jueves, 13 de febrero de 2014

La olla a presión

PP y PSOE son corresponsables de haber arruinado a la clase media trabajadora que levantó España
España es en este momento una gigantesca olla a presión cuya válvula de escape ha perdido progresivamente holgura hasta quedar prácticamente obturada. Es decir, un artefacto susceptible de estallar en cualquier momento. Desde que pinchó la burbuja sobre la que se había sostenido artificialmente el «milagro español» no hemos cesado de añadir leña al fuego que calienta el caldero. Mejor dicho, no han perdido una sola ocasión de elevar la temperatura quienes tienen en sus manos los instrumentos necesarios para aliviar la tensión. Y la cosa ha llegado a un punto de ebullición peligroso.
España se ha empobrecido de la noche a la mañana con más rapidez aún de la que se dio en pasar de ser una nación austera, de gentes honradas y laboriosas, a darse aires de nueva rica. Este naufragio colectivo, velocísimo, devastador, ha dejado en la cuneta a millones de personas, privadas brutalmente de futuro y de esperanza al mismo tiempo que asisten, atónitas, al destape obsceno de la corrupción protagonizada por los responsables de su situación. Un espectáculo tanto más impúdico cuanto que los escándalos se suceden, las cantidades robadas se multiplican, los personajes implicados se sitúan en el mismo vértice de la pirámide, sin que se produzca un solo escarmiento digno de tal nombre ni se devuelva un euro sustraído a las arcas comunes. Y esta impunidad encabrita al respetable hasta lo indecible.
Apenas nos enteramos de la mitad de la mitad, lo que percibimos es la punta de un iceberg de putrefacción que corroe hasta los cimientos del sistema que rige nuestra convivencia, e incluso ese pequeño atisbo resulta ya intolerable.
Súmense al latrocinio de lo público políticas fiscales profundamente injustas e ineficaces, que inducen al fraude y cargan buena parte del peso del Estado en los trabajadores por cuenta ajena; políticas educativas que desincentivan el esfuerzo individual y en muchos casos proporcionan una formación deficiente; políticas laborales que gravan el empleo con costes altísimos y simultáneamente basan la competitividad exclusivamente en una mano de obra barata; una cultura del trabajo desordenada e improductiva, con horarios demenciales, promociones arbitrarias y retribuciones mal repartidas; políticas industriales que convierten la energía en un producto de lujo por sus precios exorbitantes… y se habrán juntado todos los elementos de la tormenta perfecta.
¿Cómo no van a hundirse PP y PSOE en las encuestas? Ellos dos tuvieron en sus manos el poder en la época de las vacas gordas y, lejos de gestionarlo con honradez y previsión, se valieron de él para engordar sus maquinarias y los bolsillos de muchos de sus dirigentes, a la vez que nutrían generosamente a sus amigos y benefactores. Ellos dos, con la ayuda de sindicatos corruptos y especuladores rapaces, que no empresarios, son corresponsables de haber arruinado a la clase media trabajadora que levantó este país después de la guerra y lo llevó, con su esfuerzo, a entrar por méritos propios en la Unión Europea. Ellos dos, con sus «aparatos» opacos y su culto a la obediencia sumisa, han ido vaciando de significado la palabra «democracia» y reduciendo el espacio de la libertad hasta acorralarla. Ellos dos han ido cediendo parcelas de nuestra soberanía a los separatistas a cambio de apoyos coyunturales. Ellos dos han elevado la mentira a la categoría de «argumento» político tan «respetable» como cualquier otro, a base de utilizarla sistemáticamente.
Han hundido los barcos y escupido en la honra. La ciudadanía ya no traga más.
Isabel San Sebastián
Félix Velasco - Blog

sábado, 8 de febrero de 2014

El beso de dos océanos

En el Golfo de Alaska dos océanos se juntan; pero no se mezclan entre sí, esto ocurre porque una de las dos masas de agua tiene mucha agua dulce procedente de los glaciares, mientras que la otra masa de agua tiene un mayor porcentaje de sal, haciendo que las masas de agua tengan densidades diferentes (y posiblemente diferente temperatura) y por lo tanto esto hace que sea más difícil la mezcla de las dos.
Félix Velasco

miércoles, 5 de febrero de 2014

Equilibrio racional y emocional

Cuando debemos tomar decisiones rápidas, nuestra mente lógica tiende a focalizarse en los detalles que le llaman la atención. Sin embargo, nuestro inconsciente realiza un rápido periplo por nuestras experiencias, conocimientos y emociones anteriores y extrae una conclusión que se expresa a través de lo que denominamos corazonada o intuición. El inconsciente emocional es mucho más rápido, pero no infalible.
Nuestra mente lógica necesita tiempo para pensar. El proceso de análisis, acumulación de datos, comparación y generalización consume un tiempo del que no siempre podemos disponer para encontrar la mejor solución a plazo corto. Por eso cuando lo tenemos, aplicar la lógica y la razón, nos permite llegar a la esencia del problema y nos brinda una decisión mejor, tampoco infalible, pero con mayor posibilidad de acierto.
El exceso de "rapidez acelerada" con que vivimos, nos obliga a tomar un mayor número de decisiones emocionales sin evaluación racional.
El equilibrio que deberíamos mantener entre una y otra no es ya proporcional, ni en cantidad ni en importancia de "peso" para nuestro futuro. Y hemos convertido la emocionalidad en visceralidad política, económica, deportiva, periodística,... que nos ha llevado a la situación en la que nos encontramos: un fanatismo en el que se confunde opinión con criterio.
Félix Velasco

domingo, 2 de febrero de 2014

Por qué la bandera tricolor de la República «constituyó un grave error»

