miércoles, 24 de junio de 2015

Mokusatsu: la palabra que cambió la historia

Una palabra de Kantarō Suzuki, que fue militar japonés y que en abril de 1945 fue nombrado Primer Ministro, con 77 años, fue el que sin desearlo ni esperarlo, cambió el rumbo de los acontecimientos.
Poco después de ser nombrado Ministro, durante la Segunda Guerra Mundial, los aliados celebraron la conocida Conferencia de Potsdam, que incluía entre sus acuerdos un ultimátum a Japón instándole a rendirse sin condiciones. Según se sabe, Suzuki y sus hombres eran partidarios de aceptar las condiciones y acabar con la guerra que allí viviína de forma definitiva, de hecho, querían gestionar el momento con mucho cuidado y delicadeza.
Cuando le preguntaron a Kantarō Suzuki por la Conferencia de Potsdam y sus repercusiones en Japón, éste quiso ser cauto, por lo que utilizó una palabra que probablemente y debido a lo que después sucedería, no fue la más adecuada por ser demasiado ambigua. Kantarō dijo que estaba adoptando una posición de mokusatsu con respecto a lo expuesto en las conclusiones de Potsdam. El problema es que esta palabra, mokusatsu, tiene dos significados: el primero es como “guardar silencio por el momento”; el segundo significado es “ignorar”. La ambigüedad de la palabra hizo que la Agencia de Noticias Japonesa cometiera un grave error, el de dar por buena el segundo significado y traducir las declaraciones de Sukuzi indicando que Japón ignoraba el ultimátum de Potsdam.
La postura de Japón que se deducía de aquel mensaje del primer ministro Kantarō Suzuki hizo que el presidente de Estados Unidos, Truman en aquel momento, decidiera usar la bomba atómica. Aquel error de interpretación o traducción costó la vida de miles de personas.
Historia
Félix Velasco - Blog

sábado, 20 de junio de 2015

En nuestras trece

Sorprendí el otro día en la televisión a unos periodistas deportivos enzarzados en el debate de si Cristiano Ronaldo es mejor o peor que Messi. No es la primera vez que escucho una discusión tan grotesca; así que imagino que constituye una atracción televisiva habitual. Y digo grotesca porque, para cualquier persona que no esté completamente ofuscada por predilecciones partidistas, resulta evidente (basta ver jugar a cada uno un par de partidos) que Messi es un jugador infinitamente más dotado que Cristiano Ronaldo, infinitamente más perspicaz, habilidoso y desarmante del adversario. Con esto no quiero decir que Cristiano Ronaldo sea malo, sino todo lo contrario (aunque, desde luego, a chupón no lo gana nadie); pero Messi es superlativo y portentoso. El gol que Messi le cascó a mi amado Athletic de Bilbao en la última final de la Copa del Rey, por ejemplo, sería imposible que lo cascase Ronaldo; y esta imposibilidad es constitutiva, ontológica y, por lo tanto, irremediable.
Pero yo no quería hablar aquí de Messi y Cristiano Ronaldo, sino de ese españolísimo rasgo de carácter que consiste en «sostenella y no enmendalla», aferrándonos a las convicciones propias, aunque carezcan de fundamento, y permaneciendo siempre en nuestras trece, aunque la realidad nos lleve la contraria. Este obcecamiento, que en otras latitudes se considera síntoma de desvarío, en España es considerado conducta meritoria y hasta virtuosa; y como alimenta las esperanzas de otros obcecados que sostienen el mismo delirio, el delirante acaba convirtiéndose incluso en líder de masas, o siquiera en influyente prócer. Así, por adición de obcecados, se construyen facciones irredentas a las que luego el sistema pone a dialogar demagógicamente, para fingir que a través del diálogo se logra el entendimiento. Pero el resultado de tales diálogos es tan estéril y disparatado como el de esas tertulietas deportivas donde se debate si Cristiano Ronaldo es mejor que Messi.
En realidad, el recurso del diálogo, tan socorrido entre los demagogos (diálogo entre creyentes y ateos, entre marxistas y liberales, entre blancos y negros, etcétera), se cuenta entre los más inútiles, cuando no existe voluntad de allanarse ante la realidad. En un mero trueque de palabras no puede existir posibilidad de entendimiento si previamente los 'dialogantes' no han hecho firme propósito de renunciar a los sentimientos y hacer uso de la razón, meditando las enseñanzas que la realidad nos ofrece. Cuando esto no ocurre (que es la mayoría de las veces), el diálogo se torna contraproducente y aturdidor, como se prueba en las tertulietas televisivas, donde tirios y troyanos sueltan su morralla sin que nadie convenza a nadie, sino más bien al contrario; y con unos efectos demoledores sobre las masas que consumen tal bazofia, que poco a poco se convierten en ejércitos de obcecados, jenízaros de tal o cual proveedor de morralla.
Siendo del todo sinceros, ni siquiera en su expresión filosófica el diálogo ha rendido grandes servicios al entendimiento. Esto se puede apreciar leyendo a Platón, cuyos diálogos no desembocan en una tesis, sino que más bien suscitan en el lector una sucesión de dudas irresolubles, a las que puede dar respuesta acogiéndose a las opiniones que vierten los diversos participantes en tan nobles coloquios. Pues, si en los diálogos platónicos no se alcanza el grado suficiente de entendimiento que conduce a la formulación de una tesis, ¿qué diremos de los diálogos entre españoles, discutidores y litigantes por naturaleza, que a lo largo de los siglos han gastado ingentes cantidades de saliva e ingenio sin llegar nunca a entenderse, sino por el contrario logrando que sus posiciones se enconen cada vez más? Los dos últimos siglos, desde las Cortes de Cádiz hasta nuestros días, que han sido los más dialogantes, han sido también los de más honda división entre españoles: con frecuencia solventada a tiros; y, en esta fase pacifista de la Historia, mediante una demogresca azuzada por la partitocracia que poco a poco convierte nuestra patria en un pandemónium grotesco.
Dialogar, debatir, discutir, de nada sirve cuando no se comparten premisas y no existe voluntad de entendimiento. Y sólo puede haber entendimiento cuando se acepta que existen realidades objetivas que no pueden estar siendo sometidas constantemente a controversia. Salvo que el fin del diálogo no sea el entendimiento, sino la mera locuacidad; pero no debemos olvidar que todas nuestras guerras civiles han salido de los debates y tertulias que mantenían nuestros obcecados e influyentes próceres.
Manuel de Prada
Félix Velasco - Blog 

