domingo, 12 de noviembre de 2017

Entrevista Arturo Pérez-Reverte


Como en el nuevo periodismo todo se tolera, empezaré esta entrevista en primera persona para poner en situación al lector. Mis jefes me dan un teléfono y me ordenan entrevistar al periodista, escritor y académico Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951). Aunque intuyo la celada -éste hombre quiere hablar de su último libro, no protagonizar un Hablando sobre España- no estoy dispuesto a perder la oportunidad: lo tengo a tiro y considero una falta menor no haber leído Eva ni Falcó (Alfaguara).
Quedo con el escritor decidido a engañarle un poco, a llevármelo al huerto aprovechando que la Guerra Civil es el telón de fondo de la serie Falcó, para hacerle hablar de política, de Cataluña y de España. Por supuesto se da cuenta: charlamos en el Palace de Madrid y hubo momentos en que pensé que se iba a levantar y me iba a mandar a hacer gárgaras. Muy al contrario, se rió lo suyo y me regaló un ejemplar de Eva al despedirnos. Salí del hotel con la sensación de haberme comportado como un patán: pero qué menos que una porción de remordimientos, a nadie puede salirle gratis intentar levantarle la cartera a un tipo de la madera del Capitán Alatriste; a un tipo como Lorenzo Falcó.
- ¿Le gusta provocar en Twitter?, le suelto antes de sentarnos.
- No me gusta, pero sí me divierte, es un poco como echarle de comer a los patos.
- ¿El apellido de su último héroe, Lorenzo Falcó, tiene algo que ver con el clásico sobre la Guerra Civil de César Falcón, ‘Madrid’?
- Nada, nada. Yo navego mucho y tengo mucha relación con el Cabo Falcó, por donde paso mucho cada vez que voy a Italia. Sí que es verdad que, como todo escritor profesional, colecciono apellidos y nombres para mis novelas, y Lorenzo es el nombre de un tío mío que vivió esa época de una manera muy intensa.
- También escribió ‘La Guerra Civil contada a los jóvenes’ (Algafuara, 2015), una historia ilustrada por Fernando Vicente sobre la contienda que vendió 80.000 ejemplares. ¿Qué representa para usted la Guerra Civil?
- Me interesa como novelista, no para explicarla. Para eso están los libros de Juan Pablo Fusi o los de otros historiadores solventes. O el manual que escribí para jóvenes al que has hecho referencia. O el prólogo de A sangre y fuego de Chaves Nogales, un libro de relatos que debería ser de lectura obligatoria en los colegios.
- ¿Por qué?
- Debería ser materia de estudio obligatoria un año: en las clases de historia, de ética, de literatura, de lo que quieras… Eso haría mejores a los chicos, haría mejores españoles y mejores ciudadanos, y sobre todo eliminaría un montón de vilezas que, desde hace tiempo, nos meten en la sangre. Dicho lo cual, para mí la Guerra Civil es un telón de fondo en el que coloco a mis personajes. Es un escenario magnífico y terrible: los años 30, la Guerra española, el inicio de la Segunda Guerra Mundial, los totalitarismos… fue el final de un mundo y el inicio de otro.
- ¿A qué se refiere?
- A algo muy interesante: los ismos, el fascismo, el nazismo, el comunismo no tenían mala prensa, al contrario. No se sabía nada del Gulag, ni de Auschwitz y todavía había mucha gente decente que creía en los ismos como soluciones políticas. Es que el nazismo era cool, su diseño, su arquitectura; lo mismo podemos decir del fascismo italiano. Todo eso se veía de un modo muy distinto a como lo vemos ahora.
- ¿Qué queda de todo ese mundo en la España actual?
- Por fortuna, ese mundo no existe. Aunque había también unas maneras; hasta un campesino tenía una actitud de dignidad personal, de gallardía humana, una conciencia del valor de la educación, ese saber que un hijo educado tenía más posibilidades de prosperar, el sentido del sacrificio… Todo eso constituía una moral, independientemente de la política, que se ha perdido y que sí echo en falta.
- ¿Ha pensado alguna vez, a raíz de todo esto de Cataluña, que podría volver a producirse un conflicto civil en España?
- No, no lo creo porque hemos llegado a un grado de confort que lo impide. Quien vive con cierto confort, quien tiene un coche, y un televisor, y una cuenta en el banco por humilde que sea, y a los hijos estudiando… pues se tienta mucho la ropa. Aunque seguimos viviendo en una sociedad muy injusta, ahora se vive mejor que hace 80 o 90 años. Ahora, cuando has leído historia, cuando has vivido una guerra, y yo de las veintitantas guerras que hice como reportero siete fueron guerras civiles, reconoces síntomas muy desagradables. Ves que la vileza, la infamia, la irresponsabilidad y la falta de escrúpulos de algunos políticos siguen existiendo. Es decir, aunque el mundo actual es diferente y hace imposible un conflicto como aquel, los impulsos de las personas que sí hicieron posible aquello siguen estando aquí. Si les dieras pistolas, les dieras incultura, les dieras crisis social y les dieras en el exterior fascismos y comunismos la volveríamos a tener.
- Es lo que dijo aquel ex militar ruso que se enfrentó a los manifestantes independentistas que cortaban una carretera en Barcelona: “¡Mañana tendréis armas!”.
- Sí, sí, dijo: “No tenéis ni puta idea; os van a dar armas y ya veréis”. Lo tuiteé, me acuerdo.
- ¿Qué está pasando en Cataluña y en España?
- No le voy a hablar de Cataluña. Sí diré que, con todo esto, que Cataluña ha demostrado que es enormemente española. Ese berlanguiano desenlace del asunto demuestra que es tan española como el resto de España. 
- ¿Tenemos los gobernantes que nos merecemos?
- Los votamos, los votamos... Cuando en el 36 unos campesinos analfabetos queman vivos al alcalde y al cura, pues puedo entenderlo; no justificarlo, ojo, pero sí entenderlo por la incultura, la manipulación y la desesperación de esa gente... Pero esa crueldad entre comillas inocente de hace un siglo ahora es injustificable. Ahora nadie es inocente, ahora hay educación obligatoria, hay televisión, hay internet, hay periódicos. Ahora el que es analfabeto, real o figurado, es porque quiere. El que se deja manipular es porque le resulta más cómodo que le manipulen. Eso del gobernante malo y el súbdito bueno no me lo creo. Eso de qué buen vasallo sería si tuviera buen señor es una gran mentira. Los señores los creamos los vasallos, y son los esclavos los que hacen a los amos.
- Usted siempre dice que en el mundo hay “oportunistas, cobardes, sinvergüenzas y luego ingenuos manipulables y analfabetos de buena voluntad”. ¿No son ahora los ingenuos y los analfabetos más manipulables como consecuencia de la revolución tecnológica?
- Pero porque quieren. El ejemplo lo vemos en las redes sociales: son estupendas por el enorme caudal de información que ofrecen, pero no discriminan, no jerarquizan, se mezcla el oro con la basura, la calidad con la porquería; y lo que dice Vargas Llosa y lo que dice un analfabeto o un demagogo como Rufián comparecen a la vez. Si no hay cultura, no hay formación y no hay preparación intelectual, pues el receptor no distingue y el mismo valor da a un tuit de Rufián que a un enunciado de Thomas Mann. Ese es el problema, la falta de cultura. Y hablo de cultura, no en plan elitista, sino como un conocimiento básico del mundo que permita discernir y distinguir.
- ¿Qué le parece todo lo que ha pasado en Cataluña?
- Mira, he estado en mi mundo, promocionando la novela, fuera de España… lo de Cataluña lo he seguido de lejos. 
En España no hubo guillotina y los de siempre continuaron con sus privilegios; también los territorios
- Hace unas semanas, en una entrevista en ‘El País’, el hispanista John Elliot vinculaba el descontento que motiva el problema catalán a los siglos XVI y XVII: revuelta ‘dels segadors’, Felipe IV y Felipe V, Guerra de Sucesión y Decretos de Nueva Planta. ¿Qué le parece como tesis?
- Es cierto, es cierto, el origen está ahí. España es un país que nunca cuajó como Estado. En Francia hubo una Revolución que acabó con el Antiguo Régimen, acabó con los privilegios feudales y jacobinizó el país y lo convirtió en un Estado fuerte, organizado y moderno. Eso permitió que, en teoría, no hubiese privilegios, que los privilegios estuviesen supeditados al bien común. En España nunca hubo guillotina, ni revolución y jamás fue purgado. Los de siempre, los curas, los aristócratas, el dinero y la Monarquía fueron pasando de un sitio a otro sin perder sus privilegios. Lo mismo pasó con los privilegios territoriales. La República Francesa aplastó La Vendée y la hizo sumisa a la idea de la patria y la nación francesa. Eso en España nunca ocurrió, nunca hubo un Gobierno central lo bastante fuerte como para imponer su centralismo y nunca hubo un Gobierno lo bastante plural como para crear un Estado Federal real con competencias lo claramente delimitadas… [Silencio, Pérez Reverte me mira unos segundos]. ¿Pero cómo me estás haciendo esta entrevista?