Por qué la bandera tricolor de la República «constituyó un grave error»
En el Congreso de los Diputados se conserva esta bandera bicolor de la milicia de Cabezas de Buey de 1813.
En este país, al que algunos nos empeñamos en seguir llamando España, se produce un fenómeno tan significativo como sorprendente: unsímbolo que debería ser común, la bandera de España, se ha convertido en bandería entre los que exhiben con orgullo la rojigualda (derechistas) y los que exhiben la tricolor republicana (izquierdistas).
España es un viejo país, pero a diferencia de todas las naciones (incluso las más modernas), las manifestaciones denominadas «progresistas» se hacen bajo las banderas de los partidos, de las Comunidades Autónomas (aunque algunas inventadas ayer mismo)… o, en el mejor de los casos, con la tricolor republicana.
Así, exhibir la rojigualda resultaría «cosa de derechas»… no de todos los españoles. Al respecto, desde el exilio, un español escribió:
«La cuestión de la bandera es uno de los motivos que estúpidamente dividen a los españoles y que tiene su origen en la conducta mezquinamente partidaria de nuestros políticos.»
»El cambio de la Bandera hecho por la República constituyó un grave error:»
»1º.-Porque no respondía a una aspiración nacional ni siquiera popular. La Bandera Republicana era desconocida por la inmensa mayoría de los españoles.»
»2º.-Porque se reemplazaba una bandera nacional por una bandera partidaria y con ello se dividía a España.»
»3º.-Porque no era necesario y consecuentemente solo podía producir complicaciones como ha sucedido.»
»La bandera (rojigualda) que teníamos los españoles no era monárquica sino nacional. La bandera de los Borbones fue blanca; la bandera real era un guión morado.»
»En cambio la bandera bicolor como enseña nacional fue creada por las Cortes españolas en plena efusión de liberalismo, constitucionalismo y democracia. Se tomaron colores españoles que venía usando tradicionalmente la Marina de guerra que dieron tono a los guiones reales de los Reyes Católicos (rojo) y de Carlos I (amarillo); que eran también los colores de una enseña tradicional en Aragón, Cataluña y Valencia.»
»El pueblo no anhelaba incorporar a la bandera el color morado de Castilla. No podía anhelarlo porque la masa del pueblo español ignoraba que el morado fuese el color de Castilla (...).»
»Los republicanos de la 1ª República quisieron introducir su bandera partidaria y crearon la bandera llamada republicana. Esta no llegó a tener estado oficial y ni siquiera se popularizó. Nació, según Castelar (último Presidente de la I República), en la Universidad de Barcelona, fundiendo tres colores de tres facultades. No pudo pues tener esa bandera un origen más arbitrario. Por eso no llegó a ser bandera oficial, ni nacional, ni popular. Los primeros republicanos, más sensatos que los segundos, no impusieron el cambio.»
»Ni inconmovible, ni imperdurable ni eterna es la bandera tricolor porque no ha nacido del pueblo sino de una minoría sectaria.»
»No crearon pues un símbolo nacional que ya estaba creado con ese carácter sino uno de lucha partidario, haciendo prevalecer a las ideas de Nación y Patria las de República.»
»Hoy los españoles están divididos en torno a dos banderas: tal es el fruto de aquel error (...).»
»Hay un manifiesto artificio. La injusticia de las persecuciones nada tiene que ver con los colores de la bandera de España. Algunos se apoderaron del grito de ¡Viva España! y se colgaron en sitio bien visible un crucifijo para proceder en nombre de Dios y no por eso los españoles debemos dejar de gritar ¡Viva España! ni los que sean católicos o sean protestantes deben renegar de la moral cristiana.»
Nuestros progres tildarán este texto de reaccionario o incluso fascistoide. Les aclararé quien es el autor: el que fuera Jefe de Estado Mayor del Ejército Popular de la República, condecorado con la Placa Laureada de Madrid (máxima distinción militar otorgada únicamente en cuatro ocasiones). Se trata del Teniente General Vicente Rojo. Un hombre honrado. Un militar ejemplar. Un español orgulloso de serlo y que en este artículo reflejó no solo su sentimiento sino su conocimiento de la realidad histórica.
Recordemos que la Constitución gaditana de 1812 (ese revolucionario texto que estableció la soberanía nacional, la igualdad entre los españoles y los principios básicos del Estado moderno) creó una unidad cívica para defenderla: la Milicia Nacional.
Constitución de Cádiz
Pues bien, la bandera de esa Milicia Nacional fue la rojiguada, 23 años antes que la estableciera el Decreto de Isabel II. Esa fue también la bandera nacional de la I República presidida, entre otros, por dos ilustres catalanes, Pi i Margall y Estanislao Figueras. Y con esa bandera se envolvió a su muerte el cuerpo de su tercer Presidente, Nicolás Salmerón… uno de los responsables, ¡¡lo que son las cosas!!, de Solidaridad Catalana.
Rojo recuerda el discurso de Azaña como ministro de la Guerra
El hecho nacional tiene un fuerte componente sentimental, incluso irracional. Así, sentimos como propios hechos ajenos tales como las victorias de Alonso en automovilismo (aunque no sepamos conducir) o de la «roja» (aunque no nos guste el fútbol).
No tengo un criterio idolátrico de la enseña nacional. Pero todas las sociedades precisan de símbolos de unión. Y por ello envidio profundamente el respeto que, por ejemplo, en el sur de Estados Unidos se tiene por su bandera (la de la barra y estrellas)… a la que sus antepasados combatieron en la terrible Guerra de Secesión.
Asombra el grado de analfabetismo histórico, de sectarismo primario, de ceguera política de nuestros próceres que estúpidamente acomplejados desde 1975 por nuestra historia, bandera e himno, también tiraron por la borda los criterios básicos de comunidad civil: la educación, la lengua y la bandera. Pero «con la bandera del color morado se efectuó la represión de Octubre de 1934. La bandera rojigualda es la bandera de España y España no son los reaccionarios», afirmó Santiago Carrillo el 23/4/77, Secretario General del PC, partido que fue el gran referente antifranquista (en realidad el único operativo).
El nacionalismo disgregador, digámoslo claramente, el separatismo, se fundamenta sobre tres pilares: «escuela, lengua y bandera». Palabras de Jordi Pujol de hace 30 años, no proféticas sino programáticas. Y de las que nadie se enteró o quiso enterarse.
Y, ¿qué quieren que les diga?, yo, como Azaña, como Vicente Rojo, como Juan Martín «el Empecinado», como Estanislao Figueres, como Unamuno, como Prieto y Besteiro, como tantos otros olvidados o no leídos, pienso y creo en una sociedad con todos, en una familia común que me empecino en seguir llamando España.
Y cuya bandera, no de la Monarquía ni de los reaccionarios, sino de los españoles, es la rojigualda.
Rojo: Liberal, católico y patriota
Vicente Rojo recibe el encargo de defender Madrid en 1936, cuando las tropas franquistas iban a tomar la ciudad. Su éxito le hizo cobrar cada vez mayor relevancia. Católico, liberal y patriota, mantuvo su lealtad a la República, a pesar de que, como recuerda Jorge Martínez Reverte, no le gustaban nada los desórdenes. Belchite, Brunete, la Batalla del Ebro, son lugares donde demostró su genio militar. Pronto probó, sin embargo, las fricciones con los nacionalismos. El presidente José Antonio Aguirre se empeñó, contra su criterio, en mandar el ejército en el País Vasco. La Generalitat permitía a la CNT en Aragón hacer lo que le diera la gana. Para Rojo, profesional y patriota, eso minaba el esfuerzo de guerra.
En 1939 se exilia, primero en Francia y después en Buenos Aires y Bolivia. De Argentina saldrá en 1943, envuelto en el ostracismo del exilio español, después del escándalo que causaron sus críticas del papel de los nacionalistas, cuando Aguirre llegaba a Buenos Aires. Una oferta boliviana en 1943 le permite enseñar en la Cátedra de Historia Militar en Cochabamba (de este periodo es el texto que reseñamos).
Enfermo, regresa a España, donde es condenado a cadena perpetua, interdicción civil e inhabilitación absoluta. Recibe un indulto para el primer cargo, pero se le mantienen los otros dos. Hasta 1966, año de su muerte, vive en Madrid, escribiendo en esa «muerte civil» a que Franco le había condenado.
Javier Nart
Félix Velasco - Blog

