son elementos de la sucesión de Fibonacci y el cociente de dos elementos consecutivos tiende al número áureo.
La cantidad de pétalos en las flores. Existen flores con 3, 5 y 8 pétalos y también con 13, 21, 34, 55, 89 y 144.
La distribución de las hojas de la yuca y la disposición de las hojas de las alcachofas.
La relación entre la distancia entre las espiras del interior espiralado de cualquier caracol o de cefalópodos como el nautilus. Hay por lo menos tres espirales logarítmicas más o menos asimilables a proporciones aúreas. La primera de ellas se caracteriza por la relación constante igual al número áureo entre los radiovectores de puntos situados en dos evolutas consecutivas en una misma dirección y sentido. Las conchas del Fusus antiquus, del Murex, de Scalaria pretiosa, de Facelaria y de Solarium trochleare, entre otras, siguen este tipo de espiral de crecimiento.Se debe entender que en toda consideración natural, aunque involucre a las ciencias consideradas más matemáticamente desarrolladas, como la Física, ninguna relación o constante que tenga un número infinito de decimales puede llegar hasta el límite matemático, porque en esa escala no existiría ningún objeto físico. La partícula elemental más diminuta que se pueda imaginar es infinitamente más grande que un punto en una recta. Las leyes observadas y descriptas matemáticamente en los organismos las cumplen transgrediéndolas orgánicamente.
Para que las hojas esparcidas de una planta (Ver Filotaxis) o las ramas alrededor del tronco tengan el máximo de insolación con la mínima interferencia entre ellas, éstas deben crecer separadas en hélice ascendente según un ángulo constante y teóricamente igual a 360º (2 - φ) ≈ 137º 30' 27,950 580 136 276 726 855 462 662 132 999..." En la naturaleza se medirá un ángulo práctico de 137º 30' o de 137º 30' 28" en el mejor de los casos. Para el cálculo se considera iluminación vertical y el criterio matemático es que las proyecciones horizontales de unas sobre otras no se recubran exactamente. Aunque la iluminación del Sol no es, en general, vertical y varía con la latitud y las estaciones, esto garantiza el máximo aprovechamiento de la luz solar. Este hecho fue descubierto empíricamente por Church y confirmado matemáticamente por Weisner en 1875. En la práctica no puede medirse con tanta precisión el ángulo y las plantas lo reproducen "orgánicamente"; o sea, con una pequeña desviación respecto al valor teórico. No todas las plantas se benefician con un máximo de exposición solar o a la lluvia, por lo que se observan otros ángulos constantes diferentes del ideal de 137ª 30'. Puede encontrar una tabla en la página 26 del documento completo accesible en el enlace de la referencia.
En la cantidad de elementos constituyentes de las espirales o dobles espirales de las inflorescencias, como en el caso del girasol, y en otros objetos orgánicos como las piñas de los pinos se encuentran números pertenecientes a la sucesión de Fibonacci. El cociente de dos números sucesivos de esta sucesión tiende al número áureo.
Existen cristales de pirita dodecaédricos pentagonales (piritoedros) cuyas caras son pentágonos irregulares. Sin embargo, las proporciones de dicho poliedro irregular no involucran el número áureo. En el mundo inorgánico no existe el pentágono regular. Éste aparece (haciendo la salvedad de que con un error orgánico; no podemos pretender exactitud matemática al límite) exclusivamente en los organismos vivos.
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El número áureo en la geometría

El número áureo y la sección áurea están presentes en todos los objetos geométricos regulares o semiregulares en los que haya simetría pentagonal, que sean pentágonos o que aparezca de alguna manera la raíz cuadrada de cinco.
  • Relaciones entre las partes del pentágono.
  • Relaciones entre las partes del pentágono estrellado, pentáculo o pentagrama.
  • Relaciones entre las partes del decágono.
  • Relaciones entre las partes del dodecaedro y del icosaedro.


El rectángulo áureo de Euclides: El rectángulo AEFD es áureo porque sus lados AE y AD están en la proporción del número áureo. Euclides, en su proposición 2.11 de Los elementos, obtiene su construcción.