- Es muy interesante todo lo que está diciendo.
- [Ríe] Bueno, bueno, pues lo resumo: en España nunca fraguó ni el Estado plurinacional ni el Estado central. ¿Mi opinión personal? Yo soy jacobino, a mí me gustan los Estados fuertes; no ahora, ojo, digo históricamente. Creo que el camino para que España hubiera sido un Estado moderno y fuerte hubiera sido un XVIII y un principio del XIX jacobinos: una idea de nación a la francesa. Pero en España eso no se dio. Aquí se mantuvieron todos los vicios y malformaciones ancestrales y la modernidad nunca pudo combinarlas. Por eso Cataluña y el País Vasco no son más que los residuos, los restos, las consecuencias, dramáticas a veces y grotescas otras, de un Estado que nunca supo conformar su identidad de una manera coherente, ni jacobinamente, ni plurinacionalmente.
- ¿Estos territorios siempre han mantenido privilegios?
- Es que los privilegios siguen ahí. El problema de España es que los privilegios nunca han desaparecido; al contrario, se ha incrementado la insolidaridad.
- Sin embargo Puigdemont en su exilio flamenco y toda su corte venden la idea de que España no es una democracia y que el franquismo continúa.
- Bueno, eso no vamos ni a comentarlo. Esa estupidez grotesca me niego a comentarla.
- ¿Y por qué tienen predicamento esas tesis en parte de la sociedad catalana y española?
- Bueno, llegado a este punto, he de decir que yo sólo soy un tipo que cuenta historias. He hecho una concesión y estamos hablando de historia, que a mí me gusta mucho, pero no soy analista político ni analista social. A mí realmente... no es que me dé igual, porque soy ciudadano español. Pero estoy muy lejos de todo esto. Yo no soy la persona adecuada para esclarecer eso; para eso hay que ir a gente como Juan Pablo Fusi, como Carmen Iglesias… pero yo no. ¿Vale como respuesta?
- Sí, pero comprenda que abuse un poco.
- Sí, y comprende que yo no me deje abusar. Estamos en plan bien; y yo puedo llegar hasta donde he llegado porque me interesa la historia, porque soy lector de historia, porque soy un tipo que ha vivido guerras… Hasta ahí llego, pero no estoy capacitado para analizar determinadas cosas. Yo estoy aquí sentado no porque analice la vida política, sino porque cuento historias y me las leen.
- ¿Y aquello de la misión del intelectual?
- Un momento, un momento. Yo no soy un intelectual, allá cada cual. Yo soy un novelista que cuenta historias; yo fui un reportero que anduvo por el mundo y, a la vuelta, con la mochila llena, me puse a contar historias a partir de lo que viví y de la mirada que esa vida me dejó. No escribo para hacer mejor el mundo, escribo porque me apetece y ya está. Es que un novelista no tiene una misión. El artista que cree que dice que trabaja para hacer mejor el mundo miente como un bellaco, es un demagogo y un embustero.
- A lo mejor se lo cree.
- Pues allá él. Pero es que yo cuando era reportero no fui a la guerra para hacer mejor el mundo. Yo fui a la guerra porque la guerra era un lugar fascinante, porque me permitía una forma de vida que me gustaba, porque podía vivir con lo puesto y una mochila y empezar cada día una crónica con autonomía y lejos de mis jefes; era joven, había adrenalina, emociones, aventura… Era periodista y ese era mi trabajo. Pero no iba a la guerra para pararla ni para hacer mejor el mundo. Estaba en Sarajevo y me jugaba la vida todos los días para que la gente que estaba en su casa supiera lo que estaba pasando allí porque ese era mi trabajo. Yo era un mercenario honrado, cobraba por mi trabajo y lo hacía bien, pero no para hacer mejor el mundo. Bueno, en Bosnia acababas pidiendo auxilio para ellos, pero eso es otra cosa. Mi misión es contar historias lo mejor que pueda.
- Y como lector y gran conocedor de la historia. ¿Qué le parece la proclamación de la República por parte de Puigdemont en comparación con las proclamaciones anteriores de Maciá en 1931 y Companys en 1934? ¿Está a la altura de la Historia?
- Pues que en España la tragedia se repite como farsa.
- ¿Y la perspectiva de que esto se pueda solucionar con las elecciones del 21-D?
- Pero yo qué cojones sé. Ni idea, ni idea, no lo sé, y no voy a hablar algo que no sé. Eso me interesa relativamente. Claro que me preocupa, pero mi vida no depende de que Cataluña sea o no independiente. Mi futuro no está en Cataluña. A mí me leen en 42 lenguas y si Cataluña es independiente pues imagino que allí tendría un editor local, catalán, yo qué sé.
- ¿Y la imagen de España en el exterior por todo esto; ha percibido algo?
- Claro que lo he percibido. Penosa, tristísima, grotesca, de vergüenza.
- ¿Se ha descuidado la imagen exterior?
- De verdad, no quiero hablar más de Cataluña. En cuanto a imagen hemos salido muy mal parados internacionalmente por la vileza de unos y la estupidez de los otros. Y con eso termino.
- ¿Y el hecho de que haya propagandistas activos exteriores a sueldo, como Assange?
- Mi labor de cortesía respecto a ti como entrevistador, en lo que refiere a Cataluña, ha terminado ya. No te quejarás, ¿no? ¿Esto es una entrevista sobre Cataluña, verdad?
- Bueno, es una entrevista sobre España.
Pues Cataluña ya está.
- Decía Stanley G. Payne que el café para todos no funcionó, que se deberían haber delimitado mucho más las competencias de las distintas Comunidades.
- Vuelvo a decirte otra vez, que por lo visto no lo he dicho con bastante nitidez, que yo soy un tipo que cuenta historias. No soy un analista político, ni un sociólogo, ni un filósofo, ni un intelectual. Fui reportero y ahora soy escritor.
- Ya, pero muchas veces ha hablado sobre la Transición.
- Sí, pero cuando lo he hecho ha sido como algo personal, en artículos y cuidando mucho lo que escribía, no en una entrevista. En las entrevistas no digo esas cosas, porque momentos como este tienen sus peligros, porque los titulares, como sabes, son resúmenes. No me interesa hablar de eso, no hablo en mi casa, ni con mis amigos. ¿Me entiendes?
- Sí claro. Hablemos de la Guerra Civil, que es el escenario de sus novelas de la saga Falcó. Imagino que seguirán nuevas novelas.
- Sí, va a seguir porque, aunque iba a ser una novela, me lo pasé muy bien y voy a hacer al menos tres o cuatro.
- ¿Y sobre el capitán Alatriste? Se lo pregunto porque he visto que un señor se lo pedía por la calle.
- Sí que me lo piden, sí. Bueno, no sé. Tengo 66 años y no sé lo que voy a vivir y cuanto tiempo me queda.
- Pero si está usted muy bien.
- Bueno, el mundo se divide entre la gente que sabe que se va a morir y la que no. Y yo sé que me voy a morir. Yo aprendí muy joven, y eso ha condicionado toda mi vida, que todo es muy frágil en la vida, todo: la salud, la cordura… No sé si me quedan dos años o diez, dos novelas o diez, y he de elegir muy bien lo que hago. No voy a malgastar el tiempo en cosas que no me apetecen. Y ahora me apetece mucho hacer Falcó.
- ¿Es un tema cerrado la Guerra Civil para los españoles?
- No, no es un tema cerrado. Era un tema cerrado, claramente cerrado. Pero [silencio largo], hubo estúpidos y malvados, y siempre es peor un estúpido que un malvado; hubo una conjunción planetaria de estupidez y de maldad que hizo, hará como diez años, que el tema de la Guerra Civil se convirtiera en arma política de nuevo. Y entonces, ¿qué pasó?, pues que cayeron sobre esa arma para utilizarla generaciones de políticos y no políticos jóvenes que no tenían la formación adecuada. No tenía ni la edad, ni el conocimiento; ni la lucidez; ni la experiencia; ni la habían estudiado lo suficiente. Y la utilizaron con una alegría irresponsable el nosotros y ellos, las cunetas, las no cunetas… Se resucitó otra vez lo que parecía tan bien calmado. De esa estupidez, convertida en maldad por pura estupidez, surgió un revival de la Guerra Civil que en nada ha beneficiado a nadie, y ha perjudicado mucho a todos. Porque, además, y de esto sí hablo con gusto, hay idiotas que confunde la equidistancia con la ecuanimidad.
- ¿A qué se refiere?
