sábado, 19 de septiembre de 2015

No hay huevos


Da igual. Por muchos avisos que mandes acerca de la ruina que supone sentirse independientes –y serlo, evidentemente– nada cambiará la opinión de los que viven en la lluvia de azufre de la química sentimentaloide. Es inútil confrontar racionalidad con sentimentalidad: gana la puesta en escena, la épica pequeña de cuarto de baño, la ensoñación infantil. Les han prometido la Arcadia Permanente y se lo han creído, y ante eso no hay Junker que valga, ni Merkel, ni Cameron, ni Obama, ni la madre que los crió. Presumen de ser una colectividad guiada por el «seny» y son, en su mitad más expresiva, unos adolescentes inmaduros ensimismados en melancolías absurdas. La otra mitad, salvo meritorias excepciones, no saca la cabeza del agua por temor a la exposición al sol: y no acaban de entender que así, aunque se evite la insolación, lo más probable es perecer ahogado.
Si yo fuera independentista sospecharía muy mucho de mis iniciativas si fuera de mi corral me apoyaran los más tontos de la clase. La imposible independencia de Cataluña es sólo refrendada y jaleada por sujetos del tipo Willy Toledo, lo cual desalienta al más pintado. Pero digo, da igual. Entiendo la épica menor de los que se sienten protagonistas de la historia, pero no acabo de entender a los que, con todos los datos en su mano, juegan con el fuego del futuro vacío, nudoso, casi estéril. Allá cada uno, podrá decir usted, y tendrá razón, pero me sorprende que empresarios catalanes le tengan más miedo a Artur Más que a perder el mercado que les sustenta.
El Círculo famoso de empresarios catalanes que tanto se juega en este sopicaldo ha optado por la equidistancia. No le ha dicho a los separatistas «estáis jugando con nuestras empresas, con nuestro patrimonio, con el trabajo de miles de familias», no. Le ha dicho «no es lo mejor, pero pedid luego un referéndum». Ha pedido la consecución de una ilegalidad para quitarse de en medio, como siempre, y no dar un paso al frente en defensa de sus intereses. Es evidente que los separatistas encabezados por ese dislate de Más han presionado hasta la náusea a Fomento del Trabajo y al Círculo en cuestión, prometiéndoles un futuro sin impuestos o un presente sin ayudas. Y éstos, a buen seguro, han pensado que es más cómodo dejar que los votantes le den la mayoría a los independentistas, cosa que ocurrirá puede que por incomparecencia de los contrarios –que seguirán quedándose en casa si nada lo remedia–, para después reclamar un cierto toque de queda, una moratoria de incendios, una salida rápida de los bomberos para apaciguar fuegos innecesarios. No lo dicen ahora porque no se atreven. Lo dirán después y con la boca contrita. Nadie espere heroicidades. Muerto Lara, Bonet hay sólo uno. El dueño de Freixenet, una suerte de héroe solitario, le dijo a sus trabajadores: después de la independencia perderemos la Denominación de Origen, tendremos que pagar aranceles, perderemos también mercado, ya no seremos competitivos y muchos de ustedes, lamentablemente, se quedarán sin trabajo. La verdad desnuda. No espere que eso lo digan los de Gallina Blanca, por ejemplo. 
Será interesante comprobar cuántos capitales saldrán pitando de Cataluña al día siguiente de la victoria de Juntos Por El Sí. Ni siquiera el día en que salga algún iluminado al Balcón, el Gran Balcón Soñado. No. El mismo día de la victoria de los separatistas. Ayer se publicaba un dato interesante: las empresas con sede en Cataluña caen en bolsa cuatro veces más que las del Ibex 35 (elconfidencial.com). Aten esa mosca por el rabo. ¿Quién quiere sacrificar gratuitamente su patrimonio? Desde luego no todos los empresarios que, en cuanto pueden, te lloran en el hombro lamentando los aconteceres. Claro que siempre se les puede decir que quien quiere tortilla antes o después tendrá que romper los huevos. Y lo malo es que no hay huevos.
Carlos Herrera
Félix Velasco - Blog

