viernes, 27 de diciembre de 2013

El fanatismo anestesia

Sólo un fanático es capaz de creer lo que contradice su propia razón, anestesiada por la opinión ideológica a la que se supedita.
Félix Velasco - Blog

Fabricantes de recuerdos


Algunos políticos, y pseudohistoriadores vendidos a la "causa", se dedican a "fabricar recuerdos" para justificar su ideología y enfrentar a hermanos que sin ellos conviven de forma pacífica y honrada.
Félix Velasco

jueves, 12 de diciembre de 2013

Leyenda del enemigo

El cónclave de «sabios» amasado por la administración nacionalista construye, en Cataluña, la leyenda de un ayer en todo acorde al mañana
AYER se fabrica siempre en mañana: finge el pasado su patria al futuro, quien lo inventa para él mismo inventarse. Nada sucede en ese tiempo mítico, donde pasado y futuro suplantan al presente. La leyenda se forja en el relato de otro tiempo en el cual todo es inmóvil; de otro tiempo, de un tiempo de los dioses patrios, que en su benevolencia pueden dotarnos de un destino colectivo.
En pasado y futuro está el destino, del cual es nuestra sangre esclava: eso rumia el patriota, eso le salva. No hay más clave del totalitarismo que su sacrificar nuestro presente sobre el ara de los dioses patrios: «fuimos, seremos…, ahora se nos impide…». Y el porvenir promete edenes primordiales. No es nuevo. Ni siquiera es el hallazgo de Rosenberg o Heidegger. La invención legendaria del pasado, como arcana guarida del auténtico espíritu de la nación sagrada, es la herencia de ese romanticismo que suple con retórica el fracaso de la revolución en Centroeuropa cuando comienza el siglo XIX. Un jovencísimo Karl Marx daría a esa tragedia concepto irrevocable en 1843: es la historia encarnada en las propias fantasías. Y, «del mismo modo en que los pueblos antiguos vivieron su prehistoria en la mitología…, nosotros somos contemporáneos filosóficos del presente, sin ser sus contemporáneos históricos».
Anacrónico paso de tragedia a sainete, el cónclave de «sabios» amasado por la administración nacionalista construye, en Cataluña, la leyenda de un ayer en todo acorde al mañana que habita el delirio de Convergencia y de sus pintorescos escuderos. Y hasta puede que alguno se lo crea: creer es siempre lo más confortable, lo que nos pone a salvo del peligro de pensar, eso hoy tan antipático. La función de ese bucle de Moebius, que fluye del ayer hasta el mañana sin que el hoy –ese dique– lo retenga, la postularon severas cabezas del nazismo en los años que incubaban el gran salto europeo hacia la muerte. «Se trata de inventar a un enemigo»: el hallazgo es sencillo. Prodigioso, también, en su congelada eficacia. Carl Schmitt explicita su admonición brillante para un caudillo futuro: da igual el rostro que le sea impuesto, «el enemigo político no necesita ser moralmente malo ni estéticamente feo, no hace falta siquiera que se erija en un competidor económico…, basta con que sea el otro, el extraño», aquel frente a cuyo riesgo nos reconocemos, aquel cuya presencia pone miedo y rechazo, identidad por tanto. La grey se identificará enseguida con quien se ofrezca para aniquilarlo. Y, frente a la amenaza, ese «nosotros», que hasta aquel mismo instante daba risa, trocará nuestro pavor en certidumbre. Inventar ese miedo es sacerdocio que se reserva a los intelectuales que administran el alma de su pueblo: sobre el discurso rectoral de un Heidegger se alza el perenne monumento de Auschwitz. Ningún historiador que alce enemigos legendarios en el pasado histórico podrá librarse del remordimiento del aprendiz de brujo ante el diluvio. No se acarrea lo peor impunemente. Tampoco, bajo disfraz académico.
Pasados legendarios, futuros luminosos… Insulsas variedades del providencialismo. Un penoso romanticismo histórico puso, al final del siglo XVIII, los cimientos del salto hacia la nada. Fue en el año 1795 y en Jena: «Tenemos que tener una nueva mitología.… Un más alto espíritu, enviado del cielo, tiene que fundar entre nosotros esta nueva religión; será la última obra, la más grande, de la Humanidad…».Una nueva mitología,… pero… Siglo y medio más tarde, la tuvieron.
Gabriel Albiac
Félix Velasco - Blog

No con mi dinero

Yo no pago mis impuestos para que Junqueras y Mas financien con ellos el robo de mi parte del patrimonio histórico, cultural y territorial que pretenden escindir de España
ES tan evidente y tan burda la estrategia de provocación constante puesta en práctica por el nacionalismo catalán, con el propósito de alimentar su victimismo, que parece ocioso incluso comentarla. Llevan lustros haciendo lo mismo: tiran una piedra y otra y otra más, ofenden al conjunto de los españoles, insultan a muchos de ellos llamándoles holgazanes, ineptos, ladrones o cosas peores, dependiendo de su procedencia geográfica, urden embustes sobre nuestra Historia común, tergiversan el significado de acontecimientos decisivos en el devenir de esta Nación de la que siempre han formado parte, puesto que nunca han sido otra cosa que Reino de Aragón o España… Y cuando alguien reacciona, harto de tanta infamia, dicen que les agreden e invocan su «derecho a decidir».
Ni siquiera se atreven a llamar a las cosas por su nombre. El territorio en el que se sienten cómodos es el de la falsificación, que incluye hasta las palabras. Nada de pronunciar los términos «autodeterminación» o «independencia», que es lo que dirían si fuesen valientes y coherentes con lo que predican. Nada de hablar de un «referéndum» en el que se plantee abiertamente la «secesión» y la subsiguiente expulsión de la UE. Mucho mejor confundir a la gente con una «consulta» sobre la posibilidad de acceder a la condición de «Estado soberano» con todas las ventajas de seguir bajo el paraguas europeo. No en vano controlan con puño de hierro tanto la educación como los medios de comunicación locales, a los que engrasan y domestican mediante generosas subvenciones. Cuando se trata de embuchar a los ciudadanos de Cataluña con su propaganda, todo vale; hasta ese «simposi» de pacotilla empeñado en retorcer la realidad a fin de demostrar lo indemostrable: que durante trescientos años una parte de España tan española como cualquier otra estuvo en conflicto político consigo misma.
Produciría hilaridad este juego zafio, reiterativo y previsible, si no fuese porque la fiesta se paga con fondos procedentes de nuestros bolsillos, y cuesta muy cara. Casi 7.000 millones de euros recibió el año pasado la Generalitat del Fondo de Liquidez Autonómico para hacer frente a sus cuantiosas deudas, y cerca de 9.000 ha solicitado en este 2013. De no haber acudido al rescate el conjunto de los trabajadores españoles, los jubilados catalanes no cobrarían sus pensiones y sus instituciones autonómicas habrían cerrado por quiebra. Ningún funcionario regional recibiría su paga. No habría dinero para los hospitales. Si los catalanes siguen disfrutando del Estado del bienestar, pese a la gestión suicida de sus gobernantes, es porque forman parte del pueblo español, que es un pueblo solidario. Pero todo tiene límites.
La Constitución española y la Ley de Estabilidad Presupuestaria contienen mecanismos suficientes para impedir que los escasos recursos de los que disponen las arcas públicas en estos tiempos de carestía vayan a financiar actos propagandísticos destinados a fomentar el odio y la sedición, políticas de confrontación o actuaciones que vulneran frontalmente la legalidad, como es el caso de una campaña en pro de la autodeterminación. Yo no pago mis impuestos para que Oriol Junqueras y Artur Mas financien con ellos el robo de mi parte del patrimonio histórico, cultural y territorial que pretenden escindir de España.
Ya está bien de apaciguamiento. La experiencia ha demostrado con creces que la bestia es insaciable y no necesita pretextos, luego dejemos de alimentarla. Si van a atracarnos a punta de mentira, que no paguen la munición con mi dinero.
Isabel San Sebastian
Félix Velasco - Blog