Inglaterra redescubre una ciudad oculta construida para protegerse de Hitler


 Foto: DailyMail




El Reino Unido ha redescubierto una ciudad bajo tierra oculta en Ramsgate, a 120 kilómetros de Londres: casi 5 kilómetros de laberintos y refugios subterráneos, con su propio hospital y orquesta, construidos en víspera de la Segunda Guerra Mundial.
Una apacible ciudad costera del condado de Kent (sureste de Inglaterra) esconde en su subsuelo un polvoriento laberinto olvidado pero con una extraordinaria historia.
Esta red de túneles era una metrópolis subterránea en la que muchas personas vivieron durante meses sin ver la luz del día para protegerse de los bombarderos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. La ciudad bajo tierra albergó cantinas, una barbería e incluso un hospital. Y, como pueden imaginar, una gran cantidad de letrinas
Los vecinos de Ramsgate llevaron sus pertinencias a la ciudad subterránea y construyeron ahí sus modestas viviendas tras mantas y cortinas, a 60 metros bajo tierra.
Gwendoline Langridge, entonces una niña de 12 años de edad, recuerda: "Cada día era una aventura. Hicimos un montón de amigos y encontramos maneras de divertirnos".
Algunos funcionarios del Gobierno eran contrarios a la construcción de este tipo de túneles, esgrimiendo que iban a minar la moral en tiempos de guerra. Pero como Ramsgate ya había sido bombardeada durante la Primera Guerra Mundial y el enfrentamiento con Alemania parecía probable, el alcalde, Arthur Kempe, estaba convencido de que Ramsgate, situada a solo 30 kilómetros del continente, pronto volvería a estar en la línea de fuego
Durante tres años el Ministerio del Interior británico rechazó el proyecto de Kempe, pero este finalmente se salió con la suya con el apoyo del parlamentario 'tory' Harold Balfour y de John Anderson, amigo suyo y jefe de la defensa antiaérea del Reino Unido.
Los trabajos de construcción empezaron en 1939 y terminaron a los pocos meses. Las obras, llevadas a cabo por una empresa local de construcción, costaron la modesta suma de 40.000 libras esterlinas (60 000 dólares).
Al estallar la guerra, Kempe evacuó a otras regiones del país a más de 3.000 niños, muchos de los cuales (los de familias humildes) tuvieron que regresar al cabo de poco tiempo, convirtiéndose en testigos de la primera 'guerra relámpago' que se libraba en la orilla opuesta del canal de la Mancha.
Al llegar los tiempos de paz, la red subterránea al completo fue sellada. Aparte de un proyecto para reconvertirla en un búnker durante la Guerra Fría, los túneles cayeron en el olvido.
Félix Velasco

El estrafalario Lobo de Wall Street

Para los que entendemos poco de técnica cinematográfica, Martin Scorsese es una suerte de genio. Y tengo entendido que para los que entienden, también. Dispone de endemoniada facilidad para encontrar la velocidad exacta del relato, vertiginosa, sin descanso, trepidante, magistral; cosa en la que supongo tiene mucho que ver su inseparable montadora Thelma Schoonmaker. Ambos demuestran pericia sin límites en la última entrega de tres horas de metraje candidata a todos los premios posibles de la Academia de Hollywood: El Lobo de Wall Street, recientemente estrenada en España.
Vista la cinta, la gamberra y descarnada cinta que relata la vida de Jordan Belfort, a uno le asalta la duda de si todo fue así o de si narrador y realizador se han dejado llevar por la caricatura y la exageración. De ser escrupulosamente cierta la historia, habrá que reconocer que los noventa -y lo que le cuelga- han sido un tiempo de piratas, y que muchos de ellos han llegado hasta nuestros días con absoluta impunidad. Más allá de las consideraciones morales que despierten los años desaforados y enloquecidos de capitalismo de barra libre, la película de Scorsese consigue enfrentarnos a varias incomodidades: el espectador medio acaba sintiéndose molesto, a disgusto, desapacible ante el derroche de desenfreno de una época que permitió todas las irreverencias posibles y todos los robos contemplables. Más allá de ello, evidentemente, está el arte, la capacidad para irritarnos o entusiasmarnos que tienen los creadores como Scorsese, que no creo que hayan venido al mundo a dar lecciones de moral ni a sentar las bases del buen salvaje. Vamos, estoy convencido de que todo eso al realizador neoyorquino le importa un carajo. Entre él y Terence Winter, quien ha adaptado el libro autobiográfico de Belfort redondeando un guion que no desmerece sus trabajos sublimes en Boardwalk Empire o en Los Soprano, nos atropellan en una frenética y febril sucesión de barbaridades en las que no hay tiempo para sentimentalismos. Aquí, como les digo, es el salto sin descanso de una obscenidad a otra el que se encarga de salpicarnos los ojos de sorpresa, indignación, risa, incredulidad o enojo. Todo es cierto, pasó ante nosotros y las autoridades no fueron capaces de evitarlo antes de que en 2008 reventara el sistema.
No se trata, está claro, de rasgarnos vestiduras ni de disfrazarnos de Vengadores Justicieros, pero habrá que agradecerles a los creadores de la película que consigan, mediante la exageración, hacernos más conscientes de lo que pasó que otras obras que retrataron a los perillanes de Wall Street con notable éxito de taquilla. DiCaprio, Leonardo, alcanza la cúspide. El personaje es, indudablemente, agradecido, pero el actor favorito de Scorsese se desborda en cada matiz sin que pueda acusársele de exagerado. Jonah Hill, su socio y escudero excelente guionista en horas sueltas, por cierto, merece todos los premios a los que concurse al retratar inconmensurablemente al baboso y carnal lugarteniente de barrabasadas y aventuras de Belfort, alguna desternillante, alguna indignante, todas cinematográficamente suculentas. Belfort quien dicen ha hecho un cameo en el filme, aunque no lo he sabido distinguir es indudablemente un filón: con solo 26 años ganó 39 millones de dólares en un solo año y se dio a la loca carrera por adorar toda obscenidad sin recato alguno. Tal como lo ganó, lo perdió; tal como ascendió a los lujos aberrantes, descendió a los infiernos más severos merced a una investigación del FBI que desarmó sus técnicas colindantes con la estafa. Tras algún tiempo preso en una cárcel de Nevada, solo y desheredado, pasó a sentir el baño de la realidad: actualmente dicen que vive en un modesto apartamento de Los Ángeles y se gana la vida impartiendo conferencias en las que relata su azarosa vida y alerta de los peligros de cada uno de los excesos que vivió.
Es una película, pues, arrolladora, agotadora y caníbal. Entretenida y tormentosa, que no deja a nadie indiferente. Y nos recuerda lo que ha sido nuestro devenir reciente, hayamos participado en él como actores o como simples espectadores. O como víctimas inevitables.
Carlos Herrera
Félix Velasco - Blog