Hacer el ganso

En este año de reiteradas citas electorales, además de la extenuación que produce tanto prometer la Luna, tanta trola y tanto «y tú más», una de las cosas que más me irritan es ver a padres -y madres- de la patria haciendo el ganso. Que si uno se desnuda porque dice que no tiene nada que ocultar, que si al otro le da por hacer puenting porque no sabe cómo ingeniárselas para salir en las noticias. Por lo visto, ya no les basta con jugar a la petanca con jubilados, besar niños en los parques o darse un baño de masas en el mercado preguntando a cuánto están las alcachofas. Como lo único que importa es la foto, imaginación al poder, todo vale, cuanto más chusco o imbécil, mejor. Claro que una ya debería estar curada de espanto, porque en la tele no hacen otra cosa. Y no hablo ahora de políticos, sino de personajes supuestamente interesantes de otros ámbitos. Antes, en los programas de entrevistas solían traer, qué sé yo, a un actor, a un escritor o a una cantante para intentar desvelar eso que llaman su «lado humano». Aún recuerdo aquel viejo programa titulado A fondo, en el que entrevistaban a Borges, a Rosa Chacel, a Dalí o a Adolfo Marsillach para hablar de todo un poco. Es verdad que el programa era un tanto estático, sin apenas otro plano que la cara del invitado o, todo lo más, el inserto de alguna foto de juventud o la carátula de sus libros. Pero lo que contaban era tan fascinante que se pasaba en un suspiro la hora y pico que duraba la emisión. Ahora, en cambio, si invitan a alguien interesante a un programa de estas características, lo normal es que lo pongan a hacer una tortilla, a saltar a la comba, a bailar la conga o a matar marcianos en una videoconsola. Y ninguno rechista. Tan acostumbrados están -estamos- a la tiranía de la imagen que hasta Michelle Obama encontró, no hace mucho, de lo más normal que la presentadora de un programa la pusiera a hacer flexiones; qué superguay, la primera dama por los suelos haciendo músculo, ya tenemos asegurado el trending topic del día. Es así. Nadie precisa estrujarse las meninges para decir algo memorable. Pasará mucho antes a la posteridad (o al menos al efímero cuarto de hora de gloria que ahora otorga la modernidad) mostrando su destreza con el yoyó o, tal como le ocurrió al príncipe Harry hace unas semanas, realizando una danza maorí de esas en las que hay que poner cara de bestia y soltar gruñidos. Y luego se asombran cuando los niños, en vez de decir que de mayores quieren ser astronautas, médicos o incluso futbolistas como antes, proclaman que quieren ser «famosos». Tienen toda la razón, para qué molestarse. Te ahorras los cinco o seis años de universidad o de cualquier tipo de preparación y vas directo a lo que importa, hacer el ganso. De hecho hay gente que ya vive de eso. Como los que cuelgan vídeos en YouTube, por ejemplo. Un tipo que se inmortaliza dejándose cubrir por un enjambre de abejas, otro al que le da por comer cuarenta huevos fritos o caminar por el pretil de un rascacielos. Y ni siquiera es indispensable jugarse el bigote o la salud. Vale también colgar las pedorretas de su retoño o su destreza haciendo un castillo con mondadientes. Si el vídeo se vuelve viral (y lo consiguen algunos verdaderamente chorras), se forra uno. Eso por no hablar de los famosos youtubers, claro. Me refiero a esos jóvenes que día a día cuentan a sus innumerables fanÿs cosas tan interesantes como la discusión que tuvieron anoche con sus viejos o pormenores de su vida sentimental o sexual. No me pregunten cómo ni por qué, para mí es un misterio insondable, pero todas estas sandeces tienen millones de visitas que se traducen en pasta constante y sonante. Saben una cosa...... a medida que escribo estas líneas empiezo a ver la luz. Con cada palabra que tecleo descubro lo equivocada que estoy y aquí mismo me retracto, me convierto y me caigo del caballo como Saulo camino de Damasco. Estoy completamente desfasada. Lo que hay que hacer es precisamente eso, graduarse en chorradas, licenciarse en filfas, doctorarse en gansadas. ¿Pero en cuál? ¡Ya la tengo! Se me acaba de ocurrir una que me va al pelo. Seguiré informando. 
Carmen Posadas
Félix Velasco - Blog

La gymcana de los idiotas

Esto parece una gymcana (¿se dice así?), una de esas pruebas de esfuerzo en las que los contendientes deben superar determinados obstáculos y obtener el premio al más completo: el que más salta, el que más corre, el que tiene mejor cintura, el que resulta más habilidoso. La constitución de los ayuntamientos ha brindado un ramillete de participantes de gymcana dispuestos a epatar al jurado y a mostrar su capacidad para superar el «más difícil todavía». Y, en función de ello, cuesta decidir quién se lleva el primer premio gracias a la masiva participación de mamarrachos en la prueba final de acceso al escañín de concejal. Parece que hubieran dicho «es mi minuto de gloria y ahora o nunca» y así han prometido su cargo, menos por Snoopy, por un puñado de soflamas extraordinarias: unos por la revolución, otros por la república, otros por «la gente», otros por el feminismo, otros por el ajuste de cuentas, otros por la «libertad del territorio», otros por el «odio a las oligarquías» y otros por la madre que los parió, que a tenor de lo visto se quedó muy tranquila. Nunca tanta demagogia de farfolla se dio de manera tan profusa: los ha habido que han rechazado la vara de mando (como si fuera algo que hubieran de llevar hasta el inodoro), los ha habido que han teatralizado su llegada en bicicleta a los consistorios, o su utilización del metro o del autobús, o su sorpresa por las dimensiones de sus habitáculos de trabajo. Los ha habido que han increpado a los militares que asistían protocolariamente a las tomas de posesión, así como otros han increpado violentamente a los que consideraban inadecuados para el nuevo tiempo revolucionario que encarnaba su elección. Los ha habido que se han precipitado a proponer estupideces propias de este tiempo de cretinos. Y los ha habido que han escenificado como un ballet de meticulosa sincronización toda una suerte de proclamas vengativas propias de tiempos en las que no habían nacido ni sus padres. Todos ellos, por cierto, apoyados y aupados por este generador de perplejidad que ha resultado ser el Partido Socialista Obrero Español, el más perfecto de los tontos útiles jamás hallado en las campas de la representación política española de todos los tiempos.
Puede resultar cierto que de la danza al crimen media un trecho largo, pero habrá que ver cuánto tiempo transcurre entre que un mamerto de los aupados a la gobernanza local suelta su diarrea verbal y, por otra parte, descubre que el problema del tráfico no se soluciona apelando a la lucha del Che. Es evidente que llegará un día en el que las cosas no se arreglen con eslóganes de coleta barata y casposa, y ese será el día en el que se apercibirán de que las alcantarillas no se limpian con ideología de quincalla y en el que los administrados, por muy sectarios que sean, reclamarán resultados prácticos como solución a sus problemas, los cuales no se solventan por el hecho de que la cuentista de su alcaldesa llegue en metro a trabajar (cosa que apenas durará tres días antes de que reconozca no tener más remedio que utilizar su coche oficial). Veremos si en ese momento los profesionales de la venganza absurda se vuelven a desencantar y se dan cuenta de que las cosas no se solucionan revocando acuerdos con la Santa Sede o prohibiendo la fiesta de los toros, como algún imbécil propone. Nadie nos quitará, no obstante, el recuerdo del bochornoso espectáculo que han ofrecido durante los primeros días de fiesta la serie de inútiles que la ciudadanía y los pactos vergonzantes han colocado en el machito de las cosas. Han creado un escenario absolutamente idóneo para que todos los inversores nacionales e internacionales echen a correr y no paren hasta llegar a Baden-Baden. Sitio que muy cercano me parece.
Carlos Herrera
Félix Velasco - Blog

