sábado, 30 de agosto de 2008

viernes, 29 de agosto de 2008

De México a Buenos Aires


Soy viajante y soñador
De caminos y del mar
Voy en busca de un amor
En un lugar sin igual
Voy recorriendo a América
La tierra de mis sueños
Mujeres de ojos negros
Me van a enamorar.
Suenan las melodias
De mariachis hasta el Alba
Susurran las guitarras,
canciones de un ayer
Al llegar a Buenos Aires
y el canto de Gardel
¿Quién me guiará los pasos,
que me lleve a ti mujer?
De México a Buenos Aires,
diferente es la mujer
No encuentras en el mundo
esa forma de querer.
Voy recorriendo a América
La tierra de mis sueños
Mujeres de ojos negros
Me van a enamorar.
Suenan las melodias
De mariachis hasta el Alba
Susurran las guitarras,
recuerdos de un ayer
El aroma de las flores,
es perfume en su piel
La dulzura de tus besos,
en mis lábios guardaré
De México a Buenos Aires,
diferente es la mujer
Los rasgos de su tierra,
te embrujan al querer.
De México a Buenos Aires,
diferente es la mujer
Marcadas de su tierra,
te embrujan al querer.
Plácido Domingo

lunes, 25 de agosto de 2008

Vocabulario: ayer y hoy


Solterona - Profesional independiente
No hacer nada teniendo pasta - Spa
Engañabobos - Demo
Don José, ¿me manda al niño con el pedido? - Delivery
Trabajar en negro - Contrato de Prácticas
Estupidez absurda - Expresión sacada de contexto
Loco fanatico - Transgresor
Almacén / kiosco - Drugstore
Ninguna tía me hace caso - No encuentro mi target
Vestirse con cualquier trapo - Ser fashion
Humildad - Perfil bajo
Comprar compulsivamente - Shopping
Hacer cosas absurdas y molestas - Desprolijidad
Pan Flauta - Baguette
Tocar de oído algunos temas - Experto
Vendedor - Ejecutivo de cuentas
Colgado - Diferente
Servilleta Agenda - Palm Pilot
Que no me moleste nadie - Estar reunido
Curandero / a - Mentalista
Escaqueo en el trabajo - Desayuno de trabajo
Peluquero - Estilista
2+2 para ti = 3, para mí = 5 - Sinergia
Profe de gimnasia - Personal trainer
Caminar entre piedras, arbustos, troncos y abejas - Trekking
Nunca le gustó trabajar - Asesor
Me voy al bar a ver si ligo algo - Me voy a chatear
Reunión de desocupados - Talk-show
La calentura es mutua - Funciona la química
Viajar a cualquier lado en malas condiciones - Turismo de aventura
Trata de blancas - Anuncios breves
Manipular la opinión pública - Fenómeno mediático
No se entiendo nada - Hay que leer entre líneas
Bragas y sostenes - Lingerie
No dan nada interesante en la tele - Zapping
Programa sin sentido - Magazine
Tercer Mundo - Países Emergentes
Despidos masivos - Reestructuración
Cuantos más seamos, menos pagaremos - Joint Venture
Pésima gestión de los políticos - Déficit Fiscal
Falta de respeto, mentira, calumnia, paparazzi,... - Libertad de expresión

Violeta Marni

martes, 19 de agosto de 2008

Échame a mi la culpa


Sabes mejor que nadie
Que me fallaste,
Que lo que prometiste
Se te olvidó
Sabes a ciencia cierta
Que me engañaste
Aunque nadie te amaba
Igual que yo.
Lleno estoy de razones
Pa´ despreciarte
Y sin embargo quiero
Que seas feliz.
Y allá en el otro mundo
En vez de infierno
Encuentres gloria,
Y que una nube de tu memoria
Me borre a mí.
Y allá en el otro mundo
En vez de infierno
Encuentres gloria,
Y que una nube de tu memoria
Me borre a mí.
Dile al que te pregunte
Que no te quise,
Dile que te engañaba,
Que fui lo peor.
Échame a mí la culpa
De lo que pase,
Cúbrete tú la espalda
Con mi dolor.
Y allá en el otro mundo
En vez de infierno
Encuentres gloria,
Y que una nube de tu memoria
Me borre a mí.
Y allá en el otro mundo
En vez de infierno
Encuentres gloria,
Y que una nube de tu memoria
Me borre a mí.
Y allá en el otro mundo
En vez de infierno
Encuentres gloria,
Y que una nube de tu memoria
Me borre a mí.
Y allá en el otro mundo
En vez de infierno
Encuentres gloria,
Y que una nube de tu memoria
Me borre a mí.