Flirteo planetario

El improvisado flirteo de Obama con la primera ministra danesa ha eclipsado el estudiado ritual de cortejo diplomático con Raúl Castro
MÁS que un acontecimiento de política global, como lo definen los analistas circunspectos, el multitudinario funeral de Mandela ha acabado convertido en una especie de cachondeo planetario. Y no tanto por el sentido desdramatizador del cantarín ritual africano, ni por el inverosímil y audaz impostor que traducía al lenguaje de sordos haciendo las señas delporompompero, como por las repercusiones mediáticas universales de los coqueteos de Obama y el manifiesto ataque de cuernos de su señora esposa. El improvisado flirteo con la ministra danesa ha eclipsado, dónde va a parar, el estudiado ritual de cortejo diplomático con Raúl Castro. Y es probable que el cabreo nada disimulado de la primera dama le importe al presidente más que el encolerizado rebote del lobby cubano de Florida. Al fin y al cabo a los de Miami no los tiene que aguantar en casa.
Obama es un líder perfecto cuando actúa bajo guión. Tiene estrategas fantásticos, escritores de lujo que le hacen discursos deslumbrantes, y sabe darle al libreto el registro adecuado de solemnidad carismática. Su alocución fue de largo lo mejor de las plúmbeas exequias del Soccer City; no sólo por el medido latigazo que soltó –para compensar el gesto de deshielo físico con el castrismo– a los dictadorzuelos que toman en vano el honorable nombre del gigante muerto, sino por ese fabuloso quiebro final de empatía al repleto graderío huérfano de amparo moral: «Gracias por dejarnos compartir a Mandela». Con una pauta delante no tiene rival; es el mejor comunicador del siglo. El problema viene cuando ha de gobernar con una oposición correosa y poco proclive a dejarse engatusar por su apostura retórica... o cuando le sientan una rubia al lado. Ese detalle no lo habían previsto los asesores que llegaron a estudiar hasta el recorrido que conducía al hierático y siniestro hermano de Fidel Castro.
Y claro, una rubia es siempre una rubia. Esta, la señora Helle Thorning Schdmit, tiene nombre y aspecto de diosa nórdica, un fémur más largo y prometedor que el del homínido de Atapuerca y una sonrisa como para atracar un banco desarmando a los guardias. El galanteo fue flagrante y las cámaras lo globalizaron junto al arrobo tontorrón de un Cameron embobado por salir en la fotito del móvil. Como globalizaron la celotipia de Michelle y su tajante decisión de marcar territorio cambiando de asiento al marido casquivano. El comandante en jefe ya sabe quién manda en la Casa Blanca.
Quizá Mandela merecía algo más serio que esta eclosión adolescente de los amos del mundo. O tal vez le hubiese divertido –él era un mujeriego compulsivo– toda esa frivolidad tan mundana en sus honras fúnebres, el verdadero acontecimiento planetario que soñó Leire Pajín para un ZP que, mecachis, con la de estupendas frases huecas que hubiera podido soltar en la ocasión, no estaba invitado. Sí estaba, o se coló, Corina, cómo no. Pero esta hace de las suyas más en privado.
MÁS que un acontecimiento de política global, como lo definen los analistas circunspectos, el multitudinario funeral de Mandela ha acabado convertido en una especie de cachondeo planetario. Y no tanto por el sentido desdramatizador del cantarín ritual africano, ni por el inverosímil y audaz impostor que traducía al lenguaje de sordos haciendo las señas delporompompero, como por las repercusiones mediáticas universales de los coqueteos de Obama y el manifiesto ataque de cuernos de su señora esposa. El improvisado flirteo con la ministra danesa ha eclipsado, dónde va a parar, el estudiado ritual de cortejo diplomático con Raúl Castro. Y es probable que el cabreo nada disimulado de la primera dama le importe al presidente más que el encolerizado rebote del lobby cubano de Florida. Al fin y al cabo a los de Miami no los tiene que aguantar en casa.
Obama es un líder perfecto cuando actúa bajo guión. Tiene estrategas fantásticos, escritores de lujo que le hacen discursos deslumbrantes, y sabe darle al libreto el registro adecuado de solemnidad carismática. Su alocución fue de largo lo mejor de las plúmbeas exequias del Soccer City; no sólo por el medido latigazo que soltó –para compensar el gesto de deshielo físico con el castrismo– a los dictadorzuelos que toman en vano el honorable nombre del gigante muerto, sino por ese fabuloso quiebro final de empatía al repleto graderío huérfano de amparo moral: «Gracias por dejarnos compartir a Mandela». Con una pauta delante no tiene rival; es el mejor comunicador del siglo. El problema viene cuando ha de gobernar con una oposición correosa y poco proclive a dejarse engatusar por su apostura retórica... o cuando le sientan una rubia al lado. Ese detalle no lo habían previsto los asesores que llegaron a estudiar hasta el recorrido que conducía al hierático y siniestro hermano de Fidel Castro.
Y claro, una rubia es siempre una rubia. Esta, la señora Helle Thorning Schdmit, tiene nombre y aspecto de diosa nórdica, un fémur más largo y prometedor que el del homínido de Atapuerca y una sonrisa como para atracar un banco desarmando a los guardias. El galanteo fue flagrante y las cámaras lo globalizaron junto al arrobo tontorrón de un Cameron embobado por salir en la fotito del móvil. Como globalizaron la celotipia de Michelle y su tajante decisión de marcar territorio cambiando de asiento al marido casquivano. El comandante en jefe ya sabe quién manda en la Casa Blanca.
Quizá Mandela merecía algo más serio que esta eclosión adolescente de los amos del mundo. O tal vez le hubiese divertido –él era un mujeriego compulsivo– toda esa frivolidad tan mundana en sus honras fúnebres, el verdadero acontecimiento planetario que soñó Leire Pajín para un ZP que, mecachis, con la de estupendas frases huecas que hubiera podido soltar en la ocasión, no estaba invitado. Sí estaba, o se coló, Corina, cómo no. Pero esta hace de las suyas más en privado.
Ignacio Camacho
Félix Velasco - Blog

domingo, 1 de diciembre de 2013

El barrio gótico que no es gótico

El Barrio Gótico que no es gótico
De un lado al otro de la ciudad, sin apenas tiempo para leer más allá de las solapas de su guía de viajes, un grupo de turistas se plantaba el pasado jueves ante la fachada de la Catedral de Barcelona. Aturdidos después de un día de «tournée», sacan su cámara y con gesto maquinal capturan lo que creen es un ejemplo del gótico más depurado, o al menos eso es lo que les ha dicho su guía, casi tan desinformado como ellos. En realidad, la fachada apenas supera el siglo de historia (la obra se hizo entre 1887 y 1912), lo que no impide que sea uno de los «highligts» turísticos de la capital catalana. La escena se repite en otros rincones de la Barcelona vieja, un Barrio Gótico que, en algunos de sus rincones más celebrados, es en realidad «neogótico» o gótico transformado.
El debate sobre el grado de «autenticidad» del Gótico de Barcelona es recurrente, una discusión que cobraba de nuevo actualidad el pasado septiembre. Ese mes, el Museo de Historia de Barcelona (Muhba) negaba a la productora de la serie «Isabel» el permiso para rodar en las escalinatas y puerta de entrada del Salón del Tinell, en el antiguo Palacio Real Mayor, residencia de los Condes de Barcelona y de los Reyes de la Corona de Aragón. Alegando un escrupuloso rigor histórico, el Muhba, y por extensión el Ayuntamiento de Barcelona, vetaban el rodaje, en lo que desde muchos ámbitos se interpretó más bien como un episodio de censura de regusto nacionalista, el mismo caso que, con otras variantes, se reproduciría semanas después con el veto a la foto del torero Juan José Padilla.
Para muchos historiadores, el purismo del Muhba resultaba infundado, casi ridículo, más teniendo en cuenta que una significativa parte del Barrio Gótico de Barcelona, incluyendo la propia sede del Muhba, es una reconstrucción más o menos fiel del original medieval, una reproducción embellecida y hasta idealizada de la Barcelona y la Cataluña pretéritas. Un conjunto formidable, cierto, pero punteado por algunos elementos que en puridad son de nueva planta, están reconstruidos o proceden de otras partes de la ciudad.
Un ejemplo paradigmático es la propia sede del Museo de Historia, que se ubica en la conocida como casa Padellàs, antiguo palacio renacentista que se salvó, junto a muchos otros elementos patrimoniales ahora repartidos por toda la ciudad, tras la apertura de la Vía Layetana a principio de siglo.
Piedra a piedra, el antiguo palacio de la calle Mercaders fue rescatado para, al fin, ser trasladado, con algún añadido embellecedor, a su actual emplazamiento en la plaza del Rey, ocupando el solar de un antiguo edificio de viviendas que, a criterio municipal, desmerecía el conjunto. La reconstrucción no se completa hasta 1943, con lo que parte de la actual vista de la plaza del Rey conforma en realidad un gótico rabiosamente contemporáneo.
«Es evidente que la labor de embellecimiento y monumentalización que se hizo en Barcelona desde finales del siglo XIX hasta los años setenta, similar al que se desarrolló en otras capitales europeas, ahora sería inconcebible, no se permitiría», explica a ABC el historiador Agustín Cócola, que en 2011 publicó «El Barrio Gótico de Barcelona. Planificación del pasado e imagen de marca» (Ed. Madroño), donde repasa el proceso de «invención» y turistificación del barrio.
El libro de Cócola, y otros estudios a menudo desconocidos para el público no especialista, no digamos ya para los pelotones de turistas desinformados, indagan en este proceso, cuyo motor inicial fue, además del deseo de armar una «marca turística» ya en el inicio del siglo XX, la voluntad política, o el intento de construcción desde el nacionalismo de una identidad basada en un pasado más o menos idealizado, más o menos glorioso.
«Con el nacimiento de los estados modernos, todas las naciones europeas se fijan en la Edad Media para fijar su origen. El nacionalismo catalán hace lo mismo», apunta Cócola, con un interés especial por proyectar una época, concretamente los siglos XIII y XIV, cuando se produce la gran expansión comercial catalana por el Mediterráneo. En Cataluña, es el movimiento de la «renaixença», en el origen del moderno nacionalismo, el que busca en esa época, y en los restos patrimoniales que legó, los orígenes de un «pasado glorioso».
Un personaje se adivina clave en este proceso. Josep Puig i Cadafalch (1867-1956), arquitecto y político. Primero recuperador y divulgador de otra arquitectura también idealizada, el románico, a la práctica sería el «definidor» de la arquitectura medieval catalana. Se trataba, en definitiva, de poner en valor una «arquitectura nacional», acentuando las características que distinguían por ejemplo el gótico habitual en Cataluña del de Castilla. La proliferación de la típica ventana coronella, la parte más reconocible de la «casa catalana» que Puig i Cadafalch definió, es un ejemplo. Según el estudio de Cócola, hasta 82 de estas ventanas se recolocaron o hicieron de nuevo en el Gótico entre 1905 y 1970.
A la par que la ciudad, con el impulso de la Exposición Universal de 1929, buscaba atraer turistas, se diseñó el plan de monumentalización del barrio, que pasaba en gran parte por la recuperación de construcciones que la apertura de la Vía Layetana (ejemplo típico de «sventramento» urbanístico) amenazaba con arrasar. Jordi Peñarroja lo explica con minuciosidad en «Edificis viatgers de Barcelona» (Llibres de l’Índex), una formidable mudanza clave para entender lo que es hoy el Barrio Gótico de Barcelona, un delicioso lugar para pasear y admirar una arquitectura que, a veces, no es tan auténtica como parece.
Alex Gubern
Felix Velasco - Blog

lunes, 11 de noviembre de 2013

¡Si llueve, que llueva!

