jueves, 26 de enero de 2017

Hipogresía


Las dos varas de medir existen. Pero no que una esté en centímetros y otra en pulgadas, no. Depende su uso de quién o qué se quiera medir. Por ejemplo, para la defensa y exaltación de nuestra hermosísima lengua castellana, hablada «en ambos hemisferios», como decía la Constitución de Cádiz, por 700 millones de españoles y que le echa un pulso, y pronto se lo ganará, al inglés y al chino. Verán.

Por lo visto, aquí todo el que tiene Internet visita diariamente no la página del «Marca», para ver cómo va el Real Madrid; ni la de ABC, para enterarse de las últimas noticias; ni el buscador de Google para hallar respuesta a mil cuestiones de utilidad o capricho. No. Aquí en España, todo el que tiene Internet visita diariamente la página oficial de la Casa Blanca. Vamos, yo es que hasta que no visito la página de la Casa Blanca es que me parece que no he comenzado el día, como si no me hubiera tomado mi café y mi tostada con aceite, me falta algo. Y, de pronto, miles de españoles que diariamente visitaban la web de la Casa Blanca, tras la toma de posesión del que tiene nombre de Pato Donald, luce la corbata de los ejecutivos del Banco de Santander y no se abrocha la chaqueta ni aunque se lo mande el médico, resulta que le daban a la pestaña que te ofrecía la versión en lengua española y el chisme le mostraba un educadísimo aviso: «Sorry, the page you’re looking for can’t be found». ¡Para qué salió el aviso! Se hundió el mundo, como si todos fuésemos diarios y asiduos visitantes de www.whitehouse.gov. Tomose entonces la vara de medir, y como este Trump es un facha de mucho cuidado que ha cortado los fondos federales para practicar abortos en el extranjero, y ha bajado los impuestos a la clase media, porque el dinero tiene que estar en el bolsillo de los consumidores y no en las ventanillas recaudadoras de Hacienda, pues no se pueden imaginar la que le han liado al hombre que tuvo el atrevimiento de ser elegido por los americanos presidente. ¡Leña al mono hasta que hable español en la web de la Casa Blanca!
Y va a hablarlo. Ya el portavoz de la Casa Blanca se ha apresurado a decir que ese sitio de Internet está de reformas, y que en menos que se persigna un cura loco volverá la famosa pestaña de la versión en la lengua que, por cierto, hablan 57 millones de americanos, de California a Florida. Y el Gobierno de España, claro, como defiende tanto nuestra lengua dentro de su propio territorio nacional ante los separatistas que la prohíben, pues ha protestado con más razón que nadie. Por boca de los ministros de Educación y de Asuntos Exteriores ha lamentado la desaparición del español en ese visitadísimo (¡por aquí!) sitio de Internet. Y si no han pedido la retirada del embajador de los Estados Unidos es porque el que había, como era de Obama, ya se fue, harto el hombre de dar festolines y de hacer sociedad en Madrid.
Yo a esto le llamo hiprogresía. El sistema métrico de las dos varas de medir. Protestamos porque la web de la Casa Blanca no esté en español y no porque no puedan hablarlo en la escuela los niños catalanes. Protestamos porque la web de la Casa Blanca no esté en español y no porque la Generalidad le arree una multa que lo avíe al comerciante que ponga el rótulo de su tienda en la lengua de Cervantes o de su Instituto, tan preocupado por la defensa del español... fuera de Cataluña, de las Vascongadas, del Reino de Valencia o de Galicia. Protestamos porque la web de la Casa Blanca no esté en español y no porque vayas a Palma de Mallorca y no encuentres una sola señal de circulación en español. Protestamos porque la web de la Casa Blanca no esté en español y no porque la Generalidad se pase por la fregona que Puigdemont lleva en la cabeza las sentencias del Supremo sobre el español como «lengua vehicular» (qué cursilada) en los colegios. Hombre, si por lo menos el que hubiese suprimido el español en la dichosa web hubiese sido Obama...
Antonio Burgos
Félix Velasco - Blog

lunes, 23 de enero de 2017

Guerra


El odio es una emoción simplista que se hace atractiva a cierto tipo de mentes y corazones, inmaduros y fáciles de embaucar. Es el rechazo a la razón, la cordura y al sentido común. Acaba por convertir a la masa en carne de cañón, sacrificada en aras de intereses que no son los suyos.
Félix Velasco - Blog

domingo, 15 de enero de 2017

sábado, 7 de enero de 2017

La vida es corta: conócete

    Decía Alejandro Magno que “Conocerse a uno mismo es la tarea más difícil porque pone en juego directamente nuestra racionalidad, pero también nuestros miedos y pasiones. Si uno consigue conocerse a fondo a sí mismo, sabrá comprender a los demás y la realidad que lo rodea”. 
    Afirmamos que la vida es corta, que pasa en un suspiro y que cuando nos damos cuenta, estamos ya viviendo más de los recuerdos que de lo que acontece a nuestro alrededor.
    Y la verdad, es que más que temer a esa fugacidad de nuestra existencia, lo que de verdad asusta no son los errores, ni las caídas, ni aún menos las veces que nos hemos perdido en el camino. Lo que aterra, es una vida no vivida, o más aún, haber dejado que nuestros días se fueran ajustados a los planes y sueños de segundas personas.
    Félix Velasco - Blog

