lunes, 11 de noviembre de 2013

¡Si llueve, que llueva!

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"Actitud es una expresión externa de un sentimiento interno.
Actitud es el ser avanzado de nuestros verdaderos egos.
Actitud es la raíz interna que produce los frutos externos.
Actitud es nuestro mejor amigo o nuestro peor adversario.
Actitud es más honesta y más consistente que nuestras palabras.
Actitud es la mirada externa basada en nuestras experiencias pasadas.
Actitud es lo que atrae gente a nosotros o las que los expulsa.
Actitud nunca está contenta hasta que se expresa.
Actitud es la biblioteca de nuestro pasado, el comunicador de nuestro presente y el profeta de nuestro futuro.
La buena noticia es que podemos decidir que actitud tener."
John C Maxwell
Félix Velasco - Blog

domingo, 10 de noviembre de 2013

Diez mentiras del nacionalismo catalán

Diez mentiras del nacionalismo catalán
1- Existe un sustrato étnico catalán
Catalanistas como Prat de la Riba o el historiador Ferran Soldevila, insistían en un sustrato ibérico que compondría el fundamento étnico del pueblo catalán. Pero el historiador Vicens Vives afirma en su «Noticia de Catalunya», publicado en catalán durante el franquismo: «Somos fruto de diversas levaduras y una buena parte del país pertenece a una biología y a una cultura de mestizaje. No remontándonos más allá de la época carolingia sabemos que el núcleo de nuestra población campesina la formaban los «homines undenque vinientes», es decir, «los hombres que venían de cualquier parte».
2-El mal de Cataluña es el centralismo madrileño
Barcelona fue una de las sedes de la Corte de los Reyes Católicos o la ciudad de España donde más cómodo se sintió Carlos I. En ella recibió el título de Emperador. El Arzobispado de Tarragona obtuvo el título de Primado de las Españas y aún lo mantiene compartido con el Primado de Toledo. La construcción de un Estado jacobino en el siglo XIX impidió que el Estado español se forjara al estilo francés. La ausencia de una administración fuerte permitió que Cataluña dedicara sus esfuerzos a enriquecerse e intentar liderar el Gobierno español.
3- Cataluña fue una «nación» gracias a la negativa de Borrell II de rendir pleitesía al rey franco Hugo Capeto
El imperio Carolingio se desmoronaba y le costaba mantener su influencia sobre los Condes de Barcelona. Sin embargo, el Conde Borrell II no proclamó la independencia sino que se sometió en vasallaje al Califato de Córdoba, regido por Alhaquem. Su sucesor, Almanzor, arrasó media Península y de paso Barcelona. Borrell II, atemorizado, pidió ayuda a Hugo Capeto. Debían encontrarse ambos personajes para que Borrell II le rindiera vasallaje, pero ese encuentro nunca se produjo. Los nacionalistas interpretan que aquello fue un acto de independencia. Pero nadie sabe lo que pasó. Los Condes catalanes no tuvieron reparo en casar su descendencia con la aristocracia y la realeza castellana.
4- La Generalitat es originalmente catalana
La Generalitat fue una institución provisional de la Corona de Aragón, instituida en las Cortes de Monzón en 1289. En el Palacio de la Generalitat se puede ver una placa que anuncia que se fundó en Cervera en 1359. Este desfase en el tiempo se refiere a unos acuerdos sobre la composición (provisional) de la Generalitat, concebida como mero órgano recaudador de impuestos. La constitución política de la Generalitat se debe al primer Trastámara que ocupó la Corona de Aragón: Fernando I. Los Trastámara llegaron a ser algo en el Reino de Castilla gracias a los apoyos de Pedro IV de Aragón.
5- Cataluña ha tenido una espiritualidad diferente
El centro espiritual de Cataluña rara vez fue independiente. Gracias a los Reyes Católicos, Montserrat pasó a depender del Monasterio de San Benito el Real de Valladolid, llegando a florecer como nunca. Durante cuatro siglos, hasta las persecuciones del siglo XIX, Montserrat estuvo llevada por mayoritariamente por monjes castellanos. El más famoso fue García Ximénez de Cisneros (hermano del famoso Cardenal) que ahí redactó «El exercitatorio de la vida espiritual».