En el pentagrama: El número áureo tiene un papel muy importante en los pentágonos regulares y en los pentagramas. Cada intersección de partes de un segmento interseca a otro segmento en una razón áurea.
El pentagrama incluye diez triángulos isóceles: cincoacutángulos y cinco obtusángulos. En ambos, la razón de lado mayor y el menor es φ. Estos triángulos se conocen como lostriángulos áureos.
Teniendo en cuenta la gran simetría de este símbolo, se observa que dentro del pentágono interior es posible dibujar una nueva estrella, con una recursividad hasta el infinito. Del mismo modo, es posible dibujar un pentágono por el exterior, que sería a su vez el pentágono interior de una estrella más grande. Al medir la longitud total de una de las cinco líneas del pentáculo interior, resulta igual a la longitud de cualquiera de los brazos de la estrella mayor, o sea Φ. Por lo tanto, el número de veces en que aparece el número áureo en el pentagrama es infinito al anidar infinitos pentagramas.

El teorema de Ptolomeo y el pentágono: Claudio Ptolomeo desarrolló un teorema conocido como el teorema de Ptolomeo, el cual permite trazar un pentágono regular medianteregla y compás. Aplicando este teorema, se forma un cuadrilátero al quitar uno de los vértices del pentágono, Si las diagonales y la base mayor miden b, y los lados y la base menor miden a, resulta que b2 = a2 + ab lo que implica:

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El número áureo en la Historia

Algunos autores sugieren que el número áureo se encuentra como proporción en varias estelas de Babilonia y Asiria de alrededor de 2000 a. C. Sin embargo, no existe documentación histórica que indique que el número áureo fuera utilizado conscientemente por dichos artistas en la elaboración de las estelas. Cuando se mide una estructura compleja, es fácil obtener resultados curiosos si se tienen muchas medidas disponibles. Además, para que se pueda afirmar que el número áureo está presente, las medidas deben tomarse desde puntos significativos del objeto, pero este no es el caso de muchas hipótesis que defienden la presencia del número áureo. Por todas estas razones Mario Livio concluye que es muy improbable que los babilonios hayan descubierto el número áureo.4
El primero en hacer un estudio formal del número áureo fue Euclides (c.300-265 a. C.), quién lo definió de la siguiente manera:
"Se dice que una línea recta está dividida entre el extremo y su proporcional cuando la línea entera es al segmento mayor como el mayor es al menor." (Euclides en Los Elementos)
Euclides demostró también que este número no puede ser descrito como la razón de dos números enteros, es decir, es un número irracional.
Platón (c. 428-347 a. C.) vivió antes de que Euclides estudiara el número áureo, sin embargo, a veces se le atribuye el desarrollo de teoremas relacionados con el número áureo debido a que el historiador griego Proclo escribió: "Eudoxo... multiplicó el número de teoremas relativos a la sección a los que Platón dio origen." (Proclo en Un comentario sobre el Primer Libro de los Elementos de Euclides).
Aquí a menudo se interpretó la palabra sección (τομή) como la sección áurea. Sin embargo a partir del siglo XIX esta interpretación ha sido motivo de gran controversia y muchos investigadores han llegado a la conclusión de que la palabra sección no tuvo nada que ver con el número áureo. No obstante, Platón consideró que los números irracionales, descubiertos por los pitagóricos, eran de particular importancia y la llave de la física del cosmos. Esta opinión tuvo una gran influencia en muchos filósofos y matemáticos posteriores, en particular los neoplatónicos.
A pesar de lo discutible de su conocimiento sobre el número áureo, Platón se ocupó de estudiar el origen y la estructura del cosmos, cosa que intentó usando los cinco sólidos platónicos, construidos y estudiados por Teeteto. En particular, combinó la idea de Empédocles sobre la existencia de cuatro elementos básicos de la materia, con la teoría atómica de Demócrito. Para Platón, cada uno de los sólidos correspondía a una de las partículas que conformaban cada uno de los elementos: la tierra estaba asociada al cubo, el fuego al tetraedro, el aire al octaedro, el agua al icosaedro, y finalmente el Universo como un todo, estaba asociado con el dodecaedro.
En 1509 el matemático y teólogo Luca Pacioli publica su libro De Divina Proportione (La Divina Proporción), en el que plantea cinco razones por las que estima apropiado considerar divino al Número áureo: "La unicidad; Pacioli compara el valor único del número áureo con launicidad de Dios. El hecho de que esté definido por tres segmentos de recta, Pacioli lo asocia con la Trinidad (sic)". La inconmensurabilidad; para Pacioli la inconmensurabilidad del número áureo y la inconmensurabilidad de Dios son equivalentes. La Autosimilaridad asociada al número áureo; Pacioli la compara con laomnipresencia e invariabilidad de Dios. Según Pacioli, de la misma manera en que Dios dio ser al Universo a través de la quinta esencia, representada por el dodecaedro; el número áureo dio ser al dodecaedro.
En 1525, Alberto Durero publica Instrucción sobre la medida con regla y compás de figuras planas y sólidas donde describe cómo trazar con regla y compás la espiral áurea basada en la sección áurea, que se conoce como “espiral de Durero”.
El astrónomo Johannes Kepler (1571-1630), desarrolló un modelo Platónico del Sistema Solar utilizando los solidios platónicos, y se refirió al número áureo en términos grandiosos: “La geometría tiene dos grandes tesoros: uno es elteorema de Pitágoras; el otro, la división de una línea entre el extremo y su proporcional. El primero lo podemos comparar a una medida de oro; el segundo lo debemos denominar una joya preciosa”  Johannes Kepler en Mysterium Cosmographicum (El Misterio Cósmico).
El primer uso conocido del adjetivo áureo, dorado, o de oro, para referirse a este número lo hace el matemático alemán Martin Ohm, hermano del célebre físico Georg Simon Ohm, en la segunda edición de 1835 de su libro Die Reine Elementar Matematik (Las Matemáticas Puras Elementales). Ohm escribe en una nota al pie: "Uno también acostumbra llamar a esta división de una línea arbitraria en dos partes como éstas la sección dorada." Martin Ohm en Die Reine Elementar Matematik (Las Matemáticas Puras Elementales).
A pesar de que la forma de escribir sugiere que el término ya era de uso común para la fecha, el hecho de que no lo incluyera en su primera edición sugiere que el término pudo ganar popularidad alrededor de 1830.
En los textos de matemáticas que trataban el tema, el símbolo habitual para representar el número áureo fue τ del griego τομή que significa corte o sección. Sin embargo, la moderna denominación Φ ó φ, la efectuó en 1900 el matemático Mark Barr en honor a Fidias ya que ésta era la primera letra de su nombre escrito en griego (Φειδίας). Este honor se le concedió a Fidias por el máximo valor estético atribuido a sus esculturas, propiedad que ya por entonces se le atribuía también al número áureo. Mark Barr y Schooling fueron responsables de los apéndices matemáticos del libro The Curves of Live, de Sir Theodore Cook.
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Proporción aurea