martes, 3 de enero de 2017

El mundo es de los mediocres


Llevo semanas leyendo una biografía de Stalin. Voy despacio, no solo porque es voluminosa (cerca de ochocientas páginas), sino porque lo que cuenta es tan aterradoramente inverosímil que a veces tengo que releer varias veces de pura perplejidad. No hablaré aquí de los veinte a cuarenta millones de víctimas que se le atribuyen. Tampoco de cómo con él se cumple, inexorable, ese refrán que dice que de «buenas intenciones está empedrado el camino del infierno». ¿Sabían, por ejemplo, que la colectivización, es decir, su programa para optimizar la producción agrícola reemplazando las granjas de propiedad individual por koljoses comunales, provocó tal hambruna que los campesinos desesperados devoraban los cadáveres de sus hijos muertos de inanición? Descuiden, no voy a arruinarles la mañana de domingo con estas u otras atrocidades, sino que me gustaría reflexionar sobre esta curiosa frase del tío Josif, como a él le gustaba que lo llamasen: «El mundo es de los mediocres», aseguraba, y lo hacía con conocimiento de causa. «Mediocre y oscuro», así lo definió Trotsky al poco de conocerlo, sin sospechar que a no mucho andar Stalin lograría no solo eclipsar su rutilante estrella, sino hacer que palideciera también al astro rey de la revolución, el mismísimo Lenin. ¿Cómo un hombre poco elocuente, con una inteligencia rústica y cerrado acento georgiano logró abrirse paso entre camaradas mucho más brillantes que él y convertirse en uno de los hombres más poderosos y temidos de la Tierra? Precisamente por una para él venturosa conjunción de mediocridad y crueldad a partes iguales. Mediocridad para, en el comienzo de su andadura política, no levantar suspicacias. Una muy útil grisura que le permitió infiltrarse en las esferas dominantes hasta situarse, para asombro de todos, a la par de Lenin. Y crueldad para, primero, convertirse en imprescindible ocupándose del trabajo sucio y, más adelante, una vez alcanzado el poder, utilizándola como implacable arma política hasta hacer tristemente cierta esa otra frase suya que seguro conocen: «Una muerte es una tragedia, pero un millón de muertes es solo estadística». Siempre me han fascinado los mediocres. ¿Qué especial talento tienen para estar siempre en el lugar adecuado en el momento preciso? ¿Cómo consiguen alcanzar metas más elevadas que otras personas más inteligentes, más preparadas, más interesantes? Observando casos notables como el de Stalin pueden sacarse algunas conclusiones. A diferencia de los brillantes, que inevitablemente levantan envidias y recelo, los mediocres vuelan bajo el radar y poco a poco procuran hacerse imprescindibles. Incansables pelotas, los mediocres son tenaces, y cuentan con otra poderosa arma, su propio resentimiento, motor tanto o más útil que el entusiasmo, el idealismo, la inteligencia incluso. Los mediocres no serían tan peligrosos si, una vez alcanzada su meta, dejaran de pensar como mediocres. Pero no, cuando tienen éxito, y para proteger la situación que tanto les ha costado alcanzar y que tan grande les queda, se vuelven despóticos, dan órdenes absurdas, caprichosas, injustas. ¿De quién se rodea un mediocre cuando está arriba? Obviamente no de personas que puedan hacerle sombra. Por eso en su corte celestial abundan los necios, los tontos útiles y, por supuesto, más mediocres. Otra de sus tácticas es, puesto que no pueden hacerse admirar, hacerse temer. Y bien que lo logran practicando el «divide y vencerás», la arbitrariedad y hasta la crueldad más refinada. Paradójicamente, y por fortuna, la vida a veces se toma sus curiosas revanchas. En el caso de Stalin, por ejemplo, era tal el pavor que inspiraba que, al final de sus días, la parca le tenía reservada una sorpresa. Una noche le sobrevino un ataque cerebrovascular. Durante casi cuarenta y ocho horas estuvo agonizando sobre sus propios orines y excrementos sin que nadie se atreviera a abrir su puerta. Cuando por fin lo hicieron, los médicos no querían tocarlo siquiera (meses atrás había mandado fusilar a su galeno de cabecera). Su agonía se alargó durante días. No podía hablar ni mover un músculo, pero sí ver la cara de satisfacción de sus herederos políticos rodeando su cama. Un fin a la medida de tan cruel mediocre.
Carmen Posadas
Félix Velasco - Blog