sábado, 5 de septiembre de 2015

Responsabilidades colectivas

Ayer, tras ver la foto de ese ángel dormido a la orilla de la muerte, se me despertó la incorrección política ante el exceso de ayes teatralizados y demagógicos de este Occidente en permanente búsqueda de la autoinculpación por todo lo que ocurre más allá de nuestras soberanías personales. No pude por menos que pensar en la machacona insistencia en crear culpables colectivos que tiene buena parte de la biempensante sociedad de este lado de las guerras o de la miseria. Pareciera que usted, bien individualmente, bien de forma conjunta, fuera el culpable de la muerte de un pobre chiquillo, su hermano y un puñado de personas más. 
Convengamos de partida que ni usted, ni yo, ni Europa en su conjunto somos responsables de la espiral de destrucción a la que se ve sometida Siria o Iraq. Usted no es el Daesh, ni forma parte de las mafias que acarrean personas a cambio de muchos dólares en embarcaciones abarrotadas camino a ninguna parte. Usted no es El Assad, ni es la resistencia Siria, ni ha invadido aquél país con cuchillos degolladores, ni es el malo de la película. Usted tiene bastante con salir adelante cada día y escudriñar el futuro en busca de oportunidades. Pero usted, como yo, como todos, no puede dejar de estremecerse ante la visión descarnada de la tragedia. Eso no debe llevarnos a diagnosticar equivocadamente el monto de las culpas: no es el fracaso de Europa, como machaconamente se repite de forma simple e impostada, es el fracaso de Siria, en todo caso. Ese pobre chiquillo de poco más de tres años huía de la mano de su padre de un infierno que no somos capaces de imaginar y a lo más que podemos llegar, más allá de compadecernos, es a entender que hay que realizar un esfuerzo por acoger a los que huyen y comprender a los gobernantes comunitarios cuando tomen la decisión de darles cobijo. Sin embargo, será correcto estremecerse también por todos aquellos niños que no mueren en el mar pero que sí mueren en Alepo, asesinados por el islam fanático. Miles de ellos hasta ahora. Y hasta ahora no han agitado sentimientos y conciencias, de quien los tenga. 
Aún peor que esta visión que ha sacudido el remordimiento occidental es la de un bebé asesinado y pisoteado por un Imán fanático. Anda por ahí el video y hay que tener valor para verlo, sin entrar en ese debate un tanto exquisito en el que nos entretenemos los periodistas cuando nos planteamos si ofrecer o no la carnicería completa. Una cosa es conmoverse y otra moverse, y hacerlo en la dirección adecuada. No nos engañemos: la solución es bélica y consiste en enviar soldados bien armados hasta acabar con toda esa chusma. No basta con bombardear. Europa, tan estupenda, debe hacerse a la idea de que los ejércitos no son oenegés con pistolas, ni son meros instrumentos de «misiones de paz». Y los Estados Unidos, aunque vea de lejos el problema de los refugiados masivos, no debe mirar para otro lado y pretender que sea Irán quien saque las castañas del fuego sirio. A algunos les costará diferenciar entre malos y muy malos y puede que haya que tragar con la presencia en aquél escenario de un asesino compulsivo como el dictador sirio, pero antes o después habrá que tomar posiciones. Eso o abrir las puertas para que entre un país entero y sea deglutido por sociedades agotadas como son la mayoría de las europeas. Evidentemente, a los cristianos de aquellos lares hay que protegerlos de la voracidad criminal de los fanáticos islamistas, pero también a no pocos musulmanes igualmente víctimas, y a paseantes y a descreídos, a grandes y pequeños. Vayamos haciéndonos a la idea.
Pero guarde firmemente un convencimiento: que no le cuenten cuentos, no hay culpables colectivos. Y a ese niño no lo ha matado usted.

viernes, 7 de agosto de 2015

Dinero, sueños y felicidad

La realización personal implica algo distinto para cada individuo, dependiendo de su cultura, necesidades y situación. Disfrutar de la vida, de una conversación, de los amigos, de la familia, sentirse bien con uno mismo,... son algunos de los ingredientes de la felicidad. Podríamos explicarla de mil maneras diferentes pero, aunque cada uno tengamos nuestra propia definición, todos coincidimos en una cosa: nuestro objetivo principal en la vida es encontrarla.
- ¿El dinero no compra la felicidad? - Tal vez no lo haga, pero sí podría hacerte la vida menos infeliz. Las principales preocupaciones de las personas son la ansiedad financiera, los problemas de salud, la inseguridad laboral, y tener que hacer tareas aburridas y agotadoras. Bien invertido, el dinero podría aliviar estas inquietudes.
- ¿Al cumplir mis sueños seré feliz? - Es común pensar que encontrarás la plenitud después de lograr tus planes, pero la felicidad no deberían depender del éxito, sino acompañarte en el camino hacia él. De hecho, si te sientes feliz al crear y perseguir una meta, podrían aumentar tus posibilidades de alcanzarla.
O tal vez sea más sencillo, como afirmaba Albert Schweitzer: “la felicidad no consiste en otra cosa que en tener buena salud y mala memoria”.
Félix Velasco - Blog

sábado, 1 de agosto de 2015

Tontos de verano

Como los tintos de verano, bebida espumosita y valdepeñística con nombre de chirigota gaditana, los tontos de verano. Son legión. Como las citadísimas bicicletas, los tontos son para el verano. Un tonto, en verano, se ve venir desde más larga distancia que en invierno. El tonto de verano salta más a la vista que el tonto de entretiempo. Si para el invierno consagré la clasificación entomológica de Tonto con Balcones a la Calle, el de verano es un tonto con los balcones abiertos, para que le entre el fresquito. Sin agotar la nómina, he aquí una primera aproximación al Catálogo de Tontos de Verano, que prometo ampliar en próximas entregas con la colaboración siempre impagable de mis lectores:
El tonto de la botella.- Suele ir en pantalones cortos y chancletas, pero se le reconoce por la botella de agua mineral que siempre lleva en la mano. El tonto de la botella ha oído en los consejos médicos para el verano que hay que hidratarse y lo sigue al pie de la letra. Porque el tonto de la botella no bebe: se hidrata. Existe una versión femenina del tonto de la botella, resultado de la obligatoria paridad: la tonta del botellín. En vez de la botella en la mano lleva el botellín de agua mineral dentro del bolso.
El tonto del bronceador.- Este se ha aprendido perfectamente lo del melanoma y menudo coñazo te pega con el peligro del melanoma cuando te ve extenderte el bronceador normal y corriente que te has comprado. Para el tonto del bronceador, el bronceador de toda la vida no es bronceador: es el protector solar, ¡toma ya! Y la bronca te la pega como uses un protector normalito, de factor 5 o así. Como no sea de factor 30 o factor 50, prepárate para la monserga del melanoma que te va a colocar el tonto del bronceador. Y por el contrario, haz la prueba: dile que usas un Protector Pantalla Total, que seguro que te da un homenaje y hasta te canta «El Veranito», la canción en plan León y Quiroga con música de Georgie Dann y letra del Cortinglés.
El tonto de la hoja de reclamaciones.- El tonto de la hoja de reclamaciones se lo pasa mucho mejor en verano que en invierno. En invierno protesta menos. Pero en el verano está en todo lo suyo. Te lo encuentras en el chiringuito, en la agencia de viajes, en la recepción del hotel, en la oficina de alquiler de coches, siempre dando por saco, formando cola de los otros clientes que esperan, hasta que el tío sale con cara de satisfacción tras exigir sus derechos en la hoja de reclamaciones que ha presentado, y que suele ser de un papel con el mismo uso que el Renova o el Scott.
El tonto del refrescante.- Es un tonto exclusivo que tienen para el verano las agencias de publicidad. Derrochan tanta imaginación (¡por aquí, mira cómo se me ha quedado el dedo!) que todo te lo venden como refrescante: la película más refrescante, el programa de televisión más refrescante, la bebida más refrescante, el viaje más refrescante... La que tenéis que refrescar es vuestra imaginación, so tontos.
El tonto con niños en Inglaterra.- He comprobado para qué mandan los niños a Inglaterra estos tontos. No para que estudien inglés, sino para que el tonto con niños en Inglaterra pueda presumir diciéndote que los ha mandado. La antitítesis del tonto con niños en Inglaterra era mi recordado amigo Eduardo Osborne, que decía: «No, yo no mando a los niños a Inglaterra para que aprendan inglés; los mando para que por lo menos aprendan a hablar bajito como los ingleses...»
Tontos de verano, tontos con suplemento de vista al mar. Y eso que no he hablado del que ayer tuvo su día de gloria: el tonto forofo de José Tomás, al que los toros le suelen importar un ca...tálogo de tontos de verano.
Antonio Burgos
Félix Velasco - Blog