La verdad sobre la tan cacareada erótica del poder

Cada vez que salta a los medios de comunicación una historia de amores e infidelidades en la que interviene un poderoso, como ocurre con el affaire de François Hollande, todos invocamos eso que llaman la erótica del poder. Entonces los parroquianos, entre divertidos y escandalizados, comentan la jugada casi siempre en los mismos términos. Da igual que el poderoso de turno sea un tipo atractivo, como Bill Clinton, o con menos sex-appeal que una ostra cerrada, como el actual presidente de Francia: el veredicto es parecido. Uno menea la cabeza, esboza una medio sonrisita malvada y, en caso de ser mujer, sentencia algo así como: «Anda, que a este iban a mirarlo dos veces si no fuera quien es».
Si es hombre, posiblemente diga algo similar, pero añada (para sus adentros, no sea que lo tachen de machista): «Las mujeres, ya se sabe, siempre detrás de lo que más brilla, aunque sea un duro de hojalata». Sería muy fácil escribir a continuación un alegato y decir que no, que a nosotras nos importa más el ser que el tener. Envolverme en la bandera feminista y proclamar que los tiempos han cambiado, que ya no necesitamos que los hombres nos den relumbrón, nos paguen las cuentas, nos regalen un pedrusco, nos pongan un piso. Pero las cosas, hipócrita lector, mi hermano, mi semejante (esto lo decía Baudelaire, ¿a que suena bien?), no son tan simples ni tan políticamente correctas. Si quien escribe estas líneas fuera hombre, le sacarían la piel a tiras por lo que voy a decir a continuación, pero, como soy chica, me voy a permitir el lujazo de decir la verdad. Sí, es posible que ya no necesitemos a un hombre que nos dé tranquilidad económica.
Las mujeres de ahora tenemos la suerte de estar entre las primeras generaciones que, en la larga historia de la humanidad, podemos presumir de ser autosuficientes, de ganarnos la vida, de ser independientes en todos los sentidos. Y si es así y lo es, ¿por qué entonces vemos todos los días mujeres guapísimas y sin problemas de tesorería que se emparejan con individuos cuyo mayor atractivo, al menos en apariencia, es el tamaño de... sus billeteras? ¿Qué le ve, por ejemplo, la oscarizada Charlize Theron al ya fané y nunca muy guapo Sean Penn? ¿Y esa joven y talentosa chica de treinta años que acaba de enamorarse de un octogenario Clint Eastwood? ¿Y yo a mi difunto marido, que me llevaba veintidós años?
Lo primero que me gustaría decir es que nosotras, a diferencia de los hombres, valoramos otros muchos atributos antes que la belleza física. Para ellos la atracción está directamente relacionada con la apariencia, para nosotras cuenta más la ciencia. O, lo que es lo mismo, cuenta la admiración que sentimos por lo que ese hombre es, no por lo que parece. Nos enamoran la inteligencia, la personalidad, la capacidad de hacer cosas, de conseguir metas. En realidad, si se fijan, tanto a hombres como a mujeres nos atraen los mismos atributos que a nuestros antepasados más remotos. A ellos les atraía la hembra capaz de concebir la mejor prole, la que más podía contribuir a mejorar la especie, y a nosotras... a nosotras, exactamente lo mismo.
No solo el varón físicamente más hábil, sino el que creemos que puede proteger mejor a la familia, el más poderoso, por tanto. Poder, he aquí la palabra clave. No es un término que goce de buena prensa, desde luego. Se relaciona siempre con todas sus connotaciones más negativas, con prepotencia, abuso, despotismo. Y, sin embargo, poder como su propia etimología revela es simplemente la capacidad de hacer cosas. O, como también señala el diccionario, es la ausencia de obstáculos e inconvenientes, es aptitud, facultad, influjo, autoridad. ¿Resulta entonces tan extraño que una mujer valore y admire esas cualidades? En lo que a mí respecta, puesto que alguna vez me han señalado como víctima de esa erótica, la del poder, he de decir simplemente que siempre he necesitado mirar a un hombre de abajo arriba y no de arriba abajo. No tengo alma de redentora para salvar tipos descarriados o perdedores, por muy guapos y musculosos que sean. Tampoco me gusta el rol de mamá para cuidarlos y hacerles sopitas. Ni siquiera aspiro a ser el reposo del guerrero, sino la que está a su lado, compartir la lucha, y cuanto más valiente y bizarro sea él, mejor. ¿Soy acaso la única, una rara? Yo diría que no.
Carmen Posadas
Félix Velasco - Blog

sábado, 1 de febrero de 2014

El nombre de los continentes

No existe una única forma de fijar el número de continentes y depende de cada área cultural determinar si dos grandes masas de tierra unidas forman uno o dos continentes, y en concreto, decidir los límites entre Europa y Asia (Eurasia) por una parte, y América del Norte y América del Sur (América) por otra. Los principales modelos son los siguientes:
4 continentes: algunos sugieren que Europa, África y Asia deberían conformar un único continente llamado Eurafrasia. Este modelo se basa en una definición estricta de continente como un área de tierra continua, en donde fronteras artificiales como los canales de Suez y Panamá no serían verdaderas barreras intercontinentales.
5 continentes: modelo tradicional en que se muestra sólo con los continentes habitados (excluyendo la Antártida), como se ve en los 5 anillos del logotipo olímpico. Este es el modelo que usa la ONU.
6 continentes (modelo tradicional): al modelo típico de 5 continentes se le ha agregado la Antártida. Este modelo tiene una base cultural e histórica y se enseña en América Latina y algunas partes de Europa como España, Portugal, Italia, Grecia y Bélgica.
6 continentes (modelo geológico): guarda una relación aproximada con las placas tectónicas continentales, por lo que Europa y Asia forman un solo continente denominado Eurasia y en cambio América está dividida en 2 continentes. Es el modelo preferido por la comunidad geográfica de los países de la antigua Unión Soviética y por Japón.
7 continentes: modelo convencional que se enseña habitualmente en la mayoría de los países de habla inglesa y en China. El concepto Oceanía se suele reemplazar por el de continente australiano y Centroamérica está incluida dentro del continente Norteamérica.
Los continentes de los distintos modelos son los siguientes:
África: limita con Asia por el canal de Suez y está separada de Europa por el estrecho de Gibraltar y se extiende hacia el suroeste hasta el cabo de Buena Esperanza;
América: está separada de Asia por el estrecho de Bering, en el noroeste, y está dividida en dos o tres subcontinentes;
Norteamérica: ubicada en el hemisferio noroccidental;
Centroamérica: se extiende desde el istmo de Panamá hasta el istmo de Tehuantepec.
Sudamérica: se extiende desde el sur del canal hasta el cabo de Hornos;
Asia: separada de África por el canal de Suez, se extiende hacia el este y noreste hasta el estrecho de Bering y el océano Índico;
Europa: separada de África por el Mediterráneo, se extiende desde los Urales hacia el poniente hasta la península Ibérica;
Oceanía: localizada al sureste de Asia, entre los océanos Índico y Pacífico. Los nombres de Australia o Australasia se utilizan a veces en lugar de Oceanía. Se nombra Oceanía en el «Atlas de Canadá»,8 al igual que el modelo enseñado en Iberoamérica.

