domingo, 3 de mayo de 2015

Muppies

No habíamos terminado de acostumbrarnos al término «hipster» cuando ahora llegan los «muppies». Se trata de la nueva generación de nativos digitales que pueden hacer mil cosas a la vez, al mismo tiempo que se desviven por llevar una vida sana. «Muppie», término inventado de la unión de «millenial» y «yuppie» por la escritora estadounidense Michelle Miller en su libro «The Underwriting» (Kindle Edition), engloba a una serie de jóvenes entre 25 y 35 años que se esfuerza para conseguir el éxito laboral, más por satisfacción personal que por una buena remuneración.
«Esta nueva generación, que tiene entre 22 y 35 años, pasa una hora al día buceando en internet, treinta minutos realizando compras online y cuarenta minutos confeccionado el menú del día siguiente», escribe Miller. Trabajan en lo que les gusta, son solidarios y adictos a las redes sociales, pero su verdadera droga es el deporte y la ingesta de alimentos saludables.
No conciben la realidad sin tecnología, crecieron con el CD, el MP3 y el MP4 y la Play Station, viven pegados al «smartphone» y para ellos Twitter es su fuente de información. Cuentan con una buena formación, generalmente con estudios superiores, dominan dos idiomas, incluso tres, han estudiado en el extranjero y se han ocupado de engrosar su currículum con cursos específicos y algún que otro máster.
Unas veces remunerada y otras no, presumen de una larga experiencia profesional en la que han podido ser desde diseñadores hasta «Dj», pasando por «bloggers», modelos por un día u organizadores de eventos. Tras esa experiencia, crean su propia empresa, ese proyecto con el que tantas veces han soñado y, que hoy por hoy, más que darles beneficios, les divierte y les hace sentir bien.
Importancia de las Redes Sociales
Para un «muppie», el dinero no es lo más importante, prefieren disfrutar de las pequeñas cosas del día al día y darse algún que otro capricho. Su vida social se mueve en Instagram y Facebook. Les encanta viajar, conocer nuevas culturas y disfrutar de la gastronomía, vivencias que en solo unos segundos comparten en las redes, su objetivo es conseguir más seguidores. Recurren al yoga y al «running» para desconectar del trabajo. La fotografía, el cine, la literatura, las manualidades, hacer punto o coser son algunas de sus aficiones. Entre su prioridades se encuentra la salud y el bienestar. Adoran los productos ecológicos, los zumos de frutas, verduras y alimentos saludables como el brécol, «kale» (berza o col rizada), miso, los frutos rojos o las nueces.
Prefieren el pan artesano y, por supuesto, dulces ecológicos e hipocalóricos, ricos en soja, avena o cebada malteada. Son responsables con la naturaleza y están concienciados con la importancia de preservar el medio ambiente, entre sus hábitos se encuentra el reciclaje. En cuanto a su estética, los «muppie», visten con ropa de firma, pero sin seguir tendencias, imponen su estilo informal y rehuyen de los trajes de chaqueta, son «fans» de los vaqueros de última generación y prendas que declinan el estilo «preppy». Bolsos, carteras y zapatos, junto con los accesorios para personalizar la tableta y el teléfono móvil, son sus complementos favoritos. No miran hacia el futuro, prefieren vivir el día a día, sin grandes planes y disfrutar de las buenas cosas que les brinda la vida. 
EFE
Félix Velasco - Blog

Todo no es relativo

"Todo es relativo". Esta es una frase que se suele atribuir a Einstein, como creador de las teorías conocidas como Relatividad Especial y Relatividad General. Y sin embargo, Einstein nunca dijo tal cosa. Es más, nunca podría haber dicho tal cosa, pues la Relatividad se basa precisamente en lo contrario: la velocidad de la luz en el vacío es absoluta. No podemos decir que es más sabroso un melocotón que una manzana, eso es algo subjetivo, pero que ambas frutas contienen fructosa y vitaminas es algo objetivo, real para cualquier persona. En muchas cuestiones la realidad o la verdad sólo es una, e igual para todos. Que los átomos existen es una realidad, los hayan visto alguna vez o no.
Félix Velasco - Blog

sábado, 2 de mayo de 2015

El desengaño de Monedero

El Chico del Maletín, el que vehiculaba la financiación de gobiernos extranjeros hacia su formación política –cosa prohibida por las leyes españolas–, el que utilizaba meandros societarios para pagar menos al fisco, el fenómeno capaz de cobrar casi medio millón de euros por un informe desconocido, está triste y desengañado y se va a su casa. Se llama, como saben, Juan Carlos Monedero y es uno de esos profesores salvapatrias que convirtieron la Facultad de Políticas de la Complutense en una pobre comuna de extremistas. Monedero, ese atisbo de Trosky contemporáneo que consideraba sencillo hacer política desde el bar de la Facultad, se considera engañado por la deriva del grupo político que crearon unos cuantos iluminados antidemocráticos entre escrache y escrache: nacieron con la idea de hacer la Revolución y ahora se les ve merodeando el centro izquierda a la espera de una oportunidad para sustituir a la casta que tanto censuraron.
Era previsible. El comunista siempre tiende a la escisión. Y al camuflaje inicial. También a la purga. Junte usted a veinte marxistas leninistas en un piso y cuando vuelva de comprar el pan los tendrá separados en habitaciones irreconciliables, los prochinos aquí, los troskos allá, los estalinistas en otro lado… y así. Cuando alcanzan el poder se destrozan entre ellos, crean una nomenklatura poderosa y proceden a la eliminación de los contrarios. Contrarios que, por supuesto, son tan peligrosos y lamentables como los que encabezan la represión, pero que en este caso les toca perder. Perder literalmente la cabeza. En este caso, los miembros de ese partido llamado Podemos han comenzado el viejo ritual comunista consistente en despedazarse. Monedero acusa al tal Errejón de centrar en exceso el partido (¡qué entenderá este individuo por Centro!), a Pablo Iglesias de excesivo protagonismo y al conjunto dirigente de haber abandonado lo que fueron y el motivo por el que nacieron. Eso ha ocurrido, evidentemente, cuando han tenido que pasar de la Protesta a la Propuesta y se han percatado de que todo no es circular por la vida como intelectuales de la televisión basura: hay que decidir qué se hace con los ferrocarriles, con el ejército, con las pagas extras, con la bandera y con la Semana Santa. Ese es el momento en el que estos profesores de tercera decidieron que para abarcar mucho había que inventarse un concepto transversal de la política, es decir, tratar de convencer a los votantes de que representan un proyecto que no es de izquierdas ni de derechas, que es rabiosamente moderno. O sea, lo que inventó José Antonio muchos años antes de que los abuelos de todos estos se conocieran. La supuesta frescura que invoca Monedero consistía en decir barbaridades propias de asamblea sectaria y en reclamar una pureza democrática que jamás se vivió, ni por asomo, en los países hacia los que profesan esa extraña devoción enfermiza que les impide siquiera lamentar sus excesos dictatoriales. Lo que reclama Monedero es vivir en ese infantilismo feliz de creerse siempre jóvenes por el simple hecho de reclamar bobadas tales como prohibir los toros o romper relaciones con la Santa Sede.
El partido suflé que tan alto creyó estar en las estimaciones de voto ha establecido un viaje al centro… de la nada. En eso tiene razón el tal Monedero. Cuando lamenta que no se reivindique lo que se reivindicaba en aquellas alegres tardes de acampada está reconociendo que los que querían apedrear el Sistema están acabando de integrarse en él. Monedero dice con sinceridad estupefaciente que cada día le cuesta más "sobrellevar la Partitocracia" y en ello desvela su corazón totalitario, al que quiere que regresen todos y del que, en realidad, todos solo han salido de forma aparente. No nos engañemos. Estos ya eran viejos antes de nacer. Peleas. Intrigas. Purgas. Escisiones. La vida.
Y que ande con cuidado Monedero. Que ya sabemos que a Trosky le costó un disgusto más que la hoz, el propio martillo.