Errores

Es listo quien comete errores y aprende de ellos. Pero quien aprende de los errores de los demás es inteligente, y tal vez, sabio porque puede aprender mucho, mucho, mucho más.
 La tendencia humana es tratar de ser listo, no sabio. Hay quien, ignorando las lecciones que le brinda su entorno, les gusta afirmar: “Tengo derecho a equivocarme, déjame cometer mis errores, la experiencia propia es mejor que la teoría ajena…” 
Pero por muchos errores que uno cometa, la Humanidad a lo largo de la Historia, ha cometido muchos más, cientos de millones más,... y seguramente, algunos más graves.
 ¡Las oportunidades que se pierden de ser inteligente o sabio, colocándose adelante de la mayoría empeñada en equivocarse y no en aprender!
Félix Velasco - Blog

martes, 28 de julio de 2015

No siempre el problema de España son los políticos

No siempre el problema de España son los políticos, también lo son...
- Aquellos a los que no les gusta leer o ven telebasura.
- Aquellos que no quieren estudiar o lo hacen de manera mediocre.
- Aquellos a los que no les gusta madrugar y lo hacen refunfuñando.
- Aquellos que no quieren trabajar o lo hacen sin dar lo mejor de si mismos....
- Aquellos que viven esperando el viernes y dejan de "vivir" el resto de la semana.
- Aquellos que se despiertan de mal humor el lunes y amargan la existencia a quienes conviven con ellos.
- Aquellos que solo piensan en fiestas y no tienen ni un pequeño barniz de cultura.
- Aquellos que solo saben hablar de futbol y hacen de ello el centro de su existencia.
- Y muy especialmente aquellos que votan con odio y una emocionalidad desmedida, sin pensar con lógica ni razonar suficiente.
Félix Velasco - Blog

sábado, 11 de julio de 2015

Taras Bulba

Novela épica de los cosacos del Dniéper, Tarás Bulba es un relato repleto de acción, de heroísmo, de traiciones, de pasiones y de los vastos espacios esteparios que durante siglos ocupó y defendió este feroz pueblo guerrero. La historia de este indomable caudillo cosaco y de sus dos hijos, de su continuo batallar contra los polacos y de su tremendo y heroico final nos traslada en volandas a ese do...minio mágico e inagotable en el que se funden mito e historia. El protagonista de la novela es en realidad el pueblo cosaco, de origen eslavo y asentado después del siglo X en las estepas que hoy conforman gran parte de Ucrania y el sur de Rusia. Pueblo cuya imagen estereotipada es la de unas gentes más bien salvajes, levantiscas y celosas de su libertad, consumados jinetes y juerguistas de campeonato (tan diestros en el danzar como en el beber).
Félix Velasco - Blog

Notas de Albert Einstein - 1896

guerra civil


miércoles, 24 de junio de 2015

Mokusatsu: la palabra que cambió la historia

Una palabra de Kantarō Suzuki, que fue militar japonés y que en abril de 1945 fue nombrado Primer Ministro, con 77 años, fue el que sin desearlo ni esperarlo, cambió el rumbo de los acontecimientos.
Poco después de ser nombrado Ministro, durante la Segunda Guerra Mundial, los aliados celebraron la conocida Conferencia de Potsdam, que incluía entre sus acuerdos un ultimátum a Japón instándole a rendirse sin condiciones. Según se sabe, Suzuki y sus hombres eran partidarios de aceptar las condiciones y acabar con la guerra que allí viviína de forma definitiva, de hecho, querían gestionar el momento con mucho cuidado y delicadeza.
Cuando le preguntaron a Kantarō Suzuki por la Conferencia de Potsdam y sus repercusiones en Japón, éste quiso ser cauto, por lo que utilizó una palabra que probablemente y debido a lo que después sucedería, no fue la más adecuada por ser demasiado ambigua. Kantarō dijo que estaba adoptando una posición de mokusatsu con respecto a lo expuesto en las conclusiones de Potsdam. El problema es que esta palabra, mokusatsu, tiene dos significados: el primero es como “guardar silencio por el momento”; el segundo significado es “ignorar”. La ambigüedad de la palabra hizo que la Agencia de Noticias Japonesa cometiera un grave error, el de dar por buena el segundo significado y traducir las declaraciones de Sukuzi indicando que Japón ignoraba el ultimátum de Potsdam.
La postura de Japón que se deducía de aquel mensaje del primer ministro Kantarō Suzuki hizo que el presidente de Estados Unidos, Truman en aquel momento, decidiera usar la bomba atómica. Aquel error de interpretación o traducción costó la vida de miles de personas.
Historia
Félix Velasco - Blog

