jueves, 30 de septiembre de 2010

Ironside

Flintstones - Los Picapiedra- Closing

Los Picapiedra - Intro

Cruel gansada

Creo que nunca les he hablado de mi muy querida Amantina. Tras ese nombre tan ‘garciamarquiano’ se esconde una de las personas más inteligentes que conozco. Apenas sabe escribir y trabaja en el servicio doméstico desde sus once años, pero yo, siempre que tengo que tomar una decisión importante relacionada con la naturaleza humana, consulto con ella. Y es que posee una intuición (casi) mágica, algo que en realidad no tiene nada de esotérico, sino que es una forma de inteligencia natural que computa de forma inconsciente y rapidísima diversas impresiones e informaciones hasta llegar a un juicio muy certero. De este modo, su veredicto sobre cómo es menganito o fulanita, o sobre cómo hay que actuar en determinada circunstancia, resulta siempre increíblemente atinado. Sin embargo, de este muy útil don suyo les hablaré otro día. Hoy quiero comentarles sus tribulaciones con el calimocho, o con las fiestas, o con ciertas cosas supuestamente ‘divertidas’ que hace la gente y que, en realidad, sólo gustan a los tontos, pero aun así nadie se atreve a cuestionar. Hace poco la invitaron a participar en la despedida de soltera de su sobrina. «Son tres días de celebración superguays y superenrollados», le dijo su hermana, que hace más de tres décadas que salió de su Santo Domingo natal. Amantina también lleva un montón de años en España, pero a ella no le pareció ni guay ni enrollado lo que vio. Paso a transcribir en sus palabras todo el asunto. «La cosa empezó el viernes por la tarde, cuando un grupo de muchachas vino a buscar a la futura novia a la casa. Le pusieron unas orejas de burro muy grandes y la primera prueba consistió en subirla en un banco público desde donde debía gritar: `¡Me caso, me caso!´, hasta que la rescataran. De ahí se la llevaron y la liaron a un árbol diciéndole que debía soltarse por sí misma en menos de una hora. Como no superó la prueba, su madre, en castigo, tuvo que tomarse ahí mismito un litro de calimocho caliente (duró tres días mala, la pobre). Cuando se cansaron de reírse de ambas, se llevaron a mi sobrina a una avenida grandota donde tenía que plantarse en mitad de la calle y parar los coches. Cada vez que un coche no paraba, a la madre del novio (también presente) se le obligaba en prenda a tomarse un chorrotote de calimocho. (Se disparó otro litro y tantito). Sólo le he contado la mitad de las cosas que le hicieron a la niña porque el asunto duró hasta el domingo por la tarde, de modo que imagínese. Pero lo más extraño –concluyó, contándome, Amantina– es que ni mi hermana ni nadie de la familia entienden que a mí todo esto me parezca una cruel gansada. `Son las costumbres´ –me dicen–, y mis sobrinos me toman el pelo: `No sabes enrollarte, tía, se lo pasaron de puta madre´.» 

Me reconfortó mucho esta conversación con Amantina. Y es que desde pequeña he tenido la sensación de ser un bicho raro, porque nunca le he visto la gracia a este tipo de cosas que la gente considera divertidas y que consiste en hacer pasar a alguien –por lo general un amigo, además– por alguna forma de humillación. Hace años que las novatadas se prohibieron en los colegios. También tengo entendido que lo están en el Ejército y, sin embargo, la modernidad ha encontrado otros caminos para que continúe existiendo este comportamiento pergeñado, en realidad, para reírse del prójimo de la manera más burda e impune. Y siempre han funcionado de la misma manera, con el silencio cómplice de unos, que no se atreven a decir que aquello es una estupidez, y con el sadismo de otros –normalmente unos mediocres–, que encuentran placentero demostrar un poder que no saben ejercer de modo más constructivo ni inteligente. Ahora, con Internet, este tipo de `festejos´ es cada vez más frecuente y las grabaciones se cuelgan para que todos puedan `disfrutar´ de ellos. Mientras tanto, el resto decimos: «Sólo son bromas, diversiones de jóvenes enrollados», sin que nadie, como Amantina, alce la voz para decir lo que en realidad pensamos, que no son más que una cruel gansada.