Carlos Herrera

Félix Velasco - Blog

viernes, 1 de mayo de 2015

10 cosas que quizás no sabías de la guerra de Vietnam


Soldados de EE.UU.
 
La Guerra de Vietnam comenzó en la década de 1960 con los combates de la guerrilla en Vietnam del Sur y continuó hasta que los últimos funcionarios civiles y militares salieron de Saigón en abril de 1975.
Vietnam conmemora los 40 años de la caída de Saigón. Causas principales de la guerra:
1. Rivalidad de la Guerra Fría. Vietnam del Sur dependía de la ayuda económica y militar de Estados Unidos , mientras que Vietnam del Norte recibía ayuda de la Unión Soviética y China.
2. Números de soldados. Más de 2,5 millones de estadounidenses sirvieron en Vietnam; 536.000 en 1968, el año de niveles máximos. En 1973, cuando Estados Unidos se retiró, las fuerzas de Vietnam del Sur eran alrededor de 700.000 mientras que las fueras de Vietnam del Norte sumaban cerca de 1 millón.
3. Número de muertos. Más de 58.000 estadounidenses y al menos 1,1 millón de vietnamitas murieron. Otros países también sufrieron víctimas. Por ejemplo, fallecieron más de 4.000 soldados de Corea del Sur.

4. Guerra internacional. Algunas naciones enviaron personal militar para ayudar a Estados Unidos. En su nivel máximo, había 50.003 de Corea del Sur; 11.586 de Tailandia; 7.672 de Australia; 2.061 de Filipinas y 552 de Nueva Zelanda. China envió un número sustancial de soldados a Vietnam del Norte: 170.000 en su nivel máximo, para reparar el daño causado por las bombas y para ayudar en la defensa contra los ataques aéreos de Estados Unidos.
5. Guerra aérea. El tonelaje de bombas lanzado en Indochina fue más del doble de la cantidad derribada por Estados Unidos y Reino Unido en Europa durante la Segunda Guerra Mundial.
6. ¿Quién fue el culpable? Durante 20 años, se pensó que un tanque de Vietnam del Norte, el número 843, fue el primero que irrumpió contra las puertas del Palacio Presidencial en Saigón el 30 de abril de 1975. Fue a mediados de 1990 cuando Vietnam concluyó que fue otro tanque, el número 390.
7. Arma icónica Ninguna otra arma está tan identificada con la Guerra de Vietnam como la AK-47. Fue la principal arma del ejército de Vietnam del Norte y las guerrillas de Vietnam del Sur y se convirtió en el arma revolucionaria preferida en todo el mundo. Las tropas estadounidenses utilizaron principalmente el M14 y después el M16. Los rifles de asalto de EE.UU. eran difíciles de manejar en las húmedas junglas de Vietnam.

8. Legado controvertido. Vietnam ha pedido, sin éxito, compensación para las víctimas del Agente Naranja, un herbicida que Estados Unidos roció en Vietnam del Sur.
9. División. Más de 1 millón de los llamados "boat people" (inmigrantes que viajaban en barco) huyeron de Vietnam del Sur entre 1975 y 1989. La mayoría se estableció en Estados Unidos.
10. Normalización. Estados Unidos y Vietnam normalizaron relaciones en 1995 y anunciaron una asociación amplia en 2013. El comercio bilateral creció a casi US$35.000 millones en 2014.

Quynh Le - BBC
Félix Velasco - Blog

domingo, 26 de abril de 2015

Papamoscas y tonterías

La propagación vírica de la tontería es muy eficiente, por eso hay tanto "papanatas" suelto - Papar (tragar cosas blandas), que no requieren ser masticadas, en uso metafórico de lo que hace el papanatas que da crédito a cualquier asunto sin haberlo sometido a crítica: sin masticarlo ni digerirlo. En cuanto a la segunda parte del vocablo, nata alude a la crema de la leche que se ingiere con facilidad, con lo que en sentido figurado se referiría a la facilidad con la que el papanatas se traga cualquier cosa. Las ideas tontas se también suelen propagarse porque promueven la supervivencia de quienes las enarbolan, aunque sean profundamente falsas, absurdas, delirantes, mentiras o manipulaciones históricas.
Félix Velasco - Blog