sábado, 20 de junio de 2015

En nuestras trece

Sorprendí el otro día en la televisión a unos periodistas deportivos enzarzados en el debate de si Cristiano Ronaldo es mejor o peor que Messi. No es la primera vez que escucho una discusión tan grotesca; así que imagino que constituye una atracción televisiva habitual. Y digo grotesca porque, para cualquier persona que no esté completamente ofuscada por predilecciones partidistas, resulta evidente (basta ver jugar a cada uno un par de partidos) que Messi es un jugador infinitamente más dotado que Cristiano Ronaldo, infinitamente más perspicaz, habilidoso y desarmante del adversario. Con esto no quiero decir que Cristiano Ronaldo sea malo, sino todo lo contrario (aunque, desde luego, a chupón no lo gana nadie); pero Messi es superlativo y portentoso. El gol que Messi le cascó a mi amado Athletic de Bilbao en la última final de la Copa del Rey, por ejemplo, sería imposible que lo cascase Ronaldo; y esta imposibilidad es constitutiva, ontológica y, por lo tanto, irremediable.
Pero yo no quería hablar aquí de Messi y Cristiano Ronaldo, sino de ese españolísimo rasgo de carácter que consiste en «sostenella y no enmendalla», aferrándonos a las convicciones propias, aunque carezcan de fundamento, y permaneciendo siempre en nuestras trece, aunque la realidad nos lleve la contraria. Este obcecamiento, que en otras latitudes se considera síntoma de desvarío, en España es considerado conducta meritoria y hasta virtuosa; y como alimenta las esperanzas de otros obcecados que sostienen el mismo delirio, el delirante acaba convirtiéndose incluso en líder de masas, o siquiera en influyente prócer. Así, por adición de obcecados, se construyen facciones irredentas a las que luego el sistema pone a dialogar demagógicamente, para fingir que a través del diálogo se logra el entendimiento. Pero el resultado de tales diálogos es tan estéril y disparatado como el de esas tertulietas deportivas donde se debate si Cristiano Ronaldo es mejor que Messi.
En realidad, el recurso del diálogo, tan socorrido entre los demagogos (diálogo entre creyentes y ateos, entre marxistas y liberales, entre blancos y negros, etcétera), se cuenta entre los más inútiles, cuando no existe voluntad de allanarse ante la realidad. En un mero trueque de palabras no puede existir posibilidad de entendimiento si previamente los 'dialogantes' no han hecho firme propósito de renunciar a los sentimientos y hacer uso de la razón, meditando las enseñanzas que la realidad nos ofrece. Cuando esto no ocurre (que es la mayoría de las veces), el diálogo se torna contraproducente y aturdidor, como se prueba en las tertulietas televisivas, donde tirios y troyanos sueltan su morralla sin que nadie convenza a nadie, sino más bien al contrario; y con unos efectos demoledores sobre las masas que consumen tal bazofia, que poco a poco se convierten en ejércitos de obcecados, jenízaros de tal o cual proveedor de morralla.
Siendo del todo sinceros, ni siquiera en su expresión filosófica el diálogo ha rendido grandes servicios al entendimiento. Esto se puede apreciar leyendo a Platón, cuyos diálogos no desembocan en una tesis, sino que más bien suscitan en el lector una sucesión de dudas irresolubles, a las que puede dar respuesta acogiéndose a las opiniones que vierten los diversos participantes en tan nobles coloquios. Pues, si en los diálogos platónicos no se alcanza el grado suficiente de entendimiento que conduce a la formulación de una tesis, ¿qué diremos de los diálogos entre españoles, discutidores y litigantes por naturaleza, que a lo largo de los siglos han gastado ingentes cantidades de saliva e ingenio sin llegar nunca a entenderse, sino por el contrario logrando que sus posiciones se enconen cada vez más? Los dos últimos siglos, desde las Cortes de Cádiz hasta nuestros días, que han sido los más dialogantes, han sido también los de más honda división entre españoles: con frecuencia solventada a tiros; y, en esta fase pacifista de la Historia, mediante una demogresca azuzada por la partitocracia que poco a poco convierte nuestra patria en un pandemónium grotesco.
Dialogar, debatir, discutir, de nada sirve cuando no se comparten premisas y no existe voluntad de entendimiento. Y sólo puede haber entendimiento cuando se acepta que existen realidades objetivas que no pueden estar siendo sometidas constantemente a controversia. Salvo que el fin del diálogo no sea el entendimiento, sino la mera locuacidad; pero no debemos olvidar que todas nuestras guerras civiles han salido de los debates y tertulias que mantenían nuestros obcecados e influyentes próceres.
Manuel de Prada
Félix Velasco - Blog 