video

"Actitud es una expresión externa de un sentimiento interno.
Actitud es el ser avanzado de nuestros verdaderos egos.
Actitud es la raíz interna que produce los frutos externos.
Actitud es nuestro mejor amigo o nuestro peor adversario.
Actitud es más honesta y más consistente que nuestras palabras.
Actitud es la mirada externa basada en nuestras experiencias pasadas.
Actitud es lo que atrae gente a nosotros o las que los expulsa.
Actitud nunca está contenta hasta que se expresa.
Actitud es la biblioteca de nuestro pasado, el comunicador de nuestro presente y el profeta de nuestro futuro.
La buena noticia es que podemos decidir que actitud tener."
John C Maxwell
Félix Velasco - Blog

domingo, 10 de noviembre de 2013

Diez mentiras del nacionalismo catalán

Diez mentiras del nacionalismo catalán
1- Existe un sustrato étnico catalán
Catalanistas como Prat de la Riba o el historiador Ferran Soldevila, insistían en un sustrato ibérico que compondría el fundamento étnico del pueblo catalán. Pero el historiador Vicens Vives afirma en su «Noticia de Catalunya», publicado en catalán durante el franquismo: «Somos fruto de diversas levaduras y una buena parte del país pertenece a una biología y a una cultura de mestizaje. No remontándonos más allá de la época carolingia sabemos que el núcleo de nuestra población campesina la formaban los «homines undenque vinientes», es decir, «los hombres que venían de cualquier parte».
2-El mal de Cataluña es el centralismo madrileño
Barcelona fue una de las sedes de la Corte de los Reyes Católicos o la ciudad de España donde más cómodo se sintió Carlos I. En ella recibió el título de Emperador. El Arzobispado de Tarragona obtuvo el título de Primado de las Españas y aún lo mantiene compartido con el Primado de Toledo. La construcción de un Estado jacobino en el siglo XIX impidió que el Estado español se forjara al estilo francés. La ausencia de una administración fuerte permitió que Cataluña dedicara sus esfuerzos a enriquecerse e intentar liderar el Gobierno español.
3- Cataluña fue una «nación» gracias a la negativa de Borrell II de rendir pleitesía al rey franco Hugo Capeto
El imperio Carolingio se desmoronaba y le costaba mantener su influencia sobre los Condes de Barcelona. Sin embargo, el Conde Borrell II no proclamó la independencia sino que se sometió en vasallaje al Califato de Córdoba, regido por Alhaquem. Su sucesor, Almanzor, arrasó media Península y de paso Barcelona. Borrell II, atemorizado, pidió ayuda a Hugo Capeto. Debían encontrarse ambos personajes para que Borrell II le rindiera vasallaje, pero ese encuentro nunca se produjo. Los nacionalistas interpretan que aquello fue un acto de independencia. Pero nadie sabe lo que pasó. Los Condes catalanes no tuvieron reparo en casar su descendencia con la aristocracia y la realeza castellana.
4- La Generalitat es originalmente catalana
La Generalitat fue una institución provisional de la Corona de Aragón, instituida en las Cortes de Monzón en 1289. En el Palacio de la Generalitat se puede ver una placa que anuncia que se fundó en Cervera en 1359. Este desfase en el tiempo se refiere a unos acuerdos sobre la composición (provisional) de la Generalitat, concebida como mero órgano recaudador de impuestos. La constitución política de la Generalitat se debe al primer Trastámara que ocupó la Corona de Aragón: Fernando I. Los Trastámara llegaron a ser algo en el Reino de Castilla gracias a los apoyos de Pedro IV de Aragón.
5- Cataluña ha tenido una espiritualidad diferente
El centro espiritual de Cataluña rara vez fue independiente. Gracias a los Reyes Católicos, Montserrat pasó a depender del Monasterio de San Benito el Real de Valladolid, llegando a florecer como nunca. Durante cuatro siglos, hasta las persecuciones del siglo XIX, Montserrat estuvo llevada por mayoritariamente por monjes castellanos. El más famoso fue García Ximénez de Cisneros (hermano del famoso Cardenal) que ahí redactó «El exercitatorio de la vida espiritual».
6- Los catalanes no participaron en la Conquista y el «genocidio» americano
Algunos nacionalistas se empeñan en que sólo gracias a los catalanes se pudo iniciar la conquista de América; otros se quejan de que no se dejó participar a los catalanes. Cataluña participó, a su ritmo, en la conquista de América. Desde el batallón de voluntarios catalanes que participaron en el descubrimiento de California, al Tercio de Miñones catalanes que defendió Buenos Aires del intento de invasión inglesa, hay miles de ejemplos.
7- «Nación» catalana nada tiene que ver con «nación» española
En los dietarios de la ciudad de Barcelona, se recogía en 1492 las celebraciones «más grandes jamás vistas» con motivo de la toma de Granada, en la que participaron numerosos catalanes. En la sublevación de las Alpujarras miles de catalanes participaron en su sofoco. De ellos Don Juan de Austria dijo que eran «los súbditos más leales del Rey de España». La participación catalana fue clave en la Batalla de Lepanto o en el dominio hispano del Mediterráneo. De los 400 primeros legionarios de Millán Astray, 200 provenían de Barcelona; en 1909, Alfonso XIII pidió varias letras para el himno de España al catalán Eduardo Marquina; durante la Guerra de Melilla en 1893, en la que participaron muchos voluntarios catalanes, hubo en Cataluña fervor españolista.
8- Castilla oprimió la lengua catalana y el nacionalismo la salvó
La mayoría de disposiciones legales contra el catalán emanaron de miembros de la masonería. Para ellos el castellano debía ser la lengua modernizadora a imagen del francés que había liquidado buena parte las lenguas que se hablaban en Francia. La lista es inequívoca: el Conde de Aranda, el Conde de Floridablanca, Manuel Godoy, Manuel José Quintana, Mendizábal, Claudio Moyano, OŽDonell, Sagasta o Romanones. No fue Castilla, sino una elite ilustrada, liberal y de izquierdas la que fue generando leyes y decretos para minimizar las otras lenguas españolas. Por el contrario, el falso «renacimiento» del catalán, se logró con la práctica «invención» de una gramática a manos de Pompeyo Fabra.
9- Companys fue un modelo para todos los catalanistas
La memoria histórica de Companys se ha salvado por su trágica muerte que le convirtió en un mártir para los catalanistas. Sin embargo, fue uno de los personajes (en vida) más odiado por los catalanistas más radicales. Un diputado de ERC, durante la II República, Puig y Ferreter, lo define así: «Companys era pequeño, voluble, caprichoso, inseguro y fluctuante, sin ningún pensamiento político, intrigante y sobornador, con pequeños egoísmos de vanidoso y sin escrúpulos para ascender». Otro diputado de ERC, Joan Solé Pla, lo describía así: «Es un enfermo mental, un anormal excitable y con depresiones cíclicas; tiene fobias violentas de envidia y de grandeza violenta». En 1917, al ser elegido concejal por Barcelona, del Partido Radical, Companys obligó al catalanista Carrasco y Formiguera, también elegido concejal a gritar un «Viva España».
10- El fin del catalanismo radical ha sido siempre la independencia
En el primer número de «Alerta», órgano del grupo terrorista Terra Lliure, se dejaba claro que la independencia no era un fin en sí misma, sino un instrumento para construir un Estado socialista. La caída del muro de Berlín borró de un plumazo este hito socialista y la independencia dejó de ser un medio para convertirse en un fin.
Javier Barraycoa (Barcelona, 1963)
en su libro «Cataluña Hispana»
Félix Velasco - Blog

Saber rodearse de personas

Para crecer como individuos, ademas de nuestro propio esfuerzo, necesitamos rodearnos de individuos cultos, inteligentes, abiertos, creativos y cosmopolitas.
Félix Velasco

Reacción de la masa

La reacción ante un estimulo de todos los individuos que conforman una masa es uniforme, perdiéndose el criterio individual y el ejercicio de la libertad personal.
Félix Velasco

Fracaso del socialismo.