domingo, 5 de abril de 2015

Roma, maravillas bajo el suelo




catacumbas
En el subsuelo de Roma siguen encontrándose maravillas. La Ciudad Eterna está todavía en condiciones de desvelar antiguos mármoles, mosaicos, monedas y frescos que han sobrevivido milagrosamente. Con esos tesoros del pasado se acaba de abrir un nuevo museo, el Antiquarium de Lucrezia Romana. Una asociación, Roma Sotterranea, investiga los secretos de esa Roma cargada de historias, misterios y leyendas. Nacida en el año 2000, cuenta con espeleólogos, arqueólogos, geólogos, arquitectos, ingenieros y simples apasionados que colaboran con las más importantes instituciones públicas.
El fundador de Roma Sotterranea, Adriano Morabito, introduce en esa Roma invisible, en las raíces más antiguas de la cultura romana. Para comprender la Roma de la superficie, la que se nos presenta en postales, es necesario conocer la que se esconde bajo nuestros pies, que es menos fastuosa, pero también sugestiva y fascinante. No es casual que Freud, quien conocía muy bien la Roma antigua, pensara que la Roma subterránea es una metáfora de la mente: profundizar en el subsuelo es un poco como adentrarse en el inconsciente. Y a veces, de forma casual, se encuentran tesoros, como el Ara Pacis, célebre altar dedicado a la Paz por Augusto en el 9 a. C., tras volver de su expedición pacificadora de España, que se descubrió en los subterráneos de un edificio de via del Corso en 1568.
Nunca se podrán descubrir por entero esos tesoros de arte y de historia sepultados con el pasar de los siglos, hasta el punto de hacer una ciudad estratificada. Más de 250 lugares subterráneos hay identificados, lo que equivale seguramente a menos del 5% de lo que hay aún enterrado. En cualquier lugar de Roma donde se excava se encuentra un pedazo de su arte y de su historia, restos de una vida precedente. De ahí la dificultad de construir algo en el subsuelo. Por ejemplo, en el actual proyecto de una tercera línea del Metro, Roma será la única capital del mundo sin una estación en su centro histórico. Y es que, si se descubre algo importante en una excavación a 5 metros, debajo pueden existir otras maravillas, porque el nivel del suelo de Roma, desde sus orígenes, ha subido cinco, diez, quince y hasta casi veinte metros.
Grandes ingenieros
Eran grandes ingenieros los romanos y dotados de gran sentido práctico. Así, cuando había que construir algo, se hacía sobre lo que se había destruido o derrumbado, dada la dificultad que existía para deshacerse de los escombros. Cuando Trajano construyó sus termas, lo hizo sobre uno de los palacios más grandiosos jamás levantados, la celebérrima Domus Aurea de Nerón. Curiosamente, solo Nerón, cuando reconstruyó Roma tras el incendio, eliminó ruinas y escombros llevándolos al mar de Ostia, a 30 kilómetros de la capital.
Se explica así que la topografía de Roma haya cambiado sustancialmente desde su fundación, en el 753 a. C. Las siete colinas de Roma, los montes que históricamente formaron el corazón de la ciudad, en los tiempos de Rómulo y Remo, han perdido altura y relieve y los valles se han rellenado. Precisamente, entre los más antiguos vestigios de Roma se encuentran obras públicas construidas bajo la dinastía de los Tarquini, los últimos tres reyes de la Roma etrusca que reinaron desde el 616 al 509 a. C. Son de esta época inmensos templos, murallas, acueductos y sistema de alcantarillado como la Cloaca Maxima, una obra maestra que aún funciona perfectamente.
Hasta el siglo XV, la Roma antigua se consideraba una especie de mina inmensa de la que se extraía todo tipo de materiales para reciclarlos, incluyendo sus estatuas y mármoles. Solo con la llegada del Renacimiento, con su nuevo aprecio por la antigüedad clásica, se cambia de perspectiva. Un ejemplo singular nos lo da precisamente la Domus Aurea, que fue descubierta accidentalmente cuando un joven romano cayó en ella al abrirse una espacio en la colina Oppio a finales del siglo XV. Muy pronto una serie de jóvenes artistas empezaron a descubrirla al introducirse y dejarse caer con cuerdas para descubrir los frescos y decoraciones de la grandiosa e imponente residencia de Nerón. Rafael, Pinturicchio, Miguel Ángel y otros jóvenes artistas romanos descendieron bajo tierra para estudiar, descubrir y difundir lo que era realmente el mundo antiguo.
Estadio domiziano
Hoy la Roma subterránea nos ofrece un panorama casi infinito de ambientes y de escenarios, algunos abiertos al público. Por ejemplo, es posible pasear y redescubrir el mundo competitivo de las carreras, bajo la plaza Navona, entre los amplios arcos del estadio domiziano, abierto después de años de restauración. Construido por el emperador Domiziano (81-96 d. C), el estadio, destinado fundamentalmente al atletismo, podía albergar a 30.000 espectadores. Hoy se puede respirar la atmósfera antigua de los juegos de la capital.
Entre las innumerables iglesias romanas, la más asombrosa, desde el punto de vista histórico, es la basílica de San Clemente, con tres construcciones, una sobre otra, realizadas a lo largo de los siglos. La primera se remonta a la época romana anterior al incendio de Nerón del 64 d. C. En ese mismo lugar fue construido en el siglo II una residencia privada y un templo dedicado al culto de Mitra, el dios de origen persa que pasó a formar parte del imperio romano, una religión ligada al cosmos y a las estaciones, cuyos ritos se celebraban en grutas y cavernas. En el siglo IV, sobre la casa y el templo, se construyó una basílica cristiana, a su vez semidestruida y refundada.
No es infrecuente que al excavar en las iglesias se encuentren templos paganos o necrópolis. En los subterráneos del Vaticano hay una gran necrópolis, con tumbas cristianas y paganas, y se recuperaron una veintena de mausoleos. En el año 2003, al construirse el aparcamiento Santa Rosa del Vaticano se descubrieron cuarenta estructuras sepulcrales y más de 200 tumbas individuales, que se acumularon desde el final del siglo y durante todo el siglo II. En la Basílica de San Pedro, lo profano está bajo lo sacro. Así, no deja de llamar la atención que, bajo la basílica, se encuentren las imágenes de los dioses Horus, Océano, Minerva y Plutón.
En la Roma subterránea ocupan lugar destacado sus catacumbas, que son una treintena. Las más accesibles están compuestas de unos 150 kilómetros de túneles: Pancracio, Agnese, Domitilla, Priscilla, San Sebastián... Al inicio se instalaron en cavidades ya existentes, incluso en columbarios paganos, columbarios que ofrecen a veces sorprendentes arquitecturas funerarias donde se colocaban las urnas cinerarias. Las catacumbas se expandieron durante tres siglos y alcanzaron hasta 20 metros bajo el suelo. Las de San Calixto, por ejemplo, se extienden en 20 kilómetros de galerías distribuidos en cinco niveles en un zona de 15 hectáreas.
Leyendas
No solo a la vida está ligada la Roma subterránea, sino también a la muerte. Un ejemplo del culto a la muerte, que nos lleva a la Contrarreforma del siglo XVI, como símbolo contra la vanidad del mundo, lo representa el osario de los capuchinos, en la iglesia Santa María de la Concepción, en via Veneto, en cuyos subterráneos se conservan los huesos de unos 4.000 frailes, alcanzado la cumbre de lo macabro.
En este mundo subterráneo abundan los misterios y leyendas. La más común y popular cuenta que en muchas iglesias antiguas de Roma hay en el subsuelo un túnel que conduce al Vaticano. Falsa leyenda. Pero a Roma no le será nunca fácil liberarse de sus fantasmas y misterios, y de su relación con la historia y el arte. Por eso es fascinante.
Ángel Gómez
Félix Velasco - Blog

viernes, 3 de abril de 2015

El origen samurai de "el novio de la muerte"

A la más negra y terrorífica historia de España ha quedado ligado aquel enfrentamiento mítico, tantas veces descrito, entre don Miguel de Unamuno y el general Millán Astray. Ese grito del «¡Viva la muerte»!, que sonó a funesta descripción del momento histórico, y ese «venceréis, pero no convenceréis», del viejo pensador, que expiraría poco tiempo después por pura desilusión ante aquel país bárbaro y asesino. España, 1936.
¿Qué clase de persona puede hacer de tal necrófilo grito su divisa? Quizás alguien que pareciese más muerto que vivo. El general José Millán Astray, fundador de la Legión, tuerto, manco y mutilado, casi un cadáver viviente al servicio de la nueva España de Franco.
Pero lejos de la boutade sin sentido y bárbara, que es como ha pasado a la historia para muchos, aquel grito no era casual, sino que contenía una intención concreta, bajo la que subyacía un modo de encarar la existencia, una filosofía que se remontaba a la fundación del Tercio de Extranjeros, nombre primigenio de lo que hoy conocemos como la Legión.
Al general se le encargó en 1920 la creación de un cuerpo de élite, a imagen de la Legión Extranjera francesa, a la que destinar las misiones más arriesgadas dentro de una guerra colonial, la de Marruecos, que se llevaba miles de vidas de jóvenes reclutas, sin preparación ni ganas de combate. ¿Pero cómo movilizar a un puñado de jóvenes, españoles y extranjeros, la mayoría desarraigados, mercenarios y con un pasado oscuro?
Sólo se podía ofrecer una recompensa ante tal riesgo: el valor hasta su máximo grado, el sacrificio hasta la gloria, con la muerte como más digno premio. Se impuso así la necesidad de crear una mística, un espíritu que aglutinase a gentes de diversa procedencia y les proporcionase un ideal colectivo capaz de incitarles a la lucha en la más desesperada de las situaciones.
Fue así como Millán Astray creó un código de honor, el «credo legionario», con una serie de doce mandamientos, o «espíritus», que deben ser memorizados y aplicados por todos los caballeros legionarios. De entre esos espíritus (compañerismo, combate, disciplina…), destaca sin duda el de la muerte: «El morir en el combate es el mayor honor. No se muere más que una vez. La muerte llega sin dolor...»
Esa creencia en la muerte como salvación proviene, como él mismo fundador reconoció, del Bushido, el conjunto de normas que rigen el comportamiento de los antiguos samuráis. Entre sus máximas indica: «El camino del samurái se encuentra en la muerte», ya que cuando el guerrero acepta su trágico final, realiza sus acciones según un principio y no guiado por el miedo. He ahí el porqué de ese noviazgo con la muerte del legionario, más cercano a la compostura estoica ante el peligro del budismo, o de la arrogancia sintoísta ante el más allá, que de una actitud cristiana, como analizan Rafael y Elena Núñez en la obra «¡Viva la muerte!”
Hoy, noventa y cinco años después, más de veinticinco poblaciones españolas, la mayoría en las provincias de Málaga y Almería, pero también de Valencia, Murcia o Albacete, reciben entre vítores a los legionarios para participar en sus desfiles procesionales. En muchos actos se les escucha repetir de memoria este credo, que enlaza a la perfección con otro sonido característico de los desfiles procesionales en los que participa este cuerpo armado: «El novio de la muerte», que muchos confunden de forma errónea con el himno de la Legión, que no es otro que la melodía titulada «Tercios heroicos».
Originalmente «El novio de la muerte» era un cuplé, estrenado por la entonces popular Lola Montes, en el teatro malagueño «Vital Aza». Ante el éxito cosechado, se le invitó a estrenarlo en Melilla, quiso la historia que dicha representación se realizase sólo unos días después de que la Legión entrase en la ciudad, tras el desastre de Annual en julio de 1921, salvándola de caer en manos de los rifeños de Abdelkrim que la asediaban tras producir, según algunos cálculos, más de 10.000 muertos en las filas españolas.
La historia, un legionario que busca la muerte en combate para reencontrarse con su amada fallecida, enlazaba a la perfección con el ideal heroico que Millán Astray quería inculcar a sus legionarios, por lo que pidió que se adaptase su música para la marcha. Posteriormente, la melodía se arregló para poder ser usada durante las salidas procesionales cuando, en 1928, los mandos legionarios encontraron un cristo, cuya advocación resultaba más que propia para convertirse en el protector del cuerpo: El Cristo de la Buena Muerte, también conocido como Cristo de Mena, por haber sido esculpido por el escultor barroco Pedro de Mena.
Empezaba así la vinculación de la Legión con la Semana Santa malagueña, que no se interrumpiría hasta nuestros días. Ni siquiera en 1931, poco antes de la proclamación de la II República, dejó la Legión de acudir al templo de Santo Domingo, instaurándose entonces la guardia legionaria al Cristo, una tradición que perdura hasta hoy, pero que no pudo evitar que, semanas después, con la Legión ya en los cuarteles, se perdiera la imagen tallada por Mena durante la quema de conventos e iglesias de ese mismo año.
Los legionarios acompañan hoy una imagen tallada por Francisco Palma Burgos en 1942, de enorme belleza y serenidad en la propia muerte, como el espíritu legionario evoca, constituyendo una de las estampas más características y curiosas, no ya de la Semana Santa de Málaga, sino de la de todo nuestro país. Conjugándose en las calles, entre los cantos, los vítores y las marchas, la tradición, el fervor, el folclore y el arte, con la modernidad del entrenamiento de uno de los cuerpos de élite de la misma OTAN, que en la actualidad sigue llevando su mística y su Cristo a Mali, a el Congo, a Afganistán, o a cualquier sitio dónde se les requiera, cumpliendo con otro de los espíritus del caballero legionario: «Cumplirá su deber, obedecerá hasta morir».
 