Hacer el ganso

En este año de reiteradas citas electorales, además de la extenuación que produce tanto prometer la Luna, tanta trola y tanto «y tú más», una de las cosas que más me irritan es ver a padres -y madres- de la patria haciendo el ganso. Que si uno se desnuda porque dice que no tiene nada que ocultar, que si al otro le da por hacer puenting porque no sabe cómo ingeniárselas para salir en las noticias. Por lo visto, ya no les basta con jugar a la petanca con jubilados, besar niños en los parques o darse un baño de masas en el mercado preguntando a cuánto están las alcachofas. Como lo único que importa es la foto, imaginación al poder, todo vale, cuanto más chusco o imbécil, mejor. Claro que una ya debería estar curada de espanto, porque en la tele no hacen otra cosa. Y no hablo ahora de políticos, sino de personajes supuestamente interesantes de otros ámbitos. Antes, en los programas de entrevistas solían traer, qué sé yo, a un actor, a un escritor o a una cantante para intentar desvelar eso que llaman su «lado humano». Aún recuerdo aquel viejo programa titulado A fondo, en el que entrevistaban a Borges, a Rosa Chacel, a Dalí o a Adolfo Marsillach para hablar de todo un poco. Es verdad que el programa era un tanto estático, sin apenas otro plano que la cara del invitado o, todo lo más, el inserto de alguna foto de juventud o la carátula de sus libros. Pero lo que contaban era tan fascinante que se pasaba en un suspiro la hora y pico que duraba la emisión. Ahora, en cambio, si invitan a alguien interesante a un programa de estas características, lo normal es que lo pongan a hacer una tortilla, a saltar a la comba, a bailar la conga o a matar marcianos en una videoconsola. Y ninguno rechista. Tan acostumbrados están -estamos- a la tiranía de la imagen que hasta Michelle Obama encontró, no hace mucho, de lo más normal que la presentadora de un programa la pusiera a hacer flexiones; qué superguay, la primera dama por los suelos haciendo músculo, ya tenemos asegurado el trending topic del día. Es así. Nadie precisa estrujarse las meninges para decir algo memorable. Pasará mucho antes a la posteridad (o al menos al efímero cuarto de hora de gloria que ahora otorga la modernidad) mostrando su destreza con el yoyó o, tal como le ocurrió al príncipe Harry hace unas semanas, realizando una danza maorí de esas en las que hay que poner cara de bestia y soltar gruñidos. Y luego se asombran cuando los niños, en vez de decir que de mayores quieren ser astronautas, médicos o incluso futbolistas como antes, proclaman que quieren ser «famosos». Tienen toda la razón, para qué molestarse. Te ahorras los cinco o seis años de universidad o de cualquier tipo de preparación y vas directo a lo que importa, hacer el ganso. De hecho hay gente que ya vive de eso. Como los que cuelgan vídeos en YouTube, por ejemplo. Un tipo que se inmortaliza dejándose cubrir por un enjambre de abejas, otro al que le da por comer cuarenta huevos fritos o caminar por el pretil de un rascacielos. Y ni siquiera es indispensable jugarse el bigote o la salud. Vale también colgar las pedorretas de su retoño o su destreza haciendo un castillo con mondadientes. Si el vídeo se vuelve viral (y lo consiguen algunos verdaderamente chorras), se forra uno. Eso por no hablar de los famosos youtubers, claro. Me refiero a esos jóvenes que día a día cuentan a sus innumerables fanÿs cosas tan interesantes como la discusión que tuvieron anoche con sus viejos o pormenores de su vida sentimental o sexual. No me pregunten cómo ni por qué, para mí es un misterio insondable, pero todas estas sandeces tienen millones de visitas que se traducen en pasta constante y sonante. Saben una cosa...... a medida que escribo estas líneas empiezo a ver la luz. Con cada palabra que tecleo descubro lo equivocada que estoy y aquí mismo me retracto, me convierto y me caigo del caballo como Saulo camino de Damasco. Estoy completamente desfasada. Lo que hay que hacer es precisamente eso, graduarse en chorradas, licenciarse en filfas, doctorarse en gansadas. ¿Pero en cuál? ¡Ya la tengo! Se me acaba de ocurrir una que me va al pelo. Seguiré informando. 
Carmen Posadas
Félix Velasco - Blog

La gymcana de los idiotas

Esto parece una gymcana (¿se dice así?), una de esas pruebas de esfuerzo en las que los contendientes deben superar determinados obstáculos y obtener el premio al más completo: el que más salta, el que más corre, el que tiene mejor cintura, el que resulta más habilidoso. La constitución de los ayuntamientos ha brindado un ramillete de participantes de gymcana dispuestos a epatar al jurado y a mostrar su capacidad para superar el «más difícil todavía». Y, en función de ello, cuesta decidir quién se lleva el primer premio gracias a la masiva participación de mamarrachos en la prueba final de acceso al escañín de concejal. Parece que hubieran dicho «es mi minuto de gloria y ahora o nunca» y así han prometido su cargo, menos por Snoopy, por un puñado de soflamas extraordinarias: unos por la revolución, otros por la república, otros por «la gente», otros por el feminismo, otros por el ajuste de cuentas, otros por la «libertad del territorio», otros por el «odio a las oligarquías» y otros por la madre que los parió, que a tenor de lo visto se quedó muy tranquila. Nunca tanta demagogia de farfolla se dio de manera tan profusa: los ha habido que han rechazado la vara de mando (como si fuera algo que hubieran de llevar hasta el inodoro), los ha habido que han teatralizado su llegada en bicicleta a los consistorios, o su utilización del metro o del autobús, o su sorpresa por las dimensiones de sus habitáculos de trabajo. Los ha habido que han increpado a los militares que asistían protocolariamente a las tomas de posesión, así como otros han increpado violentamente a los que consideraban inadecuados para el nuevo tiempo revolucionario que encarnaba su elección. Los ha habido que se han precipitado a proponer estupideces propias de este tiempo de cretinos. Y los ha habido que han escenificado como un ballet de meticulosa sincronización toda una suerte de proclamas vengativas propias de tiempos en las que no habían nacido ni sus padres. Todos ellos, por cierto, apoyados y aupados por este generador de perplejidad que ha resultado ser el Partido Socialista Obrero Español, el más perfecto de los tontos útiles jamás hallado en las campas de la representación política española de todos los tiempos.
Puede resultar cierto que de la danza al crimen media un trecho largo, pero habrá que ver cuánto tiempo transcurre entre que un mamerto de los aupados a la gobernanza local suelta su diarrea verbal y, por otra parte, descubre que el problema del tráfico no se soluciona apelando a la lucha del Che. Es evidente que llegará un día en el que las cosas no se arreglen con eslóganes de coleta barata y casposa, y ese será el día en el que se apercibirán de que las alcantarillas no se limpian con ideología de quincalla y en el que los administrados, por muy sectarios que sean, reclamarán resultados prácticos como solución a sus problemas, los cuales no se solventan por el hecho de que la cuentista de su alcaldesa llegue en metro a trabajar (cosa que apenas durará tres días antes de que reconozca no tener más remedio que utilizar su coche oficial). Veremos si en ese momento los profesionales de la venganza absurda se vuelven a desencantar y se dan cuenta de que las cosas no se solucionan revocando acuerdos con la Santa Sede o prohibiendo la fiesta de los toros, como algún imbécil propone. Nadie nos quitará, no obstante, el recuerdo del bochornoso espectáculo que han ofrecido durante los primeros días de fiesta la serie de inútiles que la ciudadanía y los pactos vergonzantes han colocado en el machito de las cosas. Han creado un escenario absolutamente idóneo para que todos los inversores nacionales e internacionales echen a correr y no paren hasta llegar a Baden-Baden. Sitio que muy cercano me parece.
Carlos Herrera
Félix Velasco - Blog