miércoles, 13 de agosto de 2008

Me gustan los hombres


Acabo de teclear el título de este artículo y de pronto me detengo. «Vaya perogrullada», pienso; se supone que a todas las mujeres heterosexuales nos gustan los hombres y no debería haber motivos para hacer pública semejante profesión de fe. Sin embargo, creo que las mujeres, y en especial las que escribimos, últimamente estamos demasiado cañeras con los tíos. Abundan hasta la náusea los artículos en los que se habla del egoísmo masculino. Que si ya está bien de que ellos se crean Rapa Nui (léase el ombligo del mundo). Que si estamos hartas de ser el segundo sexo del que habló Simone de Beauvoir y que ahora en siglo XXI seremos por fin el primero. Que si alumbra ya la era del varón domado y más aún la del varón sometido. Y ojo, chicos, porque a la mínima que os descuidéis haremos con vosotros, metafóricamente al menos, lo mismo que hizo Lorena Bobbit. Sí, aquella que aprovechó el sueño de su marido para `afeitarlo´ tan al ras que lo dejó listo para trabajar de eunuco en un harén. Y luego está toda esa monserga de cómo nosotras somos más sensibles que los hombres y también más evolucionadas biológicamente y, por supuesto, más inteligentes. Amén de los chistes feministas, que se parecen mucho a los machistas y que tienen tan poca gracia como éstos. O poner el grito en el cielo por cualquier comentario adverso contra las mujeres mientras contra los hombres se puede despotricar todo lo que se quiera porque para eso está la libertad de expresión...
Yo, que soy mujer y por tanto lo puedo decir (si fuera hombre, seguro que me capan), debo confesar que empiezo a estar harta de este discursito. No creo que seamos ni más inteligentes ni más sensibles ni más evolucionadas que ellos; somos diferentes, y a Dios gracias que es así, porque si no este mundo sería mucho más aburrido. Ahora bien, lo que más me sorprende de todo el asunto es que los hombres con tanto blablá hembrista han caído víctimas de un curiosísimo síndrome de Estocolmo. De un tiempo a esta parte, el que más y el que menos dice estar ahora «cultivando su lado femenino» o «envidiar terriblemente la extraordinaria sensibilidad de las mujeres» o confiesa que su mayor deseo en esta vida hubiera sido «nacer mujer para ser madre». Menos esta última afirmación, que comprendo divinamente (ser madre es lo más maravilloso que existe), el resto de las afirmaciones me tiene mosca. ¿No será que los hombres se están feminizando? Si miramos las modas y las costumbres, bien podría ser que sí. El otro día leí que el sesenta por ciento ¡¿sesenta?! de los varones españoles se depila (con lo que a mí me gustan los tíos de pelo en pecho, qué desgracia). Además, desde que Beckham reinó en estas tierras, llevar pendientes de diamantes ya no es de nenazas, ni lo es hacerse mechas ni tampoco ponerse rímel; a este paso, pronto los veremos usar lip gloss y pintarse las uñas, si no, al tiempo. Yo, como soy una antigua, cuando los veo por la calle de esta guisa, con los pelos en pincho y los pantalones enseñando gayumbos, lo que me da es un ataque de risa, qué quieren que les diga. Cierto es que en otras épocas los hombres también llegaron a invadir las modas femeninas. En la Francia del siglo XVIII, por ejemplo, llevaban tacones, lucían pelucas y se ponían colorete. Claro que aquello acabó como acabó (en revolución y rodando cabezas), de modo que no saquemos conclusiones apresuradas...
En fin, no voy a seguir con el sermón, porque sé perfectamente que estoy en franca minoría y que a muchas de mis congéneres el que ellos fomenten su lado femenino les parece sensacional y pasear del brazo de un maromo depilado, el súmmum de lo cool. Yo, en cambio, ahora que viene el verano y la ropa escasea, hago votos para tener la enorme suerte de descubrir, entre tanto petimetre, pisaverde, lechuguino y lampiño metrosexual, también a algún tío como los de antes. De esos que en vez oler a pachuli o a 212 de Carolina Herrera despiden feromonas a kilómetros, por ejemplo. Primitiva que es una, pero mmmm... ¡qué gustazo!