Francis Silva
Félix Velasco - Blog

domingo, 22 de marzo de 2015

Arbeit Macht Frei

 
Hace un mes, dos parejas amigas nos fuimos de fin de semana a Múnich. Hubo nieve, cerveza, alimentación aerofágica, un castillo cursi en el que parecía que ibas a escalar una trenza, y muchas risas, como corresponde a gente que se lleva bien. El último día, casi como una improvisación porque sobraba tiempo y estaba en el camino del aeropuerto, decidimos pasarnos por el campo de concentración de Dachau, a apenas dieciséis kilómetros del bullicio de la Marienplatz y de las enormes cervecerías en las que habíamos visto confraternizar y chocar jarras a hombres que hasta tocaban el acordeón vestidos y emplumados al modo tirolés. A dieciséis kilómetros. Supongo que la escena festiva de la cervecería era idéntica a la de cualquier domingo de los años treinta, cuando, a dieciséis kilómetros, Dachau funcionaba.
Aún reíamos y hacíamos chistes mientras conducíamos hacia Dachau. Al salir, tardamos mucho rato en hablar siquiera. Y eso que Dachau no es Auschwitz, ni por tamaño, ni por el propósito casi exclusivo de exterminación del campo polaco, que en Dachau fue algo más paulatino. Dachau fue el primero de los campos nazis, el que sirvió como temprano modelo del Lager, y de hecho lo único que ahí dentro puede hacer un alemán para calmar la conciencia es recordar que fue abierto precisamente para encerrar a otros alemanes -disidentes políticos, homosexuales, católicos- a los que fueron incorporándose con el tiempo todas las etnias de los países conquistados. Con lo que ningún alemán puede aliviar la culpa es con la pregunta de cómo alegaron no haberse enterado de nada si el campo está encastrado en el pueblo, un muro con sus torretas orilla la carretera de ingreso, y el humo esparcido por la chimenea del crematorio debía de llenar las calles de un pésimo olor. El mantenimiento del campo es polémico. Algunos denuncian la banalización, la conversión en atracción turística. Otros, que se trata de un recordatorio inútil que prolonga el castigo en un país que ya hizo la penitencia. Lo cierto es que, para los escolares bávaros, la visita es obligatoria. Y, por tanto, el enfrentamiento brutal con lo que fue capaz de hacer la generación del abuelo. O del bisabuelo ya. Es como si continuara el castigo al que los soldados de la Vigésima División Acorazada y de la 42 Arcoíris, los liberadores, sometieron a la población de Dachau en la primavera de 1945, cuando los obligaron a limpiar con sus propias manos el campo de cadáveres esqueléticos y a pasarse por turnos por el cuartucho que aún existe en el que los nazis apilaban los cuerpos para la cremación en los hornos contiguos: se les agotó el carbón y dejaron decenas de ellos pudriéndose ahí dentro en una montonera espantosa, sólo superada en horror por el contenido de los vagones que encontraron en la terminal del campo y que transportaban cautivos remitidos desde los campos ya liberados. Murieron hacinados, con los cerrojos puestos, mientras los guardias huían. A los soldados americanos les brotó tal rabia que permitieron el linchamiento de algunos SS rezagados a los que alcanzaron los prisioneros capaces de mantenerse en pie. Más de mil morirían por enfermedad o agotamiento en los días posteriores a la liberación.
Vimos la reja de la puerta de ingreso al campo, de la que hace pocos años robaron la inscripción de 'Arbeit Macht Frei'. Vimos la sala de recepción de prisioneros, donde ya empezaba el trato brutal con el que hombres eran animalizados. Vimos los barracones con las literas de madera, el ala de los sádicos experimentos médicos sobre cobayas humanas. Vimos el enorme patio en el que los internos formaban con música a diario, a veces obligados a soportar durante horas el frío del invierno sin derecho a mover un músculo, y el soporte de madera y los ganchos que servían para practicar tortura. Estuvimos dentro de la cámara de gas, claustrofóbica con su techo bajísimo. Ahí dentro, una chica se arregló el pelo y posó para su novio sonriendo como si tuviera detrás el palacio de Sisí.