domingo, 7 de junio de 2015

Piensa con coherencia

345-Hombre-pensando
Saber pensar correctamente, es una habilidad intelectual necesaria para disponer de una adecuada calidad de vida, que permita mantener una sana distancia con la emocionalidad condicionada por la masa. 
Pensar responde a una motivación, que puede estar originada en el ambiente natural, social, cultural, o en el sujeto pensante. Huyamos de fundamentalismo fanático, una pequeña idea puede entrar a nuestra mente como algo inofensivo, dependiendo de como pensamos esa idea, puede llegar a convertirse en una creencia, después en una convicción y cuando ha llegado hasta este punto; la idea comienza a influir en nuestros sentimientos y emociones. Esa pequeña idea llega a formar parte de la programación de nuestra mente, no esta como información almacenada solamente, sino como una parte fundamental de la programación. Seamos prudentes y seleccionemos con quién nos relacionamos, procurando que nadie siembre en nuestra mente odio, rencor, intransigencia, fanatismo, respuestas interesadas, ideologías,...
La filosofía es la única disciplina que se plantea las "grandes preguntas", y la inteligencia es la herramienta para entender lo que pasa y acercarse, poco a poco, a la solución de las mismas.
Vivimos en un mundo global (aunque algunos sigan recluidos en su "tribu"), de "fibra ancha", que precisa de inteligencias abiertas, no de mentes estrechas.
Epicuro es clarísimo cuando afirma que todo hombre es filósofo. 
Claridad y atención al mundo real son las características, una vez fuera de los muros de la familia, el colegio y la universidad, para aprender a interpretar el futuro próximo, y de forma difusa el más alejado. Porque el futuro siempre llega, es el hoy del ayer por el que algunos no se preocuparon y vivieron únicamente el presente que otros han decidido. 
La obsesión por el "hoy" es buenista; desde el punto de vista intelectual, es conveniente ampliar el horizonte y dirigir la curiosidad hacia otras épocas pasadas (para aprender de sus aciertos y errores) que no eran menos interesantes desde la perspectiva del pensamiento, y tratar de desentrañar y forjar para el que ya hemos puesto cimientos o qque tendremos que poner. No vivamos prisioneros del presente, construye tus sueños, ilusiones y esperanzas,... y permite que tu espíritu se desparrame en el tiempo.
Félix Velasco - Blog

sábado, 16 de mayo de 2015

Capacidad para tomar decisiones

Una de las características de las personas felices es que entienden que su capacidad de tomar decisiones es un poder para convertir su realidad actual en aquella que desean. Tanto si somos consciente, como si no lo somos, todo el tiempo estamos tomando decisiones que afectan a nuestra vida. Y no sólo se trata de decidir si como pollo o pescado. El poder y la influencia de la decisiones se extiende a otro nivel mucho más interior: Pensamientos, emociones, actitudes, reacciones, acciones, respuestas, creencias…
Félix Velasco - Blog

Tus amores

    Averigua cuáles son las cosas que amas en la vida y haz de todas formen parte de tu vida y de tu tiempo… De hecho, aquello que amas es lo que debería ocupar la mayor parte de tu tiempo, de tu dedicación, de tu pensamiento y de tu esfuerzo por mantenerlo cerca de ti.
    Félix Velasco - Blog

sábado, 9 de mayo de 2015

Un tonto no descansa.

 

No hay nada más peligroso que un tonto con iniciativa.
Félix Velasco - Blog


miércoles, 6 de mayo de 2015

No todo es relativo


De la incertidumbre nacida en el siglo pasado se alimentó el relativismo, que es la principal característica de las corrientes filosóficas y sociales de la posmodernidad, donde todo es válido, pero a la vez nada es del todo cierto.
Las ciencias también fueron influenciadas por esa forma de ver el mundo, donde la Historia parecía demostrar que ya nada era tan seguro como antes. Teorías científicas como el Principio de Incertidumbre de Heisenberg, la Paradoja de Schrödinger o l...a Teoría del Caos, se deben en parte a todo este proceso.
A pesar de ello la realidad sigue imponiéndose: NO TODO ES RELATIVO. Tal vez sea relativo el olor de las flores en una tarde de primavera, o la interpretación del poema 20 de Neruda. 
Pero no lo son los los ingredientes activos de los medicamentos, ni los cálculos que debe hacer un ingeniero para levantar un puente, ni la forma como fue asesinado Julio César, la Ley de la Gravedad,... Millones de estudios, análisis, comprobaciones y dobles comprobaciones prueban que hay certezas sobre las cuales estamos construyendo nuestro progreso como Humanidad. Y los métodos utilizados para conseguirlo están siendo utilizados en la investigación de otras miles de futuras certezas en todos los campos, desde la secuenciación del ADN con nanotecnologías hasta la formación de agujeros negros a partir de las supernovas.
No todo es relativo,... salvo en las estrecha mentes relativistas.

domingo, 3 de mayo de 2015

Incomprensible prestigio de una bandera

En el pueblo de mi madre, en Ateca, un municipio cercano a Calatayud, escuché las historias domésticas de la II República, y las grandezas y miserias de la guerra civil. Hoy, al repasar el ensayo que publiqué en la editorial Temas de hoy, «Prietas las filas», me doy cuenta de que la historia de Roberto, perteneciente a una familia en la que uno de los miembros fue fusilado por el frente popular, a los 17 años, por estudiar en un seminario, y otro primo hermano sufrió la misma mala suerte, a manos de los nacionales, por estar afiliado a UGT, fue una destilación o un resumen de esas narraciones contadas al amor de la lumbre, cuando al butano le aguardaban todavía muchos años para su triunfo, y en los pueblos la gente se calentaba y cocinaba con el fuego del lar, de la chimenea del siglo XII.
No hay casi nada más grosero que citarse a sí mismo, pero ya se excusaba don Miguel de Unamuno con el «perdonad que hable de mí mismo, pero soy el hombre que mejor conozco».
Me eduqué en un buen Instituto de Enseñanza Media, el «Goya», de Zaragoza, donde se rendía obediencia obligatoria a la parte ideológica, que se constreñía a una sola asignatura, llamada «Formación del Espíritu Nacional». Fuera de ese ámbito, a ningún profesor le escuché una palabra a favor del Régimen, ni un comentario en contra. Eso sí, cuando te adentrabas en la «formación del espíritu nacional» los argumentos eran bastante maniqueos: los falangistas, los nacionales, sacaron a España del desastre que habían representado «los rojos». Como mi rebeldía hunde sus raíces en la pubertad, confieso que «los rojos» me comenzaban a ser simpáticos, porque uno siempre tiene una cierta tendencia a ponerse de lado de los vencidos, pero cuando volvía a Ateca, y se narraban los avatares de la II República, mi ánimo decaía bastante. Había luces, como el magnífico grupo escolar construido en tiempos de la República, y cuyos avanzados principios arquitectónicos y pedagógicos sirven para las actuales generaciones, pero también las cacicadas de izquierdas que se oponían, simétricamente, a una larga tradición de cacicadas de derechas impunes y consolidadas.
Tras la adolescencia, mi interés por ese periodo de la Historia de España nunca decayó. Y no había libro, artículo o revista, procedente de donde fuera, que abordara el asunto, para el que no dispusiera de tiempo. Quiero decir que me he echado al coleto las partidistas versiones de la editorial «Ruedo ibérico» y los trabajos algo más objetivos de Hugh Thomas, de Preston o de Viñas, y pronto discerní que la mayoría de los historiadores se colocaban ellos solitos en dos bandos: o furibundos defensores de la II República o enemigos acérrimos de la misma, más o menos sutiles, más o menos groseros.
Cualquier acontecimiento relevante, pasado el tiempo, mantiene su cuota legendaria, y da lo mismo que se trate de una tarde de toros con colofón de cogida mortal, que de una batalla. Lo que no resultaba nada legendario era escuchar, en aquellas veladas nocturnas de Ateca, las vejaciones de los republicanos a los conservadores que tenían algún patrimonio, ni la historia dramática del republicano escondido en una tumba del cementerio del pueblo para no ser encontrado por los vencedores de la guerra, al que su mujer acudía, cada noche, para llevarle algunas viandas. Lo terrible fue que, además de la entrega de alimentos, hubo alguna entrega lógica dentro de la relación marital, y la mujer se quedó embarazada. Naturalmente, no podía confesar que el hijo que llevaba en su vientre era un legítimo fruto del matrimonio, y hubo de sufrir la maledicencia y los insultos –ese «puta», soltado al paso– de sus pocos caritativos vecinos.
La misma proclamación de la II República, proveniente de unas elecciones municipales, resulta una extravagancia, pero el ambiente parecía propicio para no aguardar a unas elecciones generales, y se instauró con el aplauso de los intelectuales, algunos de los cuales, al poco tiempo, observando la deriva del exceso revolucionario, comenzaron a separarse, siendo un antecedente el «no es esto, no es esto» de Ortega y Gasset, en 1931.
Hace poco, releyendo las memorias de Niceto Alcalá Zamora, al que nadie podrá acusar de no ser republicano, puesto que era el presidente de la República, volví a encontrarme con uno de esos episodios, que siempre creí en la adolescencia que eran inventos del franquismo. Cerca de la sede de la Presidencia, hoy sede de la Autonomía de Madrid, hubo un incendio en una iglesia, intencionado como solía ser la costumbre. Don Niceto se preocupa de que se llame a los bomberos, y éstos acuden con presteza, pero al llegar a la iglesia incendiada se encuentran con un cordón de policías que, en lugar de prestarles ayuda y colaboración, les impiden el paso, siguiendo órdenes no se sabe de quién, seguramente de alguien que temía que la hoguera quedara en sólo cuatro imágenes de santos chamuscados.
Meses más tarde, un puñado de esos policías, marchan al domicilio del jefe de la oposición, Joaquín Calvo Sotelo, lo secuestran y lo asesinan, que es algo así como si, hoy, unos policías del Ministerio de Interior acudieran a la casa de Pedro Sánchez, lo sacaran a empujones y le pegaran unos tiros en la cabeza. Después, vendría el horror sobre el horror, donde los resentidos de cada bando, los envidiosos y los canallas sacaron lo peor del ser humano. Recuerdo, estremecido, oír contar a mi madre que vino un primo segundo de Calatayud con el que no mantenían mucha relación, vestido con uniforme falangista, preguntando si les molestaba alguno del pueblo, y mi abuela tuvo las agallas de contestar que allí, el único que molestaba era él. Pero los matones existían, los frustrados, los asesinos vocacionales que sólo necesitan la bandera de una patria o de una revolución para dedicarse a lo que les gusta, con la seguridad de que la bandera o la revolución rodearían de impunidad sus fechorías.
¿Y eso es para sentirse orgulloso? ¿Y ése es un tiempo al que se intenta volver como epítome de la sociedad feliz?
Recuerdo a mis tíos Bernabé y Manolo; a mis tías, Gloria y María, zurciendo calcetines, mientras Arsenio, un vecino, cuenta historias que yo creo que no me interesan, pero que eran novelas terribles, películas de terror rodadas en el plató de la vida. Y, por eso, cuando veo a esos jóvenes, exhibir con orgullo la bandera republicana, siento una lástima confusa, porque no estoy seguro si es que les han mentido sus padres o enarbolan su desconocimiento con el entusiasmo del que sólo son capaces los ignorantes profundos.
Luis del Val
Félix Velasco - Blog