El número áureo o de oro (también llamado razón extrema y media, razón áurea, razón dorada, media áurea, proporción áurea y divina proporción) representado por la letra griega φ (fi) (en minúscula) o Φ (fi) (en mayúscula), en honor al escultor griego Fidias, es un número irracional:
\varphi = \frac{1 + \sqrt{5}}{2} \approx                 1,618033988749894848204586834365638117720309...
También se representa con la letra griega Tau (Τ τ),3 por ser la primera letra de la raíz griega τομή, que significa acortar, aunque encontrarlo representado con la letra Fi (Φ,φ) es más común.
Se trata de un número algebraico irracional (decimal infinito no periódico) que posee muchas propiedades interesantes y que fue descubierto en la antigüedad, no como “unidad” sino como relación o proporción entre segmentos de rectas. Esta proporción se encuentra tanto en algunas figuras geométricas como en la naturaleza. Puede hallarse en elementos geométricos, en las nervaduras de las hojas de algunos árboles, en el grosor de las ramas, en el caparazón de un caracol, en los flósculos de los girasoles, etc.
Asimismo, se atribuye un carácter estético a los objetos cuyas medidas guardan la proporción áurea. Algunos incluso creen que posee una importancia mística. A lo largo de la historia, se ha atribuido su inclusión en el diseño de diversas obras de arquitectura y otras artes, aunque algunos de estos casos han sido cuestionados por los estudiosos de las matemáticas y el arte.
El número áureo es el valor numérico de la proporción que guardan entre sí dos segmentos de rectaa y b que cumplen la siguiente relación:
El segmento menor es b. El cociente a / b es el valor del número áureo: φ.
Surge al plantear el problema geométrico siguiente: partir un segmento en otros dos, de forma que, al dividir la longitud total entre el mayor, obtengamos el mismo resultado que al dividir la longitud del mayor entre la del menor.
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