David Gistau
Félix Velasco - Blog

Apóstata de la vida sana

Hace poco, Warren Buffett -uno de los hombres más ricos y a la vez más generosos del planeta (no en vano junto con Bill Gates ha puesto en marcha una iniciativa por la que ambos se comprometen a dedicar la mayor parte de su fortuna a la filantropía)- incendió las redes sociales. Y no porque haya logrado que otros multimillonarios se sumen a su magnífica iniciativa, como en efecto ha hecho, sino por revelar su «régimen de vida eterna». Es decir, la dieta que sigue, según afirma, no solo para mantenerse joven a sus 84 años, sino, lo que es más importante, para no morirse.
«Desde siempre -explicó a la revista Forbes-, me tomo cinco refrescos de cola al día, cuatro light en el trabajo y, como premio, una Cherry-Coke al llegar a casa». También se atrevió a añadir que no es un devoto de las frutas ni tampoco de las verduritas y que, de vez en cuando, desayuna un tazón de helado con trocitos de chocolate. «La tasa de mortalidad más baja es la de niños de 6 años, de modo que he decidido comer como si tuviera esa edad; es lo más seguro», concluyó, dejando completamente turulato a su entrevistador. No es que yo haya decidido hacer la dieta Buffett, pero confieso que me encantó leer sus declaraciones, ya que desde hace un tiempo he apostatado de la vida ultra sana. Hasta ahora clamaba en el desierto, no lograba convencer a nadie de que apuntarse a triatlones con 50 años, triturarse las cervicales y los meniscos un día sí y otro también en largas sesiones de gimnasio y comer apio, nabo o alpiste no solo no podía ser muy sano, sino que es una innecesaria tortura.
Por suerte, otra noticia aparecida semanas atrás, y mucho más científica que la dieta del señor Buffett, ha venido a sacarme del ostracismo apóstata en el que me encontraba. El Colegio Americano de Cardiología ha demostrado que el ejercicio intenso es tan dañino como la vida sedentaria. En efecto, durante doce años, expertos de esta entidad se dedicaron a estudiar los hábitos de 1100 corredores y de cerca de 500 personas sedentarias, y llegaron a una sorprendente conclusión. Los deportistas que corren más de tres veces por semana a un ritmo superior a los 11 kilómetros por hora tienen una mortalidad igual o superior a la de los del grupo sedentario. Los más saludables, en cambio, son aquellos que practican ejercicio moderado y regular, es decir, corren unas dos horas y media a la semana o se dedican a andar media hora al día a buen ritmo.
A partir de los 35 años, añade el estudio, lo ideal es practicar ejercicios que permitan fortalecer los músculos y proteger las articulaciones, y eso no se consigue matándose a hacer pesas, por ejemplo, sino ejercitándose con pesitas de un máximo de kilo y medio. Otra interesante conclusión del estudio es la relación que existe entre el cáncer y una actividad física exagerada. Se ha descubierto que el deporte extremo debilita el sistema inmune. Esto ocurre porque, en las dos horas siguientes a la práctica de un ejercicio violento, mientras el cuerpo se recupera del esfuerzo, el sistema inmune se deprime. Así, durante ese rato, queda uno expuesto a todo tipo de infecciones que no harán más que empeorar al día siguiente, cuando el esforzado deportista vuelva al gimnasio. Dicha depresión física y mental favorece, por tanto, la aparición incluso de algunos tipos de cáncer. Consultados otros médicos, todos están de acuerdo en que la virtud está en el punto medio, al tiempo que añaden que es importante que el ejercicio no produzca obsesión, sino placer, lo que, de alguna manera muy políticamente incorrecta, me hace pensar de nuevo en la dieta de la vida eterna de Warren Buffett.
¿No será que el señor Buffett -exagerando bastante la nota, sin duda- está diciéndonos algo también interesante? Que frente al rigor espartano y masoquista de aquellos que creen que vivirán cien años poniendo su cuerpo al límite, existe también la teoría de que se puede llegar en plena salud a la vejez dándose ciertos caprichos. No me gusta nada la Cherry-Coke, así que creo que tomaré un vino blanco con hielo a su salud. Me lo merezco; además, hoy he sido buenísima, caminé media hora por el Retiro. La primavera parece que madruga este año y estaba espectacular.

Carmen Posadas
Félix Velasco - Bog

domingo, 8 de febrero de 2015

Esos delfines violadores

Hace un par de semanas escribí en esta página, parafraseando un antiguo dicho, que una ardilla podría recorrer España saltando de gilipollas en gilipollas sin tocar el suelo. Y hay quien se ha mosqueado, claro. Ya está el Reverte insultando. Pero lo blanco y en tetrabrik suele ser leche. Asumámoslo. En España, por alguna razón que tiene que ver con nuestra triste historia, con nuestra tradicional, voluntaria y gozosa incultura trufada de complejos y con ese toque de demagogia oportunista que algunos, a falta de otra ocupación decente, han convertido en medio de vida, los extremos de gilipollez nacional pueden ser formidables. Y si a los cantamañanas natos, vocacionales o simples aficionados, añades los simples tontos de infantería -otrosí llamados tontos de baba o tontos del culo-, el número de unos y otros, coincidiendo a menudo en maneras y objetivos, se hace infinito, en plan muchedumbre tan apretada que en cuanto nazcamos unos pocos más acabaremos cayéndonos al agua. Como suele decir Carlos Herrera, que conoce a la peña hasta por las tapas, aquí hay más tontos que botellines de cerveza.
Como el espacio de que dispongo no es mucho, voy a poner sólo dos ejemplos recientes. Pero estoy seguro de que cada uno de ustedes podría aportar su buena docena y media. O más. Uno lo escuché en la radio y otro en la tele. El de la radio fue en boca de una presunta señora que, indignada, reprochaba a un novelista que éste hubiera mencionado la famosa frase de Alejandro Dumas referida a sus propias novelas: «Es lícito violar la Historia, pero a condición de hacerle hermosas criaturas». Como habrán ustedes adivinado, la señora ponía de vuelta y media no sólo al autor de El conde de Montecristo y Los tres mosqueteros, al que calificó de machista sin escrúpulos, sino también al infeliz juntaletras que se había atrevido a citar la frase. El uso del verbo violar ya era una agresión a la mujer, sostenía la señora. Hasta decir «violar la correspondencia» o «violar la intimidad» lo era, sostuvo, del mismo modo que decir «el terrorismo es el cáncer de la sociedad moderna», como se había dicho un rato antes en el mismo programa, era insultar a todos los enfermos de cáncer. Pero es que, además, según la antedicha dama, el resto de la cita dumasiana justificaba la violación y la presentaba como algo positivo y hasta lícito, lo que ya era el colmo. De ahí pasó a mencionar las violaciones y el genocidio en Bosnia y Ruanda, asegurando que de unas cosas vienen otras, y acabó afirmando con rotundidad: «Nunca leeré una novela de ese Dumas». Pero lo más simpático fue que el novelista que estaba siendo entrevistado, en vez de tomárselo a cachondeo, hablar de contextos socioculturales distintos entre Dumas y lo de ahora, o recomendar a la señora que leyese a Belén Esteban, que habría sido una forma elegante de mandarla a hacer puñetas, se disculpó casi balbuciente, dándole la razón y prometiendo enmendarse en el futuro. El muy tiñalpa.
La otra fue más bonita, si cabe. Más zoológicamente universal. Porque hablando de la imagen simpática que suele tenerse de los delfines, un pavo -esta vez era varón, mi primo- dijo muy serio en la tele que de simpáticos nada; pues ahí donde los ven, con su sonrisa indeleble, los machos son crueles porque «acosan a las hembras y las obligan a mantener relaciones sexuales». A tal afirmación siguió entre los contertulios un silencio, ignoro si horrorizado o desconcertado, que duró unos segundos, antes de pasar a hablar de otra cosa, mariposa. Y ahí, lo confieso malevo, sí eché en falta a alguien que, como la señora indignada con Dumas, se solidarizara con las pobres delfinas, forzadas por los malvados delfinos a tener relaciones sexuales contra su voluntad. Forzadas impunemente por esos fasciomachistas con aletas en la profundidad de los mares. Y ya puestos a ser consecuentes, que denunciara también, exigiendo soluciones urgentes, la triste situación sumisa de leonas, focas, cebras, lobas, conejas, gallinas, palomas mensajeras o sin mensaje, escarabajas peloteras, osas panda, patas azulonas, rinocerontas, tigresas de Ranchipur, urracas, murciélagas, grullas, cernícalas lagartijeras, perras salchicha, canguras australianas e hipopótamas del río Congo, entre infinidad de otras hembras oprimidas y por oprimir. Que, todas ellas, todavía en este siglo XXI, siguen siendo forzadas al sexo con intolerable desconsideración por los machos de su especie, que van al asunto con salvaje brutalidad animal en vez de acercarse a ellas con el debido respeto y la pregunta previa de si están de humor, prenda mía, o les duele la cabeza.
Arturo Pérez-Reverte
Félix Velasco - Blog