Carmen Posadas

Derechos a gogó

En alguna ocasión anterior hemos escrito que la tiranía no es una forma degenerada de gobierno, sino una degeneración que se introduce en las más diversas formas de gobierno; y que, en contra de lo que se piensa, no hay forma de gobierno inmunizada contra la tiranía. Solemos identificar la tiranía con la autocracia o la dictadura; y ciertamente, son muchos los autócratas que, a lo largo de la historia, se han desempeñado como tiranos, porque la detentación del poder suele degenerar en abuso del poder. Pero esta tentación abusiva puede florecer en cualquier otra forma de gobierno; pues lo que hace que un gobierno no degenere en tiranía es la condición moral de quien lo detenta. Platón, por ejemplo, consideraba que la aristocracia era la mejor forma de gobierno posible, pues presuponía que los llamados `aristoi´ (esto es, los mejores) serían personas nobles y sabias; cuando la aristocracia la detentan personas crueles, corrompidas o arbitrarias, deviene tiranía insufrible.

Hoy vivimos en lo que podríamos denominar `fase democrática´ de la Historia, según la cual el único poder legítimo es el que procede del pueblo (palabra, por cierto, en franco retroceso, sustituida con frecuencia por la más ambigua `ciudadanía´). No es la legitimación en origen de la democracia lo que aquí nos interesa analizar, pues si bien puede ser –como cualquier otro producto cultural– un concepto discutible, lo cierto es que es un concepto válido, y hasta valioso, para el sano gobierno de una sociedad. Ahora bien, que la democracia sea en origen una forma de gobierno saludable no debe hacernos incurrir en la creencia bobalicona de que es una forma de gobierno inmunizada contra la tentación tiránica. Y como en democracia el poder tiene dos titularidades (aquellos en quienes reside y aquellos que lo detentan), las posibilidades de que tal poder degenere en tiranía se multiplican por dos (si atendemos a esta doble titularidad) o hasta el infinito (si consideramos que a cada individuo corresponde, siquiera de forma ideal, una mínima parcela de poder).

Una de las vías de infiltración de la tiranía en la democracia se funda, paradójicamente, en la exaltación desaforada de los `derechos´. Pero se olvidan dos nociones: 1) El reconocimiento de un derecho implica el reconocimiento de una obligación correlativa; y 2) El ejercicio de un derecho tiene siempre unos límites, que no sólo son externos (se suele reconocer que en el ejercicio de un derecho no podemos dañar a otros), sino sobre todo internos. Y esta incapacidad para reconocer los límites internos de los derechos –esto es, su configuración verdadera– es lo que suele introducir en las democracias el morbo de la tiranía. Se ha impuesto la idea descabellada de que los derechos pueden ser modelados a nuestro antojo; y que, por lo tanto, cualquier interés propio, cualquier pulsión o apetencia, cualquier capricho o anhelo puede obtener el rango de derecho si exigimos su reconocimiento. Inevitablemente, una organización humana cuyos integrantes han renunciado a la labor de discernir el contenido real de un derecho, prefiriendo imponer como derecho lo que no es sino `volición´, mero acto de la voluntad o –lo que es todavía peor– acto de una voluntad incapaz de embridarse, de una voluntad sin `fuerza de voluntad´ (esto es, sin capacidad para conceder lo que no es obligado y para abstenerse de lo que no está prohibido), se convierte en una organización cada vez más conflictiva. Pruebas de esta conflictividad creciente de las sociedades actuales, convertidas en una mera agregación de egoísmos particulares, las tenemos por doquier: desde divorcios a mansalva (por mencionar un ámbito de conflictividad personal) a insolidaridad entre regiones (por mencionar un ámbito de conflictividad colectiva).