Muppies

No habíamos terminado de acostumbrarnos al término «hipster» cuando ahora llegan los «muppies». Se trata de la nueva generación de nativos digitales que pueden hacer mil cosas a la vez, al mismo tiempo que se desviven por llevar una vida sana. «Muppie», término inventado de la unión de «millenial» y «yuppie» por la escritora estadounidense Michelle Miller en su libro «The Underwriting» (Kindle Edition), engloba a una serie de jóvenes entre 25 y 35 años que se esfuerza para conseguir el éxito laboral, más por satisfacción personal que por una buena remuneración.
«Esta nueva generación, que tiene entre 22 y 35 años, pasa una hora al día buceando en internet, treinta minutos realizando compras online y cuarenta minutos confeccionado el menú del día siguiente», escribe Miller. Trabajan en lo que les gusta, son solidarios y adictos a las redes sociales, pero su verdadera droga es el deporte y la ingesta de alimentos saludables.
No conciben la realidad sin tecnología, crecieron con el CD, el MP3 y el MP4 y la Play Station, viven pegados al «smartphone» y para ellos Twitter es su fuente de información. Cuentan con una buena formación, generalmente con estudios superiores, dominan dos idiomas, incluso tres, han estudiado en el extranjero y se han ocupado de engrosar su currículum con cursos específicos y algún que otro máster.
Unas veces remunerada y otras no, presumen de una larga experiencia profesional en la que han podido ser desde diseñadores hasta «Dj», pasando por «bloggers», modelos por un día u organizadores de eventos. Tras esa experiencia, crean su propia empresa, ese proyecto con el que tantas veces han soñado y, que hoy por hoy, más que darles beneficios, les divierte y les hace sentir bien.
Importancia de las Redes Sociales
Para un «muppie», el dinero no es lo más importante, prefieren disfrutar de las pequeñas cosas del día al día y darse algún que otro capricho. Su vida social se mueve en Instagram y Facebook. Les encanta viajar, conocer nuevas culturas y disfrutar de la gastronomía, vivencias que en solo unos segundos comparten en las redes, su objetivo es conseguir más seguidores. Recurren al yoga y al «running» para desconectar del trabajo. La fotografía, el cine, la literatura, las manualidades, hacer punto o coser son algunas de sus aficiones. Entre su prioridades se encuentra la salud y el bienestar. Adoran los productos ecológicos, los zumos de frutas, verduras y alimentos saludables como el brécol, «kale» (berza o col rizada), miso, los frutos rojos o las nueces.
Prefieren el pan artesano y, por supuesto, dulces ecológicos e hipocalóricos, ricos en soja, avena o cebada malteada. Son responsables con la naturaleza y están concienciados con la importancia de preservar el medio ambiente, entre sus hábitos se encuentra el reciclaje. En cuanto a su estética, los «muppie», visten con ropa de firma, pero sin seguir tendencias, imponen su estilo informal y rehuyen de los trajes de chaqueta, son «fans» de los vaqueros de última generación y prendas que declinan el estilo «preppy». Bolsos, carteras y zapatos, junto con los accesorios para personalizar la tableta y el teléfono móvil, son sus complementos favoritos. No miran hacia el futuro, prefieren vivir el día a día, sin grandes planes y disfrutar de las buenas cosas que les brinda la vida. 
EFE
Félix Velasco - Blog

Todo no es relativo

"Todo es relativo". Esta es una frase que se suele atribuir a Einstein, como creador de las teorías conocidas como Relatividad Especial y Relatividad General. Y sin embargo, Einstein nunca dijo tal cosa. Es más, nunca podría haber dicho tal cosa, pues la Relatividad se basa precisamente en lo contrario: la velocidad de la luz en el vacío es absoluta. No podemos decir que es más sabroso un melocotón que una manzana, eso es algo subjetivo, pero que ambas frutas contienen fructosa y vitaminas es algo objetivo, real para cualquier persona. En muchas cuestiones la realidad o la verdad sólo es una, e igual para todos. Que los átomos existen es una realidad, los hayan visto alguna vez o no.
Félix Velasco - Blog