domingo, 7 de junio de 2015

Piensa con coherencia

345-Hombre-pensando
Saber pensar correctamente, es una habilidad intelectual necesaria para disponer de una adecuada calidad de vida, que permita mantener una sana distancia con la emocionalidad condicionada por la masa. 
Pensar responde a una motivación, que puede estar originada en el ambiente natural, social, cultural, o en el sujeto pensante. Huyamos de fundamentalismo fanático, una pequeña idea puede entrar a nuestra mente como algo inofensivo, dependiendo de como pensamos esa idea, puede llegar a convertirse en una creencia, después en una convicción y cuando ha llegado hasta este punto; la idea comienza a influir en nuestros sentimientos y emociones. Esa pequeña idea llega a formar parte de la programación de nuestra mente, no esta como información almacenada solamente, sino como una parte fundamental de la programación. Seamos prudentes y seleccionemos con quién nos relacionamos, procurando que nadie siembre en nuestra mente odio, rencor, intransigencia, fanatismo, respuestas interesadas, ideologías,...
La filosofía es la única disciplina que se plantea las "grandes preguntas", y la inteligencia es la herramienta para entender lo que pasa y acercarse, poco a poco, a la solución de las mismas.
Vivimos en un mundo global (aunque algunos sigan recluidos en su "tribu"), de "fibra ancha", que precisa de inteligencias abiertas, no de mentes estrechas.
Epicuro es clarísimo cuando afirma que todo hombre es filósofo. 
Claridad y atención al mundo real son las características, una vez fuera de los muros de la familia, el colegio y la universidad, para aprender a interpretar el futuro próximo, y de forma difusa el más alejado. Porque el futuro siempre llega, es el hoy del ayer por el que algunos no se preocuparon y vivieron únicamente el presente que otros han decidido. 
La obsesión por el "hoy" es buenista; desde el punto de vista intelectual, es conveniente ampliar el horizonte y dirigir la curiosidad hacia otras épocas pasadas (para aprender de sus aciertos y errores) que no eran menos interesantes desde la perspectiva del pensamiento, y tratar de desentrañar y forjar para el que ya hemos puesto cimientos o qque tendremos que poner. No vivamos prisioneros del presente, construye tus sueños, ilusiones y esperanzas,... y permite que tu espíritu se desparrame en el tiempo.
Félix Velasco - Blog

sábado, 16 de mayo de 2015

Capacidad para tomar decisiones

Una de las características de las personas felices es que entienden que su capacidad de tomar decisiones es un poder para convertir su realidad actual en aquella que desean. Tanto si somos consciente, como si no lo somos, todo el tiempo estamos tomando decisiones que afectan a nuestra vida. Y no sólo se trata de decidir si como pollo o pescado. El poder y la influencia de la decisiones se extiende a otro nivel mucho más interior: Pensamientos, emociones, actitudes, reacciones, acciones, respuestas, creencias…
Félix Velasco - Blog

Tus amores

    Averigua cuáles son las cosas que amas en la vida y haz de todas formen parte de tu vida y de tu tiempo… De hecho, aquello que amas es lo que debería ocupar la mayor parte de tu tiempo, de tu dedicación, de tu pensamiento y de tu esfuerzo por mantenerlo cerca de ti.
    Félix Velasco - Blog

sábado, 9 de mayo de 2015

Un tonto no descansa.

 

No hay nada más peligroso que un tonto con iniciativa.
Félix Velasco - Blog


miércoles, 6 de mayo de 2015

No todo es relativo


De la incertidumbre nacida en el siglo pasado se alimentó el relativismo, que es la principal característica de las corrientes filosóficas y sociales de la posmodernidad, donde todo es válido, pero a la vez nada es del todo cierto.
Las ciencias también fueron influenciadas por esa forma de ver el mundo, donde la Historia parecía demostrar que ya nada era tan seguro como antes. Teorías científicas como el Principio de Incertidumbre de Heisenberg, la Paradoja de Schrödinger o l...a Teoría del Caos, se deben en parte a todo este proceso.
A pesar de ello la realidad sigue imponiéndose: NO TODO ES RELATIVO. Tal vez sea relativo el olor de las flores en una tarde de primavera, o la interpretación del poema 20 de Neruda. 
Pero no lo son los los ingredientes activos de los medicamentos, ni los cálculos que debe hacer un ingeniero para levantar un puente, ni la forma como fue asesinado Julio César, la Ley de la Gravedad,... Millones de estudios, análisis, comprobaciones y dobles comprobaciones prueban que hay certezas sobre las cuales estamos construyendo nuestro progreso como Humanidad. Y los métodos utilizados para conseguirlo están siendo utilizados en la investigación de otras miles de futuras certezas en todos los campos, desde la secuenciación del ADN con nanotecnologías hasta la formación de agujeros negros a partir de las supernovas.
No todo es relativo,... salvo en las estrecha mentes relativistas.