Antártida: rodea al Polo Sur. Está separada de América por el Pasaje de Drake, de Oceanía por el límite entre los océanos Pacífico e Índico, y de África por el límite entre este último y el Atlántico.
Europa
A la cuna de la civilización occidental, se le llama así en recuerdo de una ninfa de gran belleza que despertó el amor de Zeus -el padre de todos los dioses del Olimpo-, quien se metamorfoseó en toro para poder raptarla y llevársela consigo a Creta. En un principio se aplicó el nombre de Europa sólo a la parte continental de Grecia, en oposición al Peloponeso y a las islas.
Asia
El continente asiático recibe su nombre de la diosa homónima Asia, deidad oceánica fruto del matrimonio entre Océano y Tetis, madre de las fuentes y los ríos.
África
El continente Africano toma su nombre de una diosa representada por una mujer bizarra, de porte oriental sentada sobre un elefante y que sujeta en una mano el cuerno de la abundancia y un escorpion en la otra.
Oceanía
Proviene de Océano, el dios-río universal, cuya corriente lo baña todo para volver finalmente sobre sí mismo.
América
Su nombre se lo debe su nombre al navegante de origen italiano Américo Vespucio. En uno de los cuatro viajes que realizó al Nuevo Mundo exploró y cartografió las costas de Brasil y Argentina, llegando a la conclusión de que aquello no podía ser Asia, por lo que dedujo que se trataba de un continente nuevo. En honor a este hallazgo, las originalmente llamadas Indias Occidentales tomaron su nombre
Antartida
El caso de la Antártida es especial. Su apelativo proviene de la voz griega antartikos, por oposición a artikos, que a su vez deriva de la palabra arktos, que significa oso, por encontrarse la estrella polar en la constelación de la Osa Menor.
Félix Velasco

miércoles, 29 de enero de 2014

El mal es el mal

El mal seguirá siendo el mal aunque la inmensa mayoría del mundo lo practique,... y el bien seguirá siendo el bien aunque nadie lo haga. Esto no es relativo, y al igual que las cosas básicas e importantes de la vida no es cuestión de pareceres.
Félix Velasco

Nueva Barcelona

Nueva Barcelona, la ciudad que sucumbió a los turcos
El pasado año se cumplieron dos siglos de la firma del Tratado de Utrech, un acuerdo que marcó el fin a la Guerra de Sucesión española y supuso la subida al trono de los Borbones en la figura de Felipe V. Tras la contienda, muchos de los que habían apoyado al archiduque Carlos, representante de la Casa de Habsburgo, se vieron obligados a abandonar el país.
Ese fue el caso de un buen número de habitantes de Barcelona, ciudad que, tal y como narra Javier Sanz en el blog «Historias de la Historia», se resistieron a aceptar la autoridad del nuevo rey Borbón hasta septiembre de 1714. Tras la caída de la Ciudad Condal, buscaron refugio en territorios como Nápoles, Flandes, Cerdeña o Sicilia, a los que, obligada por el Tratado de Utrech, había renunciado la Corona española.
Sin embargo, el rey Felipe no se había resignado a su pérdida y en 1733 reconquistó Nápoles y Sicilia. Los emigrantes catalanes que se habían refugiado allí se vieron obligados a volver a huir, esta vez a Viena. Una vez allí, sin recursos y sin forma de ganarse la vida, malvivían vagabundeando por las calles, por lo que las autoridades decidieron reubicarlos en algún lugar donde no molestasen.
El lugar elegido fue un territorio pantanoso de la península de los Balcanes conquistado hacía poco tiempo y que hoy ocupa la ciudad serbia de Zrenjanin. Con esta solución, además de quitarse un problema, utilizaron a los catalanes para repoblar la frontera que les separaba de los turcos.
Así, entre 1735 y 1737 y financiados por el Sacro Imperio, unos mil catalanes fueron embarcados y llevados a su nuevo hogar a través del Danubio. Allí fundaron Nueva Barcelona, comenzaron la construcción de aquella nueva ciudad y donde plantaron las primeras moreras para alimentar a los gusanos de sus fábricas de seda. Pero el sueño de un nuevo hogar solo duró tres años.
Los enfrentamientos entre los Habsburgo y el Imperio otomano se reanudaron y la zona ocupada por los catalanes sufrió numerosos ataques por parte de los de los turcos, que, además, introdujeron la peste en la ciudad. La epidemia diezmó la población y los pocos que sobrevivieron abandonaron Nueva Barcelona, de vuelta a Buda o Viena.
Su rastro se perdió. En 1808 un incendio arrasó lo que quedaba de la ciudad, llevándose con él todo rastro de los emigrantes catalanes. En Zrenjanin solo la presencia de moreras recuerda hoy la existencia del truncado sueño de Nueva Barcelona.
Bitácoras
Félix Velasco

lunes, 27 de enero de 2014

Libros que nunca existieron

Archivo: Necronomicon prop.jpg
El catálogo del conde Fortsas
En 1840 comenzó a circular por las librerías de Bélgica y Francia un catálogo formado por cincuenta y dos incunables literarios, que incluía obras atribuidas a Cicerón. Aquel tesoro (el sueño de todo coleccionista) provenía de la biblioteca del conde J. N. A Fortsas, e iba a subastarse el 10 de agosto en el despacho del notario de Binche, una pequeña y apacible localidad belga.
Llegó el día, y un buen número de libreros y coleccionistas de toda índole se dieron cita en Binche. Pero cuál no sería su sorpresa al descubrir que en el pueblo no vivía notario alguno, y que nadie había oído hablar de una subasta.
Todo había sido una broma pesada organizada por el comandante Renier-Hubert Ghislai Chalon, un militar retirado, aficionado a tomarle el pelo a todo el mundo, y cuya imaginación había alumbrado todos los títulos, y el contenido de los libros, del ficticio catálogo.