sábado, 2 de mayo de 2015

El desengaño de Monedero

El Chico del Maletín, el que vehiculaba la financiación de gobiernos extranjeros hacia su formación política –cosa prohibida por las leyes españolas–, el que utilizaba meandros societarios para pagar menos al fisco, el fenómeno capaz de cobrar casi medio millón de euros por un informe desconocido, está triste y desengañado y se va a su casa. Se llama, como saben, Juan Carlos Monedero y es uno de esos profesores salvapatrias que convirtieron la Facultad de Políticas de la Complutense en una pobre comuna de extremistas. Monedero, ese atisbo de Trosky contemporáneo que consideraba sencillo hacer política desde el bar de la Facultad, se considera engañado por la deriva del grupo político que crearon unos cuantos iluminados antidemocráticos entre escrache y escrache: nacieron con la idea de hacer la Revolución y ahora se les ve merodeando el centro izquierda a la espera de una oportunidad para sustituir a la casta que tanto censuraron.
Era previsible. El comunista siempre tiende a la escisión. Y al camuflaje inicial. También a la purga. Junte usted a veinte marxistas leninistas en un piso y cuando vuelva de comprar el pan los tendrá separados en habitaciones irreconciliables, los prochinos aquí, los troskos allá, los estalinistas en otro lado… y así. Cuando alcanzan el poder se destrozan entre ellos, crean una nomenklatura poderosa y proceden a la eliminación de los contrarios. Contrarios que, por supuesto, son tan peligrosos y lamentables como los que encabezan la represión, pero que en este caso les toca perder. Perder literalmente la cabeza. En este caso, los miembros de ese partido llamado Podemos han comenzado el viejo ritual comunista consistente en despedazarse. Monedero acusa al tal Errejón de centrar en exceso el partido (¡qué entenderá este individuo por Centro!), a Pablo Iglesias de excesivo protagonismo y al conjunto dirigente de haber abandonado lo que fueron y el motivo por el que nacieron. Eso ha ocurrido, evidentemente, cuando han tenido que pasar de la Protesta a la Propuesta y se han percatado de que todo no es circular por la vida como intelectuales de la televisión basura: hay que decidir qué se hace con los ferrocarriles, con el ejército, con las pagas extras, con la bandera y con la Semana Santa. Ese es el momento en el que estos profesores de tercera decidieron que para abarcar mucho había que inventarse un concepto transversal de la política, es decir, tratar de convencer a los votantes de que representan un proyecto que no es de izquierdas ni de derechas, que es rabiosamente moderno. O sea, lo que inventó José Antonio muchos años antes de que los abuelos de todos estos se conocieran. La supuesta frescura que invoca Monedero consistía en decir barbaridades propias de asamblea sectaria y en reclamar una pureza democrática que jamás se vivió, ni por asomo, en los países hacia los que profesan esa extraña devoción enfermiza que les impide siquiera lamentar sus excesos dictatoriales. Lo que reclama Monedero es vivir en ese infantilismo feliz de creerse siempre jóvenes por el simple hecho de reclamar bobadas tales como prohibir los toros o romper relaciones con la Santa Sede.
El partido suflé que tan alto creyó estar en las estimaciones de voto ha establecido un viaje al centro… de la nada. En eso tiene razón el tal Monedero. Cuando lamenta que no se reivindique lo que se reivindicaba en aquellas alegres tardes de acampada está reconociendo que los que querían apedrear el Sistema están acabando de integrarse en él. Monedero dice con sinceridad estupefaciente que cada día le cuesta más "sobrellevar la Partitocracia" y en ello desvela su corazón totalitario, al que quiere que regresen todos y del que, en realidad, todos solo han salido de forma aparente. No nos engañemos. Estos ya eran viejos antes de nacer. Peleas. Intrigas. Purgas. Escisiones. La vida.
Y que ande con cuidado Monedero. Que ya sabemos que a Trosky le costó un disgusto más que la hoz, el propio martillo.

Carlos Herrera

Félix Velasco - Blog

viernes, 1 de mayo de 2015

10 cosas que quizás no sabías de la guerra de Vietnam


Soldados de EE.UU.
 
La Guerra de Vietnam comenzó en la década de 1960 con los combates de la guerrilla en Vietnam del Sur y continuó hasta que los últimos funcionarios civiles y militares salieron de Saigón en abril de 1975.
Vietnam conmemora los 40 años de la caída de Saigón. Causas principales de la guerra:
1. Rivalidad de la Guerra Fría. Vietnam del Sur dependía de la ayuda económica y militar de Estados Unidos , mientras que Vietnam del Norte recibía ayuda de la Unión Soviética y China.
2. Números de soldados. Más de 2,5 millones de estadounidenses sirvieron en Vietnam; 536.000 en 1968, el año de niveles máximos. En 1973, cuando Estados Unidos se retiró, las fuerzas de Vietnam del Sur eran alrededor de 700.000 mientras que las fueras de Vietnam del Norte sumaban cerca de 1 millón.
3. Número de muertos. Más de 58.000 estadounidenses y al menos 1,1 millón de vietnamitas murieron. Otros países también sufrieron víctimas. Por ejemplo, fallecieron más de 4.000 soldados de Corea del Sur.

4. Guerra internacional. Algunas naciones enviaron personal militar para ayudar a Estados Unidos. En su nivel máximo, había 50.003 de Corea del Sur; 11.586 de Tailandia; 7.672 de Australia; 2.061 de Filipinas y 552 de Nueva Zelanda. China envió un número sustancial de soldados a Vietnam del Norte: 170.000 en su nivel máximo, para reparar el daño causado por las bombas y para ayudar en la defensa contra los ataques aéreos de Estados Unidos.
5. Guerra aérea. El tonelaje de bombas lanzado en Indochina fue más del doble de la cantidad derribada por Estados Unidos y Reino Unido en Europa durante la Segunda Guerra Mundial.
6. ¿Quién fue el culpable? Durante 20 años, se pensó que un tanque de Vietnam del Norte, el número 843, fue el primero que irrumpió contra las puertas del Palacio Presidencial en Saigón el 30 de abril de 1975. Fue a mediados de 1990 cuando Vietnam concluyó que fue otro tanque, el número 390.
7. Arma icónica Ninguna otra arma está tan identificada con la Guerra de Vietnam como la AK-47. Fue la principal arma del ejército de Vietnam del Norte y las guerrillas de Vietnam del Sur y se convirtió en el arma revolucionaria preferida en todo el mundo. Las tropas estadounidenses utilizaron principalmente el M14 y después el M16. Los rifles de asalto de EE.UU. eran difíciles de manejar en las húmedas junglas de Vietnam.

8. Legado controvertido. Vietnam ha pedido, sin éxito, compensación para las víctimas del Agente Naranja, un herbicida que Estados Unidos roció en Vietnam del Sur.
9. División. Más de 1 millón de los llamados "boat people" (inmigrantes que viajaban en barco) huyeron de Vietnam del Sur entre 1975 y 1989. La mayoría se estableció en Estados Unidos.
10. Normalización. Estados Unidos y Vietnam normalizaron relaciones en 1995 y anunciaron una asociación amplia en 2013. El comercio bilateral creció a casi US$35.000 millones en 2014.