Pero en democracia el poder, que reside en el pueblo, es detentado por unos representantes políticos. Y en esta degeneración que convierte el poder en tiranía dichos representantes desempeñan una labor primordial: primero, azuzando el ejercicio de esos intereses particulares, mediante su elevación al rango de `derechos´; más tarde, puesto que el ejercicio de tales `derechos´ es inevitablemente conflictivo, los representantes del poder tienen que actuar para evitar las fricciones. Y, en el camino, se ha consumado la gran subversión del concepto de derecho: lo que antaño era posesión connatural al hombre que el poder establecido se limitaba a reconocer, se convierte en una concesión graciosa que el poder otorga. Y así los hombres, creyéndose más libres, son en realidad más esclavos de esa concesión graciosa. El virus de la tiranía ya ha sido infiltrado.

Juan Manuel de Prada

Una tonta confusión

Decía Pérez-Reverte en un artículo hace unas semanas que lo iban a volver diabético entre tanto gilipollas. Que nunca había habido tal cantidad de soplacirios en la política, la cultura, el feminismo o la sociedad y que su salud se resentía con tanto buenrollismo y tanta propuesta de besarse en la boca para que las cosas vayan bien. A mí todavía no me ha dado el coma diabético, pero reconozco que semejante sobredosis de azúcar –y de tan baja calidad– me tiene también bastante estomagada. Me refiero ahora a esa cantidad de gestos y buenas palabras a las que nos tienen acostumbrados desde los actores de Hollywood hasta los políticos, pasando por personas anónimas con afán de protagonismo. Frasecillas guays o chorradas varias como regalar abrazos, ponerse una pulserilla de colores o encender un mecherito para simbolizar su unión con el universo o su `solidaridad´ con los pobres de África y su `respeto´ por el ecosistema. Como si hacer estas bobadas u otras igualmente simbólicas y estériles sirviera para algo más que para llamar la atención de una prensa tan lela como ellos, que jalea, a su vez, esta diarrea de vacuidades. El confundir gestos con actos es muy sintomático de nuestro tiempo y también muy infantil.

Vivimos en la sociedad de la comunicación, en la que se dice que una imagen (por bobalicona o falsamente `buena´ que sea) vale más que mil palabras. Nos hemos acostumbrado a juzgar por impulsos, por intuiciones, por corazonadas, como cuando decidimos dar nuestro voto a un candidato político porque su cara nos inspira confianza o nos parece simpático. Se tiende a dar más valor a la intuición que a la reflexión, porque, siempre según esta forma de pensar simplista que nos domina, «la intuición viene del corazón y la reflexión de la cabeza». Cada vez que oigo este discursito a mí me sube la insulina porque me parece otra estupidez digna de nuestros tiempos. La intuición, el ir «donde el corazón te lleve» y demás palabrería pueden funcionar en asuntos sentimentales (y aun así con reparos), pero para otras decisiones, pasada la adolescencia, me parece una ingenuidad no hacer caso de lo que nos dice nuestra cabeza. Si uno tiene intuición y también inteligencia será para aprovecharse de ambas, digo yo, no para denostar esta última. Lo que más me preocupa de todo lo que acabo de mencionar no es la estulticia que encierra; allá cada uno si prefiere los gestos a los actos, los impulsos a la inteligencia y el `buenrollismo´ a la bondad. Al fin y al cabo, tarde o temprano la realidad se impone y pone a cada uno en su sitio. Lo que me inquieta realmente es que todas estas actitudes denotan algo que ya se manifiesta en otras muchas cosas, como en los gustos, la moda, la sensibilidad y también la literatura y el cine. Me refiero a una infantilización general de la sociedad.