El Necronomicón
De haber existido, el Necronomicón sería el best-seller de los libros jamás escritos. Encuadernado en piel humana y escrito con sangre, el Necronomicón era un supuesto códice ocultista para invocar a los primordiales, entidades demoníacas del ser humano.
El ficticio autor de tan macabra obra era Abdul Alhazred, un árabe del siglo XII, que enloqueció tras pasar cuatro años vagando por unas cuevas subterráneas, donde se supone que había descubierto la existencia de los primordiales. La primera persona que mencionó el Necronomicón fue el escritor Howard Philip Lovecraft en su relato "El sabueso", publicado en 1922.
Las referencias a este libro blasfemo y maldito (con la facultad de enloquecer a todo desdichado que osara leerlo) fueron constantes en la obra del escritor de Providence.
Constantes y minuciosas, ya que Lovecraft llegó incluso a escribir la cronología del Necronomicón, en la que detalló cómo, a través de los siglos, fue pasando por las manos de diversos personajes (monjes, traductores, coleccionistas...) hasta acabar desapareciendo misteriosamente.
Como era de esperar, los rastreadores de rarezas se pusieron tras la pista del libro. Una pista que no conducía a ninguna parte, ya que, como el propio Lovecraft confesó en 1943 en una carta a su editor, el libro blasfemo no existía; era una invención suya, para darle credibilidad a sus relatos terroríficos. Pero la confesión del propio Lovecraft no sirvió para poner fin a la leyenda, ya que muchos aficionados a la literatura de terror siguieron creyendo en la existencia del libro.
Jorge Luis Borges confesó cómo, con dieciséis años, fascinado por la obra de Lovecraft, recorrió las bibliotecas de Buenos Aires buscando el libro maldito. Lógicamente, no lo encontró; pero, ya que no pudo volver a su casa con un libro de recetas mágicas, lo hizo con otro de recetas de cocina, para que la salida no hubiera sido en vano.
La anécdota de Borges ejemplifica la fascinación que el "Necronomicón" ha ejercido y ejerce sobre miles de lectores. Fascinación que compartió René Chalbaud, catedrático de Literatura de La Sorbona de París, a quien en 1971 casi le dio un síncope cuando en la biblioteca de la Universidad encontró una amarillenta ficha que indicaba que existía un ejemplar del libro entre los fondos sin clasificar.
La noticia corrió como la pólvora, y a la Universidad acudieron decenas de investigadores atraídos por el hallazgo, como moscas a la miel. Debió ser divertido ver la expresión de sus rostros cuando descubrieron que todo había sido una broma de un alumno con ganas de burlarse de sus mayores.

Juegos borgianos
Ya sea como ejercicio creativo, o para tomarle el pelo a sus contemporáneos, el inventarse libros que nunca han existido es un juego culto que practican muchos escritores, y que crece gracias a la rumorología. Así, se lleva años hablando del manuscrito de la novela que el mexicano Juan Rulfo supuestamente escribió después de "Pedro Páramo", y autores como Umberto Eco han usado con frecuencia en sus obras los libros imaginarios, como las inexistentes obras del ficticio Adeonato Lampustri en "El péndulo de Foucault". Pero en el arte de inventarse libros inexistentes nadie le gana la partida a Jorge Luis Borges.
Como ya se dijo, en su juventud el autor argentino creyó en la existencia del Necronomicón; pues bien, con los años se tomó cumplida revancha al crear un género que algunos expertos han bautizado como literatura virtual, con libros como "Examen de la obra de Herbert Quain", y "Pierre Menard, autor del Quijote", en las que el escritor analiza las obras inexistentes de unos autores a su vez inexistentes. ¿Se puede rizar el rizo? Sí, y lo hizo el propio Borges, recurriendo al testimonio cómplice de otro autor que se prestó al juego, Bioy Casares.
Entre ambos se inventaron a un escritor, H. Bustos Domecq, y se tomaron la libertad de escribirle varios libros. ¿El resultado? Los lectores creyeron en la existencia de dicho autor y se acercaron a las librerías en busca de más obras de Bustos Domecq. Borges había llevado el arte de crear libros imaginarios a su máxima expresión.

Las estancias de Dzyan
¿A alguien le gustaría leer un libro escrito en Venus? Que no lo busque en ninguna librería ni biblioteca, porque no lo encontrar·, ya que se trata de otra de las grandes imposturas de la historia de la Literatura.
"Las estancias de Dzyan" es, supuestamente, un texto escrito y encriptado por seres interestelares, un compendio de conocimientos cuya revelación, se dice, destruiría los pilares de nuestra civilización.
Semejante libro fue una invención de Emile Boit Bailley un poeta francés de finales del XVII aficionado al ocultismo. Al igual que siglos después hizo Lovecraft, Bailley se inventó este libro para dar veracidad a sus ficciones; más aún: introdujo la posibilidad de que bajo la cordillera del Himalaya existiera una cripta subterránea donde un grupo de maestros de la sabiduría custodiaban una biblioteca repleta de libros prohibidos.
Un relato de ciencia ficción en cuya veracidad creyó mucha gente. Pero la persona que más hizo por la causa de dar veracidad a este libro imaginario es Helena Petrovna Blavatsky (1831-1891), personaje muy popular en la Europa de finales del XIX gracias a sus presuntos poderes mentales.
Madame Blavatsky actuaba en circos y teatros, y conseguía llenos absolutos merced a números tan espectaculares como incendiar objetos con la mirada y hacer levitar a una persona con sólo levantar la mano. Según ella, sus poderes eran auténticos, y los había adquirido en la India estudiando "Las estancias de Dzyan". Madame Blavatsky explotó aquella historia hasta la náusea, asegurando que su vida estaba amenazada por personajes poderosos que pretendían arrebatarle su libro.
El destino le echó una mano en su impostura, ya que, en 1870, naufragó en Suez el barco en que ella viajaba, y la vidente aseguró que el accidente había sido provocado. Y en 1871, mientras actuaba en Londres, sufrió un atentado: un hombre le disparó con una pistola. Ella salió ilesa, pero el agresor aseguró que había actuado como un autómata, impelido por una fuerza telepática.
Meses después, un amigo de la vidente, el coronel Henry Coll, declaró que había sido un montaje de Madame Blavatsky para darse publicidad. La psíquica falleció en París, en 1891. Sus seguidores buscaron entre sus pertenencias algún rastro del mítico libro, pero no lo encontraron. ¿Tal vez porque nunca existió?