Carmen Posadas
Félix Velasco - Blog

sábado, 25 de septiembre de 2010

Galopera - Paraguay

En un barrio de Asunción gente viene, gente va 
ya está llamando el tambor, la galopa va a empezar... 
3 de Febrero llegó, el patrón señor San Blas 
ameniza la función la “Banda de Trinidad”. 
  Debajo de la enramada ya está formada la rueda 
y salen las galoperas la “galopa” a bailar, 
luciendo el kîguá verá , zarcillo de tres pendientes, 
anillos siete ramales y el rosario de coral. 
Galopera... baila tu danza hechicera. 
Galopera... mueve tus plantas desnudas 
cimbreando la cintura en tu promesa de amor.  
La morena galopera de la sangre indolatina 
luce dos trenzas floridas y viste tîpoy seguá. 
Sobre su cabeza erguida lleva en cántaro nativo 
agua para el peregrino la hermosa mitacuñá. 
  Y así sigue la función al compás de la galopa 
suenan alegres las notas estridentes del pistón, 
mientas se oye el zumbido del bombo y los platillos 
va quejándose el trombón y redoblando el tambor.  
  Galopera... sigue tu danza hechicera. 
Galopera... soy tu ardiente soñador 
dame un poco de agua fresca de tu cántaro de amor, 
dame un poco de agua fresca de tu cántaro de amor.
Letra y Música: Mauricio Cardozo Ocampo
Félix Velasco - Blog

jueves, 23 de septiembre de 2010

Niebla Otoñal

En la Segunda Guerra Mundial, el 16 de Diciembre de 1944 el ejército alemán comenzó su operación "Niebla Otoñal", la contraofensiva en las Árdenas. 250.000 soldados alemanes intervinieron en el ataque.
Por sugerencia de Hitler y bajo las órdenes de Otto Skorzeny, treinta y tres comandos alemanes que sabían hablar inglés se infiltraron entre las líneas aliadas, vestidos con uniformes estadounidense y conduciendo vehículos aliados capturados.
El objetivo era crear confusión y lo consiguieron. Pero además, cuando se descubrió la estratagema el escepticismo y la sospecha entre los aliados también fue un importante contratiempo. 
El General Bradley recordaba posteriormente: "En tres ocasiones, unos soldados cautelosos me ordenaron que demostrara mi identidad: la primera vez identificando Springfield como la capital de Illinois (el que preguntaba decía que era Chicago; la segunda, situando al defensa entre el centro y el atajador en una línea de scrimmage, y la tercera, nombrando al cónyuge en ese momento de una rubia llamada Betty Grable. Eso no lo sabía, pero el centinela me dejó pasar, satisfecho por haber dado con una pregunta que no pude responder".
Félix Velasco - Blog