domingo, 3 de mayo de 2015

Incomprensible prestigio de una bandera

En el pueblo de mi madre, en Ateca, un municipio cercano a Calatayud, escuché las historias domésticas de la II República, y las grandezas y miserias de la guerra civil. Hoy, al repasar el ensayo que publiqué en la editorial Temas de hoy, «Prietas las filas», me doy cuenta de que la historia de Roberto, perteneciente a una familia en la que uno de los miembros fue fusilado por el frente popular, a los 17 años, por estudiar en un seminario, y otro primo hermano sufrió la misma mala suerte, a manos de los nacionales, por estar afiliado a UGT, fue una destilación o un resumen de esas narraciones contadas al amor de la lumbre, cuando al butano le aguardaban todavía muchos años para su triunfo, y en los pueblos la gente se calentaba y cocinaba con el fuego del lar, de la chimenea del siglo XII.
No hay casi nada más grosero que citarse a sí mismo, pero ya se excusaba don Miguel de Unamuno con el «perdonad que hable de mí mismo, pero soy el hombre que mejor conozco».
Me eduqué en un buen Instituto de Enseñanza Media, el «Goya», de Zaragoza, donde se rendía obediencia obligatoria a la parte ideológica, que se constreñía a una sola asignatura, llamada «Formación del Espíritu Nacional». Fuera de ese ámbito, a ningún profesor le escuché una palabra a favor del Régimen, ni un comentario en contra. Eso sí, cuando te adentrabas en la «formación del espíritu nacional» los argumentos eran bastante maniqueos: los falangistas, los nacionales, sacaron a España del desastre que habían representado «los rojos». Como mi rebeldía hunde sus raíces en la pubertad, confieso que «los rojos» me comenzaban a ser simpáticos, porque uno siempre tiene una cierta tendencia a ponerse de lado de los vencidos, pero cuando volvía a Ateca, y se narraban los avatares de la II República, mi ánimo decaía bastante. Había luces, como el magnífico grupo escolar construido en tiempos de la República, y cuyos avanzados principios arquitectónicos y pedagógicos sirven para las actuales generaciones, pero también las cacicadas de izquierdas que se oponían, simétricamente, a una larga tradición de cacicadas de derechas impunes y consolidadas.
Tras la adolescencia, mi interés por ese periodo de la Historia de España nunca decayó. Y no había libro, artículo o revista, procedente de donde fuera, que abordara el asunto, para el que no dispusiera de tiempo. Quiero decir que me he echado al coleto las partidistas versiones de la editorial «Ruedo ibérico» y los trabajos algo más objetivos de Hugh Thomas, de Preston o de Viñas, y pronto discerní que la mayoría de los historiadores se colocaban ellos solitos en dos bandos: o furibundos defensores de la II República o enemigos acérrimos de la misma, más o menos sutiles, más o menos groseros.
Cualquier acontecimiento relevante, pasado el tiempo, mantiene su cuota legendaria, y da lo mismo que se trate de una tarde de toros con colofón de cogida mortal, que de una batalla. Lo que no resultaba nada legendario era escuchar, en aquellas veladas nocturnas de Ateca, las vejaciones de los republicanos a los conservadores que tenían algún patrimonio, ni la historia dramática del republicano escondido en una tumba del cementerio del pueblo para no ser encontrado por los vencedores de la guerra, al que su mujer acudía, cada noche, para llevarle algunas viandas. Lo terrible fue que, además de la entrega de alimentos, hubo alguna entrega lógica dentro de la relación marital, y la mujer se quedó embarazada. Naturalmente, no podía confesar que el hijo que llevaba en su vientre era un legítimo fruto del matrimonio, y hubo de sufrir la maledicencia y los insultos –ese «puta», soltado al paso– de sus pocos caritativos vecinos.
La misma proclamación de la II República, proveniente de unas elecciones municipales, resulta una extravagancia, pero el ambiente parecía propicio para no aguardar a unas elecciones generales, y se instauró con el aplauso de los intelectuales, algunos de los cuales, al poco tiempo, observando la deriva del exceso revolucionario, comenzaron a separarse, siendo un antecedente el «no es esto, no es esto» de Ortega y Gasset, en 1931.
Hace poco, releyendo las memorias de Niceto Alcalá Zamora, al que nadie podrá acusar de no ser republicano, puesto que era el presidente de la República, volví a encontrarme con uno de esos episodios, que siempre creí en la adolescencia que eran inventos del franquismo. Cerca de la sede de la Presidencia, hoy sede de la Autonomía de Madrid, hubo un incendio en una iglesia, intencionado como solía ser la costumbre. Don Niceto se preocupa de que se llame a los bomberos, y éstos acuden con presteza, pero al llegar a la iglesia incendiada se encuentran con un cordón de policías que, en lugar de prestarles ayuda y colaboración, les impiden el paso, siguiendo órdenes no se sabe de quién, seguramente de alguien que temía que la hoguera quedara en sólo cuatro imágenes de santos chamuscados.
Meses más tarde, un puñado de esos policías, marchan al domicilio del jefe de la oposición, Joaquín Calvo Sotelo, lo secuestran y lo asesinan, que es algo así como si, hoy, unos policías del Ministerio de Interior acudieran a la casa de Pedro Sánchez, lo sacaran a empujones y le pegaran unos tiros en la cabeza. Después, vendría el horror sobre el horror, donde los resentidos de cada bando, los envidiosos y los canallas sacaron lo peor del ser humano. Recuerdo, estremecido, oír contar a mi madre que vino un primo segundo de Calatayud con el que no mantenían mucha relación, vestido con uniforme falangista, preguntando si les molestaba alguno del pueblo, y mi abuela tuvo las agallas de contestar que allí, el único que molestaba era él. Pero los matones existían, los frustrados, los asesinos vocacionales que sólo necesitan la bandera de una patria o de una revolución para dedicarse a lo que les gusta, con la seguridad de que la bandera o la revolución rodearían de impunidad sus fechorías.
¿Y eso es para sentirse orgulloso? ¿Y ése es un tiempo al que se intenta volver como epítome de la sociedad feliz?
Recuerdo a mis tíos Bernabé y Manolo; a mis tías, Gloria y María, zurciendo calcetines, mientras Arsenio, un vecino, cuenta historias que yo creo que no me interesan, pero que eran novelas terribles, películas de terror rodadas en el plató de la vida. Y, por eso, cuando veo a esos jóvenes, exhibir con orgullo la bandera republicana, siento una lástima confusa, porque no estoy seguro si es que les han mentido sus padres o enarbolan su desconocimiento con el entusiasmo del que sólo son capaces los ignorantes profundos.
Luis del Val
Félix Velasco - Blog