6- Los catalanes no participaron en la Conquista y el «genocidio» americano
Algunos nacionalistas se empeñan en que sólo gracias a los catalanes se pudo iniciar la conquista de América; otros se quejan de que no se dejó participar a los catalanes. Cataluña participó, a su ritmo, en la conquista de América. Desde el batallón de voluntarios catalanes que participaron en el descubrimiento de California, al Tercio de Miñones catalanes que defendió Buenos Aires del intento de invasión inglesa, hay miles de ejemplos.
7- «Nación» catalana nada tiene que ver con «nación» española
En los dietarios de la ciudad de Barcelona, se recogía en 1492 las celebraciones «más grandes jamás vistas» con motivo de la toma de Granada, en la que participaron numerosos catalanes. En la sublevación de las Alpujarras miles de catalanes participaron en su sofoco. De ellos Don Juan de Austria dijo que eran «los súbditos más leales del Rey de España». La participación catalana fue clave en la Batalla de Lepanto o en el dominio hispano del Mediterráneo. De los 400 primeros legionarios de Millán Astray, 200 provenían de Barcelona; en 1909, Alfonso XIII pidió varias letras para el himno de España al catalán Eduardo Marquina; durante la Guerra de Melilla en 1893, en la que participaron muchos voluntarios catalanes, hubo en Cataluña fervor españolista.
8- Castilla oprimió la lengua catalana y el nacionalismo la salvó
La mayoría de disposiciones legales contra el catalán emanaron de miembros de la masonería. Para ellos el castellano debía ser la lengua modernizadora a imagen del francés que había liquidado buena parte las lenguas que se hablaban en Francia. La lista es inequívoca: el Conde de Aranda, el Conde de Floridablanca, Manuel Godoy, Manuel José Quintana, Mendizábal, Claudio Moyano, OŽDonell, Sagasta o Romanones. No fue Castilla, sino una elite ilustrada, liberal y de izquierdas la que fue generando leyes y decretos para minimizar las otras lenguas españolas. Por el contrario, el falso «renacimiento» del catalán, se logró con la práctica «invención» de una gramática a manos de Pompeyo Fabra.
9- Companys fue un modelo para todos los catalanistas
La memoria histórica de Companys se ha salvado por su trágica muerte que le convirtió en un mártir para los catalanistas. Sin embargo, fue uno de los personajes (en vida) más odiado por los catalanistas más radicales. Un diputado de ERC, durante la II República, Puig y Ferreter, lo define así: «Companys era pequeño, voluble, caprichoso, inseguro y fluctuante, sin ningún pensamiento político, intrigante y sobornador, con pequeños egoísmos de vanidoso y sin escrúpulos para ascender». Otro diputado de ERC, Joan Solé Pla, lo describía así: «Es un enfermo mental, un anormal excitable y con depresiones cíclicas; tiene fobias violentas de envidia y de grandeza violenta». En 1917, al ser elegido concejal por Barcelona, del Partido Radical, Companys obligó al catalanista Carrasco y Formiguera, también elegido concejal a gritar un «Viva España».
10- El fin del catalanismo radical ha sido siempre la independencia
En el primer número de «Alerta», órgano del grupo terrorista Terra Lliure, se dejaba claro que la independencia no era un fin en sí misma, sino un instrumento para construir un Estado socialista. La caída del muro de Berlín borró de un plumazo este hito socialista y la independencia dejó de ser un medio para convertirse en un fin.
Javier Barraycoa (Barcelona, 1963)
en su libro «Cataluña Hispana»
Félix Velasco - Blog

Saber rodearse de personas

Para crecer como individuos, ademas de nuestro propio esfuerzo, necesitamos rodearnos de individuos cultos, inteligentes, abiertos, creativos y cosmopolitas.
Félix Velasco

Reacción de la masa

La reacción ante un estimulo de todos los individuos que conforman una masa es uniforme, perdiéndose el criterio individual y el ejercicio de la libertad personal.
Félix Velasco

Fracaso del socialismo.