Una historia de guerra


Alguien escribió en cierta ocasión que si una historia de guerra parece moral, no debe creerse. Y alguna vez lo repetí yo mismo. Pero eso no es del todo verdad. O no siempre. Como todas las cosas en la vida, la moralidad de una historia depende siempre de los hombres que la protagonizan, y de quienes la cuentan. Ésta de hoy es una historia de guerra, y quiero contársela a ustedes tal como algunos amigos míos me han pedido que lo haga. La moralidad la aportan ellos. Yo me limito a ponerle letras, puntos y comas.
Base de Mazar Sharif, Afganistán. Cinco guardias civiles, de comandante a sargento, perdidos en el pudridero del mundo, formando a la policía afgana. Cinco guardias de veintidós llegados hace cinco meses y medio, desperdigados por una geografía hostil y cruel, en misión de alto riesgo, en una guerra a la que en España ningún Gobierno llamó guerra hasta hace cuatro días.
Los cinco de Mazar Sharif, como el resto, eran gente acuchillada, porque lo da el oficio.
Sabían desde el principio que a la Guardia Civil nunca se la llama para nada bueno. 
Y menos en Afganistán.
Si lo que iban a hacer allí fuera fácil, seguro, cómodo o bien pagado, otros habrían ido en vez de ellos.
Aun así, lo hicieron lo mejor que podían. Que era mucho.
Atrincherados en una base con americanos, franceses, holandeses y polacos, vivían con el dedo en el gatillo, como en los antiguos fuertes de territorio indio. Igual que en los relatos de Kipling, pero sin romanticismo imperial ninguno. Sólo frío, calor, insolaciones, sueño, enfermedades, soledad. Peligro.
Los únicos cinco españoles de la base, de la provincia y de todo el norte de Afganistán.
Ellos y sus compañeros habían llegado a la misión tarde y mal, aunque ésa es otra historia.
Que la cuenten quienes deben contarla.
Aun así, con la resignada disciplina casi suicida que caracteriza al guardia civil, se pusieron al tajo.
Como era de esperar, no encontraron la mesa puesta.
Quien estuvo por esos mundos con militares norteamericanos, holandeses y franceses, sabe de qué van las cosas.
Sobre todo con los norteamericanos, que tienen a Dios sentado en el hombro como los piratas llevan el loro.
Para hacerse un hueco entre sus aliados, distantes y despectivos al principio, no hubo otra que la vieja receta de Picolandia: aprender rápido, trabajar más que nadie, no quejarse nunca y ser voluntarios para todo.
Y por supuesto, tragar mierda hasta reventar.
Y así, a base de orgullo y de constancia, poco a poco, los cinco hombres perdidos en Mazar Sharif se hicieron respetar.
Un triste día se enteraron de la muerte de sus dos compañeros en Qualinao.
De la pérdida de dos guardias civiles de aquellos veintidós que llegaron hace medio año, y de su intérprete.
Y pensaron que el mejor homenaje que podían hacerles era que la bandera norteamericana que ondea en la base fuese sustituida, aquel día, por la española a media asta.
Eso no se hace allí nunca, aunque a diario hay norteamericanos muertos, los franceses sufrieron numerosas bajas, y también caen holandeses y polacos.
Así que el jefe de los guardias civiles, el comandante Rafael, fue a pedir permiso al jefe norteamericano.
Accedió éste, aunque extrañado por la petición.
Saliendo del despacho, el guardia civil se encontró con el jefe del contingente francés, quien dijo que a él y a sus hombres les parecía bien lo de la bandera.
En ésas apareció otro norteamericano, el mayor James, que nunca se distinguió por su simpatía ni por su aprecio a los españoles, y con el que más de una vez hubo broncas.
Preguntó James si los muertos de Qualinao eran guardias civiles como ellos, y luego se fue sin más comentarios.
A las ocho de la tarde, cuando fuera de los barracones apenas había vida, los cinco guardias se dirigieron a donde estaba la bandera.
Formaron en silencio, solos en la explanada, cinco españoles en el culo del mundo: Rafael, Óscar, Rafa, Jesús y José. Cuando se disponían a arriar la enseña, apareció el teniente coronel francés con sus cuarenta gendarmes, que sin decir palabra formaron junto a ellos.
Luego llegaron el mayor James, el teniente Williams y veinte marines norteamericanos.
Y también los polacos y los holandeses.
Hasta el pequeño grupo de Dyncorp, la empresa de seguridad privada americana destacada en Mazar Sharif, hizo acto de presencia.
Todos se cuadraron en silencio alrededor de los cinco españoles, que para ese momento apretaban los dientes, firmes y con un nudo en la garganta. Y entonces, sin himnos, cornetas, autoridades ni protocolo, el capitán Rafa y el sargento José arriaron despacio la bandera.
Una historia de guerra nunca es moral, como dije antes.
Si lo parece, no debemos creerla.
Pero a veces resulta cierta. Entonces alienta la virtud y mejora a los hombres.
Por eso la he contado hoy. 
Arturo Pérez-Reverte
Félix Velasco - Blog