La biblioteca de Sherlock Holmes
Una de las bibliotecas imaginarias más famosas está en Londres, en el 221 B de Baker Street, donde residía Sherlock Holmes, el detective de ficción creado por Arthur Conan Doyle.
Holmes (según los relatos de Doyle) empleaba su tiempo libre en tocar el violín, en dormitar bajo los efectos de la morfina, y en escribir tratados en los que compilaba su sabiduría.
Entre las obras supuestamente escritas por el detective figuran títulos como El arte de las pesquisas, Sobre las diferencias entre las cenizas de diversos tabacos, La utilidad de los perros en el trabajo del detective y Acerca de la escritura críptica. Ninguno de estos libros existe, pero, de haber sido reales, hoy serían clásicos de la criminología.

La moda de las tonterías

Todo el sentido común del mundo es impotente contra cualquier tontería que se ponga de moda. Nada en el mundo es más peligroso que la ignorancia sincera y la tontería persistente.
Félix Velasco

domingo, 26 de enero de 2014

Nada está escrito

Nos conformamos en vez de arriesgarnos, sin pensar que cada día que pasa, no volverá. Nada está escrito, nada es imposible, ni siquiera posible... todo depende de nuestra voluntad para enfrentarnos a cada desafío. Tenemos el poder cuando estamos convencidos, cuando estamos decididos, cuando de verdad queremos algo.
Félix Velasco - Blog

Del miedo al odio

Félix Velasco

domingo, 19 de enero de 2014

Telemarketing soberanista

Es posible que el talante remolón de Rajoy, esa suerte de cachazuda indolencia que cultiva como un rasgo de estilo, sea en el fondo la mejor respuesta posible para restarle solemnidad a la matraca soberanista y minimizar con desdén perezoso toda su alharaca retórica de la liberación nacional, el pueblo cautivo y demás zarandajas de la mitología emancipadora. Decir que no con la rutina hastiada, cansina, que se emplea ante la cargante insistencia de los teleoperadores que interrumpen la hora sagrada de la siesta. Tú sabes que volverán a llamar y ellos saben que volverás a negarte a escucharlos. Que mira que son pesados unos y otros, los del telemarketing y los del derecho a decidir, que es como llaman a la autodeterminación tratando de meter la independencia en la letra pequeña del contrato, a ver si cuela. Y no cuela, claro.
Cómo va a colar cuando el titular de la línea de la soberanía somos los españoles en conjunto y no estamos dispuestos a cambiar de operador. Si los secesionistas van a insistir en las Cortes saldrán de ellas con unas calabazas a cuestas. Si lo intentan después con una ley catalana de referendos, toparán con el Tribunal Constitucional. Y si convocan la consulta por las bravas estarán fuera de la ley. Conocen perfectamente su itinerario hacia la vía muerta, pero persisten porque quieren cargarse de supuestos agravios y porque en ese ir y venir a ninguna parte tal vez logren distraer a cierta opinión pública de su incompetencia para la gestión y de la evidencia de que quieren fundar una nación sin saber gobernar una autonomía. En fin. Ese debate de la propaganda interior tal vez lo tengan ganado porque el Estado, y con él los catalanes que desean seguir integrados en España, han llegado tarde. Quizá por eso el Gobierno y el PSOE, al menos el PSOE que aún puede controlar Rubalcaba, han decidido atrincherarse a la expectativa, sin anticiparse en batallas ya estériles, y dar a cada envite una respuesta. Esta no es una partida para impacientes, aunque entre movimiento y movimiento convendría ir calculando una estrategia.
La de Rajoy parece que consiste en esperar a que el aventurerismo se desgaste solo, a que se rompa el eje de la secesión por cansancio de la clase media, a que el vértigo del abismo asuste antes a los catalanes que al Estado. Y si tiene un plan B se lo calla porque las estrategias no se cuentan. En eso se han equivocado los independentistas al anunciar la vía unilateral como último recurso. Han enseñado las cartas y mostrado que después del seguro fracaso sólo les queda el vacío, también inútil, de la testosterona política.
Y sí, se ponen muy solemnes con su hoja de ruta, con su construcción nacional, con sus acuerdos parlamentarios. Improductivas llamadas tercas en la sobremesa de España. Humaredas perdidas, neblinas estampadas, que decía Alberti. Papel mojado. Literalmente, no tienen derecho.
Ignacio Camacho
Félix Velasco - Blog

sábado, 18 de enero de 2014

Por orden

Los tesoros de los barcos hundidos hay que empezarlos a buscar en tierra. Y luego ponerse a navegar.
Félix Velasco

miércoles, 15 de enero de 2014

1914 - Inicio de la I Guerra Mundial - Aniversario

En 1914, el Viejo Continente se embarcó en una guerra de unas proporciones tan colosales y una destrucción y una crueldad desconocidas hasta entonces que recibiría más tarde el nombre de Gran Guerra.
Sin embargo, los europeos no aprendieron la lección y 25 años después iniciaron otro conflicto bélico a escala mundial que incluso cambió el nombre al anterior, que de Gran Guerra pasó a llamarse Primera Guerra Mundial.
El detonante de la Primera Guerra Mundial fue el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria, heredero del trono del Imperio austro-húngaro, en Sarajevo, el 28 de junio de 1914. Sin embargo, ya antes se escuchaban tambores de guerra porque los imperios alemán, austro-húngaro, inglés, ruso y otomano, y otras potencias como Francia e Italia, habían dado muestras de tener ganas de apretar el gatillo.
El imperio austro-húngaro atacó a Serbia por el asesinato del archiduque y la política de alianzas entre las potencias (Triple Entente por un lado: Francia, Reino Unido y Rusia; Triple Alianza por el otro: Alemania, Austria-Hungría e Italia) provocó que el conflicto se hiciera global a escala europea y mundial porque intervinieron también las distintas colonias de los países en guerra. Alemania, por su parte, atacó a Francia tras invadir Bélgica y Luxemburgo, y Rusia atacó a germanos y austriacos en el frente oriental.Reino Unido acudió en ayuda de Francia y el frente occidental se estancó en la terrible guerra de trincheras, donde la caballería ya no era práctica y la artillería machacaba las posiciones fijas de la infantería, que además se desangraba en continuos ataques sobre la trinchera enemiga con pocos visos de éxito.
Rusia abandonaría la guerra en 1917 tras la caída del Zar Nicolás II y la posterior revolución bolchevique, lo que aprovechó Alemania para trasladar sus tropas a Francia para derrotar a ingleses y franceses antes de la llegada de Estados Unidos. Este país iba a entrar en el conflicto por el hundimiento del Lusitania, un barco en el que iban 123 pasajeros estadounidenses y que fue hundido por un submarino alemán.Sin embargo, las tropas alemanas no pudieron romper el frente. Para entonces, sus aliados austrohúngaros y otomanos ya apenas podían defenderse tampoco de sus enemigos. 
Con la llegada de Estados Unidos, los aliados recuperan la iniciativa y en la segunda batalla del Marne derrotan a los alemanes, que durante 1918 seguirán sufriendo reveses militares hasta que las autoridades alemanas firman el armisticio el 11 de noviembre de ese año tras la huida del Káiser a Holanda. Era el fin de la contienda.
Al final del conflicto bélico, los imperios alemán y ruso perdieron una gran cantidad de territorios, mientras que el austro-húngaro y el otomano desaparecieron convertidos en nuevos y pequeños países.
Para prevenir otra guerra igual, se creó la Sociedad de Naciones, pero ésta fracasaría en ese empeño. Las terribles condiciones impuestas a los perdedores en el Tratado de Versalles impulsaron los sentimientos nacionalistas y revanchistas, factores clave para el comienzo de la Segunda Guerra Mundial 20 años después.
Félix Velasco