Lo que marca el fracaso del socialismo no es la caída del Muro de Berlín en 1989, sino su construcción en 1961.
Félix Velasco

sábado, 9 de noviembre de 2013

Reichskristallnacht

«Quería avanzar un poco en mi trabajo antes de volver a mis notas del diario. Pero entonces llegó una desgracia tras otra, puede decirse que la tragedia. Primero enfermedad, después accidente con el coche y después el affaire de los tiros de Grünspan, la persecución, desde entonces la angustia por emigrar». Quien así escribe el 22 de noviembre de 1938 es Víctor Klemperer, excusándose con su diario por haber estado semanas sin hacer su habitual anotación. «Elaffaire de los tiros de Grünspan…». Klemperer, judío, el célebre profesor de Filología de Dresde, escribiría años después el imprescindible libro sobre el lenguaje del nazismo «Lingua Tertii Imperium» (LTI). Sus diarios, desde 1933 a 1945, son un impresionante documento de la inverosímil supervivencia de un intelectual judío bajo el régimen hitleriano. Se refería Klemperer en su anotación del 22 de noviembre a Herschel Feibel Grynszpan o Grünspan. Era el joven judío que había acudido a la Embajada alemana en París aquel aciago 7 de noviembre, solicitando ver a un diplomático y disparando cinco veces a Ernst vom Rath, que había salido a atenderle. Grynszpan lo hizo en plena ofuscación, tras saber que su familia de origen polaco había sido deportada por las autoridades alemanas.
Trágica decisión de venganza fue la de Grynszpan. Porque le costó la vida al joven diplomático, que murió dos días más tarde. Porque habría de costar muchas más vidas. Y porque a la postre aquel arrebato puso en marcha la más brutal y cínica represalia masiva tomada por un Estado europeo en pleno siglo XX contra parte de su propia población. Fue la más calculada y organizada de las «reacciones espontáneas» imaginables. De terribles efectos. La indignación por el «crimen judío» contra el diplomático alemán fue agitada por la prensa desde el primer momento. Pero fue al saberse, en la tarde del día 9, de la muerte de Vom Rath cuando Hitler y su ministro de propaganda Joseph Goebbels tomaban las riendas.
Hitler y Goebbels se hallaban en Munich con toda la cúpula del régimen, conmemorando el frustrado golpe de Estado de 1923, el «Putsch de la cervecería» por el que Hitler y Rudolf Hess cumplieron condena. Aquel intento de golpe de Estado y los años que el Führer había pasado en el penal bávaro de Landsberg, donde escribió su obra «Mein Kampf», formaban parte de la épica hitleriana y del Partido Nacional Socialista Obrero Alemán (NSDAP). Goebbels escribió en su diario el 10 de noviembre: «Ayer: llego a la recepción del partido en el viejo ayuntamiento. Tremendo el ambiente. Le explico al Führer la situación. Decide: que sigan las manifestaciones. Retirar a la policía. Que los judíos sientan la ira del pueblo. Así debe ser. Doy órdenes de inmediato a policía y partido. Después hablo ante toda la dirección. Aplausos tempestuosos. Todos se lanzan a los teléfonos. Ahora va a actuar el pueblo. Escribo una breve circular en la que digo qué se debe hacer y qué no. Ya están las tropas de asalto cumpliendo. Aviso en Berlín (...) que hay que demoler la sinagoga de la calle Fasanen. Me responde: Un encargo de gran honor».