- Cuando uno ve una guerra civil desde fuera, los Balcanes, Nicaragua… y yo he hecho siete, eh, está todo claro: Franco malo, República buena; serbios malos, bosnios buenos; somocistas malos, sandinistas buenos; Videla malo, montoneros malos… Pero cuando te acercas a ellos, y hablas, y te fumas un cigarrillo, y te salpica la sangre; y los ves morir, matar, torturar… Entonces las líneas claras se difuminan: te doy mi palabra de honor de que es así. Al aplicar a la Guerra Civil un criterio de buenos y malos se pervierte la realidad. Ser ecuánime es ver la barbarie y la crueldad estés donde estés respecto al conflicto. Por eso te he citado antes a Chaves Nogales. Pues bien, esto en España es imposible porque estos idiotas han conseguido que, de nuevo, nadie reconozca virtudes en el adversario y que aceptemos, sin cuestionarlas, las supuestas verdades de nuestro bando.
- Eso es genuinamente español…
- Hemos vuelto a ese español tan peligroso que no quiere al adversario vencido o convencido, sino exterminado: y a ser posible, a su mujer rapada y humillada y al hijo expulsado de la escuela. Eso, que es muy español, y que tiene su orígen en la Inquisición, y que fue borrado de nuestro mecanismo de relación social, ha vuelto. Por eso te encuentras a un niñato que no tiene ni idea de lo que fue aquello, ni ha leído nada, manejando conceptos de 140 caracteres y dando lecciones. Y todo porque se destapó la cazuela por razones tácticas inmediatas y se arruinó el trabajo, si quieres imperfecto, realizado hasta entonces.
- Este 'revival' comenzó en las manifestaciones de la Guerra de Irak con una profusión de banderas republicanas sin precedentes años atrás, ¿verdad?
- El político que, con su irresponsabilidad, más ha complicado España desde la Guerra Civil ha sido José Luis Rodríguez Zapatero.
- ¿Ahora el 'revival' es de banderas españolas?
Por suerte el español ya no es el mismo. Pero esto mismo, con pistolas, con incultura, con desesperación, con fascismos y comunismos, es lo que pasó en el 36. Mi padre y mi tío eran niños bien y lucharon por la República. A mi suegro, que era un joven de izquierdas, aragonés y duro como el granito, le tocó luchar con los nacionales y fue herido en combate. Decir que las dos Españas estaban ideologizadas y que fue el pueblo contra los generales y los curas es una simplificación y un disparate. Una Guerra Civil no se simplifica en 140 caracteres.
- ¿Quizá está cambiando la percepción sobre la bandera española? ¿Ya no simboliza la derecha?
- Yo a las banderas no les tengo mucho… Pero en España hemos tenido un problema grave por culpa de la izquierda. El franquismo contaminó la Historia de España de fanfarria patriotera: ¡le pusieron camisa azul al Cid! Y cuando llegó la democracia, la izquierda, en lugar de limpiar la historia e incorporarla a la vida cotidiana, le cedió la palabra España a la derecha y le regaló la bandera. Cuando España es sufrir juntos y la Historia de España es la Historia de un sufrimiento colectivo. Ahora hay tímidos intentos de recuperar esos conceptos… Oye, ¿tú has leído Eva?
- No
- [Se ríe] ¿Y ‘Falcó?
- No
- [Se ríe a carcajadas] Ah, por eso no paras de preguntarme cosas sobre España. ¿Pero te has leído alguna novela mía?
- Sí, muchas. ¿El personaje de Eva es un compendio de todas las mujeres de sus novelas?
- Sí, yo he conocido a esas mujeres que, en un mundo hostil, compiten en igualdad de condiciones con los hombres. Además, Eva es una mujer comunista en los años 30. Había muchas mujeres increíbles en esa época. Hay una película tremenda de José Luis Arévalo, Rojo y negro, sobre la resistencia falangista en el Madrid rojo, que es extraordinariamente buena. Esa mujer luchadora, comprometida, existía en ambos bandos. Y no hablo de una mujer política, como La Pasionaria, que huyó a Valencia y luego a la URSS, sino de las mujeres que se quedaron, que lucharon y que fueron torturadas y fueron a la cárcel. Ese tipo de mujer, que yo he conocido y que también aparece en los libros de Arthur Koestler y de John Dos Passos, es el molde de Eva. Eran personas que se la jugaban de verdad. Esa mujeres de los años 30 abrieron el camino.
- ¿Cuando te llaman machista en las redes sociales cómo te lo tomas?
- Que lean mis novelas. A mí sólo me tratan de machista quienes no me han leído y los folclóricos que consideran que burlarse del todos y todas es machista.
- ¿Las redes sociales han distorsionado o están distorsionando, frivolizando, el feminismo?
- Claro, es que las simplezas que circulan son material fácilmente comprable por parte de personas que no tienen más capacidad. Hay una especie de mercado analfabeto en torno a las redes sociales, donde se difunden sin esfuerzo esa cosas. Pero a Twitter se viene llorado. Yo me divierto mucho porque me permite observar el mundo.
- Cómo han afectado las redes sociales al periodismo?
- Lo han destrozado, lo han matado, al menos el periodismo en el que yo me eduqué. El problema es que ningún medio puede competir con la basura y la basura se difunde con mucha más facilidad, genera más clics, y eso hace que el rigor se repliegue poco a poco. La sustitución del discurso profesional, coherente y trabajado por el discurso fácil y poco riguroso es peligrosa.
- ¿Qué consejo le darías a los jóvenes que empiezan?
- Que no se hagan periodistas: la mayor alegría que me dio mi hija fue cuando me dijo que no quería hacerse periodista, que quería ser historiadora y arqueóloga. Y ojo, es terrible, porque el único contrapoder, la única fuerza que permite limitar, controlar, denunciar, asustar a los innumerables hijos de puta que manejan los resortes del poder, dentro y fuera de España, es la existencia de una prensa libre, culta y con público. Sólo le tiene miedo a eso. Las redes sociales son perfectas para los políticos porque allí ellos pueden manipular. Cualquier Rufián puede hacerse popular con cuatro tuits ingeniosos o infames. Por eso es tan triste que desaparezca, como está desapareciendo, la prensa solvente. Porque se quedan sin jueces y sin testigos; y los poderosos sin testigos son muy peligrosos.
- ¿Y a un joven que quiera escribir?
- Que escriba para series de televisión y para los videojuegos. Hay mucho talento en los videojuegos.
- ¿Qué pensó usted cuando oyó a los de Podemos copiarle la idea de que había que poner una guillotina en la Puesta del Sol?
- Eso lo dije yo en el 88, y aparece en El Maestro de esgrima. Ellos no saben qué es una guillotina, no saben lo que están diciendo; y si lo saben, es peor todavía.
- También le copiaron el uso de conceptos como 'casta' y 'élite'.
- Bueno, no son la misma cosa. La palabra casta la escribí yo en un artículo llamado Los amos del mundo en el 98. Lo que está mal visto es la palabra élite. Las élites son sospechosas. Todo el sistema educativo está confeccionado para aplastar la inteligencia en cuanto aparece, para que no haya ningún niño que destaque sobre el resto. Se iguala en la mediocridad cuando la élite es buena porque señala caminos y objetivos a la sociedad. La gente brillante es necesaria. ¿Qué eran Churchill, Adenauer, Einstein, Stefan Zweig, Thomas Mann, Caravaggio, Miguel Ángel, Plutarco…? Eran élites, naturalmente. En España, como todo lo negativo lo abordamos con entusiasmo, estamos exterminando a las élites. Eso es terrible, es un suicidio social, político y cultural a que esto nos está llevando.
- Todo por la igualdad.
- Es que no somos iguales, por suerte. Al hacer sospechosa a la élite renunciamos a sus enormes ventajas.
- ¿Es usted optimista?
- No, no, no puedo serlo. Tengo 66 años, 21 de ellos viendo guerras, una inteligencia mediana y 30.000 libros en mi biblioteca. No puedo ser optimista porque sé que no somos nada, que somos muy vulnerables.
- Bueno, la estadística dice que estamos mejor, que hay menos hambre y que la esperanza de vida es mayor.
Si el objetivo es la esperanza de vida, apaga y vámonos. Los occidentales le damos demasiada importancia de vida cuando somos como hormigas bajo la bota de un dios implacable. Y esa bota una vez es un tsunami, otra un terremoto y otra una furgoneta en las Ramblas. Vivimos en la parte buena del cosmos, pero a veces la parte mala nos salpica. Es importante que seamos conscientes. La vida humana no vale nada, los seres humanos somos cinco litros de sangre. Sólo la cultura sirve de consuelo. Y Falcó, por volver de una vez a mi novela, de la que no me has preguntado nada, lo sabe muy bien. Lo que le hace interesante no es la inteligencia de su autor, sino que no es un cantamañanas buenista. Es un tipo que sabe que el mundo es una broma de mal gusto, y lo disfruta.
Moeh Atitar
Félix Velasco - Blog