Quynh Le - BBC
Félix Velasco - Blog

domingo, 26 de abril de 2015

Papamoscas y tonterías

La propagación vírica de la tontería es muy eficiente, por eso hay tanto "papanatas" suelto - Papar (tragar cosas blandas), que no requieren ser masticadas, en uso metafórico de lo que hace el papanatas que da crédito a cualquier asunto sin haberlo sometido a crítica: sin masticarlo ni digerirlo. En cuanto a la segunda parte del vocablo, nata alude a la crema de la leche que se ingiere con facilidad, con lo que en sentido figurado se referiría a la facilidad con la que el papanatas se traga cualquier cosa. Las ideas tontas se también suelen propagarse porque promueven la supervivencia de quienes las enarbolan, aunque sean profundamente falsas, absurdas, delirantes, mentiras o manipulaciones históricas.
Félix Velasco - Blog

domingo, 5 de abril de 2015

Roma, maravillas bajo el suelo




catacumbas
En el subsuelo de Roma siguen encontrándose maravillas. La Ciudad Eterna está todavía en condiciones de desvelar antiguos mármoles, mosaicos, monedas y frescos que han sobrevivido milagrosamente. Con esos tesoros del pasado se acaba de abrir un nuevo museo, el Antiquarium de Lucrezia Romana. Una asociación, Roma Sotterranea, investiga los secretos de esa Roma cargada de historias, misterios y leyendas. Nacida en el año 2000, cuenta con espeleólogos, arqueólogos, geólogos, arquitectos, ingenieros y simples apasionados que colaboran con las más importantes instituciones públicas.
El fundador de Roma Sotterranea, Adriano Morabito, introduce en esa Roma invisible, en las raíces más antiguas de la cultura romana. Para comprender la Roma de la superficie, la que se nos presenta en postales, es necesario conocer la que se esconde bajo nuestros pies, que es menos fastuosa, pero también sugestiva y fascinante. No es casual que Freud, quien conocía muy bien la Roma antigua, pensara que la Roma subterránea es una metáfora de la mente: profundizar en el subsuelo es un poco como adentrarse en el inconsciente. Y a veces, de forma casual, se encuentran tesoros, como el Ara Pacis, célebre altar dedicado a la Paz por Augusto en el 9 a. C., tras volver de su expedición pacificadora de España, que se descubrió en los subterráneos de un edificio de via del Corso en 1568.
Nunca se podrán descubrir por entero esos tesoros de arte y de historia sepultados con el pasar de los siglos, hasta el punto de hacer una ciudad estratificada. Más de 250 lugares subterráneos hay identificados, lo que equivale seguramente a menos del 5% de lo que hay aún enterrado. En cualquier lugar de Roma donde se excava se encuentra un pedazo de su arte y de su historia, restos de una vida precedente. De ahí la dificultad de construir algo en el subsuelo. Por ejemplo, en el actual proyecto de una tercera línea del Metro, Roma será la única capital del mundo sin una estación en su centro histórico. Y es que, si se descubre algo importante en una excavación a 5 metros, debajo pueden existir otras maravillas, porque el nivel del suelo de Roma, desde sus orígenes, ha subido cinco, diez, quince y hasta casi veinte metros.
Grandes ingenieros
Eran grandes ingenieros los romanos y dotados de gran sentido práctico. Así, cuando había que construir algo, se hacía sobre lo que se había destruido o derrumbado, dada la dificultad que existía para deshacerse de los escombros. Cuando Trajano construyó sus termas, lo hizo sobre uno de los palacios más grandiosos jamás levantados, la celebérrima Domus Aurea de Nerón. Curiosamente, solo Nerón, cuando reconstruyó Roma tras el incendio, eliminó ruinas y escombros llevándolos al mar de Ostia, a 30 kilómetros de la capital.
Se explica así que la topografía de Roma haya cambiado sustancialmente desde su fundación, en el 753 a. C. Las siete colinas de Roma, los montes que históricamente formaron el corazón de la ciudad, en los tiempos de Rómulo y Remo, han perdido altura y relieve y los valles se han rellenado. Precisamente, entre los más antiguos vestigios de Roma se encuentran obras públicas construidas bajo la dinastía de los Tarquini, los últimos tres reyes de la Roma etrusca que reinaron desde el 616 al 509 a. C. Son de esta época inmensos templos, murallas, acueductos y sistema de alcantarillado como la Cloaca Maxima, una obra maestra que aún funciona perfectamente.
Hasta el siglo XV, la Roma antigua se consideraba una especie de mina inmensa de la que se extraía todo tipo de materiales para reciclarlos, incluyendo sus estatuas y mármoles. Solo con la llegada del Renacimiento, con su nuevo aprecio por la antigüedad clásica, se cambia de perspectiva. Un ejemplo singular nos lo da precisamente la Domus Aurea, que fue descubierta accidentalmente cuando un joven romano cayó en ella al abrirse una espacio en la colina Oppio a finales del siglo XV. Muy pronto una serie de jóvenes artistas empezaron a descubrirla al introducirse y dejarse caer con cuerdas para descubrir los frescos y decoraciones de la grandiosa e imponente residencia de Nerón. Rafael, Pinturicchio, Miguel Ángel y otros jóvenes artistas romanos descendieron bajo tierra para estudiar, descubrir y difundir lo que era realmente el mundo antiguo.
Estadio domiziano
Hoy la Roma subterránea nos ofrece un panorama casi infinito de ambientes y de escenarios, algunos abiertos al público. Por ejemplo, es posible pasear y redescubrir el mundo competitivo de las carreras, bajo la plaza Navona, entre los amplios arcos del estadio domiziano, abierto después de años de restauración. Construido por el emperador Domiziano (81-96 d. C), el estadio, destinado fundamentalmente al atletismo, podía albergar a 30.000 espectadores. Hoy se puede respirar la atmósfera antigua de los juegos de la capital.
Entre las innumerables iglesias romanas, la más asombrosa, desde el punto de vista histórico, es la basílica de San Clemente, con tres construcciones, una sobre otra, realizadas a lo largo de los siglos. La primera se remonta a la época romana anterior al incendio de Nerón del 64 d. C. En ese mismo lugar fue construido en el siglo II una residencia privada y un templo dedicado al culto de Mitra, el dios de origen persa que pasó a formar parte del imperio romano, una religión ligada al cosmos y a las estaciones, cuyos ritos se celebraban en grutas y cavernas. En el siglo IV, sobre la casa y el templo, se construyó una basílica cristiana, a su vez semidestruida y refundada.
No es infrecuente que al excavar en las iglesias se encuentren templos paganos o necrópolis. En los subterráneos del Vaticano hay una gran necrópolis, con tumbas cristianas y paganas, y se recuperaron una veintena de mausoleos. En el año 2003, al construirse el aparcamiento Santa Rosa del Vaticano se descubrieron cuarenta estructuras sepulcrales y más de 200 tumbas individuales, que se acumularon desde el final del siglo y durante todo el siglo II. En la Basílica de San Pedro, lo profano está bajo lo sacro. Así, no deja de llamar la atención que, bajo la basílica, se encuentren las imágenes de los dioses Horus, Océano, Minerva y Plutón.
En la Roma subterránea ocupan lugar destacado sus catacumbas, que son una treintena. Las más accesibles están compuestas de unos 150 kilómetros de túneles: Pancracio, Agnese, Domitilla, Priscilla, San Sebastián... Al inicio se instalaron en cavidades ya existentes, incluso en columbarios paganos, columbarios que ofrecen a veces sorprendentes arquitecturas funerarias donde se colocaban las urnas cinerarias. Las catacumbas se expandieron durante tres siglos y alcanzaron hasta 20 metros bajo el suelo. Las de San Calixto, por ejemplo, se extienden en 20 kilómetros de galerías distribuidos en cinco niveles en un zona de 15 hectáreas.
Leyendas
No solo a la vida está ligada la Roma subterránea, sino también a la muerte. Un ejemplo del culto a la muerte, que nos lleva a la Contrarreforma del siglo XVI, como símbolo contra la vanidad del mundo, lo representa el osario de los capuchinos, en la iglesia Santa María de la Concepción, en via Veneto, en cuyos subterráneos se conservan los huesos de unos 4.000 frailes, alcanzado la cumbre de lo macabro.
En este mundo subterráneo abundan los misterios y leyendas. La más común y popular cuenta que en muchas iglesias antiguas de Roma hay en el subsuelo un túnel que conduce al Vaticano. Falsa leyenda. Pero a Roma no le será nunca fácil liberarse de sus fantasmas y misterios, y de su relación con la historia y el arte. Por eso es fascinante.
Ángel Gómez
Félix Velasco - Blog

viernes, 3 de abril de 2015

El origen samurai de "el novio de la muerte"