Por entonces anochecía. Comenzaba en toda Alemania la pesadilla en una inmensa orgía nacional de incendios y muertes, asaltos, apaleamientos y las más terribles humillaciones a la población judía del Tercer Reich. Habría de ser recordada como la Reichskristallnacht, la noche de los cristales rotos. O también, con un nombre menos equívoco, el Novemberpogrom. El 9 de noviembre, hoy, se cumplen 75 años de aquella conversación de Hitler con Goebbels en Múnich, en la que se decretó y organizó en horas el mayor pogromo de la historia. En la milenaria historia de la persecución de los judíos hubo pogromos más sangrientos. Pero ninguno de estas dimensiones, en todo el Reich, simultáneo en Graz y Danzig, en Stuttgart y Breslau, en Viena, Berlín y Hamburgo. El balance de muertos se situó, de forma aleatoria, en 91, porque muchos de los judíos detenidos aquella noche «para su protección» murieron en palizas en días siguientes. Y miles de judíos se suicidaron en las semanas siguientes, en el pánico y la desesperación de no poder salir del país por no conseguir un visado de un país de acogida. Otros muchos acabaron sus vidas en los campos de concentración y exterminio. Las sinagogas destruidas fueron cerca de 1.500 y los comercios, viviendas y demás propiedades judías asaltadas y parcial o totalmente destruidas, muchos miles. Pero las trágicas consecuencias de aquella noche van más allá de los daños de aquel salvajismo y la crueldad sádica desplegada.
Muchos historiadores ven en esta noche el punto de no retorno del régimen hitleriano en el proyecto genocida que llevaría al Holocausto. Dicen que fue la última oportunidad real de las élites alemanas para haber evitado guerra, crimen y hundimiento. Para haber derrocado al criminal y sus huestes. Y haber salvado el honor propio y de la patria. Pero también fue la última ocasión del mundo exterior para hacer un frente común contra Hitler. Y para salvar a muchos judíos. No fue así. En pocas semanas emigraron tantos judíos como en los cinco años anteriores. Pero los que no lo hicieron fue porque no consiguieron visado a ninguna parte. Y si los judíos temblaban por su vida, el pueblo alemán se hundía en su complicidad con los criminales que lo gobernaban. Como decía una nota de la policía de la ciudad de Innsbruck «para evitar más disturbios se hallan detenidos por su propio bien muchos judíos. La voluntad del Gobierno del Reich de resolver el urgente problema de estos huéspedes indeseables por medios legales, evitará que sean necesarios nuevos excesos». Atiéndase el lenguaje, la LTI que Klemperer estudió. Todos los diques de la ley, el respeto, el pudor y la compasión cayeron uno tras otro y por este orden en aquellas horas, tal día como hoy en 1938. Mil millones de marcos del imperio habrían de pagar las comunidades judías por los daños ocasionados. Desde aquella noche, nadie podía llamarse a engaño sobre la naturaleza criminal, amoral e inhumana del régimen. No es cierto que la mayoría de los alemanes participara en aquella inmensa orgía de violencia y sádica crueldad. Pero sí lo es que fueron muy pocos los que se atrevieron a defender a sus vecinos judíos. La sociedad alemana asistió así con pasividad a la consumación en su seno de una monstruosidad bárbara que todos hasta entonces habrían considerado impensable en aquella gran nación de cultura. Y confirmó tristemente la sentencia de Edmund Burke: «Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada».
Hermann Tertsch
Félix velasco - Blog