martes, 3 de octubre de 2017

“Votem per ser lliures”


No ha habido consigna más repetida por los nacionalistas catalanes que esta: “Votemos para ser libres”. Es una consigna antiliberal.
Comprendo que esto resulte paradójico, pero la razón estriba en la identificación entre urnas y libertad, que lleva a concluir que el voto es en sí mismo la expresión inequívoca de una comunidad de mujeres y hombres libres.
Dicha identificación ha sido profusamente utilizada por los nacionalistas, con argumentaciones que recurren al inapelable sentido común: si solo queremos votar, ¿qué problema puede haber?; si somos demócratas, tenemos que poder votar; y si nos lo impiden, es una clara vulneración de la democracia, etc.
Sin embargo, el voto no es igual a la libertad, porque en los regímenes más tiránicos la gente ha acudido a las urnas. El pueblo ha votado masivamente en dictaduras comunistas y fascistas, en la Cuba castrista y en la Alemania nazi. El hecho del voto, en sí, no significa, efectivamente, libertad.
Los propios nacionalistas indirectamente lo han reconocido. Cuando hablan de votar, no hablan de votar para permanecer en España, igual que cuando hablan del fantasmagórico “derecho a decidir” nunca hablan del derecho que asiste al botiguer de decidir  rotular su escaparate sólo en castellano, o en el idioma que libremente elija.
Una prueba del totalitarismo nacionalista es que, con todo su énfasis en el derecho al voto, jamás habla del derecho individual de las personas concretas. El derecho para el nacionalismo nunca es individual, sino colectivo. Recordaba la semana pasada en “Expansión” Clemente Polo, catedrático de la Autónoma de Barcelona, que la “ley” del referéndum dice que “prevalece sobre todas las normas con las que pueda entrar en conflicto, en tanto que regula un derecho fundamental e inalienable del pueblo de Cataluña”. Nótese la retórica solemne y la trampa colectivista: no hay derecho de don Joan Pérez, ciudadano de Barcelona; su derecho no es fundamental ni inalienable, porque está subordinado al derecho supremo “del pueblo de Cataluña”.
En el Palacio de Justicia de Colombia, en la bogotana Plaza de Bolívar, campea esta frase de un gran prócer del país, el general Francisco de Paula Santander: “Colombianos: las armas os han dado la independencia, las leyes os darán la libertad”. Esta frase, que habría hecho las delicias de Jeremy Bentham, y que refleja el predominio del utilitarismo y el positivismo jurídico, que impregnaron la filosofía del derecho desde entonces, es tan bella como equívoca. La tradición liberal, en efecto, cuestiona, al menos desde el vascofrancés Frédéric Bastiat esta idea, y la vuelve del revés: no somos libres porque tenemos leyes, sino que tenemos leyes porque somos libres. Si no fuera así, la libertad no estaría garantizada, porque la misma ley que nos da la libertad nos la puede quitar.
No votamos, pues, para ser libres, sino que como somos libres, votamos. Si no lo somos, bien podemos votar para consagrar la servidumbre en Cataluña. Y fuera de ella.
Carlos Rodríguez Braun
Félix Velasco - Blog

lunes, 11 de septiembre de 2017

Theodore Roosevelt y Anna Karenina


Theodore Roosevelt, presidente de los EEUU, pasaba un invierno en Dakota cuando un par de ladrones robaron su bote al que tenía mucho aprecio. Tomó otro bote y salió tras ellos por el río Little Missouri. Pasaron varios días antes de que les diera caza y cuando los encontró y los ladrones se rindieron, Roosevelt los llevó hasta entregarlos a la justicia. Un trayecto de 65 klm que hizo a pie.
Se dice que durante aquella aventura persiguiendo a ladrones por la nieve se leyó a ‘Ana Karenina’.
Después de esto parece que no hay excusa para no leer.
Félix Velasco - Blog  

Quemar libros


Tras la muerte de Mahoma, se inicia el periodo de los Califas Perfectos (se llamaron así por ser familiares o amigos íntimos del profeta).Estos primeros califas fueron cuatro (Abu-Bakr, Omar, Otmán y Alí ). El segundo de ellos, Omar, conquista e islamiza Siria, Persia, Palestina, Egipto… En el año 644 se toma Alejandría en la que se encuentra la gran Biblioteca de los Ptolomeos compuesta por miles de legendarios papiros. Ante aquel tesoro y sobre qué hacer, Omar dijo: "No hay más que un libro verdadero: el Corán. Si los libros de esa biblioteca contienen cosas opuestas al Corán, son impíos y hay que quemarlos; y si dicen lo mismo que el Corán, son superfluos y hay que quemarlos también."
Cualquier excusa era válida para quemar los libros, visto lo visto ya tenía decidido qué hacer con ellos. Se dice que sirvieron para mantener, durante un tiempo, encendidas las calderas de los baños públicos.
Félix Velasco - Blog

sábado, 22 de julio de 2017

Leer es bueno


Leer es bueno para la salud física y mental, y cualquier momento del año es bueno para ello. La lectura nos aporta un sinfín de beneficios, nos enseña, nos permite conocer otras culturas sin necesidad de viajar, hace nuestro vocabulario más fluido, nos ayuda a no cometer faltas de ortografía. La ventaja de entretenerse con un libro es que aparte de estar disfrutando lo que se está haciendo, también se está adquiriendo nuevos conocimientos.
Cuando estamos de vacaciones nos relajamos y es en ese momento cuando nos apetece evadirnos y sumergirnos en una buena lectura. Cuantas veces nos ha cautivado un libro hasta el punto de sentirnos identificados con sus personajes, haciendo volar nuestra imaginación, enganchándote de tal forma que no puedes parar de leer, o estar deseando volver a cogerlo sí has tenido que interrumpir la lectura.
La lectura frecuente logra modificar la estructura de nuestro cerebro, creando y reforzando nuevas conexiones, ademas de que crea nuevos patrones de pensamiento. Leer relaja el cuerpo y calma la mente.
En el tiempo en que vivimos las personas han olvidado como mantener el cuerpo relajado y ser pacientes. El estilo de vida actual, lleno de luces, sonidos, estrés y muchas distracciones, hace que sea cada ves mas difícil lograr relajarse y tener una mente plena. Leer es la medicina perfecta para bajar los niveles de estrés siempre y cuando se haga a conciencia y con regularidad.
Félix Velasco - Blog

sábado, 6 de mayo de 2017

Las cosas son como son


    De la incertidumbre nacida en el siglo pasado se alimentó el relativismo, que es la principal característica de las corrientes filosóficas y sociales de la posmodernidad, donde todo es válido, pero a la vez nada es del todo cierto.
    Las ciencias también fueron influenciadas por esa forma de ver el mundo, donde la Historia parecía demostrar que ya nada era tan seguro como antes. Teorías científicas como el Principio de Incertidumbre de Heisenberg, la Paradoja de Schrödinger o ...la Teoría del Caos, se deben en parte a todo este proceso.

    A pesar de ello la realidad sigue imponiéndose: NO TODO ES RELATIVO. Tal vez sea relativo el olor de las flores en una tarde de primavera, o la interpretación del poema 20 de Neruda. 

    Pero no lo son los los ingredientes activos de los medicamentos, ni los cálculos que debe hacer un ingeniero para levantar un puente, ni la forma como fue asesinado Julio César, la Ley de la Gravedad,... Millones de estudios, análisis, comprobaciones y dobles comprobaciones prueban que hay certezas sobre las cuales estamos construyendo nuestro progreso como Humanidad. Y los métodos utilizados para conseguirlo están siendo utilizados en la investigación de otras miles de futuras certezas en todos los campos, desde la secuenciación del ADN con nanotecnologías hasta la formación de agujeros negros a partir de las supernovas.
    No todo es relativo,... salvo en las estrecha mentes relativistas.

viernes, 28 de abril de 2017

Tres razones para explicar el retraso del mundo musulmán


Los mensajes apocalípticos de la propaganda yihadista -que sueña con el advenimiento del califato universal- suelen citar la era dorada de Al Andalus como referente casi mítico de poder y progreso. ¿Qué ocurrió tras ese periodo -normalmente situado entre los siglos VIII y XI de la era cristiana- para que la civilización musulmana entrase en una etapa progresiva de hibernación y decadencia frente a Occidente?
Los historiadores han animado el debate con muchos argumentos. Tres suelen ser aceptados por consenso. El saqueo de Bagdad en 1258, que acabó con la dinastía abasí. La resistencia a adaptar la imprenta al idioma árabe, algo que no se produjo a gran escala hasta finales del siglo XIX. Y, en particular, el final abrupto y precoz de lo que se conoce como «ijtihad», la interpretación y adaptación del islam a los tiempos.
La caída del califato en Bagdad a mediados del siglo XIII, tras la brutal invasión de los mongoles, tuvo una importancia relativa; para entonces, el retraso y la decadencia de las ciencias y las letras musulmanas eran ya evidentes tanto en Oriente como en la península ibérica; además, como ha señalado John McHugo, existían otros centros de conocimiento e investigación que escaparon al furor destructivo de los mongoles.
Más significativa fue la resistencia del mundo del islam a utilizar la imprenta con caracteres árabes. Ya se percibía no obstante un declive notable de la producción escrita, tanto literaria como científica, entre los siglos XIII y XVI, antes de que la imprenta marcase un punto de inflexión en el Occidente cristiano.
Fue una resistencia al cambio por parte del islam, que tuvo en el fondo una misma raíz: la convicción religiosa impuesta por la elite mahometana de que el progreso de la humanidad comenzó y concluyó en el siglo VII con Mahoma y el Corán. Algunos autores lo explican con la «teoría del retrovisor»: el conductor no se fija en el destino que tiene delante sino en el paisaje que dejó detrás.
El breve romance con la «ijtihad», elesfuerzo reflexivo realizado desde fuera del Corán y de su doctrina, acabó según muchos autores en el siglo XI, cuando la autoridad política y religiosa del mundo musulmán decretó «cerrada la puerta de la interpretación». Desde entonces todos los esfuerzos de adaptación del islam a los tiempos -a sus circunstancias cambiantes y a los descubrimientos- han sido minoritarios o heréticos.
Félix Velasco - Blog
Francisco de Andrés