A la más negra y terrorífica historia de España ha quedado ligado aquel enfrentamiento mítico, tantas veces descrito, entre don Miguel de Unamuno y el general Millán Astray. Ese grito del «¡Viva la muerte»!, que sonó a funesta descripción del momento histórico, y ese «venceréis, pero no convenceréis», del viejo pensador, que expiraría poco tiempo después por pura desilusión ante aquel país bárbaro y asesino. España, 1936.
¿Qué clase de persona puede hacer de tal necrófilo grito su divisa? Quizás alguien que pareciese más muerto que vivo. El general José Millán Astray, fundador de la Legión, tuerto, manco y mutilado, casi un cadáver viviente al servicio de la nueva España de Franco.
Pero lejos de la boutade sin sentido y bárbara, que es como ha pasado a la historia para muchos, aquel grito no era casual, sino que contenía una intención concreta, bajo la que subyacía un modo de encarar la existencia, una filosofía que se remontaba a la fundación del Tercio de Extranjeros, nombre primigenio de lo que hoy conocemos como la Legión.
Al general se le encargó en 1920 la creación de un cuerpo de élite, a imagen de la Legión Extranjera francesa, a la que destinar las misiones más arriesgadas dentro de una guerra colonial, la de Marruecos, que se llevaba miles de vidas de jóvenes reclutas, sin preparación ni ganas de combate. ¿Pero cómo movilizar a un puñado de jóvenes, españoles y extranjeros, la mayoría desarraigados, mercenarios y con un pasado oscuro?
Sólo se podía ofrecer una recompensa ante tal riesgo: el valor hasta su máximo grado, el sacrificio hasta la gloria, con la muerte como más digno premio. Se impuso así la necesidad de crear una mística, un espíritu que aglutinase a gentes de diversa procedencia y les proporcionase un ideal colectivo capaz de incitarles a la lucha en la más desesperada de las situaciones.
Fue así como Millán Astray creó un código de honor, el «credo legionario», con una serie de doce mandamientos, o «espíritus», que deben ser memorizados y aplicados por todos los caballeros legionarios. De entre esos espíritus (compañerismo, combate, disciplina…), destaca sin duda el de la muerte: «El morir en el combate es el mayor honor. No se muere más que una vez. La muerte llega sin dolor...»
Esa creencia en la muerte como salvación proviene, como él mismo fundador reconoció, del Bushido, el conjunto de normas que rigen el comportamiento de los antiguos samuráis. Entre sus máximas indica: «El camino del samurái se encuentra en la muerte», ya que cuando el guerrero acepta su trágico final, realiza sus acciones según un principio y no guiado por el miedo. He ahí el porqué de ese noviazgo con la muerte del legionario, más cercano a la compostura estoica ante el peligro del budismo, o de la arrogancia sintoísta ante el más allá, que de una actitud cristiana, como analizan Rafael y Elena Núñez en la obra «¡Viva la muerte!”
Hoy, noventa y cinco años después, más de veinticinco poblaciones españolas, la mayoría en las provincias de Málaga y Almería, pero también de Valencia, Murcia o Albacete, reciben entre vítores a los legionarios para participar en sus desfiles procesionales. En muchos actos se les escucha repetir de memoria este credo, que enlaza a la perfección con otro sonido característico de los desfiles procesionales en los que participa este cuerpo armado: «El novio de la muerte», que muchos confunden de forma errónea con el himno de la Legión, que no es otro que la melodía titulada «Tercios heroicos».
Originalmente «El novio de la muerte» era un cuplé, estrenado por la entonces popular Lola Montes, en el teatro malagueño «Vital Aza». Ante el éxito cosechado, se le invitó a estrenarlo en Melilla, quiso la historia que dicha representación se realizase sólo unos días después de que la Legión entrase en la ciudad, tras el desastre de Annual en julio de 1921, salvándola de caer en manos de los rifeños de Abdelkrim que la asediaban tras producir, según algunos cálculos, más de 10.000 muertos en las filas españolas.
La historia, un legionario que busca la muerte en combate para reencontrarse con su amada fallecida, enlazaba a la perfección con el ideal heroico que Millán Astray quería inculcar a sus legionarios, por lo que pidió que se adaptase su música para la marcha. Posteriormente, la melodía se arregló para poder ser usada durante las salidas procesionales cuando, en 1928, los mandos legionarios encontraron un cristo, cuya advocación resultaba más que propia para convertirse en el protector del cuerpo: El Cristo de la Buena Muerte, también conocido como Cristo de Mena, por haber sido esculpido por el escultor barroco Pedro de Mena.
Empezaba así la vinculación de la Legión con la Semana Santa malagueña, que no se interrumpiría hasta nuestros días. Ni siquiera en 1931, poco antes de la proclamación de la II República, dejó la Legión de acudir al templo de Santo Domingo, instaurándose entonces la guardia legionaria al Cristo, una tradición que perdura hasta hoy, pero que no pudo evitar que, semanas después, con la Legión ya en los cuarteles, se perdiera la imagen tallada por Mena durante la quema de conventos e iglesias de ese mismo año.
Los legionarios acompañan hoy una imagen tallada por Francisco Palma Burgos en 1942, de enorme belleza y serenidad en la propia muerte, como el espíritu legionario evoca, constituyendo una de las estampas más características y curiosas, no ya de la Semana Santa de Málaga, sino de la de todo nuestro país. Conjugándose en las calles, entre los cantos, los vítores y las marchas, la tradición, el fervor, el folclore y el arte, con la modernidad del entrenamiento de uno de los cuerpos de élite de la misma OTAN, que en la actualidad sigue llevando su mística y su Cristo a Mali, a el Congo, a Afganistán, o a cualquier sitio dónde se les requiera, cumpliendo con otro de los espíritus del caballero legionario: «Cumplirá su deber, obedecerá hasta morir».
 