Las monjas y la bandera

Hace algunos años, en el canal de entrada de San Juan de Puerto Rico, frente a los castillos del Morro y San Cristóbal, me llamó la atención una enorme bandera española que alguien ondeaba en un edificio blanco próximo a la embocadura. «Son las monjas», dijo quien me acompañaba, que era mi amigo y editor en Puerto Rico Miguel Tapia. «Y eso es que está entrando un barco español.» No hablamos más en ese momento, pues estábamos ocupados en otras cosas; pero lo de la bandera y las monjas me picó la curiosidad. Así que después procuré enterarme bien del asunto, que resultó ser una bella historia de lealtades y nostalgias. Algo que realmente comenzó hace más de un siglo, el 16 de julio de 1898. 
Aquel fue el año del desastre. Trece días antes, la escuadra del almirante Cervera, que había salido a combatir sin esperanza en el combate más estúpido y heroico de nuestra historia, había sido aniquilada en Santiago de Cuba por el abrumador poder naval norteamericano. Los buques de guerra yanquis bloqueaban la isla de Puerto Rico, impidiendo la llegada de refuerzos y suministros a las tropas cercadas. En esas circunstancias, el Antonio López, un moderno y rápido buque mercante que había salido de Cádiz con armas y pertrechos para la guarnición, recibió un telegrama con el texto: «Es Que Usted Haga Llegar Preciso El Cargamento Un Puerto Rico Aunque Sí Pierda El Barco». Veterano, disciplinado, profesional, con los aparejos en su sitio, el capitán del Antonio López, que se llamaba don Ginés Carreras, intentó burlar el bloqueo estadounidense. No lo consiguió. El 28 de junio, cuando navegando sin luces y pegado a la costa intentaba entrar en San Juan, fue localizado por el USS Yosemite, que lo cañoneó. El capitán Carreras logró escapar a medias, varando el barco en Ensenada Honda, cerca de la playa de Socorro, desde donde en los días siguientes intentó llevar a tierra cuanto podía salvarse del cargamento. Pero dos semanas más tarde, el USS New Orleans se acercó para dar el golpe de gracia, destrozándolo a cañonazos. 
Fue entonces cuando se tejió la historia que les cuento. Bajo el bombardeo, un tripulante del Antonio López, que se había atado la bandera del barco a la cintura antes de echarse al agua para intentar ganar tierra a nado, llegó gravemente herido a la orilla. Nunca pudo averiguarse su nombre, pues murió en brazos de un puertorriqueño de los que acudieron a ayudar a los náufragos. «Que no la agarren», suplicó el marinero mientras moría, señalando la bandera. Y el puertorriqueño cumplió su palabra, quizá porque se llamaba Rocaforte y era de padres gallegos. Hombre supersticioso o religioso, y en cualquier caso hombre de bien, por no incumplir la demanda de un moribundo, la guardó en su casa durante años. Y al fin, un día, pensó en las monjas. 
Eran españolas, de las Siervas de María, instaladas en la isla desde 1897. Atendían un hospital junto a la boca del puerto, y permanecieron allí después de la salida de España y la descarada apropiación de la isla por los Estados Unidos. Acabada la guerra, las hermanas, con la natural nostalgia, adoptaron la costumbre de saludar desde la galería del hospital, agitando sus pañuelos, cada vez que un barco de su lejana patria entraba o salía en el puerto. Eso dio a Rocaforte la idea de confiarles la bandera. Se presentó en el hospital, contó la historia a la madre superiora, y le entregó la enseña. Y desde entonces, cuando entraba o salía de San Juan un barco español, las monjas hacían ondear en la galería, en vez de pañuelos, la vieja bandera del barco perdido. 
Todavía lo hacen, un siglo después. De las veintisiete monjas que atienden hoy el hospital de las Siervas de María, ya sólo cinco son compatriotas nuestras. Pero cada vez que un barco español pasa frente al hospital, navegando lentamente por la canal de boyas, su capitán cumple el viejo ritual de dar tres toques de sirena y hacer ondear la bandera en respuesta al saludo de las monjas, que desde la galería agitan la suya. De haberlo sabido, aquel anónimo marinero del Antonio López que hace ciento doce años se arrojó al mar, intentando ganar la playa bajo el fuego norteamericano con la enseña de su barco atada a la cintura, estaría satisfecho. Me pregunto si quienes salieron a la calle tras el último partido del Mundial de Fútbol, llenándolo todo de colores rojo y amarillo, serían conscientes de que se trataba de la misma memoria y la misma bandera. Y de que, al ondearla con júbilo en calles y balcones, rendían también homenaje a tanta ingenua y pobre gente que, manipulada, engañada, manejada por los de siempre –«Aunque Sí Pierda El Barco», ordenaron los que diseñan banderas pero nunca mueren defendiéndolas–, cumplió honradamente con lo que creía eran su deber y su vergüenza torera. Y esto incluye a las monjas de San Juan.
Arturo Pérez-Reverte
Félix Velasco - Blog