miércoles, 29 de marzo de 2017

Violencia


Desde tiempos inmemoriales, el ser humano ha utilizado la violencia para intentar resolver conflictos, la Historia es testigo.
El uso intencionado de la violencia constituye un arma para ejercer dominio o poder sobre otros seres humanos. Esa violencia, a manos de otras personas, nos roba la confianza, socava la autoestima y contradice los principios más elementales de convivencia.
Algunos aspectos que nutren las semillas de la violencia son:
- El desequilibrio crónico entre aspiraciones y oportunidades
- La desintegración del hogar familiar
- Un pésimo sistema escolar
- El deterior de las relaciones humanas en la comunidad con base ideológica.
La violencia constituye uno de los problemas más preocupantes de nuestro tiempo. Pero existen dos hechos esperanzadores:
1) La búsqueda de la convivencia pacífica es una característica natural que abunda en los seres humanos y que nos ayuda a sobrevivir, a evolucionar y a mejorar nuestra calidad de vida.
2) Ninguna sociedad puede perdurar sin que sus miembros estén continuamente ayudándose unos a otros.

Félix Velasco - Blog

lunes, 6 de marzo de 2017

Maestras con hiyab y otros disparates


De aquí a un par de años –si es que no ha ocurrido ya– saldrá de las facultades españolas una promoción de jóvenes graduadas en Educación Infantil y Primaria, entre las que algunas llevarán –lo usan ahora, como estudiantes– el pañuelo musulmán llamado hiyab: esa prenda que, según los preceptos del Islam ortodoxo, oculta el cabello de la mujer a fin de preservar su recato, impidiendo que una exhibición excesiva de encantos físicos despierte la lujuria de los hombres.
Ese próximo acontecimiento socioeducativo, tan ejemplarmente multicultural, significa que en poco tiempo esas profesoras con la cabeza cubierta estarán dando clase a niños pequeños de ambos sexos. También a niños no musulmanes, y eso en colegios públicos, pagados por ustedes y yo. O sea, que esas profesoras estarán mostrándose ante sus alumnos, con deliberada naturalidad, llevando en la cabeza un símbolo inequívoco de sumisión y de opresión del hombre sobre la mujer –y no me digan que es un acto de libertad, porque me parto–. Un símbolo religioso, ojo al dato, en esas aulas de las que, por fortuna y no con facilidad, quedaron desterrados hace tiempo los crucifijos. Por ejemplo.
Pero hay algo más grave. Más intolerable que los símbolos. En sus colegios –y a ver quién les niega a esas profesoras el derecho a tener trabajo y a enseñar– serán ellas, con su pañuelo y cuanto el pañuelo significa en ideas sociales y religiosas, las que atenderán las dudas y preguntas de sus alumnos de Infantil y Primaria. Ellas tratarán con esos niños asuntos de tanta trascendencia como moral social, identidad sexual, sexualidad, relaciones entre hombres y mujeres y otros asuntos de importancia; incluida, claro, la visión que esos jovencitos tendrán sobre los valores de la cultura occidental, desde los filósofos griegos, la democracia, el Humanismo, la Ilustración y los derechos y libertades del Hombre –que el Islam ignora con triste frecuencia–, hasta las más avanzadas ideas del presente.
Lo de las profesoras con velo no es una anécdota banal, como pueden sostener algunos demagogos cortos de luces y de libros. Como tampoco lo es que, hace unas semanas, una juez –mujer, para estupefacción mía– diera la razón a una musulmana que denunció a su empresa, una compañía aérea, por impedirle llevar el pañuelo islámico en un lugar de atención al público. Según la sentencia, que además contradice la doctrina del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, obligar en España a una empleada a acatar las normas de una empresa donde hombres y mujeres van uniformados y sin símbolos religiosos ni políticos externos, vulnera la libertad individual y religiosa. Lo que significa, a mi entender –aunque de jurisprudencia sé poco–, que una azafata católica integrista, por ejemplo, acogiéndose a esa sentencia, podría llevar, si sus ideas religiosas se lo aconsejan, un crucifijo de palmo y medio encima del uniforme, dando así público testimonio de su fe. O, yéndonos sin mucho esfuerzo al disparate, que la integrante de una secta religiosa de rito noruego lapón, por ejemplo, pueda ejercer su libertad religiosa poniéndose unos cuernos de reno de peluche en la cabeza, por Navidad, para hacer chequeo de equipajes o para atender a los pasajeros en pleno vuelo.
Y es que no se trata de Islam o no Islam. Tolerar tales usos es dar un paso atrás; desandar los muchos que dimos en la larga conquista de derechos y libertades, de rotura de las cadenas que durante siglos oprimieron al ser humano en nombre de Dios. Es contradecir un progreso y una modernidad fundamentales, a los que ahora renunciamos en nombre de los complejos, el buenismo, la cobardía o la estupidez. Como esos estólidos fantoches que, cada aniversario de la toma de Granada, afirman que España sería mejor de haberse mantenido musulmana.
Y mientras tanto, oh prodigio, las feministas más ultrarradicales, tan propensas a chorradas, callan en todo esto como meretrices –viejo dicho popular, no cosa mía– o como tumbas, que suena menos machista. Están demasiado ocupadas en cosas indispensables, como afirmar que las abejas y las gallinas también son hembras explotadas, que a Quevedo hay que borrarlo de las aulas por misógino, o que las canciones de Sabina son machistas y éste debe corregirse si quiere que lo sigan considerando de izquierdas.
Y aquí seguimos, oigan. Tirando por la borda siglos de lucha. Admitiendo por la puerta de atrás lo que echamos a patadas, con sangre, inteligencia y sacrificio, por la puerta principal. Suicidándonos como idiotas.
Arturo Pérez Reverte
Félix Velasco -Blog