Hombres nuevos

Si analizásemos los procesos históricos modernos desde la Revolución Francesa hasta nuestros días, descubriríamos una idea motriz común, presentada bajo diversos ropajes. Tal idea (por supuesto demencial, pero expuesta siempre con ardor desmelenado y fatua convicción) postula que se puede romper drástica y radicalmente con el pasado, fundando una nueva época que cristaliza en hombres nuevos, proyectados hacia un futuro esplendente a lomos del progreso. Esta idea, tan optimista como mentecata, de refundación de la Historia y regeneración humana está en la médula del espíritu revolucionario y se resume en la frase del genocida Jean-Baptiste Carrier, que después de encerrar a miles de antirrevolucionarios en barcos que hizo hundir exclamó exultante: «Convertiremos Francia en un cementerio si no podemos regenerarla a nuestro modo». Todos los movimientos políticos de los dos últimos siglos han hecho propio este desiderátum psicopático, cuyos orígenes debemos buscar en Descartes.
En su celebérrimo Discurso del método, Descartes propone una visión mecanicista de la naturaleza que, aplicada a la sociedad, inspiraría esta funesta idea de 'resetear' el mundo, empezando naturalmente por el hombre. Una vez que el mundo es concebido como una suerte de teorema matemático, resulta inevitable que tarde o temprano surja el deseo de fabricar un mundo más perfecto, habitado por hombres que se hayan despojado de las cargas y gravámenes antiguos (¡el odioso pecado original!), para convertirse en una raza de dioses que imponen su sacrosanta voluntad sobre la realidad, remodelándola, negándola, refutándola y, en caso de que tales técnicas se revelen estériles (como suele ocurrir, porque la realidad es muy tozuda), haciendo como si no existiese. Este voluntarismo vesánico (y a la vez irrisorio) daría lugar a una serie de deformaciones racionalistas que ahora no tenemos tiempo de analizar: revisionismos históricos, idealismos filosóficos y constructivismos antropológicos de toda índole, con frecuencia aberrantes y casi siempre desquiciados. 
Naturalmente, al mecanicismo cartesiano se sumarían luego otras corrientes de pensamiento que contribuyeron a esta tarea de regeneración humana. El naturalismo de Rousseau propiciaría el advenimiento del primer 'hombre nuevo' con nombre propio, el 'ciudadano', que puede guiarse por su voluntad benéfica e infalible, autónoma y soberana. Las hipótesis de Darwin, por su parte, servirían para soñar con una raza de hombres mejor dotados, tanto en el carácter como en la constitución biológica, capaces de desarrollar un sentido ético (y étnico) superior. Al modernismo religioso, por su parte, no le bastó con que la Redención hubiese beneficiado espiritualmente al hombre caído, sino que imaginó al ser humano en un perenne estado de perfectibilidad que lo llevaría (según la alucinada escatología de Teilhard de Chardin) a fundirse con Dios, en un afrodisiaco punto G (perdón, quería decir punto Omega).
Este mito de la perfectibilidad humana es el motor (con carburante adulterado) de todas las utopías, que resucitaron el sueño de una Edad de Oro, despojada de la grandeza con que se revestía en las viejas mitologías paganas y acondicionada a la vulgaridad con olor a berza cocida y estufa mal purgada de las ideologías, que han ido evolucionando desde las orgullosas proclamas del racionalismo más infatuado al vómito balbuciente y sentimental de la razón hecha trizas (según aquel infalible principio mecánico y biológico que nos enseña que todo lo que sube baja). Sobre los quiméricos 'hombres nuevos' soñados por el comunismo, el fascismo o el nazismo nada diremos, pues ya han sido sobradamente diseccionados y hasta vulgarizados por el cine de Hollywood y los tertulianos más analfabetos. Mucho más interesante se nos antoja la figura del 'hombre nuevo' democrático, que en parte es el hombre-masa de Ortega (un hombre orgulloso de su vulgaridad, engolosinado en su bienestar, que sólo se guía por sus apetitos, mientras cree aseguradas la estabilidad política y la seguridad económica), en parte el hombre unidimensional de Marcuse (dedicado únicamente a producir y consumir e idiotizado por los mass media) y en parte el hombre programado de Skinner (un producto de la ingeniería social cuya conducta y pensamiento están inducidos, incluso determinados por el medioambiente, lo cual lo hace felicísimo).
Juan Manuel de Prada
Félix Velasco - Blog

Una lápida en Melilla

Los límites de Melilla están marcados por el alcance de una bala de cañón lanzada desde una esquina de la fortificación militar de la vieja ciudad, lo que los lugareños llaman El Pueblo y que hoy -a diferencia de años atrás- presenta un aspecto espléndido. La bala pesaba poco, el cañón Caminante fue inclinado en ángulo debido y cargado pertinentemente, y las diferentes balas que marcaron los límites de la ciudad alcanzaron una distancia que permitió a los melillenses expandirse poco a poco en esa figura de abanico que se abrió después de los cañonazos. Corría la mitad del siglo XIX. Tiempo en el que nacía en la República Independiente de Motril un niño llamado Antonio Herrera del Álamo, que, con los años, estaría llamado a servir a su país como militar en la primera agregaduría militar en la embajada de Washington, en la Cuba española, en la que contrajo matrimonio con la criolla Amparo Zayas, y en la Melilla de final de siglo que vio crecer a sus hijos isleños. Antonio defendió la plaza española como joven teniente en la conocida como Guerra de Margallo, allá por 1893, y fue condecorado por ello.
Aquella fue una más de las muchas guerras de los españoles con los rifeños, tribus varias que rodeaban Melilla, y fue así conocida por ser gobernador de la ciudad Juan García Margallo, bisabuelo del hoy ministro de Exteriores. Era la Guerra Chica, preludio de las tragedias que asolaron la milicia española de las dos primeras décadas del siglo XX. Melilla no pasaba de lo que hoy se conoce como la ciudad vieja: fue a partir de la mitad de la década de los años veinte cuando aquellos huertos que rodeaban la fortificación pasaron a convertirse en la ciudad modernista que hoy conocemos y que no deja de asombrar a los visitantes que no tienen ni idea de a qué ciudad llegan. Herreras de tres generaciones ocuparon sus calles, viéndola crecer, primero en guerra y luego en paz, hasta hacerse un conglomerado agradable y cálido como el de hoy, en el que la materia prima de su mar es servida deliciosamente en sus muchos lugares de asiento. Desde Los Salazones a La Pérgola, pasando por La Traviata o el Club Marítimo, Melilla es un bocado delicioso servido con aire español, a fuer de peninsular y beréber, difícil de olvidar.
Iba buscando las calles en las que corría mi padre cuando niño y los rincones que también defendió mi abuelo una vez pasó de soldado a oficial. Y buscaba la lápida que recordaba al motrileño que dejó su vida en la ciudad allá por 1908, después de haber vuelto de campañas imposibles. La encontré. Y anoté que no estaba solo. El mármol rezaba que, además del comandante Herrera, también yacía su hijo político Federico Sabau, teniente de Infantería, muerto en 1921 en Monte Arruit. No podía ser otro que el joven marido de la tía Lola, aquel trueno cubano que tanto amenizó y cubrió de gracia la infancia y adolescencia de todos los sobrinos Herrera, que éramos un ciento. Monte Arruit es uno de los pasajes más trágicos de la historia del Ejército español. Un grupo numeroso de soldados españoles se refugió, después de escaramuzas varias, en una suerte de fortificación en la que poder evitar las acometidas de los salvajes rifeños de la época. Sin agua ni comida, aguantaron las acometidas bebiendo su orina y comiendo betún, hasta que aceptaron el ofrecimiento de rendición de los atacantes. Traicioneros y miserables, fusilaron a cada uno de los soldados que iban saliendo a campo abierto y entraron posteriormente a degollar y masacrar a los que habían entregado sus armas. El panorama puede verse en testimonios gráficos en la Red. Una de las páginas más estremecedoras de las guerras de nuestros militares se escribió en los aledaños montañosos de Melilla, parejos en desgracia al Barranco del Lobo o al Desastre del Annual. De pie ante las letras que recuerdan en un rincón del cementerio de la ciudad a dos españoles de ley, cometí una imperdonable emoción por compartir sangre y apellidos con héroes de una España mucho más difícil que la que hoy felizmente vivimos.
Carlos Herrera
Félix Velasco - Blog