Muppies

No habíamos terminado de acostumbrarnos al término «hipster» cuando ahora llegan los «muppies». Se trata de la nueva generación de nativos digitales que pueden hacer mil cosas a la vez, al mismo tiempo que se desviven por llevar una vida sana. «Muppie», término inventado de la unión de «millenial» y «yuppie» por la escritora estadounidense Michelle Miller en su libro «The Underwriting» (Kindle Edition), engloba a una serie de jóvenes entre 25 y 35 años que se esfuerza para conseguir el éxito laboral, más por satisfacción personal que por una buena remuneración.
«Esta nueva generación, que tiene entre 22 y 35 años, pasa una hora al día buceando en internet, treinta minutos realizando compras online y cuarenta minutos confeccionado el menú del día siguiente», escribe Miller. Trabajan en lo que les gusta, son solidarios y adictos a las redes sociales, pero su verdadera droga es el deporte y la ingesta de alimentos saludables.
No conciben la realidad sin tecnología, crecieron con el CD, el MP3 y el MP4 y la Play Station, viven pegados al «smartphone» y para ellos Twitter es su fuente de información. Cuentan con una buena formación, generalmente con estudios superiores, dominan dos idiomas, incluso tres, han estudiado en el extranjero y se han ocupado de engrosar su currículum con cursos específicos y algún que otro máster.
Unas veces remunerada y otras no, presumen de una larga experiencia profesional en la que han podido ser desde diseñadores hasta «Dj», pasando por «bloggers», modelos por un día u organizadores de eventos. Tras esa experiencia, crean su propia empresa, ese proyecto con el que tantas veces han soñado y, que hoy por hoy, más que darles beneficios, les divierte y les hace sentir bien.
Importancia de las Redes Sociales
Para un «muppie», el dinero no es lo más importante, prefieren disfrutar de las pequeñas cosas del día al día y darse algún que otro capricho. Su vida social se mueve en Instagram y Facebook. Les encanta viajar, conocer nuevas culturas y disfrutar de la gastronomía, vivencias que en solo unos segundos comparten en las redes, su objetivo es conseguir más seguidores. Recurren al yoga y al «running» para desconectar del trabajo. La fotografía, el cine, la literatura, las manualidades, hacer punto o coser son algunas de sus aficiones. Entre su prioridades se encuentra la salud y el bienestar. Adoran los productos ecológicos, los zumos de frutas, verduras y alimentos saludables como el brécol, «kale» (berza o col rizada), miso, los frutos rojos o las nueces.
Prefieren el pan artesano y, por supuesto, dulces ecológicos e hipocalóricos, ricos en soja, avena o cebada malteada. Son responsables con la naturaleza y están concienciados con la importancia de preservar el medio ambiente, entre sus hábitos se encuentra el reciclaje. En cuanto a su estética, los «muppie», visten con ropa de firma, pero sin seguir tendencias, imponen su estilo informal y rehuyen de los trajes de chaqueta, son «fans» de los vaqueros de última generación y prendas que declinan el estilo «preppy». Bolsos, carteras y zapatos, junto con los accesorios para personalizar la tableta y el teléfono móvil, son sus complementos favoritos. No miran hacia el futuro, prefieren vivir el día a día, sin grandes planes y disfrutar de las buenas cosas que les brinda la vida. 
EFE
Félix Velasco - Blog

Todo no es relativo

"Todo es relativo". Esta es una frase que se suele atribuir a Einstein, como creador de las teorías conocidas como Relatividad Especial y Relatividad General. Y sin embargo, Einstein nunca dijo tal cosa. Es más, nunca podría haber dicho tal cosa, pues la Relatividad se basa precisamente en lo contrario: la velocidad de la luz en el vacío es absoluta. No podemos decir que es más sabroso un melocotón que una manzana, eso es algo subjetivo, pero que ambas frutas contienen fructosa y vitaminas es algo objetivo, real para cualquier persona. En muchas cuestiones la realidad o la verdad sólo es una, e igual para todos. Que los átomos existen es una realidad, los hayan visto alguna vez o no.
Félix Velasco - Blog