sábado, 4 de marzo de 2017

1984 - Neolenguaje



1984 - En este libro se nos habla de que el poder no emana de tu riqueza, ni de tus habilidades sino de poseer los bienes que los demás necesitan. 
Novela de política-ficción escrita por George Orwell. En la novela el estado omnipresente obliga a cumplir las leyes y normas a los miembros del partido totalitario mediante el adoctrinamiento, la propaganda, el miedo y el castigo despiadado. La novela introdujo los conceptos del siempre presente y vigilante Gran Hermano, de la notoria habitación 101, de la ubicua policía del pensamiento y de la neolengua (como nuesta Bibiana), adaptación del inglés en la que se reduce y se transforma el léxico basándose en el principio de que lo que no está en la lengua, no puede ser pensado. La novela es una descripción analítica de los regímenes totalitarios con un final desolador.
No hace falta demasiado ingenio ni ser un lince para detectar paralelismos entre la sociedad actual y el mundo de "1984", practicamente estamos viviendo en la sociedad Orwelliana. El término Orwelliano se ha convertido en sinónimo de las sociedades u organizaciones que reproducen actitudes totalitarias y represoras como las representadas en la novela.
Un gobierno con cuatro Ministerios: de la Verdad, de la Paz, del Amor y de la Abundancia, que vigilan toda acción que perjudique al partido.
Los ministerios del “Gran Hermano”:
- MINISTERIO DEL AMOR - Se ocupa de los castigos y la tortura
- EL MINISTERIO DE LA PAZ - Se encarga de que la guerra sea permanente
- EL MINISTERIO DE LA ABUNDANCIA – Se ocupa de la economía haciendo que la gente viva al borde de la subsistencia
- EL MINISTERIO DE LA VERDAD - Se dedica a manipular o destruir los documentos históricos, para conseguir que las evidencias del pasado coincidan con la versión oficial de la historia.
Tras años trabajando para el Ministerio de la Verdad, Winston Smith se va volviendo consciente de que los retoques de la historia en los que consiste su trabajo son parte de la gran farsa en la que se basa su gobierno, y descubre la falsedad intencionada de todas las informaciones procedentes del Partido Único. En su ansia de evadir la omnipresente vigilancia del Gran Hermano encuentra el amor.
ALGUNAS FRASES.
- "La guerra es la paz. La libertad es la esclavitud. La ignorancia es la fuerza."
- "Nada era del individuo, a no ser unos cuantos centímetros cúbicos dentro de su cráneo."
- "Cada año habrá menos palabras, así el radio de acción de la conciencia será cada vez más pequeño."
- No querían que la riqueza fuese repartida; si la riqueza llegara a generalizarse, no serviría para poder distinguir a nadie."
- "Lo más característico de la vida moderna no era su crueldad ni su inseguridad, sino sencillamente su vaciedad, su absoluta falta de contenido"
- "Si todos disfrutasen por igual del lujo y del ocio, la gran masa de seres humanos, a quienes la pobreza suele imbecilizar, aprenderían muchas cosas y empezarían a pensar por sí mismos."
- "Estarás hueco. Te vaciaremos y te rellenaremos de... nosotros."
- "El gran hermano es la concreción con que el partido se presenta al mundo. Su función es actuar como punto de mira para todo."
- "Quizás uno no deseara tanto ser amado como ser comprendido."
- "El partido quiere tener el poder por amor al poder mismo."
- "El pasado es únicamente lo que digan los testimonios escritos y la memoria humana."
- "No se establece una dictadura para salvaguardar una revolución; se hace una revolución para establecer una dictadura."
- "Quien controla el presente controla el pasado y quien controla el pasado controlará el futuro."
- "No habrá risa; no habrá arte; ni literatura ni ciencia; sólo habrá ambición de poder, cada día de una manera más sutil."
- "Si los hechos demuestran otra cosa, habrá que cambiar los hechos."
- "¿Cuantos dedos ves aquí Winston?" - O'Brien - "Cuatro" - Winston - "¿Y si el partido te dijese que son cinco?" - O'Brien
- "Tengo mujer y tres hijos. El mayor de ellos no tiene todavía seis años. Podéis coger a los cuatro y cortarles el cuerpo delante de mí y yo lo contemplaré sin rechistar. Pero no me llevéis a la habitación 101."
- "Si quieres hacerte una idea de cómo será el futuro, figúrate una bota aplastando un rostro humano... incesantemente"
- "En una época de mentira universal, decir la verdad constituye un acto revolucionario”
- "La mentira elegida pasaría a los registros permanentes y se convertiría en la verdad."
- "Diariamente y casi minuto a minuto, el pasado era puesto al día."
- "Un éxtasis de miedo y venganza, un deseo de matar, de torturar, de aplastar rostros con un martillo, parecían recorrer a todos los presentes como una corriente eléctrica convirtiéndole a uno, incluso contra su voluntad, en un loco gesticulador y vociferante."
- "Saber y no saber, hallarse consciente de lo que es realmente verdad mientras se dicen mentiras cuidadosamente elaboradas, sostener simultáneamente dos opiniones sabiendo que son contradictorias y creer sin embargo en ambas."
Félix Velasco - Blog

Afectividad e inteligencia


El siglo XVIII entronizó la Razón, la Ilustración, el Enciclopedismo y culminó con la Revolución Francesa en 1789... y la guillotina. El siglo XIX corresponde al Romanticismo, la exaltación de los sentimientos, emociones, pasiones y... suicidios por amor, honor o desesperación. Durante todo el siglo XX, ambas posturas han estado enfrentadas sin conciliarse.
Afectividad e inteligencia armonizadas, son nota característica y diferencial de una persona equilibrada, con un proyecto... de vida coherente y realista. La improvisación y el "ir tirando" son malos consejeros.
Equilibrio significa estabilidad y madurez; se manifiesta mediante una voluntad sólida, firme, recia, compacta y consistente. Capaz de elegir metas y retos concretos, así como de poner los medios necesarios para alcanzarlos. Una persona con voluntad llega en la vida más lejos que una persona que sólo es inteligente o apasionada,... si sabe manejar adecuadamente y sin fanatismo el orden, la constancia, la motivación y la disciplina.
Luego, los avatares de la vida, las mil y una cosas que suceden, nos pueden hacer cambiar, modificar o alterar nuestros planes iniciales. Aprender a dar a las cosas que pasan, la importancia que realmente tienen es un ejercicio de juicio para valorar los hechos de modo ecuánime, templado y objetivo (todo ello en la medida de lo posible). Eso nos hace dueños y señores de nuestra persona. El juicio sereno hace de intermediario entre pasión y razón. 
Esto, como otras muchas cosas de la vida, se aprende.
Félix Velasco - Blog

martes, 21 de febrero de 2017

Las elecciones se han convertido en un obstáculo para la democracia.


El filósofo belga David van Reybrouck explica cómo superar la crisis política e institucional de confianza de los ciudadanos recurriendo al sorteo ateniense
La democracia está en crisis. Y cada vez son más los indicadores que apuntan a ello: una abstención en las elecciones cada vez más alta, los resultados electorales cada vez más volátiles, la pérdida de afiliados constante por parte de los partidos, la incapacidad de la Administración, la debilidad política, el temor a las urnas por parte de quien gobierna, la desafección de los ciudadanos, la dificultad para encontrar nuevos políticos, la fiebre por la campaña electoral, el afán compulsivo de protagonismo, el estrés de los medios de comunicación o la indiferencia de los votantes. Marine Le Pen tiene posibilidades de competir por el Elíseo. Mientras, Donald Trump ya ejerce desde el Despacho Oval. Todo esto es lo que David van Reybrouck, un filósofo belga, define como el «síndrome de la fatiga democrática». La causa, según apunta en su libro «Contra las elecciones. Cómo salvar la Democracia», es «consecuencia normal de la santificación del sistema representativo electoral». En su opinión, después de dos siglos utilizando los comicios, empieza a advertirse un desgaste acelerado. ¿Podría haber otro tipo de democracia que no se basara en limitarse a votar cada cuatro o cinco años? A eso dedica su libro, que traducido a diecisiete idiomas y con varias ediciones, lo va a llevar al Parlamento alemán a exponer sus ideas y, quién sabe, si a sembrar allí la idea que defiende: «Las elecciones se han revelado como un proceso totalmente antidemocrático».
El periodista José María Carrascal apuntaba en La Tercera de este mismo medio el jueves 9 de febrero que «la democracia ya no es garantía de buen gobierno. Puede ser tan destructiva y corrupta como la dictadura (...) extendida a partidos y organizaciones afines, con lo que la corrupción se generaliza». A lo que añadía que «a estas alturas de la historia podemos decir que la democracia en sí no garantiza un buen gobierno». Para el filósofo belga, gran parte de este problema es que la única manera de intervenir de los ciudadanos en la política es mediante una papeleta cada cuatro años.
«Ha habido muchos análisis que dicen que la cupa es de la gente, o de los políticos, o de los partidos… pero nunca se oye decir que la culpa es de los procedimientos, y los procedimientos son problemáticos», señala a ABC durante su visita a Madrid van Reybrouck. Después explica que hace casi doscientos años, Tocqueville viajó de Francia a Estados Unidos y ya en 1830 apuntó el problema que después sufrirían los políticos cada vez más acusado. Se encontró con que los meses previos a las elecciones, el aire estaba enrarecido y el país paralizado. ¿Por qué se ha vuelto ahora un problema? «A diferencia de hace unos años, la gente cada vez se interesa más en la política pero desconfía más del sistema. Las redes sociales han cambiado el panorama: nos facilitan la comunicación, y la tensión va en aumento», comenta, y utiliza una metáfora, de esas tan presentes en sus trabajos, para explicarlo: «Es como si todos los votantes estuvieran en enormes campos de fútbol y los políticos fueran los jugadores, que se pelean y debaten mientras la gente mira, pero les separa un cristal. Cada cuatro años pueden ir a votar, pero en ese tiempo anterior, todos los gritos que han lanzado contra los políticos han chocado contra el cristal, no han influido nada en lo que pasa en el campo. Tenemos que encontrar formas de canalizar esa rabia, porque en el fondo tiene algo positivo».
Su propuesta se basa en los procedimientos ya aplicados hace más de dos mil años en Atenas. Entonces el sorteo era indiscutiblemente el procedimiento más democrático de todos. En la actualidad, «el Parlamento podría ser la cámara en la que hay ciudadanos escogidos a través de las elecciones y el Senado podría ser el lugar en el que están los políticos escogidos por sorteo», comenta este especialista. Pero, ¿de dónde debería partir esta iniciativa que otorga tanto poder a los ciudadanos? En su opinión, cuando los partidos políticos están considerados como unas instituciones tan corruptas, deberían ser ellos mismos quienes propusieran, escalonadamente, iniciativas para que los ciudadanos participen en la democracia. Irlanda, Islancia y Holanda ya lo han hecho: han encargado a varios ciudadanos, por sorteo y remunerados que redacten leyes específicas, que, en todos los casos, tienen que ver con una reforma de la constitución o de algunos artículos concretos. Se reúnen una vez al mes y tienen derecho a que los informen expertos para poder deliberar. El último paso lo tiene el Gobierno que se toma sus recomendaciones como vinculantes o no para debatirlas en el parlamento.
¿De qué se encargarían estos ciudadanos de un hipotético Senado elegido por sorteo? De la «constitución líquida», defiende van Reybrouck. «En la democracia actual y la española en concreto tenemos la Constitución, que va a servir para los próximos doscientos años, y acuerdos de gobierno que van a durar cuatro, pero no hay ningún documento para los próximos veinte años; sería muy interesante que este nuevo órgano se encargara de elaborar las prioridades. Sería muy positivo para los ciudadanos españoles si ellos mismos fueran los autores de uno de los documentos más importantes, que está entre la Constitución y los acuerdos gubernamentales».
«Lo curioso es que en España utilizáis todos los días un sistema parecido al sorteo, que se llama encuestas de opinión, y lo hacéis de la peor forma posible», comenta el filósofo. «En Irlanda la gente no comenta sus problemas, cuelga el teléfono o dicen lo que les sale en ese momento, a pesar de que el resultado de esa encuesta influirá en decisiones políticas», dice. Utiliza el caso de las encuestas que apuntaban a la permanencia de Reino Unido en la Unión Europea y la victoria de Hillary Clinton en Estados Unidos: «Tenemos que encontrar mejores formas de dar voz a la gente. La democracia es el gobierno en el que la gente decide, y las elecciones y los referéndums son una forma, pero el sorteo, aunque suene raro, es quizá la forma más inteligente de reformar esa democracia».
Hacia la dictadura de las elecciones
Las elecciones se ponen de moda en el siglo XVIII, con el triunfo de la Revolución francesa, que «no fue el final de la aristocracia y el principio de la democracia, a pesar de lo que nos enseñaron en el colegio. Ellos querían empezar una mejor aristocracia, que no fuera hereditaria, sino electa, y las elecciones eran la mejor forma de que esta aristocracia fuera posible», comenta. Las elecciones, a finales de este siglo, legitimizaron este mandato electoral. Pero el derecho a votar solo lo tenía la élite («que comparte la misma raíz etimológica, curiosamente que elecciones»). «En lo profundo de nuestra democracia representativa actual hay un procedimiento elitista y necesitamos democratizar la democracia. La mejor forma es involucrando a las personas en la toma de las decisiones, y la manera más justa de hacerlo es a través de sorteo», sentencia. En su opinión, las personas elegidas por sorteo son más libres que los políticos electos porque no tienen que preocuparse de ganar las próximas elecciones y no se tienen que ceñir a las normas del partido.
«Fundar un nuevo partido no basta para resolver la crisis de la democracia. A nivel europeo tenemos el ejemplo de Varoufakis, el antiguo ministro griego, del DiEM-25 (Democracy in Europe Movement 2025); una especie de Podemos a nivel europeo. Estoy de acuerdo en que hay un déficit democrático, pero resolverlo con un nuevo partido no es suficiente, porque no deja de ser seguir con una democracia representativa». Y vuelve a poner una metáfora, esta vez alimenticia: «Si la democracia representativa es una especie de sopa, para que tomen las decisiones hay que seleccionar qué utilizar de esa sopa. Las elecciones serían el cucharón que tiene agujeros, donde solo sale elegida la élite. Sugiero que en el sorteo se utilice el cucharón de siempre, el que no tiene agujeros, para obtener un poco de todo», y vuelve a Varoufakis para sugerir que el político griego está empeñado en utilizar el cucharón tradicional de las elecciones.
Su propuesta, aunque en España suene descabellada, cada vez tiene más aceptación entre los políticos europeos. «Si fuera el presidente de un partido político en España y viera que hasta el 80 por ciento de los españoles creen que los partidos son corruptos y cómo la gente desconfía del sistema, me lo tomaría muy en serio y haría todo lo posible para recuperar la confianza de los ciudadanos. Pero los políticos españoles de ahora son como los belgas de hace cinco años: les duele un poco una muela pero no van al dentista porque les va a doler, esperando que al final la caries no salga. Pero al final acabará saliendo».
Félix Velasco - Blog