sábado, 7 de febrero de 2015

Tu destino es tuyo

 
No te dejes arrastrar por ideologías totalitarias fracasadas, sistemas económicos caducos generadores de pobreza y liderazgos mesiánicos trasnochados. No se puede construir el futuro con ladrillos usados que han demostrado ser incapaces de sostener un mundo global. Tú eres el forjador de tu destino: Sueña y lucha por ser cada día mejor, piensa en grande y pon todo tu empeño en alcanzar tus objetivos. Invierte tu energía en las ilusiones que guardas en tu corazón. Esfuérzate sin cesar en que tus anhelos se convierten en realidad. Lucha por seguir en la batalla cuando hayas caído y nadie esté cerca para ayudarte, pues solo quien confía en si mismo alcanza el triunfo. Alégrate por haber nacido y mira la vida con esperanza. Enfréntate a las adversidades con decisión, determinación y estrategia. Así que levántate y vive tu vida, no la vieja y obsoteta que otros quieren imponerte, porque ¡sólo tú eres el forjador de tu propio destino!
Félix Velasco - Blog

domingo, 1 de febrero de 2015

El asombro inacabable

Leo con desmedido asombro en la edición sevillana de ABC que un grupo de padres de alumnos de un colegio de la muy panadera Alcalá de Guadaíra -CEIP Los Cercadillos- hubo de movilizarse pidiendo firmas para presentar un escrito ante el Defensor del Pueblo Andaluz con el objeto de que los profesores del centro pudieran enseñar, en horas lectivas, el significado de la Navidad. No quedaba ahí la cosa: añadían el ruego de que el loable cargo intercediera para que en el mismo se pudieran decorar paredes y rincones con motivos cristianos alusivos a esas fiestas. Al parecer, en los últimos cuatro años eso había sido imposible. Ahí detuve la lectura, como digo, con el primer sorbo de asombro en mi escasa capacidad deductiva. ¿Un centro educativo español tenía algún tipo de impedimento para explicar que la Navidad es la Navidad por esto y aquello y lo de más allá? ¿Se trataba de un centro financiado por Arabia Saudí o algo parecido y pendía alguna amenaza de muerte sobre ellos? ¿Era un reducto secuestrado por un comando del Estado Islámico con mando a distancia? Qué va, qué va. Al parecer, esa situación se producía desde que se matriculó en el colegio un alumno cuyo padre amenazaba repetidamente a la dirección con denunciarla si transmitían a su hijo cualquier tipo de enseñanza religiosa. Un fanático partidario de la laicidad de la enseñanza pública, a lo que se ve. 
No acababa ahí la cosa: el tal sujeto presentó quejas repetidamente a la dirección, al Defensor del Pueblo y al Observatorio de la Infancia de Andalucía para que no se hablara de la Navidad, ni tan siquiera como una festividad cultural. ¿Fin del asombro?: ni mucho menos. Las exigencias del talibán en cuestión llegaron hasta intentar impedir la interpretación de villancicos, aunque en este caso la Inspección desestimó la reclamación al considerar folclore esas canciones. El centro, al parecer, acojonado ante semejante orate, evitó de alguna manera el asunto de la Navidad en horas lectivas, a pesar de que en los libros aprobados por la Junta aparecen temas en los que se habla de ello con aparente normalidad. El claustro de profesores, asustado como una damisela en un zoológico, prefirió no tener conflictos, aunque eso supusiera dejar al resto de los niños, cientos de ellos, sin referencia navideña. Como si aquello fuera Riad, más o menos. Pero el asombro continúa cuando se lee que, tras la presión de los padres 'normales', se pudieron decorar algunos espacios comunes: solamente, eso sí, con guirnaldas y espumillón, porque el resto de los motivos del árbol no digamos ya el nacimiento este capullo los consideraba religiosos. No se podían colocar angelitos ni campanas ni estrellas fugaces. Ni siquiera las características bolas de árbol navideño, ya que el gilipollas ve en ellas los frutos del árbol del Bien y el Mal del Génesis. El 19 de diciembre, fuera de horas lectivas, se permitió una pequeña fiesta de Navidad, pero los niños no pudieron ir vestidos de pastorcillos ni nada parecido, ya que ello evocaba una escena del belén... fueron vestidos de cotillón. 
Hace pocos años la fiscal Pilar Barrero exigió histéricamente que se retirase un pequeño conjunto de figuras de un nacimiento confeccionado por jóvenes discapacitados de la Fundación Carmen Pardo Valcarce que habían situado en un rincón del edificio de la Fiscalía General del Estado. A lo que se ve, atentaba contra la dignidad del Estado. Lo sorprendente del caso, al igual que en Alcalá, es que el superior de la institución le hizo caso. Y al carajo el belén, o las tres figuras. Como en el colegio, en el que, sorprendentemente, en vez de enviar a la mierda a semejante integrista como tiene que ser un tío así, qué amargura, todos se acongojaron y se plegaron a sus exigencias. A buen seguro no es el único caso, y muchos me dirán que en su centro tampoco pueden desear Feliz Navidad en virtud del laicismo. Un concejal de Sevilla deseaba, el muy cursi, felicidad para el solsticio de invierno. Pero no pasaba nada, nos reíamos todos de él y ahí acababa la cosa. Lo del colegio es una dejación de funciones elementales por culpa de un neurótico con la cabeza trastornada. Fin del asombro.
Carlos Herrera
Félix Velasco - Blog

Un verbo que se conjuga poco

Hace unos días, la presidenta del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género hizo unas declaraciones en las que abogaba por prohibir los piropos, a los que considera, y cito textualmente, «una auténtica invasión de la intimidad de la mujer». Según ella, la sociedad tiene la piel demasiado fina con respecto a este asunto y nadie tiene derecho a hacer un comentario sobre el aspecto físico de una mujer, porque supone una invasión. Leo la noticia y me pregunto si la señora Ángeles Carmona no tendrá ideas más felices para combatir tan terrible lacra social. Para empezar, le diré que anda muy atrasada de noticias. Como saben bien todas mis congéneres, hace ya mucho tiempo que en España no se oyen requiebros, galanterías ni piropos retrecheros que le alegraban el día a una. Por fortuna tampoco se oyen bastezas e insultos, pero, en nuestro afán de ser políticamente correctos, me temo que con el agua sucia tiramos también al bebé, y ahora ya nadie murmura un elogio ni en la calle ni en ningún sitio por miedo a ser tachado de machista. ¿De verdad cree la señora Carmona que se lucha contra la violencia de género ampliando la brecha ya existente entre los dos sexos? ¿Piensa de veras que el problema se acaba multando a un muchacho por intentar abordar a una chica en un bar, o a un compañero de trabajo por decir «qué guapa estás esta mañana»?
Arguye la señora Carmona que en El Cairo las mujeres se ven obligadas a ir por la calle con auriculares o tapones en las orejas para no oír las ordinarieces que les dicen los hombres. No dudo que así sea, y por supuesto lo deploro, pero supongo que tampoco ignorará Ángeles Carmona que en Egipto se producen violaciones múltiples y otras atrocidades, por lo que prohibir el piropo parece un chiste, comparado con las medidas que habría que tomar parar erradicar la violencia de género. Comparto con ella, en cambio, mi perplejidad al ver cómo ciertas conductas que todos creíamos relacionadas con la cultura machista y con educaciones pretéritas persisten, sin embargo, en las nuevas generaciones. De ahí que las últimas campañas de concienciación estén destinadas ahora a explicar a las adolescentes lo que las mujeres adultas sabemos ya de sobra, que las actitudes violentas o dominantes por parte de sus parejas no son un signo de amor, sino todo lo contrario. Habría que reflexionar entonces qué se está haciendo mal en las escuelas y en las casas para que comportamientos de esta naturaleza sean tan difíciles de erradicar. Yo creo que la solución está menos relacionada con el verbo prohibir y más con el verbo respetar. Acepto que es más fácil apelar al primero que conjugar el segundo, pero a la larga es el único que funciona.
 ¿No sería mejor, en vez de prohibir que los hombres expresen su admiración por las mujeres, enseñarles las muchas y buenas razones que hay para hacerlo? ¿No sería más útil fomentar que, en los colegios, sean los propios niños quienes denuncien comportamientos machistas por parte de otros en vez de reírse y jalearlos? El problema con el verbo respetar es que no admite excepciones en su conjugación. De nada sirve, por ejemplo, que un padre le diga a su hijo que respete a su madre o a su hermana si él no lo hace. Y un maestro, por su parte, clamará en el más desolado de los desiertos recomendando a sus alumnos que traten bien a las chicas si no es un comportamiento que ellos vean en su entorno. Sé que el problema no es fácil y que tiene muchas aristas, pero me parece más sensato no perder la cordura ni el sentido común cuando se trata de lacras tan graves. Más aún, creo que voy a arriesgarme a defender todo lo contrario de lo que sostiene la señora Carmona. Un halago, un requiebro y un piropo bien dichos nunca le han hecho mal a nadie y son exactamente lo contrario de esos exabruptos groseros y faltones que, por fortuna, hace ya años que no se escuchan en ningún callejón ni en ningún parque de nuestras ciudades. Algo que para mí indica que sí hay esperanza para la plena conjugación del verbo respetar.
Carmen Posadas
Felix Velasco - Blog