Lo que marca el fracaso del socialismo no es la caída del Muro de Berlín en 1989, sino su construcción en 1961.
Félix Velasco

sábado, 9 de noviembre de 2013

Reichskristallnacht

«Quería avanzar un poco en mi trabajo antes de volver a mis notas del diario. Pero entonces llegó una desgracia tras otra, puede decirse que la tragedia. Primero enfermedad, después accidente con el coche y después el affaire de los tiros de Grünspan, la persecución, desde entonces la angustia por emigrar». Quien así escribe el 22 de noviembre de 1938 es Víctor Klemperer, excusándose con su diario por haber estado semanas sin hacer su habitual anotación. «Elaffaire de los tiros de Grünspan…». Klemperer, judío, el célebre profesor de Filología de Dresde, escribiría años después el imprescindible libro sobre el lenguaje del nazismo «Lingua Tertii Imperium» (LTI). Sus diarios, desde 1933 a 1945, son un impresionante documento de la inverosímil supervivencia de un intelectual judío bajo el régimen hitleriano. Se refería Klemperer en su anotación del 22 de noviembre a Herschel Feibel Grynszpan o Grünspan. Era el joven judío que había acudido a la Embajada alemana en París aquel aciago 7 de noviembre, solicitando ver a un diplomático y disparando cinco veces a Ernst vom Rath, que había salido a atenderle. Grynszpan lo hizo en plena ofuscación, tras saber que su familia de origen polaco había sido deportada por las autoridades alemanas.
Trágica decisión de venganza fue la de Grynszpan. Porque le costó la vida al joven diplomático, que murió dos días más tarde. Porque habría de costar muchas más vidas. Y porque a la postre aquel arrebato puso en marcha la más brutal y cínica represalia masiva tomada por un Estado europeo en pleno siglo XX contra parte de su propia población. Fue la más calculada y organizada de las «reacciones espontáneas» imaginables. De terribles efectos. La indignación por el «crimen judío» contra el diplomático alemán fue agitada por la prensa desde el primer momento. Pero fue al saberse, en la tarde del día 9, de la muerte de Vom Rath cuando Hitler y su ministro de propaganda Joseph Goebbels tomaban las riendas.
Hitler y Goebbels se hallaban en Munich con toda la cúpula del régimen, conmemorando el frustrado golpe de Estado de 1923, el «Putsch de la cervecería» por el que Hitler y Rudolf Hess cumplieron condena. Aquel intento de golpe de Estado y los años que el Führer había pasado en el penal bávaro de Landsberg, donde escribió su obra «Mein Kampf», formaban parte de la épica hitleriana y del Partido Nacional Socialista Obrero Alemán (NSDAP). Goebbels escribió en su diario el 10 de noviembre: «Ayer: llego a la recepción del partido en el viejo ayuntamiento. Tremendo el ambiente. Le explico al Führer la situación. Decide: que sigan las manifestaciones. Retirar a la policía. Que los judíos sientan la ira del pueblo. Así debe ser. Doy órdenes de inmediato a policía y partido. Después hablo ante toda la dirección. Aplausos tempestuosos. Todos se lanzan a los teléfonos. Ahora va a actuar el pueblo. Escribo una breve circular en la que digo qué se debe hacer y qué no. Ya están las tropas de asalto cumpliendo. Aviso en Berlín (...) que hay que demoler la sinagoga de la calle Fasanen. Me responde: Un encargo de gran honor».
Por entonces anochecía. Comenzaba en toda Alemania la pesadilla en una inmensa orgía nacional de incendios y muertes, asaltos, apaleamientos y las más terribles humillaciones a la población judía del Tercer Reich. Habría de ser recordada como la Reichskristallnacht, la noche de los cristales rotos. O también, con un nombre menos equívoco, el Novemberpogrom. El 9 de noviembre, hoy, se cumplen 75 años de aquella conversación de Hitler con Goebbels en Múnich, en la que se decretó y organizó en horas el mayor pogromo de la historia. En la milenaria historia de la persecución de los judíos hubo pogromos más sangrientos. Pero ninguno de estas dimensiones, en todo el Reich, simultáneo en Graz y Danzig, en Stuttgart y Breslau, en Viena, Berlín y Hamburgo. El balance de muertos se situó, de forma aleatoria, en 91, porque muchos de los judíos detenidos aquella noche «para su protección» murieron en palizas en días siguientes. Y miles de judíos se suicidaron en las semanas siguientes, en el pánico y la desesperación de no poder salir del país por no conseguir un visado de un país de acogida. Otros muchos acabaron sus vidas en los campos de concentración y exterminio. Las sinagogas destruidas fueron cerca de 1.500 y los comercios, viviendas y demás propiedades judías asaltadas y parcial o totalmente destruidas, muchos miles. Pero las trágicas consecuencias de aquella noche van más allá de los daños de aquel salvajismo y la crueldad sádica desplegada.
Muchos historiadores ven en esta noche el punto de no retorno del régimen hitleriano en el proyecto genocida que llevaría al Holocausto. Dicen que fue la última oportunidad real de las élites alemanas para haber evitado guerra, crimen y hundimiento. Para haber derrocado al criminal y sus huestes. Y haber salvado el honor propio y de la patria. Pero también fue la última ocasión del mundo exterior para hacer un frente común contra Hitler. Y para salvar a muchos judíos. No fue así. En pocas semanas emigraron tantos judíos como en los cinco años anteriores. Pero los que no lo hicieron fue porque no consiguieron visado a ninguna parte. Y si los judíos temblaban por su vida, el pueblo alemán se hundía en su complicidad con los criminales que lo gobernaban. Como decía una nota de la policía de la ciudad de Innsbruck «para evitar más disturbios se hallan detenidos por su propio bien muchos judíos. La voluntad del Gobierno del Reich de resolver el urgente problema de estos huéspedes indeseables por medios legales, evitará que sean necesarios nuevos excesos». Atiéndase el lenguaje, la LTI que Klemperer estudió. Todos los diques de la ley, el respeto, el pudor y la compasión cayeron uno tras otro y por este orden en aquellas horas, tal día como hoy en 1938. Mil millones de marcos del imperio habrían de pagar las comunidades judías por los daños ocasionados. Desde aquella noche, nadie podía llamarse a engaño sobre la naturaleza criminal, amoral e inhumana del régimen. No es cierto que la mayoría de los alemanes participara en aquella inmensa orgía de violencia y sádica crueldad. Pero sí lo es que fueron muy pocos los que se atrevieron a defender a sus vecinos judíos. La sociedad alemana asistió así con pasividad a la consumación en su seno de una monstruosidad bárbara que todos hasta entonces habrían considerado impensable en aquella gran nación de cultura. Y confirmó tristemente la sentencia de Edmund Burke: «Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada».
Hermann Tertsch
Félix velasco - Blog

domingo, 3 de noviembre de 2013

Derecho a decidir

dresde, febrero 1945
Casi todo el mundo sabe que Checoslovaquia se disolvió en diciembre de 1992, tres años después de la caída del régimen comunista. Lo que casi nadie sabe es que Checoslovaquia tiene dos fechas de nacimiento. Una es la oficial, el 28 de octubre de 1918, cuando este nuevo Estado europeo, con su flamante primer presidente, el filósofo Thomas Garrigue Masaryk, surgía de parte de los despojos del Imperio AustroHúngaro, colapsado bajo la derrota de la Gran Guerra. La otra fecha de la creación de Checoslovaquia es quizás la real, el 17 de mayo de 1915, cuando emigrantes checos y eslovacos se reunían en Cleveland, estado de Ohio, para acordar la creación de un Estado común tras una guerra. Tenían que lograr que la guerra supusiera el fin del Imperio y gracias a EE.UU., un estado eslavoliberado del yugo de germanos y húngaros.
Lo mismo sucedió en los Balcanes, donde bajo hegemonía de Serbia, los eslavos del sur (yug) debían unirse en un paneslavismo meridional de la Yugoslavia. Fue el presidente norteamericano Woodrow Wilson, que había decidido en 1917 entrar en la guerra, el gran patrón del derecho a decidir de los pueblos en Europa. Y ese llamamiento de Wilson a la autodeterminación de los pueblos en Europa con sus célebres y fatídicos «Catorce puntos» fue la hoja de ruta en Versalles y Trianon. Allí se crearon mil agravios más de los que resolvía, se crearon fronteras sin criterio y se sembraron todas las condiciones para que, pocos años después, Europa estallara en pedazos y quedara paralizada por el terror y anegada en sangre.
Crisis existencial
La primera crisis existencial les llegó a los estados artificiales tan sólo veinte años después. Para entonces, de los postrados estados germánicos herederos de los Imperios centrales, había surgido una potencia temible. Era la Alemania nazi que ya había anexionado por la fuerza Austria, en un alarde del derecho a decidir de las masas austriacas que con las tropas alemanas acabaron con las leyes y la existencia misma del Estado austriaco. Poco después adquirían su derecho a decidir las masas alemanas en los Sudetes y acababan con Checoslovaquia. A finales de octubre, las tropas alemanas convertían la actual Chequia, Bohemia y Moravia, en un protectorado alemán. Y en Eslovaquia, Hitler otorgaba, según el anuncio oficial, su derecho a decidir a los eslovacos que aplaudían la creación de un Estado títere clerical fascista bajo el sacerdote Josef Tiso.
En Yugoslavia también se había producido una situación similar. Hitler alcanzó gran popularidad en Croacia al anunciar la destrucción de una monarquía yugoslava que muchos yugoslavos consideraban más opresora que el Imperio vienés. Así, Alemania garantizó a Croacia el derecho a decidir constituirse en un Estado fascista bajo la dirección del caudillo Ante Pavelic. Para entonces, en todos los rincones de Europa surgían, en esos estados previamente «autodeterminados», regímenes totalitarios que competían con la Alemania nazi en brutalidad y vocación criminal.
Después de la guerra, el comunismo paralizó la historia en Europa central y Oriental durante cuarenta años. Con el fin de esta otra ideología totalitaria y criminal, estallaron las diferencias. Y pronto lo hicieron con toda la violencia bélica en Yugoslavia.
Un fracaso
Ante el baño de sangre que ya había comenzado entre los eslavos del sur, en el centro de Europa, otros eslavos, checos y eslovacos, aterrados ante la posibilidad de un panorama parecido, no opusieron la más mínima resistencia a las primeras iniciativas de separación. Cuando parlamentarios eslovacos lo plantearon, los checos se precipitaron a aceptarlo. Y de repente, sin haberlo deseado realmente nadie, se vieron sin estado común. Hoy ya da lo mismo. Nos separan de aquel hecho dos décadas, lo que separaba la fundación del Estado de su desaparición bajo Hitler. Tiempo suficiente para saber que ni siquiera en aquel estado artificial surgido ya en el siglo XX y con meros 68 años de existencia, fue la división una conquista. Ni en aquel estado históricamente anecdótico frente a los grandes estados nacionales de Europa occidental, ni siquiera aquella división ideal fue algo más que un fracaso.
Hermann Tertsch
Félix Velasco - Blog