domingo, 12 de enero de 2014

Los tontos útiles

La corrupción tiene su origen en la codicia, o quizás antes, en la envidia, el resentimiento, los celos del triunfador o el afán por una vida dulce. Empieza uno soñando con un coche de una gama superior al que tiene y acaba echándole los tejos a una infanta que pasaba por allí. Durante años no he sido consciente de los efectos devastadores que la codicia o la ambición producían en la esfera pública. Más bien lo asociaba con la empresa privada, donde confluían los nuevos ricos llevados por su inmenso deseo de amasar. Estoy pensando en la cultura del pelotazo. Los periodistas hemos escrito mucho sobre la ética y la estética de la beautiful people, aquella clase que llenó el país de gilipollas con gomina. Servidora no se cansaba de repetir que prefería a los aristócratas tiesos, a la gente de buen gusto, escueta y frugal, a las elegantes que repetían modelo y gastaban lo justo.
Un día estalló la crisis y la mierda empezó a emerger. Llevaba ya tiempo incrustada, pero no había salido a flote. A la gente le gusta decir que todos los políticos son igual de corruptos, y a los tertulianos les gusta replicar con la muletilla contraria: hay políticos y políticos, pero en general son honrados. Dios los ampare a todos. A los políticos y a los tertulianos.
Con la mayoría de edad de la democracia, y en especial, del nuevo orden administrativo (las autonomías) la clase política se ha vulgarizado, llegando a unos extremos de cutrez pavorosos. Nunca he defendido la empresa privada, pero aquí y ahora reconozco que si en algo se diferencia la cosa pública de la privada es en el número de mequetrefes que cobija. Y es que a los políticos siempre les ha gustado rodearse de tontolabas serviles, gentecilla especializada en reír las gracias del superior o adularle con estupideces («te quiero un huevo»).
No entiendo la debilidad de los políticos inteligentes por servirse de tontos útiles, con el peligro que tienen. Los tontos útiles (y los inútiles también) acaban recibiendo un cargo en atención a los servicios prestados. Ahí germina el arte de la corrupción. A fuerza de legislaturas, la Administración se puebla de cantamañanas y aprovechados. Yo los he conocido. Menos mal que se me acaba el espacio, porque tengo sus nombres en la punta de la lengua.
Carmen Rigalt
Félix Velasco - Blog

domingo, 5 de enero de 2014

Noche de Reyes Magos 2014


Hoy es la noche de una ilusión pasajera, como la vida del hombre. Pero en un mundo de mentiras institucionalizadas, hoy es la noche más verdadera que existe, la de la sonrisa emocionada de los niños y las lágrimas contenidas de los padres.
Félix Velasco - Blog

Patético

¿Qué esperaba? ¿Que los países más importantes de Europa le apoyasen y presionaran al Gobierno español?
¿Qué esperaba? ¿Que los países más importantes de Europa lo apoyasen y presionaran al Gobierno español?
FUE Talleyrand, posiblemente el mejor diplomático de la historia (llevó los asuntos extranjeros del Directorio, del Imperio napoleónico y de los restaurados Borbones), quien grabó la frase lapidaria: «Ha sido peor que un crimen. Ha sido un error», referida al fusilamiento del Duque de Enghien, que por cierto, él había alentado, lo que nos da una idea del personaje. Pero hay en política algo aún peor que un error, y es el ridículo. Exactamente lo que está haciendo Artur Mas con sus idas, venidas, proclamas, contraproclamas, cartas, mensajes, que parece le inspira su peor enemigo, y que si no estuviera en juego algo tan trascendente, le habrían convertido ya en el hazmerreír de Europa. Aunque, como siga por ese camino, no tardará en serlo.
Después de que le hayan dicho por activa y por pasiva que Europa no quiere saber nada de su deriva independentista, no se le ocurre otra cosa que enviar, de tú a tú, una carta a 27 jefes de gobierno de la UE, insistiendo en lo mismo, con redacción de escuela de idiomas, llena de cosas que no son ciertas y ocultando otras que, siéndolo, son claves en el «problema catalán». En resumen, la carta del niño enrabietado que se queja al maestro de que no le hacen caso. Un error de bulto que, en vez del apoyo que buscaba, ha dejado en evidencia el poco o nulo eco que encuentran sus reivindicaciones, junto al hartazgo que empiezan a producir. Que prácticamente ninguno de los destinatarios le haya contestado advierte de la soledad en que se encuentra. Peor incluso son quienes lo han hecho a través de un portavoz: se trata de un asunto interno español, dicen. O sea, la tesis española, que no va a variar por más cartas que escriba.
¿Qué esperaba? ¿Que los países más importantes de Europa le apoyasen y presionaran al Gobierno español? Entonces está más en las nubes de lo que creíamos. Francia no puede apoyar unas reivindicaciones que pueden volverse contra ella en su frontera sur. Alemania, después de un largo y costoso proceso para llegar a la reunificación, está interesada en unir Europa, no en desunirla. Y el Reino Unido tiene un desafío igual en Escocia, que le impide apoyarlo en otras partes. Esto es de cajón, esto lo ve un niño. ¿Qué buscaba, entonces? ¿Armar ruido? ¿Demostrar a los suyos que se está moviendo para lograr lo que viene prometiéndoles? ¿Echar las culpas a Europa de su fracaso? Cualquiera de esas opciones es peor que la anterior, al mostrar que, al frente de Cataluña, se encuentran hoy personas que no tienen idea de lo que es política de Estado. Tienen sólo nacionalismo del más rancio y caduco. Algo que sabíamos los españoles, y que empiezan a ver los europeos.
¿Qué va a hacer ahora? Pues se movía en el reino de la fantasía, pintando una Cataluña independiente con colores de Walt Disney. Pero se ha dado de bruces con la realidad. Pronto, sólo le quedará la opción de quemarse a lo bonzo. Aunque no veo a don Artur haciendo el ceremonial de la gasolina en la Plaza de Sant Jaume.
José María Carrascal
Félix Velasco - Blog