jueves, 29 de enero de 2015

Pequeñas hijas de puta

Supongo que a muchos se les habrá olvidado ya, si es que se enteraron. Por eso voy a hacer de aguafiestas, y recordarlo. Entre otras cosas, y más a menudo que muchas, el ser humano es cruel y es cobarde. Pero, por razones de conveniencia, tiene memoria flaca y sólo se acuerda de su propia crueldad y su cobardía cuando le interesa. Quizá debido a eso, la palabra remordimiento es de las menos complacientes que el hombre conoce, cuando la conoce. De las menos compatibles con su egoísmo y su bajeza moral. Por eso es la que menos consulta en el diccionario. La que menos utiliza. La que menos pronuncia.
Hace dos años, Carla Díaz Magnien, una adolescente desesperada, acosada de manera infame por dos compañeras de clase, se suicidó tirándose por un acantilado en Gijón. Y hace ahora unas semanas, un juez condenó a las dos acosadoras a la estúpida pena -no por estupidez del juez, que ahí no me meto, sino de las leyes vigentes en este disparatado país- de cuatro meses de trabajos socioeducativos. Ésas son todas las plumas que ambas pájaras dejan en este episodio. Detrás, una chica muerta, una familia destrozada, una madre enloquecida por el dolor y la injusticia, y unos vecinos, colegio y sociedad que, como de costumbre, tras las condolencias de oficio, dejan atrás el asunto y siguen tranquilos su vida.
Pero hagan el favor. Vuelvan ustedes atrás y piensen. Imaginen. Una chiquilla de catorce años, antipática para algunas compañeras, a la que insultaban a diario utilizando su estrabismo -«Carla, topacio, un ojo para acá y otro para el espacio»-, a la que alguna vez obligaron a refugiarse en los baños para escapar de agresiones, a la que llamaban bollera, a la que amenazaban con esa falta de piedad que ciertos hijos e hijas de la grandísima puta, a la espera de madurar en esplendorosos adultos, desarrollan ya desde bien jovencitos. Desde niños. Que se lo pregunten, si no, a los miles de homosexuales que todavía, pese al buen rollo que todos tenemos ahora, o decimos tener, aún sufren desprecio y acoso en el colegio. O a los gorditos, a los torpes, a los tímidos, a los cuatro ojos que no tienen los medios o la entereza de hacerse respetar a hostia limpia. Y a eso, claro, a la crueldad de las que oficiaron de verdugos, añadamos la actitud miserable del resto: la cobardía, el lavarse las manos. La indiferencia de los compañeros de clase, testigos del acoso pero dejando -anuncio de los muy miserables ciudadanos que serán en el futuro- que las cosas siguieran su curso. El silencio de los borregos, o las borregas, que nunca consideran la tragedia asunto suyo, a menos que les toque a ellos. Y el colegio, claro. Esos dignos profesores, resultado directo de la sociedad disparatada en la que vivimos, cuya escarmentada vocación consiste en pasar inadvertidos, no meterse en problemas con los padres y cobrar a fin de mes. Los que vieron lo que ocurría y miraron a otro lado, argumentando lo de siempre: «Son cosas de crías». Líos de niñas. Y mientras, Carla, pidiendo a su hermana mayor que la acompañara a la puerta del colegio. La pobre. Para protegerla.
Faltaba, claro, el Gólgota de las redes sociales. El territorio donde toda vileza, toda ruindad, tiene su asiento impune. Allí, la crucifixión de Carla fue completa. Insultos, calumnias, coro de divertidos tuiteros que, como tiburones, acudieron al olor de la sangre. Más bromas, más mofas. Más ojos bizcos, más bollera. Y los que sabían, y los que no saben, que son la mayor parte, pero se lo pasan de cine con la masacre, riendo a costa del asunto. La habitual risa de las ratas. Hasta que, incapaz de soportarlo, con el mundo encima, tal como puede caerte cuando tienes catorce años, Carla no pudo más, caminó hasta el borde de un acantilado y se arrojó por él.
Ignoro cómo fue la reacción posterior en su colegio. Imagino, como siempre, a las compis de clase abrazadas entre lágrimas como en las series de televisión, cosa que les encanta, haciéndose fotos con los móviles mientras pondrían mensajitos en plan Carla no te olvidamos, y muñequitos de peluche, y velas encendidas y flores, y todas esas gilipolleces con las que despedimos, barato, a los infelices a quienes suelen despachar nuestra cobardía, envidia, incompetencia, crueldad, desidia o estupidez. Pero, en fin. Ya que hay sentencia de por medio, espero que, con ella en la mano, la madre de Carla le saque ahora, por vía judicial, los tuétanos a ese colegio miserable que fue cómplice pasivo de la canallada cometida con su hija. Porque al final, ni escozores ni arrepentimientos ni gaitas en vinagre. En este mundo de mierda, lo único que de verdad duele, de verdad castiga, de verdad remuerde, es que te saquen la pasta.
Arturo Pérez-Reverte
Félix Velasco - Blog

martes, 20 de enero de 2015

Refranes "cultísimos"

7
 1.    Más vale voluntad en cavidad metacarpiana que diez elevado al cuadrado surcando el etéreo espacio.
        (Más vale pájaro en mano que ciento volando)

 2.    Es más lucrativo plumífero volador en cavidad metacarpiana que antilogaritmo de dos en atmósfera de éter.
        (Más vale pájaro en mano que ciento volando)
 3.    A equino graciosamente transferido no le periscopees el incisivo.
        (A caballo regalado no le mires el diente)
 4.    Quien con impúber pernocta excrementado alborea.
        (Quien con niños se acuesta, ensuciado se levanta)
 5.    A dicciones articuladas por laringes insolentes, trompas de Eustaquio en estado letárgico.
        (A palabras necias oídos sordos)
 6.    A vocablos malsonantes, oídos persecopédicos.
        (A palabras necias oídos sordos)
 7.    Innúmeras estridencias, más escasos frutos de vegetales juglandáceos.
        (Mucho ruido pero pocas nueces)
 8.    Ejecuta la provechoso y no vislumbres al sujeto agraciado.
        (Haz bien y no mires a quien)
 9.    Manifiesta a mi ego con quién te relacionas y un servidor pronosticará tu personalidad.
        (Dime con quién andas y te diré quién eres)
10.    Quien anhele semovientes acuáticos que se inunde los glúteos.
         (El que quiera peces que se moje el culo)
11.    ¿Qué individuo te ha surtido de cilindro cerífeo en el presente sepelio?
         (¿Quién te ha dado vela en este entierro?)