En la literatura y en el cine, el fenómeno es muy evidente. En mi adolescencia, por ejemplo, ni se me hubiera ocurrido ir a ver películas como Piratas del Caribe o Spiderman, ocupada como estaba con las de arte y ensayo. Ahora, en cambio, voy y me divierten. Lo mismo ocurre con la literatura. Los jóvenes de entonces nos fascinábamos con El lobo estepario; ahora se chiflan con Harry Potter o con La catedral del mar. Otro tanto se podría decir de la música (y no voy a hablar de Chikilicuatre ni de Las Supremas de Móstoles, porque sería una obviedad). Escribo todo esto y me echo a temblar. Una vez que se me ocurrió decir que nos estábamos infantilizando, recibí un montón de e-mails furibundos replicando que qué tenía de malo ser infantil, que era mucho mejor para la humanidad mantener vivo el niño que hay en todos nosotros y bla, bla. A esto debo decir que me parece muy bien, pero siempre que implique ser de verdad como niños, es decir, saber que tanta chorrada es sólo un juego. Los niños distinguen perfectamente el juego de la realidad; ellos entran y salen de la fantasía todo el tiempo porque en eso consiste crecer y madurar. Lo grave es quedarse en el mundo de Pin y Pon o en el de la Gallina Caponata o en el de Shin-Chan. Eso no es ser niño, simplemente es ser tonto.

Carmen Posadas

martes, 12 de agosto de 2008

Miembras y carne de miembrillo


A la ministra española de Igualdad y Fraternidad, Bibiana Aído, que pasará a los anales de la estupidez nacional por lo del miembro, la miembra y la carne de miembrillo, le han dado en las últimas semanas las suyas y las del pulpo, así que no quiero ensañarme. Podría, puesto a resumir en dos palabras, llamarla tonta o analfabeta. Supongo que, ateniéndonos a su estólida contumacia cuando fue llamada al orden por gente respetable y docta, a esa ministra podrían irle como un guante ambos epítetos. Pero no lo creo. Quiero decir que no tengo la impresión de que Bibiana Aído sea tonta ni analfabeta. Por lo menos, no del todo. O lo justo. Lo que pasa es que está muy mal acostumbrada.

Bibiana Aído, que es de Cádiz, procede de esa nueva casta política de feministas crecida en Andalucía a la sombra del régimen chavista; que así, dándoles cuartelillo, las tiene entretenidas y goteando agua de limón. Esas pavas, que han convertido una militancia respetable y necesaria en turbio modo de vida y medro, no tienen otra forma de justificar subvenciones y mandanga que rizar el rizo con piruetas cada vez más osadas, como en el circo. La lengua española, que en este país miserable ha resultado ser arma política útil en otros ámbitos, les viene chachi. Por eso están embarcadas en una carrera de despropósitos, empeñándose, cuatro iletradas como son, en que cuatrocientos millones de hispanohablantes modifiquen, a su gusto, un idioma donde cada palabra es fruto de una afinada depuración práctica que suele ser de siglos, para adaptarlo por la cara a sus necesidades coyunturales. A su negocio.

Lo que pasa es que, en el cenagal de la política española, cualquier cosa viene de perlas a quienes buscan votos de minorías que, sumadas, son rentables. Sale baratísimo. Sólo hay que destinar unas migajas de presupuesto y darle hilo a la cometa. Así andan las Bibianas de crecidas, campando a su aire en una especie de matonismo ultrafeminista de género y génera donde, cualquiera que no trague, recibe el sambenito de machista. Y así andamos todos, unos por cálculo interesado y otros por miedo al qué dirán. Los doctos se callan con frecuencia, y los ignorantes aplauden. Incluso hay quienes, después de cada nueva sandez, discuten el asunto en tertulias y columnas periodísticas, considerando con gravedad si procede decir piernas cuando se trata de extremidades en una mujer, y piernos cuando se trata de un hombre. Por ejemplo.