Preguntas y respuestas

La realidad de la vida es que tenemos que vivir sin respuesta a la mayoría de las preguntas.
Félix Velasco

El individuo masificado

El rasgo fundamental que caracteriza a las masas, es la indiferenciación de los individuos que la componen. El individuo-masificado sólo tiene una idea (que además no es suya) en el cerebro y muchos prejuicios emocionales en el corazón.
Félix Velasco

Emotividad y fanatismo

La emotividad desbocada, junto a un idealismo descontrolado, forman una combinación peligrosa llamada fanatismo.
Félix Velasco

domingo, 27 de octubre de 2013

Aprendiendo

“Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia
entre sostener una mano
y encadenar un alma;

Y uno aprende que el amor no significa acostarse,
y que una compañía no significa seguridad,
y uno empieza a aprender…

Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas,
y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta
y los ojos abiertos,
y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy,
porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para planes…
y los futuros tienen su forma de caerse por la mitad.

Y uno aprende que si es demasiado
hasta el calor del sol puede quemar.

Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma,
en lugar de que alguien le traiga flores.

Y uno aprende que realmente puede aguantar,
que uno es realmente fuerte,
que uno realmente vale,
y uno aprende y aprende… y así cada día.

Con el tiempo aprendes que estar con alguien
porque te ofrece un buen futuro,
significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado.

Con el tiempo comprendes que sólo quién es capaz
de amarte con tus defectos y sin pretender cambiarte
puede brindarte toda la felicidad.

Con el tiempo aprendes que si estás con una persona
sólo por acompañar tu soledad,
irremediablemente acabarás no deseando volver a verla.

Con el tiempo aprendes que los verdaderos amigos son contados
y quién no lucha por ellos, tarde o temprano,
se verá rodeado sólo de falsas amistades.

Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en momentos de ira
siguen hiriendo durante toda la vida.

Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace,
pero perdonar es atributo sólo de almas grandes.

Con el tiempo comprendes que si has herido a un amigo duramente
es muy probable que la amistad nunca sea igual.

Con el tiempo te das cuenta que aún siendo feliz con tus amigos,
lloras por aquellos que dejaste ir.

Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida,
con cada persona, es irrepetible.

Con el tiempo te das cuenta que el que humilla
o desprecia a un ser humano, tarde o temprano
sufrirá multiplicadas las mismas humillaciones o desprecios.

Con el tiempo aprendes a construir todos tus caminos en el hoy,
porque el sendero del mañana no existe.

Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas y forzarlas a que pasen
ocasiona que al final no sean como esperabas.

Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro,
sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante.

Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a tu lado,
añorarás a los que se marcharon.

Con el tiempo aprenderás a perdonar o pedir perdón,
decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas,
decir que quieres ser amigo, pues ante
una tumba, ya no tiene sentido.

Pero desafortunadamente, sólo con el tiempo…”
José Luis Borges
Félix Velasco - Blog

Contra el desamparo

En un país donde las cosas se hacen siempre contra alguien, hasta el elogio, parece que cuesta trabajo encontrarle un sentido a la manifestación convocada para hoy por las víctimas del terrorismo porque carece de una diana de la protesta, un sujeto concreto al que dirigirle los reproches. Que si el Tribunal de Estrasburgo por cargarse la doctrina Parot, que si el Gobierno por tibio, que si los socialistas por no haber modificado el Código Penal durante la larga hegemonía del felipismo. Y tal vez todo sea mucho más sencillo. Tal vez se trate sólo de pedir justicia.
La justicia no es una abstracción. Es una razón que ordena la convivencia y se expresa a través de las decisiones de un aparato administrativo. Cuando esa razón falla, y ha fallado de un modo clamoroso que irrita la sensibilidad de cualquier ser humano con principios, se produce una quiebra moral que debilita la confianza de la sociedad en su propio equilibrio. Eso es lo que ha ocurrido con la sentencia del Tribunal de Derechos Humanos, un veredicto garantista emitido desde una sideral lejanía con el dolor de una nación democrática atacada durante años por un designio de violencia y de sangre sin precedentes en la Europa moderna. La resolución jurídica, último trámite procesal de una larga cadena de desaciertos, imprevisiones, chapuzas, olvidos y enmiendas, ha provocado con su gélida falta de empatía emocional una fractura entre las garantías del derecho y sus objetivos de equidad, un desengaño trastornado que descompensa el concepto de reparación justa y deja a las víctimas de gravísimos crímenes sumidas en un pozo de frustración y desamparo. Los responsables de este estado de cosas son muchos porque muchos han sido los errores, pero el desconsuelo aflige de manera unilateral, unívoca, a los protagonistas del sufrimiento. Ofende a los muertos, humilla a sus familias y desprecia el esfuerzo de resistencia civil de un país entero que se enfrentó con nobleza a la agresión fortalecido por la certidumbre ética de hallarse en el lado correcto.
Cuando los asesinos sonríen y sus víctimas lloran es porque la ley ha naufragado en su obligación de proteger la integridad moral del sistema. Durante los años de plomo, las víctimas del terrorismo etarra aglutinaron su heroico sacrificio en un triple lema que confortó su desconsuelo como un fuego sagrado: memoria, dignidad y justicia. Hoy tienen, tenemos todos motivo de sobra para creer, con desazonador pesimismo, que la justicia ha fracasado. No se trata de desacatar nada; la protesta es, simplemente, contra el desistimiento, contra el conformismo, contra la resignación. Y a favor de nuestra propia autoestima cívica, de la cohesión que ha sostenido la conciencia democrática. Lo que importa, a estas alturas, ya no son tanto las condenas individuales de la cárcel como la pena colectiva del olvido.
Ignacio Camacho
Félix Velasco - Blog

Tres maneras de marginar a las víctimas

Hay tres maneras de marginar a las víctimas que se han vuelto a reproducir estos días con el debate sobre la sentencia de Estrasburgo y la convocatoria de la protesta de hoy. Las dos primeras son nauseabundas y la tercera es bienintencionada pero tiene también efectos negativos:
Primera: Acusar a las víctimas de deseos de venganza cuando exigen justicia. Esto, la equiparación de la justicia con la venganza lo hace el brazo político de ETA, esta semana, por ejemplo, y eso es esperable. Pero lo hace también, y esto es escandalaso, una parte de la izquierda, ahora y siempre (Recojo algunos ejemplos en mi libro Desmontando el progresismo)
Segunda: Acusar a las víctimas de falta de objetividad y de mesura para intervenir en los debates sobre terrorismo. Los autores de esta segunda estrategia son muchos y bastantes de ellos tienen el descaro de acompañarla con hipócritas palabras de solidaridad con las víctimas.
Tercera: Utilizar el argumento del apoyo a las víctimas para sostener posiciones antiterroristas como si la única razón para sostener tales posiciones fuera el apoyo a las víctimas. Esta tercera estrategia es la que más me preocupa, no sólo por lo extendida que está sino porque lo está entre demócratas realmente activistas contra el terrorismo. Pero que olvidan que ese activismo, por ejemplo, la protesta de hoy, debe estar fundado en las víctimas, sí, pero, sobre todo, en los principios democráticos que nos conciernen a todos. Porque, cuando de terrorismo se trata, víctimas somos todos. Y si restringimos nuestro activismo y nuestras posiciones antiterroristas al apoyo a las víctimas, no sólo las marginamos involuntariamente, sino que olvidamos que el terrorismo es enemigo de toda la sociedad democrática y no sólo de sus víctimas directas.
Edurne Uriarte
Félix Velasco - Blog