Thalia - Piel Morena



Es la magia de tu cuerpo
o el perfume de tu aliento
es el fuego de tu hoguera
que me tiene prisionera
el veneno dulce de tu encanto
es la llama que me va quemando
es la miel de tu ternura
la razón de mi locura
no soy nada
sin la luz de tu mirada
sin el eco de tu risa
que se cuela en mi ventana
eres dueño del calor
sobre mi almohada
de mis noches de nostalgia
de mis sueños y esperanzas
Eres piel morena
canto de pasión y arena
eres piel morena
noche bajo las estrellas
eres piel morena
playa, sol y palmeras
eres piel morena
sueño de mi primavera
Son tus besos
dulce fruta que me embriaga
que se lleva mis tristezas
y devuelve al fin la calma
prisionera de tu amor en la alborada
de tus besos, tus caricias
que se quedan en el alma
Eres piel morena
canto de pasión y arena
eres piel morena
noche bajo las estrellas
eres piel morena
playa, sol y palmeras
eres piel morena
sueño de mi primavera
Son tus besos
dulce fruta que me embriaga
que se lleva mis tristezas
y devuelve al fin la calma
prisionera de tu amor en la alborada
de tus besos, tus caricias
que se quedan en el alma
Piel morena eres cumbia, sol y arena ( coros)
piel morena, mi delirio y mi condena
Es la magia de tu cuerpo
o el perfume de tu aliento
es el fuego de tu hoguera
que me tiene prisionera, ay caramba
Piel morena eres cumbia, sol y arena ( coros)
piel morena, mi delirio y mi condena
Eres suave como el viento
eres dulce pensamiento
eres sol de mis trigales
eres miel de mis cañales
Son tus besos
dulce fruta que me embriaga
que se lleva mis tristezas
y devuelve al fin la calma
prisionera de tu amor en la alborada
de tus besos, tus caricias
que se quedan en el alma
Eres piel morena
canto de pasión y arena
eres piel morena
noche bajo las estrellas
eres piel morena
playa, sol y palmeras
eres piel morena
sueño de mi primavera
eres piel morena
porque sólo a tu lado soy feliz
eres piel morena
tengo tantas cosas para ti
eres piel morena
voy fundiéndome en tu hoguera lentamente
eres piel morena
tú me tienes prisionera.
Félix Velasco - Blog

Lo que el viento se llevo

domingo, 19 de septiembre de 2010

Simon & Garfunkel - Sound Of Silence



Hola oscuridad, mi vieja amiga
He venido a hablar contigo otra vez
Porque una visión trepando suavemente
Dejó su semilla mientras estaba durmiendo
Y una visión que fue plantada en mi cerebro
Aún permanece
Con el sonido del silencio
En los sueños sin descanso, camine solo
Calles estrechas de adoquines
Bajo el resplandor de las luces de la calle
Me subí la solapa por el frío y la humedad
Cuando mis ojos fueron apuñalados
por el resplandor de la luz Neón
Eso partió la noche
Y toco el sonido del silencio
Y la luz desnuda yo vi,
Diez mil personas, quizá más
Gente conversando sin hablar
Gente oyendo sin escuchar
Gente escribiendo canciones
Que las voces nunca comparten
Y nadie se atrevió
A perturbar el sonido del silencio
Tontos, dije yo, ustedes no saben
El silencio crece como el cáncer, 
Escuchen mis palabras que les puedo enseñar
Tomen mis brazos que puedo alcanzarlos
Pero mis palabras
Cayeron como silenciosas gotas de lluvia
Y resonaron en los pozos del silencio
Y la gente se arrodillo y rezó
Al dios Neón que crearon
Y la señal relampagueó su advertencia
En las palabras de esos integrantes protestantes
En las palabras de los profetas
Están escritas en los muros del metro
Y en los pasillos del edificio
Y susurradas en el sonido del silencio.
Félix Velasco - Blog

Jorge Negrete - Yo Soy Mexicano



Yo soy mexicano, mi tierra es bravía, 
palabra de macho que no hay otra tierra más linda
 y más brava, que la tierra mía
Yo soy mexicano y orgullo lo tengo, 
nací despreciando la vida y la muerte
y si echo bravatas, también las sostengo
Mi orgullo es ser charro,valiente y braga'o,
traer mi sobrero con plata borda'o,
que naiden me diga que soy un raja'o
Correr mi caballo, en pelo monta'o,
pero más que todo seré enamora'o
yo soy mexicano, muy atravesa'o
Yo soy mexicano, por suerte mía,
la vida ha querido que por todas partes
se me reconozca por mi valentía
Yo soy mexicano, de naiden me fío
y como Cuauhtémoc cuando estoy sufriendo,
antes que rajarme, me aguanto y me río
Me gusta el sombrero, echado de la'o
pistola que tenga cacha de pela'o,
fumar en hojita tabaco pica'o,
jugar a los gallos, saberme afama'o
pero más que todo, ser enamora'o
Yo soy mexicano, muy atravesa'o
Félix Velasco - Blog