En todo esto, por supuesto, la Real Academia Española y las veintiuna academias hermanas de América y Filipinas son enemigo a batir. Según las feminatas ultras, las normas de uso que las academias fijan en el Diccionario son barreras sexistas que impiden la igualdad. Lo plantean como si una academia pudiera imponer tal o cual uso de una palabra, cuando lo que hace es recoger lo que la gente, equivocada o no, justa o no, machista o no, utiliza en su habla diaria. «La Academia va siempre por detrás», apuntan como señalando un defecto, sin comprender que la misión de los académicos es precisamente ésa: ir por detrás y no por delante, orientando sobre la norma de uso, y no imponiéndola. Voces cultas, y no sólo de académicos –Alfonso Guerra se unió a ellas hace poco–, han explicado de sobra que las innovaciones no corresponden a la RAE, sino a la sociedad de la que ésta es simple notario. En España la Academia no inventa palabras, ni les cambia el sentido. Observa, registra y cuenta a la sociedad cómo esa misma sociedad habla. Y cada cambio, pequeño o grande, termina siendo inventariado con minuciosidad notarial, dentro de lo posible, cuando lleva suficiente tiempo en uso y hay autoridades solventes que lo avalan y fijan en textos respetables y adecuados. De ahí a hacerse eco, por decreto, de cuanta ocurrencia salga por la boca de cualquier tonta de la pepitilla, media un abismo.

Así que tengo la obligación de advertir a mis primas que no se hagan ilusiones: con la Real Academia Española lo tienen crudo. Ahí no hay demagogia ni chantaje político que valga. Ni Franco lo consiguió en cuarenta años –y mira que ése mandaba–, ni las niñas capricho del buen rollito fashion lo van a conseguir ahora. En la RAE somos así de chulos. Y lo somos porque, desde su fundación hace trescientos años, esa institución es independiente del poder ejecutivo, del legislativo y del judicial. Su trabajo no depende de leyes, normas, jueguecitos o modas, sino de la realidad viva de una lengua extraordinaria, hermosa y potente que se autorregula a sí misma, desde hace muchos siglos, con ejemplar sabiduría. De forma colegiada o particular, a través de sus miembros –que no miembras–, siempre habrá en esa Docta Casa una voz que, con diplomacia o sin ella, recuerde que, en el Diccionario, la palabra idiotez se define como «hecho o dicho propio del idiota».

Arturo Pérez-Reverte

¿Y los pseudo intelectuales españoles?


Las tropas rusas se adentraron en Georgia desde la región separatista de Abjasia en lo que parece una escalada en el conflicto entre Tiflis y Moscú y a la vez que se intensifican las gestiones diplomáticas para lograr un entendimiento.

Además, rebeldes abjasios apoyados por los rusos comenzaron una operación contra las fuerzas georgianas afirmando que tratan de expulsar a las tropas de Georgia de un estratégico paso de montaña en el oeste de la provincia separatista.

El presidente de Georgia, Mijail Saakashvili, dijo en una alocución televisada, que "la mayor parte del país" está ocupada por fuerzas rusas.

Entretanto, en la noche del lunes, el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, condenó nuevamente las acciones militares rusas en Georgia. El mandatario estadounidense dijo que los ataques eran indicaciones de que Moscú pudiera estar tratando de deponer el gobierno democráticamente electo de Tiflis. "Estoy profundamente preocupado por informes que señalan que tropas rusas han avanzado más allá de la zona de conflicto, atacando a la ciudad georgiana de Gori y amenazando la capitaI, Tiflis", ... "Existe evidencia de que las fuerzas rusas pronto podrían comenzar a bombardear el aeropuerto civil en la capital. Si esos informes son ciertos, esas acciones rusas representarán una escalada dramática y brutal del conflicto en Georgia", añadió Bush.