lunes, 21 de octubre de 2013

La matraca

Contra insistencia, resistencia. El secesionismo aventurero romperá antes la sociedad catalana que la nación española
Contra lo que piensa Rajoy, la matraca secesionista catalana no va a cambiar, o no sustancialmente, porque mejore la situación económica. El nacionalista no tiene otra meta ni otra prioridad que el nacionalismo: el proyecto de construir su propia nación, la fijación del destino manifiesto, constituye la energía que sostiene su esfuerzo. Y al tratarse de un sentimiento carece del contraste con la realidad que puede desgastar a una ideología. Por tanto, el Estado no puede esperar ya que baje la presión soberanista en un debate que sólo sirve para alimentarla; lo único que puede hacer a estas alturas frente a los iluminados del independentismo es cerrarles las puertas con la misma o mayor determinación con que ellos tratan de abrirlas. Contra la insistencia, resistencia.
Eso es lo que venía a sugerir aquí Jaime Mayor Oreja, un hombre que tiene el grave problema de acertar en sus profecías lúgubres. El tono jeremíaco de sus predicciones le perjudica en una sociedad acostumbrada a las terapias indoloras pero hay que reconocerle que a la larga siempre termina acertando por la sencilla razón de que ha dedicado su vida entera al antipático menester de combatir el nacionalismo. A base de hacerle frente de forma unívoca ha acabado por conocer mejor que nadie a su adversario. Aunque a veces da la impresión de equivocarse por exagerar la inflexión con tristeza derrotista, el tiempo acaba cargando de razón sus pesimistas diagnósticos. Cuesta trabajo dársela porque a nadie le gusta la salmodia de Casandra.
La realidad es que el problema catalán ha desbordado ya en importancia al de la recesión; tan cierto es que una mejoría socioeconómica puede aliviar las tensiones políticas como que el riesgo de amputación nacional compromete la propia estabilidad de la recuperación en ciernes. El proyecto rupturista es una amenaza de primer orden porque una nación no puede recobrarse de un colapso si se fractura. La obligación primordial del Estado es sostener su propia integridad, sin la cual carece de sentido todo empeño por hacerlo viable.
En 2014 el soberanismo va a alcanzar una tensión paroxística al amparo de la efemérides fundacional de su fantasmagoría. Tiene los recursos emocionales suficientes para elevar el ruido a límites imbatibles en un debate normalizado, y por tanto la única respuesta posible a esa escalada es la de asentar la cohesión de España como una premisa innegociable, disuasoria. Al sueño sentimental, mítico, de la independencia hay que ponerle el despertador de una realidad legal e institucional que disipe su quimera. Se trata de dejar claro que la secesión no es que no resulte desaconsejable, sino que es imposible. Y que insistir en ella sólo conduce al marasmo, al fracaso civil. Que es muy probable que ese aventurerismo desquiciado logre antes romper la sociedad catalana que la nación española.
Ignacio Camacho
Félix Velasco - Blog

domingo, 20 de octubre de 2013

Los políticos catalanes roban



  • Se apropian (roban) de la histórica bandera de Aragón como propia de ellos.
  • Se apropian (roban) de la corona de Aragón como si ellos hubieran sido un reino.
  • Se apropian (roban) de la familia Borgia valenciana y los dos papas valencianos.
  • Se apropian (roban) los escritores del siglo de oro de la lengua valenciana como si fueran catalanes.
  • Se apropian (roban) los archivos de la corona de Aragón y no los devuelven.
  • Se apropian (roban) los archivos del reino de Valencia y tampoco los devuelven pero si roban los de Salamanca.
  • Se apropian (roban) interminables obras de arte y cultura aragonesa, valenciana y mallorquina.
  • Se apropian (roban) la gastronomía de su alrededor, como paella valenciana, y mas comidas, ahora la llaman paella catalana.
  • Inventan un país catalán que nunca existió históricamente, incluyendo en el a Valencia, una franja de Aragón, Andorra, las islas Baleares, el sur de Francia, L’Alger y una zona de Murcia, llamándolo países catalanes, aparte de ser antihistórico y anticonstitucional nunca existió y el gobierno le permite hacer mapas sobre esa invención y falta a la verdad histórica al mas puro estilo “nazi”.
  • Manipulan y hacen creer que un dialecto del provenzal y el llemosí como es el dialecto del barceloní es un idioma llamado catalán y manipulan y se apropian del idioma mallorquín y valenciano llamándolos catalán (cuando el idioma valenciano en su siglo de oro ya tenia gramática y léxica y sus escritores firmaban diciendo que escribían en su lengua madre, la lengua valenciana al igual que los mallorquines, el catalán es oficial con gramática desde el año 1907, el valenciano le saca mas de 5 siglos como idioma), el primer diccionario encontrado de una lengua “romance” fue valenciano-latín, desgraciadamente el idioma valenciano aun que en el estatuto valenciano y en la constitución española es legal, los catalanes han conseguido borrarlo del mapa, también esta reconocido en Europa en el texto de la “Killilea Resolotuion”.
  • Boicotean las olimpiadas de Madrid.
  • Boicotean la copa América de Valencia.
  • Boicotean los vinos de la Rioja.
  • La Generalitad de Cataluña subvenciona con dinero publico el boicot a productos españoles en Cataluña, con la excusa que es para promocionar el idioma catalán, sin embargo se quejan del boicot de España a productos catalanes.
  • Boicotean a sus deportistas para que no jueguen en la selección española, el caso mas reciente fue Pau Gasol que dijo que no jugaría con una selección catalana, que el jugaría en la española, a recibido amenazas de muerte e insultos como “español de mierda”.
  • En su estatuto consiguen mas dinero destinado a Cataluña que ninguna otra comunidad, hasta el punto de triplicar y cuatriplicar los ingresos de las demás comunidades, pero ellos se niegan a pagar a España nada.
  • Siguen falsificando historia, como apropiarse de reyes cuando ellos solo fueron un condado y como dice el nombre solo podían aportar condes, se denominan corona y reino diciendo corona catalanoaragónesa, algo que no les corresponde históricamente y es una gran mentira, al igual que decir que repoblaron Valencia cuando es una falta a la verdad y a la historia.
  • Las ultimas mentiras para ver si hacen efecto con manipulación de años y años como si les han dado resultado en Valencia y Baleares es decir: que Colon era catalán y que Cervantes escribió el Quijote en catalán diciendo que los españoles le falsificaron el apellido se Saavedra y tenia uno catalán, esto esta subvencionado por el gobierno catalán en un documental.
  • Sus políticos pactaron con ETA para que atentaran en toda España menos en Cataluña.
  • Marginan a los estudiantes castellano parlantes de Cataluña con agresiones e insultos como “españoles de mierda” y tienen que denunciar al juzgado que no les dejan estudiar en la lengua de su país, la lengua castellana, aguantando presiones, insultos y discriminaciones.
  • Ponen en marcha una ley en Cataluña que multa económicamente a los comercios que escriban sus letreros en castellano.
  • Y no solo malversan el dinero de los españoles, también quieren apoderarse de una parte del territorio que es de todos, no de ellos solamente.
Y tan responsables son quienes roban como quienes les votan.
Félix Velasco - Blog

El violín del Titanic

Un violín que un músico estaba tocando cuando el Titanic se hundía ha sido vendido por 900.000 libras (algo más de un millones de euros) en una subasta este sábado, estableciendo así el récord de los objetos del malogrado transatlántico subastados hasta ahora.
El líder de la orquesta Wallace Hartley tocó el instrumento, intentando calmar a los pasajeros cuando el barco se hundía en las gélidas aguas del Atlántico Norte en abril de 1912 tras chocar con un iceber durante su primera travesía entre Southampton y Nueva York.
Tanto Hartley como los otros siete músicos de la banda fallecieron en el naufragio, ya que optaron por seguir tocando mientras el barco se hundía. En total, más de 1.500 personas murieron en la tragedia. Cuando el cadáver de Hartley fue encontrado más de diez días después del naufragio, el violín fue encontrado en una caja de cuero atada con una correa a él, según se cuenta.
El instrumento fue entregado a la prometida del músico, Maria Robinson, en Inglaterra, y después de que ésta muriera en 1939 fue donado a la banda del Ejército de Salvación local y posteriormente fue pasando hasta su actual propietario, cuya identidad no se ha revelado.
El violín, de fabricación alemana, cuenta con una placa de plata en la que está gravado "para Wallace con motivo de nuestro compromiso de María". El instrumento, que se vendía en su caja original con las siglas W.H.H, partía de un precio inicial de 300.000 libras, según ha explicado Chrissie Aldridge, de la casa de subastas Henry Aldridge and Son.
"Es un récord", ha declarado a Reuters tras la venta. Preguntada sobre quién ha comprado el violín, se ha limitado a señalar: "un coleccionista británico".
El violín fue descubierto de nuevo en 2006 y han sido necesarias numerosas pruebas forenses para confirmar su autenticidad. Sin embargo, todavía hay quien duda de que sea el auténtico, ya que considera que no podría haber sobrevivido después de haber estado sumergido en el mar.
Agencia Reuters
Félix Velasco - Blog

Libertad

Asumo plenamente mi derecho a defenderme, a rechazar la hostilidad ajena, a no ser tan correcto como quieren; asumo mi derecho a poner límites y barreras a algunas personas sin sentirme culpable. No he nacido para ser la víctima de nadie.