domingo, 12 de septiembre de 2010

Nuestros escritores extranjeros



Mi primera percepción del raquitismo cultural propiciado por el nacionalismo –de alta y baja intensidad– tuvo lugar en Galicia hace años. Fue cuando unos universitarios me miraron incrédulos tras mencionar yo, de pasada, que Valle-Inclán era natural de Arosa. "Ah, ¿pero era gallego?". Y tanto. Pero ni don Ramón ni otros literatos gallegos de primer orden figuran en el canon cultural oficialista. Con su exclusión, pagan el pecado de haber escrito su obra en la lengua de Cervantes.
Por idéntico motivo, aunque con mayor recochineo, una serie de autores catalanes viene sufriendo marginación. Ahora, esos reos de traición lingüística han aparecido en un listado del gobierno regional no como miembros del equipo local, sino en el banquillo de los escritores extranjeros residentes. Juan Marsé, que según tal clasificación bien podría ser británico, ha declarado que no le extraña y que, incluso, se siente honrado. Mejor fuera que en el rebaño de los elegidos por quienes retiran la condición de catalán al que no se expresa en lengua catalana. Pero el autor de "Últimas tardes con Teresa" tiene razón al no sorprenderse. La tradición catalanista exhibe, desde sus orígenes, el aborrecimiento del bilingüismo y ha tratado siempre como ajenos a la cultura de Cataluña a cuantos catalanes han escrito en español.
La relación entre la identidad y la lengua es, para el nacionalismo, tan absoluta que sólo quien hable y escriba en la vernácula puede ser considerado catalán, gallego o lo que corresponda. La "normalización lingüística" no es, por tanto, un medio para aprender un idioma, sino para aprender a ser catalán, gallego, etcétera. Y para dejar de ser español. Desde tales presupuestos, no hay convivencia posible y una lengua, la común, ha de desaparecer. Eso es, por cierto, lo que reclamaba la élite intelectual catalana en fecha tan temprana como 1977, cuando en una encuesta realizada por una revista cultural, se mostraba a favor de "liquidar" el fenómeno de los catalanes que se expresaran literariamente en español..
Quién les iba a decir a algunos de los partidarios de la "liquidación" que ellos también serían "liquidados". Y es que uno de los autores expulsados de la "literatura catalana" por la Generalitat es el difunto Manuel Vázquez Montalbán, quien tanto hiciera por legitimar el catalanismo entre los sectores castellanoparlantes de la izquierda. Ni Roma ni Reus pagan traidores.
Cristina Losada
Félix Velasco - Blog

sábado, 11 de septiembre de 2010

Yo te diré

Yo te diré
por que mi canción
te llama sin cesar
me falta tu risa
me faltan tus besos
me falta tu despertar
Yo te diré
por que en mi canción
te siente sin cesar
mi sangre latiendo
mi vida perdiendo
que tu no te alejes más
Cada vez que el viento pasa 
se lleva una flor
pienso que nunca mas 
volverá mi amor
No me abandones nunca 
al anochecer
que la luna sale tarde 
y me puedo perder
Así sabrás 
por que mi canción
te llama sin cesar
me falta tu risa
me faltan tus besos
me falta tu despertar.
Antonio Machín
Félix Velasco - Blog

viernes, 10 de septiembre de 2010

viernes, 3 de septiembre de 2010

Karina - Yo te dire

El médico del Marisca Duque de Lorges

El Mariscal Duque de Lorges (22 de agosto 1630 en Duró -  22 de octubre 1702 en París),sufría de cálculos y se enteró de que había un tal Jacques Beaulieu,  más conocido por el nombre de Frere Jacques, que los operaba. No se fiaba de este "médico" y decidió realizar una prueba antes, buscando a 22 enfermos del mismo mal de la piedra, que fueron llevados al palacio del mariscal y operados por Frere ante los cirujanos del Rey.
Según estos dijeron, la operación fue efectuada en forma grosera y poco científica. De todos modos, demostró que conocía bien la anatomía. Todos ellos se curaron en pocas semanas. 
Una vez ganada la confianza, el Duque de Lorges se dejó operar, muriendo al día siguiente. 
Félix Velasco - Blog