martes, 14 de febrero de 2017

domingo, 12 de febrero de 2017

Azafatas y pasajeros


Si has viajado en avión, te habrás dado cuenta de que las azafatas dan la bienvenida a los pasajeros con las manos en la espalda, doblando los brazos mientras saludan de pie y, luego, cuando se dirigen a la cabina del piloto.
Curiosamente, existe un motivo para que hagan eso: antes de despegar, tienen que saber cuántos pasajeros hay a bordo y, para ello, tienen que contar uno a uno, para ver si coinciden con la lista de embarque. En caso de que no sea así, pasan entre las filas y los vuelven a contar.
Hacen la cuenta con un dispositivo como este:
Mantienen los brazos por detrás de la espalda mientras cuentan para disimular mientras lo hacen y que no llame mucho la atención.
Felix Velasco - Blog

martes, 7 de febrero de 2017

No te dejes manipular



No te dejes arrastrar por ideologías totalitarias fracasadas, sistemas económicos caducos generadores de pobreza y liderazgos mesiánicos trasnochados. No se puede construir el futuro con ladrillos usados que han demostrado ser incapaces de sostener un mundo global. Tú eres el forjador de tu destino: Sueña y lucha por ser cada día mejor, piensa en grande y pon todo tu empeño en alcanzar tus objetiv...os. Invierte tu energía en las ilusiones que guardas en tu corazón. Esfuérzate sin cesar en que tus anhelos se convierten en realidad. Lucha por seguir en la batalla cuando hayas caído y nadie esté cerca para ayudarte, pues solo quien confía en si mismo alcanza el triunfo. Alégrate por haber nacido y mira la vida con esperanza. Enfréntate a las adversidades con decisión, determinación y estrategia. Así que levántate y vive tu vida, no la vieja y obsoteta que otros quieren imponerte, porque ¡sólo tú eres el forjador de tu propio destino!
Félix Velasco - Blog

lunes, 6 de febrero de 2017

Catalanismo, nacionalismo y secesionismo

 