jueves, 17 de octubre de 2013

Mal de ojo

La gran diferencia entre ambas imágenes
Los problemas de la Generalidad de Cataluña son de tal envergadura que el caso Esther Quintana o la censura de la fotografía del torero Juan José Padilla son expedientes de tercera. En el caso de la primera, el juez de Barcelona que investiga el pelotazo de goma que le costó el ojo izquierdo a esta ciudadana, ha encargado que la Guardia Civil analice la escopeta del "mosso d'Esquadra" imputado. Los hechos tuvieron lugar en Barcelona durante la última huelga general, el 14 de noviembre del año pasado. La policía catalana siempre ha negado que la mutilación de Esther Quintana se debiera al disparo de una pelota de goma y el gobierno autonómico ha defendido esta versión en comisión parlamentaria. Pero análisis forenses, testimonios oculares (con perdón), informes periciales y toda clase de indicios implican a los agentes autonómicos en el desgraciado incidente.
Más allá de la crítica a la brutalidad policial (acusación genérica que afecta a todos los cuerpos policiales, sin distinción de uniformes, atribuciones y competencias), el que la Generalidad se niegue a reconocer unos hechos que implicarían la compensación económica del daño causado es lo que, según los abogados de las partes, se disputa en el juzgado. Nadie duda de lo que pasó. Esther Quintana estaba en una manifestación, se vio envuelta en los disturbios y un disparo le arrancó el ojo. Punto y final
No es en absoluto comparable con el caso del torero Juan José Padilla. Sólo hay dos coincidencias, ambos perdieron el mismo ojo y los dos están de actualidad en Cataluña. En el caso del torero, la brutalidad es política. CiU, el alcalde de CiU y los altos funcionarios al servicio de CiU y ERC, han vetado una fotografía de Daniel Ochoa de Olza -segundo premio en la categoría de retratos del World Press Photo- porque en ella aparece el torero tuerto. Esa imagen, el retrato de Padilla, iba a ser expuesta en banderolas, autobuses y carteles como promoción de la exposición fotográfica en un centro cultural de Barcelona hasta que pasó por el filtro de la censura convergente, al parecer obsesionada con los tuertos, con los parches o con sus miradas.
P. Planas
FVA Management - Blog
Félix Velasco

Votaciones

Mis sueños no caben en sus urnas.
Félix Velasco - Blog

Miopía

Estamos pagando las consecuencias de la avaricia política y miopía general del pueblo. Parece que los partidos políticos y sindicatos se han convirtiendo en clubs al servicio de intereses privados. No da la sensación de que pretendan mejorar el mundo, la sociedad y la vida de las personas. 
Militar en los partidos y sindicatos ha consistido, por los continuos escándalos que se van descubriendo, ocupar poltronas para llenar los bolsillos de determinados individuos y allegados. Sectas que no defienden el interés público, gobiernan las oligarquías regionales y se rinde pleitesía al pseudolider de turno. 
Los cargos, en vez de verse como compañeros se ven como rivales, que van dejando cadáveres políticos en la cuneta con tal de acumular algo más de poder. Mucho "peloteo" y arribismo, una cobardía moral escandalosa y un culto a la ideología que nos divide y avergüenza. Lo peor de todo es que los "tontos útiles" están felices de sucumbir al chantaje emocional al que son sometidos.
Félix Velasco

domingo, 13 de octubre de 2013

Bilingüismo

Quisiera proseguir la denuncia de algunas patrañas en torno al aprendizaje de lenguas extranjeras. Sin duda alguna, la patraña que mayor predicamento ha alcanzado en los últimos años es el llamado 'bilingüismo', nuevo banderín de enganche de la propaganda política, que prometiendo escuelas donde los niños salen convertidos en analfabetos en dos idiomas consigue allegar el voto de los padres, ingenuamente convencidos de que la educación bilingüe será el salvoconducto que asegure a sus hijos un futuro plácido. Decía Gracián que el hombre nace engañado y muere desengañado; pero nuestra época se destaca por conseguir mantenernos engañados hasta la muerte.
Existe un bilingüismo natural, que es el de quien tiene padres que hablan lenguas distintas, o el de quien vive en sociedades donde conviven varias. Quienes tienen la suerte de crecer en estos ambientes desarrollan, en efecto, un conocimiento parejo de varias lenguas, que ejercitan alternativamente, según el interlocutor o la actividad que desempeñen. Cosa muy distinta es el bilingüismo al que nos referimos, que consiste en meter con calzador en la escuela una serie de horas lectivas en un idioma extranjero para que los niños supuestamente aprendan a manejarse con él, tanto de forma oral como escrita. Este segundo bilingüismo, sin el apoyo del primero, me parece un completo disparate; y causa concurrente en el deterioro educativo que padecemos.
Habría que empezar significando que, salvo en casos excepcionales, el término 'bilingüismo' es un eufemismo que disfraza la intromisión abusiva de la lengua inglesa en la enseñanza, fruto de la admiración idolátrica y gilipollesca que nuestros politiquillos profesan a lo anglosajón (y, en especial, a lo yanqui) y de los intereses aviesos de la plutocracia internacional, que ha convertido el inglés en una especie de koiné o lengua franca universal que favorece -junto con unos conocimientos rudimentarios de informática- la creación de un nuevo proletariado (sin prole) al que puede desplazar geográficamente a su antojo, a cambio de cuatro monedillas. En contra de lo que la gente ingenuamente cree, en la inmensa mayoría de los trabajos el conocimiento del inglés es por completo innecesario: lo es, desde luego, en aquellos trabajos que no exigen comunicación internacional; y podría serlo, en gran medida, en aquellos que la exigen, a poco que los españoles nos hubiésemos esforzado en imponer nuestra lengua. Es comprensible que un holandés o un noruego requieran una lengua franca para manejarse en sus transacciones, porque las suyas son esotéricas e irrelevantes; pero resulta más incomprensible que la nación que llevó su lengua a todo un continente haya renunciado a imponerla en foros internacionales de forma tan lacayuna.
No entraremos a discutir si el aprendizaje del inglés mejora las posibilidades laborales de un joven: en algunos casos, sin duda, así será; en otros, sospecho que solo facilitará su explotación laboral y su desarraigo. Pero quisiera centrarme en otro aspecto siniestro del bilingüismo en la enseñanza, que ha convertido las aulas en un pandemónium grotesco, en donde los niños reciben clases en un idioma que no entienden, sobre disciplinas importantísimas que deberían explicarse en español. Un maestro de primaria en una escuela bilingüe me contaba el otro día las situaciones rocambolescas a las que le obliga su empleo: mientras en clase de inglés está enseñándole a los niños palabras tan elementales como los días de la semana (pues son niños que ni siquiera conocen la gramática española), en clase de Conocimiento del Medio (designación gilipollesca que sustituye a la más clásica de Ciencias Sociales y Naturales) tiene que hablarles en inglés sobre la formación de las montañas o el proceso de polinización de las plantas. Por supuesto, sus alumnos no entienden ni jota, por lo que este maestro tiene que emplear todas sus energías en dotarlos de un vocabulario previo que haga inteligibles sus explicaciones; inevitablemente, tales explicaciones serán siempre en un inglés rudimentario, con la consiguiente rebaja en el nivel de los contenidos. Al final del curso, sus alumnos no han aprendido nada de geografía ni de biología; y, en cambio, tienen la cabeza llena de palabros absurdos en inglés que olvidarán a los pocos meses, por falta de uso. De este modo, tales alumnos podrán llegar con el tiempo a chapurrear inglés, a la vez que serán unos perfectos indocumentados en las disciplinas que les enseñaron en esta lengua.
Y todo ello, por supuesto, mientras el conocimiento del propio idioma es cada vez más lastimoso. Así se forman sucesivas generaciones de analfabetos bilingües.
Juan Manuel de Prada,
Félix Velasco - Blog