domingo, 3 de noviembre de 2013

Derecho a decidir

dresde, febrero 1945
Casi todo el mundo sabe que Checoslovaquia se disolvió en diciembre de 1992, tres años después de la caída del régimen comunista. Lo que casi nadie sabe es que Checoslovaquia tiene dos fechas de nacimiento. Una es la oficial, el 28 de octubre de 1918, cuando este nuevo Estado europeo, con su flamante primer presidente, el filósofo Thomas Garrigue Masaryk, surgía de parte de los despojos del Imperio AustroHúngaro, colapsado bajo la derrota de la Gran Guerra. La otra fecha de la creación de Checoslovaquia es quizás la real, el 17 de mayo de 1915, cuando emigrantes checos y eslovacos se reunían en Cleveland, estado de Ohio, para acordar la creación de un Estado común tras una guerra. Tenían que lograr que la guerra supusiera el fin del Imperio y gracias a EE.UU., un estado eslavoliberado del yugo de germanos y húngaros.
Lo mismo sucedió en los Balcanes, donde bajo hegemonía de Serbia, los eslavos del sur (yug) debían unirse en un paneslavismo meridional de la Yugoslavia. Fue el presidente norteamericano Woodrow Wilson, que había decidido en 1917 entrar en la guerra, el gran patrón del derecho a decidir de los pueblos en Europa. Y ese llamamiento de Wilson a la autodeterminación de los pueblos en Europa con sus célebres y fatídicos «Catorce puntos» fue la hoja de ruta en Versalles y Trianon. Allí se crearon mil agravios más de los que resolvía, se crearon fronteras sin criterio y se sembraron todas las condiciones para que, pocos años después, Europa estallara en pedazos y quedara paralizada por el terror y anegada en sangre.
Crisis existencial
La primera crisis existencial les llegó a los estados artificiales tan sólo veinte años después. Para entonces, de los postrados estados germánicos herederos de los Imperios centrales, había surgido una potencia temible. Era la Alemania nazi que ya había anexionado por la fuerza Austria, en un alarde del derecho a decidir de las masas austriacas que con las tropas alemanas acabaron con las leyes y la existencia misma del Estado austriaco. Poco después adquirían su derecho a decidir las masas alemanas en los Sudetes y acababan con Checoslovaquia. A finales de octubre, las tropas alemanas convertían la actual Chequia, Bohemia y Moravia, en un protectorado alemán. Y en Eslovaquia, Hitler otorgaba, según el anuncio oficial, su derecho a decidir a los eslovacos que aplaudían la creación de un Estado títere clerical fascista bajo el sacerdote Josef Tiso.
En Yugoslavia también se había producido una situación similar. Hitler alcanzó gran popularidad en Croacia al anunciar la destrucción de una monarquía yugoslava que muchos yugoslavos consideraban más opresora que el Imperio vienés. Así, Alemania garantizó a Croacia el derecho a decidir constituirse en un Estado fascista bajo la dirección del caudillo Ante Pavelic. Para entonces, en todos los rincones de Europa surgían, en esos estados previamente «autodeterminados», regímenes totalitarios que competían con la Alemania nazi en brutalidad y vocación criminal.
Después de la guerra, el comunismo paralizó la historia en Europa central y Oriental durante cuarenta años. Con el fin de esta otra ideología totalitaria y criminal, estallaron las diferencias. Y pronto lo hicieron con toda la violencia bélica en Yugoslavia.
Un fracaso
Ante el baño de sangre que ya había comenzado entre los eslavos del sur, en el centro de Europa, otros eslavos, checos y eslovacos, aterrados ante la posibilidad de un panorama parecido, no opusieron la más mínima resistencia a las primeras iniciativas de separación. Cuando parlamentarios eslovacos lo plantearon, los checos se precipitaron a aceptarlo. Y de repente, sin haberlo deseado realmente nadie, se vieron sin estado común. Hoy ya da lo mismo. Nos separan de aquel hecho dos décadas, lo que separaba la fundación del Estado de su desaparición bajo Hitler. Tiempo suficiente para saber que ni siquiera en aquel estado artificial surgido ya en el siglo XX y con meros 68 años de existencia, fue la división una conquista. Ni en aquel estado históricamente anecdótico frente a los grandes estados nacionales de Europa occidental, ni siquiera aquella división ideal fue algo más que un fracaso.
Hermann Tertsch
Félix Velasco - Blog

Preguntas y respuestas

La realidad de la vida es que tenemos que vivir sin respuesta a la mayoría de las preguntas.
Félix Velasco

El individuo masificado

El rasgo fundamental que caracteriza a las masas, es la indiferenciación de los individuos que la componen. El individuo-masificado sólo tiene una idea (que además no es suya) en el cerebro y muchos prejuicios emocionales en el corazón.
Félix Velasco

Emotividad y fanatismo

La emotividad desbocada, junto a un idealismo descontrolado, forman una combinación peligrosa llamada fanatismo.
Félix Velasco