En nuestro panorama nacional emergen periódicamente y con desigual intensidad dos aspiraciones políticas de Cataluña: el nacionalismo y el secesionismo, que partiendo de un tronco común, el catalanismo, persiguen finalidades claramente diferenciadas.
El tronco común o "catalanismo" supone, en lo emocional, el amor y apego por todo lo catalán y se traduce no solo en el legítimo orgullo de pertenecer a ese pueblo, sino también en la exacerbación de un sentimiento de superioridad que suscita el falso dilema de tener que elegir entre sentirse catalán o español.
El "nacionalismo" supone convertir el catalanismo en la aspiración política, aparentemente legítima e injustamente preterida, de obtener un tratamiento singular y privilegiado del Estado español, frente al cual Cataluña se afirmaría como una entidad política, social y económica, distinta y diferenciable de las demás. En el plano político-económico, el nacionalismo catalán reivindica para Cataluña una posición privilegiada frente a las otras autonomías no solo en el nivel de autogobierno, sino también en el de la financiación.
Finalmente, el secesionismo catalán parte del hecho de que Cataluña es una nación sin Estado y considera que ha llegado el momento de separarse de España para constituirse como una república independiente.
Nada hay que decir sobre la circunstancia sentimental de sentirse catalán y amar profundamente a Cataluña. En el plano de los sentimientos y emociones, cada uno se siente cómo y de dónde quiera, aunque lo relevante es si el sentimiento catalanista es en sí mismo un argumento suficiente para persuadir a los demás españoles de que deben consentir que Cataluña sea una entidad política, social y económica, distinta y privilegiada.
Y es que en el plano de los sentimientos parece que podrá avanzarse muy poco, porque hasta ahora nadie ha sido capaz de mostrar un ranking fiable que clasifique jerárquicamente por orden de mejor a peor los distintos sentimientos territoriales de los habitantes de España.
Si pasamos al nacionalismo catalán, el primer obstáculo que surge es determinar cuál es el sujeto portador de la posición privilegiada que se reclama: ¿Cataluña como entidad política?, ¿el territorio catalán?, o ¿el conjunto de habitantes que viven allí? La cuestión se suscita porque estas tres realidades son difíciles de separar, toda vez que la entidad política Cataluña está formada por todos los ciudadanos que habitan duraderamente en su territorio.
Y es entonces cuando comienzan a hacerse más evidentes las dudas. Por reseñar solo algunas: si lo determinante son las personas más que el lugar en que viven ¿qué sujetos son los portadores de esa supuesta diferencia merecedora del trato privilegiado? ¿Todos los que están censados allí actualmente, incluidos los que proceden de otras regiones? O ¿solo los de rancia estirpe catalana? Si son estos últimos ¿hasta cuántas generaciones hay que remontarse? Y qué sucede si alguno de ellos se traslada a vivir fuera de Cataluña ¿se lleva a cuestas el trato privilegiado a su nuevo lugar de residencia? Por último, ¿cuál es la razón para excluir a los que habitan hoy allí y no descienden de ellos? Demasiadas preguntas y difícil de justificar la respuesta que se elija.
La razón es que Cataluña, como todos los territorios de España, y en especial su pueblo, es tierra de mestizaje cultural, de entrecruzamiento de mujeres y hombres de muy variadas procedencias que, precisamente por su diversidad, han hecho posible una sociedad en la que anidan y florecen ricos el pensamiento, la ciencia y el arte, tanto más fecundos cuanto más abierta y receptiva ha sido con las aportaciones foráneas el país catalán. En prueba de ello, valga, por su valor paradigmático, evocar la asunción como propia de la trayectoria vital del malagueño-catalán-francés Pablo Ruiz Picasso.
Es posible que se diga que el merecimiento es histórico y viene desde antiguo. Pero por mucho que se busque en la Historia de España no hay un acontecimiento protagonizado por catalanes que haya hecho merecedores a sus descendientes, por los siglos de los siglos, de  un trato privilegiado frente al resto de los españoles.
La nación más antigua de Europa, España, fue creada por la unión de las Coronas de Castilla y Aragón (de la cual, entre otros territorios, formaba parte Cataluña), y dio origen hace ya más de cinco siglos a una Monarquía hispánica, cuya unidad se ha fundamentado en una larga e intensa participación colectiva en grandes empresas históricas de proyección universal, en la defensa compartida del suelo y de la independencia de España frente a invasiones de ejércitos extranjeros. Pero se basa, sobre todo, en la realidad humana de fuertes corrientes migratorias internas de los habitantes de la península ibérica y en la utilización por todos de una lengua común que, lejos de emplearse como vehículo de sumisión a un poder centralista que quisiera destruir la variedad de los pueblos españoles, sirve de cauce de entendimiento y diálogo, que es para lo que valen las lenguas de los hombres.
En cuanto al secesionismo catalán, estamos pasando por un momento en el que se ha exacerbado notablemente, cosa que se debe al parecer a la supuesta afrenta que supuso para Cataluña que el Tribunal Constitucional eliminara del nuevo Estatut las normas inconstitucionales que contenía.  
Desde entonces hasta hoy, con un protagonismo creciente de Esquerra Republicana, la ayuda "suicida" de la menguante y antigua Convergencia (la cual hasta ha tenido que cambiar de nombre y hoy es el Partido Demócrata Europeo Catalán, PDeCAT) y la de ciertos partidos independentistas de origen antisistema, los secesionistas catalanes están defendiendo dolosamente la fantasiosa tesis de que han recibido un mandato del pueblo de Cataluña para desconectar a Cataluña del Estado español por la vía –incruenta pero claramente anticonstitucional– de la "rebelión jurídica" (leyes catalanas sobre materias del Estado y desobediencia al Tribunal Constitucional).
Los secesionistas, que son perfectamente conocedores de los límites de nuestra Constitución, entienden que la única salida airosa que les queda es seguir provocando al gobierno central para ver si logran que inicie la vía del artículo 155 de la Constitución y suspenda la autonomía de Cataluña. Consideran que entonces salvarían su pellejo político en Cataluña y que aumentaría el número de los catalanes que se apuntarían a la secesión. Al gobierno central le corresponde adoptar las medidas que considere más oportunas para evitar la anunciada "desconexión" unilateral. Hay que desearle el mayor de los aciertos. 
Tercera de ABC
FélixVelasco - Blog

miércoles, 1 de febrero de 2017

El mediocre

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En 1913, un médico, sociólogo y filósofo argentino, José Ingenieros, publicó un libro que tuvo gran influencia entre los jóvenes latinoamericanos: “El hombre mediocre”. Entre los modelos que definía, el que daba título a la publicación. “El hombre mediocre es incapaz de usar su imaginación para concebir ideales que le propongan un futuro por el cual luchar. De ahí que se vuelva sumiso a toda rutina, a los prejuicios, a las domesticidades y se convierta en parte de un rebaño o colectividad, cuyas acciones o motivos no cuestiona, sino que sigue ciegamente. El mediocre es dócil, maleable, ignorante, un ser vegetativo, carente de personalidad, contrario a la perfección, solidario y cómplice de los intereses creados que lo hacen borrego del rebaño social”. (…) “En su vida acomodaticia se vuelve vil y escéptico, cobarde. Los mediocres no son genios, ni héroes ni santos. Un hombre mediocre no acepta ideas distintas a las que ya ha recibido por tradición” (…) “A su vez, el hombre mediocre entra en una lucha contra el idealismo por envidia, intenta opacar desesperadamente toda acción noble, porque sabe que su existencia depende de que el idealista nunca sea reconocido y de que no se ponga por encima de sí. “Cuando la mediocracia encuba pollipavos no tienen atmósfera los aguiluchos”.
Félix Velasco - Blog

jueves, 26 de enero de 2017

Hipogresía


Las dos varas de medir existen. Pero no que una esté en centímetros y otra en pulgadas, no. Depende su uso de quién o qué se quiera medir. Por ejemplo, para la defensa y exaltación de nuestra hermosísima lengua castellana, hablada «en ambos hemisferios», como decía la Constitución de Cádiz, por 700 millones de españoles y que le echa un pulso, y pronto se lo ganará, al inglés y al chino. Verán.

Por lo visto, aquí todo el que tiene Internet visita diariamente no la página del «Marca», para ver cómo va el Real Madrid; ni la de ABC, para enterarse de las últimas noticias; ni el buscador de Google para hallar respuesta a mil cuestiones de utilidad o capricho. No. Aquí en España, todo el que tiene Internet visita diariamente la página oficial de la Casa Blanca. Vamos, yo es que hasta que no visito la página de la Casa Blanca es que me parece que no he comenzado el día, como si no me hubiera tomado mi café y mi tostada con aceite, me falta algo. Y, de pronto, miles de españoles que diariamente visitaban la web de la Casa Blanca, tras la toma de posesión del que tiene nombre de Pato Donald, luce la corbata de los ejecutivos del Banco de Santander y no se abrocha la chaqueta ni aunque se lo mande el médico, resulta que le daban a la pestaña que te ofrecía la versión en lengua española y el chisme le mostraba un educadísimo aviso: «Sorry, the page you’re looking for can’t be found». ¡Para qué salió el aviso! Se hundió el mundo, como si todos fuésemos diarios y asiduos visitantes de www.whitehouse.gov. Tomose entonces la vara de medir, y como este Trump es un facha de mucho cuidado que ha cortado los fondos federales para practicar abortos en el extranjero, y ha bajado los impuestos a la clase media, porque el dinero tiene que estar en el bolsillo de los consumidores y no en las ventanillas recaudadoras de Hacienda, pues no se pueden imaginar la que le han liado al hombre que tuvo el atrevimiento de ser elegido por los americanos presidente. ¡Leña al mono hasta que hable español en la web de la Casa Blanca!
Y va a hablarlo. Ya el portavoz de la Casa Blanca se ha apresurado a decir que ese sitio de Internet está de reformas, y que en menos que se persigna un cura loco volverá la famosa pestaña de la versión en la lengua que, por cierto, hablan 57 millones de americanos, de California a Florida. Y el Gobierno de España, claro, como defiende tanto nuestra lengua dentro de su propio territorio nacional ante los separatistas que la prohíben, pues ha protestado con más razón que nadie. Por boca de los ministros de Educación y de Asuntos Exteriores ha lamentado la desaparición del español en ese visitadísimo (¡por aquí!) sitio de Internet. Y si no han pedido la retirada del embajador de los Estados Unidos es porque el que había, como era de Obama, ya se fue, harto el hombre de dar festolines y de hacer sociedad en Madrid.
Yo a esto le llamo hiprogresía. El sistema métrico de las dos varas de medir. Protestamos porque la web de la Casa Blanca no esté en español y no porque no puedan hablarlo en la escuela los niños catalanes. Protestamos porque la web de la Casa Blanca no esté en español y no porque la Generalidad le arree una multa que lo avíe al comerciante que ponga el rótulo de su tienda en la lengua de Cervantes o de su Instituto, tan preocupado por la defensa del español... fuera de Cataluña, de las Vascongadas, del Reino de Valencia o de Galicia. Protestamos porque la web de la Casa Blanca no esté en español y no porque vayas a Palma de Mallorca y no encuentres una sola señal de circulación en español. Protestamos porque la web de la Casa Blanca no esté en español y no porque la Generalidad se pase por la fregona que Puigdemont lleva en la cabeza las sentencias del Supremo sobre el español como «lengua vehicular» (qué cursilada) en los colegios. Hombre, si por lo menos el que hubiese suprimido el español en la dichosa web hubiese sido Obama...
Antonio Burgos
Félix Velasco - Blog

lunes, 23 de enero de 2017

Guerra


El odio es una emoción simplista que se hace atractiva a cierto tipo de mentes y corazones, inmaduros y fáciles de embaucar. Es el rechazo a la razón, la cordura y al sentido común. Acaba por convertir a la masa en carne de cañón, sacrificada en aras de intereses que no son los suyos.
Félix Velasco - Blog