Héroes de ayer y de hoy

Hoy querría hablarles de héroes. Conocí a los primeros en las historias que me contaban mis padres y mis abuelos, en los cuentos y en los tebeos. Eso incluía al Guerrero del Antifaz, al Capitán Trueno y al Jabato, y también aquellas historietas semanales, publicadas en México por la editorial Novaro, que todavía Javier Marías y yo intercambiamos con guiños cómplices: Batman, Superman, El Llanero Solitario, Roy Rogers, Gene Autry, Red Ryder, Hopalong Cassidy. Al mismo tiempo, con los primeros libros leídos, otra clase de héroes se fue asentando en mi imaginación. Fue el turno de los mitos clásicos o protagonistas de hechos históricos como Hércules, Aquiles, Ulises, Eneas, Jasón y sus compañeros, Leónidas, El Cid, Cortés, Pizarro, Blas de Lezo, Napoleón. A eso hay que añadir el cine, decisivo para una generación que, como la mía, asistió a los estrenos de Río Bravo, Ben-Hur o El día más largo, por citar sólo tres de innumerables películas espléndidas. Y así, poco a poco, las historias de hombres extraordinarios enfrentados a sucesos extraordinarios cedieron lugar a las de hombres ordinarios enfrentados a sucesos inquietantes, excesivos, peligrosos. Ordinarios, también. Fue la época fecunda de los libros, desde Moby Dick a James Bond, los detectives de Conan Doyle o Agatha Christie, los personajes de Stevenson, Verne, Cooper, Dumas o Kipling, y los marinos de Joseph Conrad. Viajes, intrigas y aventuras donde es fácil la identificación del lector ávido con los personajes zarandeados por el azar, el peligro, el amor, la guerra. Otra clase de héroe se asentó a partir de entonces en mi imaginación. Ojo de Halcón, Rupert de Hentzau, fueron los primeros, entre otros, que me hicieron asomar al lado oscuro del héroe. Al ángulo turbio de la vida.
Dijo el coronel Lawrence -yo ignoraba, al leerlo, que un día tocaría con mis manos los restos de los trenes volados por él en el desierto- que todos los seres humanos sueñan, pero no del mismo modo. Y es cierto. Yo tuve mi modo: me eché la mochila a la espalda y fui a la isla de los piratas en busca de héroes, intentando hacerlos míos. Confirmar su existencia. Tuve suerte, porque los conocí. A todos. De algunos, incluso, fui y sigo siendo amigo. Descubrí que su existencia era real, y no imaginación de escritores o guionistas. Volví con sus historias en la mochila, y eso hago ahora: contarlas a mi manera. Pero en el viaje hasta ellos descubrí importantes modificaciones en la imagen del héroe original. Ningún rastro hallé -ignoro si fui infortunado o afortunado en eso- de los héroes primeros de corazón puro. Dicho en clásico, conocí a menos Héctores que Ulises. Y así comprendí, también, que tiene poco mérito ser héroe a la vista del mundo y de la Historia. Que eso lo puede ser cualquiera, puesto por el azar en el sitio adecuado. Que lo difícil, lo heroico, es ser Odiseo peleando solo, enfrentado al dolor, al fracaso, intentando volver a casa con sangre en las uñas y la memoria, sin otras armas que la astucia y el valor, en un paisaje hostil y bajo un cielo sin dioses.
Por eso los héroes de mis novelas son como son. Corazones -en alusión melvilliana- hechos de húmedos y goteantes noviembres. Héroes cansados. Y, lo más paradójico de todo es que descubrí, al caminar hasta ellos, que no hace falta viajar a la isla de los piratas para encontrarlos; quizá porque en esa isla, que está aquí mismo, vivimos todos. Puede que ese largo y azaroso viaje que en otro tiempo hice me sirviera para comprender. Para reconocerlos. Para saber, como sé ahora, que no hace falta embarcarse en el Arabella con el capitán Blood, ni alistarse en la legión con los hermanos Geste, o arponear ballenas con el joven Ismael. A menudo, para conocer a un héroe, hombre o mujer, basta con acercarse al bar de la esquina, pedir un café y observar en torno. Caminar por la ciudad atento a los rostros, a las miradas, a la manera de situarse, también aquí, bajo un cielo del que los dioses emigraron hace tiempo, dejándonos la fría y dura soledad del hombre moderno, o del que siempre hemos sido. Quizá, si esos muchachos que buscan en un juego de ordenador o en una película de vampiros a los héroes de hoy estudiasen la expresión de su padre cuando, derrotado, vuelve a casa tras verse rechazado para un trabajo, la de su madre reventada tras lidiar afuera y adentro con la vida, la del hermano mayor que hace la maleta para jugársela lejos, allí donde consiga un trabajo y un salario dignos, comprenderían que los héroes no han muerto, sino que siguen vivos, muy cerca. Entre nosotros. Esperando una palabra de reconocimiento y el afecto de una sonrisa.
Arturo Pérez-Reverte
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sábado, 5 de octubre de 2013

Rendición incondicional

Desde que el Profesor Alexis Grohmann reunió mis artículos sobre cuestiones de la lengua en el volumen Lección pasada de moda, abandoné la vieja costumbre de anotar disparates y sandeces que oía en televisión o leía en la prensa o –más grave– en libros, tanto escritos en castellano como vertidos de otros idiomas. Pensé que era tarea infinita y que además no servía de nada. Me rendí ante la inevitable disgregación del español, su deterioro imparable, su cada vez más veloz conversión en un mejunje del que cada cual saca lo que se le antoja y allá se las compongan los oyentes o lectores: éstos, mientras puedan, habrán de hacer sus traducciones del pseudoespañol reinante: “Ah”, piensa uno, “habrá querido decir esto otro”, al oír o leer una frase o expresión que en sí mismas carecen de sentido. Llegará un día en el que los que aún utilizamos una lengua no del todo emborronada y falsa, por fin no entenderemos lo que quieren decir los nu­merosísimos hablantes de la “pseudo”, y entonces la comunicación desaparecerá, o se hará conjetural y muy tenue; los equívocos se multiplicarán y an­daremos todos a tientas, como intérpretes con conocimientos ru­dimentarios de la jerga que escuchamos. No es ajena a esta situación –lamento decirlo– la Real Academia Española a la que pertenezco. Ella no puede ni debe impedir que la gente se exprese como le venga en gana ni que efectúe, con el uso, cuantas modificaciones decida en lo que respecta al léxico, e incluso a la gramática y la sintaxis. Pero si, acobardada y temerosa de parecer “elitista” o “autoritaria”, admite incontables barbaridades “porque los hablantes las emplean”, los está invitando a seguir con ellas y a “inventar” diez mil más al año. Quienes consultan el Diccionario no se fijan en si hay una marca tras cada vocablo, menos aún en si indica “vulgar” o “desaconsejable”. Sólo reparan en que el vocablo o la expresión en cuestión “están en el DRAE”, y por lo tanto sancionados por él como correctos.
Aunque he abandonado esa costumbre, no me resisto a consignar unas pocas locuras apuntadas antes de mi rendición. Como todos sabemos, los informativos de TVE son una verdadera escuela de trituración de la lengua, no creo que haya otra institución que haya hecho tanto para destruirla. Y es en ese medio en el que he oído cosas que provocarían gran risa si no fueran reflejo de ese machacamiento insaciable. “Hay quien lo verá todo obtuso”, aventuró un locutor, que quizá pasó de “negro” u “oscuro”, y de ahí, tranquilamente, a ponernos ante un panorama en verdad de lo más obtuso. Otra locutora sentenció: “Hace tiempo que ese matrimonio rompe aguas”, con lo cual nos comunicó –aunque ella no se enterara– que a los dos cónyuges hacía mucho que se les había roto a la vez la bolsa que envuelve a un feto, y se les derramaba por la vagina el líquido amniótico. Y una reportera de este diario (que también ha contribuido lo suyo) escribió: “En el ecuador de sus 85 años, Elmore Leonard …” Ahora que este novelista ha fallecido, me pregunto en qué “ecuador” estará, para la avezada reportera. En fin, otros se tomarán la molestia de seguir anotando, yo he izado bandera blanca.
Pero hay otra cuestión. Cada vez es más frecuente que personas supuestamente cultas, con carrera y con cargos de responsabilidad –representantes nuestros–, suelten burradas dignas de gañanes, o de los gañanes más patanes. Tengo anotada esta perla de Inés Alberdi (10 de marzo de 2012), que entre otras cosas fue –atención– Directora del Fondo de Naciones Unidas para la Mujer, esto es, tuvo un cargo internacional: “Los libros antiguos decían: ‘Dios creó al hombre en siete días’, pero se puede decir ‘la especie humana’. En la lengua hay posibilidades de hacer un uso menos sexista”. Analicemos tan breve cita: 1) Lo que para ella son “los libros antiguos”, así, a voleo, me temo que es exactamente la Biblia, o el Génesis si se prefiere. 2) Según las lecturas de Alberdi, a Dios le costó un huevo de tiempo crear al hombre o a la ‘especie humana’, tanto da: lo mismo que asegura la Biblia que le llevó crear el mundo entero (“y al séptimo descansó”, ya saben). Si creemos a Alberdi, no se entiende cómo es que salimos tan defectuosos, con lo que hubo de sudar ese Dios torpe. 3) A “los libros antiguos” hay que echarles la bronca, por no haber hecho “un uso menos sexista” de la lengua, así que –se sobreentiende– conviene que los alteremos.
Que yo sepa, para ser barrendero, guarda forestal, bombero o policía, hay que superar unas oposiciones en las que se demuestre un mínimo de cultura elemental, además de conocimientos relacionados con esos oficios. No se puede ser analfabeto para ejercerlos, y eso que en principio ningún miembro de esos cuerpos va a tener que hablar nunca en público, y menos en las Naciones Unidas. Tampoco va a tomar decisiones (estará siempre a las órdenes de superiores) ni va a manejar o a repartir dinero de los contribuyentes. Para ocupar cargos representativos, en cambio, a nadie se le hace un examen de mera cultura general, sólo sea para que no nos saque los colores. La disgregación de la lengua no tiene remedio, y al fin y al cabo los hablantes hacen con ella lo que quieren. La ignorancia sí lo tiene, o al menos no conviene premiar, por sistema, con prebendas, consejerías, actas de diputado, corresponsalías, alcaldías, ministerios y hasta Presidencias de Gobierno a los ignorantes supinos; como es la norma en España.
Javier Marías
Félix Velasco - Blog

jueves, 3 de octubre de 2013

Consumidores de ideologías

La prepotencia y la arrogancia unidas a una apariencia de gran seguridad e invulnerabilidad, han generado a lo largo de la Historia individuos que se han olvidado de quienes son realmente, buscando siempre el logro ideológico por encima del bien común. De ahí que la mayoría de los adictos pertenecen a este tipo de sujetos, que deben "consumir" constantemente, ya sea discursos, banderas o propaganda, para sostener algo que no son y que muchas veces el entorno en el que se relacionan les pide que sean.
Félix Velasco - Blog

miércoles, 2 de octubre de 2013

Creerse diferente

A lo largo de la Historia la ingratitud, la soberbia y la envidia han sido las características de las personas y de los pueblos que se negaron a vivir con sus hermanos creyéndose "diferentes" o "superiores".
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Paranoicos emocionales

Con palabras y banderas es fácil contagiar de soberbia emocional a los ilusos, haciéndoles creer que son "distintos" a sus semejantes, esa paranoia acaba siempre en suicidio colectivo.
Félix Velasco