Por su parte el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy viaja este martes a Rusia y Georgia aunque una nuevo borrador de resolución patrocinada por París en el seno de Naciones Unidas ya generó fuertes críticas de Moscú.
Sarkozy dialogará con Moscú para tratar de lograr un cese el fuego.

Sarkozy, quien en estos momentos preside la Unión Europea se reunirá con el presidente ruso Dmitry Medvedev en Moscú antes de viajar a Georgia para dialogar con su mandatario, Mikhail Saakashvili.

Sin embargo, el enviado ruso a la ONU, Vitaly Churkin, ya rechazó el plan de paz de tres puntos elaborado por Francia en un proyecto de resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
El embajador Churkin afirmó que el plan "no tenía referencia a la agresión georgiana o las atrocidades georgianas". Además, el Consejo de seguridad de Naciones Unidas veta la resolución gracias a los votos en contra de china y Rusia,... normal.
Por cierto, ¿donde andarán los "pseudo intelectuales" que tanta prisa se dieron en convocar concentraciones cuando la guerra de Irak? Se ve la las balas rusas no matan, ¿verdad? Loles León, Miguel Bosé, Ana Belén, Miguel Ríos, Joaquín Sabina, Paco Clavel, Moncho Borrajo, la Bardén y el Bardén,... ¡claro, ya sé porqué!!!, en esta ocasión el partido no ha dado instruciones al respecto,... de hecho las declaraciones del ¿Gobierno de España? son tan "desnatadas" que parece que nadie ha disparado misiles. Bueno, tampoco se les ve demasiado en las manifestaciones contra ETA, y eso que esas muertes las tenemos más cercanas. ¿Por qué dos raseros mara medir? Podrían montar un "numerito" en la entrega de premios Goya repartiendo pegatinas de "No a ETA",... por ejemplo. Perdón me olvidaba que no se puede, en este caso había que dialogar.
Eso sí, las declaraciones de Raul y Fidel Castro han sido contundentes: La culpa de que Rusia haya invadido Georgia es de Europa y Estado Unidos por la presión que ejercen sobre Ruisa.
Félix Velasco

Seguimos haciendo amigos

Gobiernos regionales que instan una y otra vez a utilizar el catalán a empresas alemanas, clubes de fútbol que se niegan a subir a un avión de una aerolínea germana porque ésta no utiliza el catalán, empresarios catalanes que no hablan bien el castellano... El cariz de las relaciones alemanas con el catalán y los últimos acontecimientos relacionados con la aerolínea Air Berlin han hecho que el director de la Cámara de Comercio de Alemania eche mano de una elemental premisa empresarial basada en los derechos de la mayoría y en la rentabilidad: "Las empresas se comunican con sus clientes en los idiomas que entiende la mayoría, como es el castellano en el caso de España".

Peter Moser, director gerente de la Cámara de Comercio Alemana en España, recurre, en declaraciones a El Mundo, a esta sencilla norma a propósito de los últimos ataques catalanistas sufridos por la aerolínea germana Air Berlin en Baleares y Cataluña. La última, la negativa del F.C. Barcelona, hace dos semanas, a coger un avión de la compañía de bajo coste porque ésta no ha aceptado la invitación del Govern balear de introducir el catalán en sus vuelos hacia o desde las islas.

La Cámara de Comercio Alemana se comunica en un idioma: el empresarial. Presente en 80 países de todo el mundo, con 120 oficinas, defiende siempre una bandera: los derechos de sus representados, las firmas germanas. Para el caso de España, los de las 1.100 empresas alemanas –la mayoría asociadas a la Cámara– que tienen su sede en alguna de las 17 comunidades autónomas españolas. La mayoría en Cataluña, que acoge a más de 380 compañías alemanas. Le sigue Madrid, con unas 250. Algunas de las grandes compañías turísticas, como TUI o Air Berlin, tienen sede en Mallorca. En defensa de todas estas compañías, el director de la Cámara de Comercio Alemana en España, Peter Moser, alega que "los pocos casos de catalanoparlantes no bilingües no justificarían el uso del catalán en todas las comunicaciones con sus clientes".

María J. García