Francis Silva
Félix Velasco - Blog

domingo, 22 de marzo de 2015

Arbeit Macht Frei

 
Hace un mes, dos parejas amigas nos fuimos de fin de semana a Múnich. Hubo nieve, cerveza, alimentación aerofágica, un castillo cursi en el que parecía que ibas a escalar una trenza, y muchas risas, como corresponde a gente que se lleva bien. El último día, casi como una improvisación porque sobraba tiempo y estaba en el camino del aeropuerto, decidimos pasarnos por el campo de concentración de Dachau, a apenas dieciséis kilómetros del bullicio de la Marienplatz y de las enormes cervecerías en las que habíamos visto confraternizar y chocar jarras a hombres que hasta tocaban el acordeón vestidos y emplumados al modo tirolés. A dieciséis kilómetros. Supongo que la escena festiva de la cervecería era idéntica a la de cualquier domingo de los años treinta, cuando, a dieciséis kilómetros, Dachau funcionaba.
Aún reíamos y hacíamos chistes mientras conducíamos hacia Dachau. Al salir, tardamos mucho rato en hablar siquiera. Y eso que Dachau no es Auschwitz, ni por tamaño, ni por el propósito casi exclusivo de exterminación del campo polaco, que en Dachau fue algo más paulatino. Dachau fue el primero de los campos nazis, el que sirvió como temprano modelo del Lager, y de hecho lo único que ahí dentro puede hacer un alemán para calmar la conciencia es recordar que fue abierto precisamente para encerrar a otros alemanes -disidentes políticos, homosexuales, católicos- a los que fueron incorporándose con el tiempo todas las etnias de los países conquistados. Con lo que ningún alemán puede aliviar la culpa es con la pregunta de cómo alegaron no haberse enterado de nada si el campo está encastrado en el pueblo, un muro con sus torretas orilla la carretera de ingreso, y el humo esparcido por la chimenea del crematorio debía de llenar las calles de un pésimo olor. El mantenimiento del campo es polémico. Algunos denuncian la banalización, la conversión en atracción turística. Otros, que se trata de un recordatorio inútil que prolonga el castigo en un país que ya hizo la penitencia. Lo cierto es que, para los escolares bávaros, la visita es obligatoria. Y, por tanto, el enfrentamiento brutal con lo que fue capaz de hacer la generación del abuelo. O del bisabuelo ya. Es como si continuara el castigo al que los soldados de la Vigésima División Acorazada y de la 42 Arcoíris, los liberadores, sometieron a la población de Dachau en la primavera de 1945, cuando los obligaron a limpiar con sus propias manos el campo de cadáveres esqueléticos y a pasarse por turnos por el cuartucho que aún existe en el que los nazis apilaban los cuerpos para la cremación en los hornos contiguos: se les agotó el carbón y dejaron decenas de ellos pudriéndose ahí dentro en una montonera espantosa, sólo superada en horror por el contenido de los vagones que encontraron en la terminal del campo y que transportaban cautivos remitidos desde los campos ya liberados. Murieron hacinados, con los cerrojos puestos, mientras los guardias huían. A los soldados americanos les brotó tal rabia que permitieron el linchamiento de algunos SS rezagados a los que alcanzaron los prisioneros capaces de mantenerse en pie. Más de mil morirían por enfermedad o agotamiento en los días posteriores a la liberación.
Vimos la reja de la puerta de ingreso al campo, de la que hace pocos años robaron la inscripción de 'Arbeit Macht Frei'. Vimos la sala de recepción de prisioneros, donde ya empezaba el trato brutal con el que hombres eran animalizados. Vimos los barracones con las literas de madera, el ala de los sádicos experimentos médicos sobre cobayas humanas. Vimos el enorme patio en el que los internos formaban con música a diario, a veces obligados a soportar durante horas el frío del invierno sin derecho a mover un músculo, y el soporte de madera y los ganchos que servían para practicar tortura. Estuvimos dentro de la cámara de gas, claustrofóbica con su techo bajísimo. Ahí dentro, una chica se arregló el pelo y posó para su novio sonriendo como si tuviera detrás el palacio de Sisí.


David Gistau
Félix Velasco - Blog

Apóstata de la vida sana

Hace poco, Warren Buffett -uno de los hombres más ricos y a la vez más generosos del planeta (no en vano junto con Bill Gates ha puesto en marcha una iniciativa por la que ambos se comprometen a dedicar la mayor parte de su fortuna a la filantropía)- incendió las redes sociales. Y no porque haya logrado que otros multimillonarios se sumen a su magnífica iniciativa, como en efecto ha hecho, sino por revelar su «régimen de vida eterna». Es decir, la dieta que sigue, según afirma, no solo para mantenerse joven a sus 84 años, sino, lo que es más importante, para no morirse.
«Desde siempre -explicó a la revista Forbes-, me tomo cinco refrescos de cola al día, cuatro light en el trabajo y, como premio, una Cherry-Coke al llegar a casa». También se atrevió a añadir que no es un devoto de las frutas ni tampoco de las verduritas y que, de vez en cuando, desayuna un tazón de helado con trocitos de chocolate. «La tasa de mortalidad más baja es la de niños de 6 años, de modo que he decidido comer como si tuviera esa edad; es lo más seguro», concluyó, dejando completamente turulato a su entrevistador. No es que yo haya decidido hacer la dieta Buffett, pero confieso que me encantó leer sus declaraciones, ya que desde hace un tiempo he apostatado de la vida ultra sana. Hasta ahora clamaba en el desierto, no lograba convencer a nadie de que apuntarse a triatlones con 50 años, triturarse las cervicales y los meniscos un día sí y otro también en largas sesiones de gimnasio y comer apio, nabo o alpiste no solo no podía ser muy sano, sino que es una innecesaria tortura.
Por suerte, otra noticia aparecida semanas atrás, y mucho más científica que la dieta del señor Buffett, ha venido a sacarme del ostracismo apóstata en el que me encontraba. El Colegio Americano de Cardiología ha demostrado que el ejercicio intenso es tan dañino como la vida sedentaria. En efecto, durante doce años, expertos de esta entidad se dedicaron a estudiar los hábitos de 1100 corredores y de cerca de 500 personas sedentarias, y llegaron a una sorprendente conclusión. Los deportistas que corren más de tres veces por semana a un ritmo superior a los 11 kilómetros por hora tienen una mortalidad igual o superior a la de los del grupo sedentario. Los más saludables, en cambio, son aquellos que practican ejercicio moderado y regular, es decir, corren unas dos horas y media a la semana o se dedican a andar media hora al día a buen ritmo.
A partir de los 35 años, añade el estudio, lo ideal es practicar ejercicios que permitan fortalecer los músculos y proteger las articulaciones, y eso no se consigue matándose a hacer pesas, por ejemplo, sino ejercitándose con pesitas de un máximo de kilo y medio. Otra interesante conclusión del estudio es la relación que existe entre el cáncer y una actividad física exagerada. Se ha descubierto que el deporte extremo debilita el sistema inmune. Esto ocurre porque, en las dos horas siguientes a la práctica de un ejercicio violento, mientras el cuerpo se recupera del esfuerzo, el sistema inmune se deprime. Así, durante ese rato, queda uno expuesto a todo tipo de infecciones que no harán más que empeorar al día siguiente, cuando el esforzado deportista vuelva al gimnasio. Dicha depresión física y mental favorece, por tanto, la aparición incluso de algunos tipos de cáncer. Consultados otros médicos, todos están de acuerdo en que la virtud está en el punto medio, al tiempo que añaden que es importante que el ejercicio no produzca obsesión, sino placer, lo que, de alguna manera muy políticamente incorrecta, me hace pensar de nuevo en la dieta de la vida eterna de Warren Buffett.
¿No será que el señor Buffett -exagerando bastante la nota, sin duda- está diciéndonos algo también interesante? Que frente al rigor espartano y masoquista de aquellos que creen que vivirán cien años poniendo su cuerpo al límite, existe también la teoría de que se puede llegar en plena salud a la vejez dándose ciertos caprichos. No me gusta nada la Cherry-Coke, así que creo que tomaré un vino blanco con hielo a su salud. Me lo merezco; además, hoy he sido buenísima, caminé media hora por el Retiro. La primavera parece que madruga este año y estaba espectacular.

Carmen Posadas
Félix Velasco - Bog

domingo, 8 de febrero de 2015

Esos delfines violadores

Hace un par de semanas escribí en esta página, parafraseando un antiguo dicho, que una ardilla podría recorrer España saltando de gilipollas en gilipollas sin tocar el suelo. Y hay quien se ha mosqueado, claro. Ya está el Reverte insultando. Pero lo blanco y en tetrabrik suele ser leche. Asumámoslo. En España, por alguna razón que tiene que ver con nuestra triste historia, con nuestra tradicional, voluntaria y gozosa incultura trufada de complejos y con ese toque de demagogia oportunista que algunos, a falta de otra ocupación decente, han convertido en medio de vida, los extremos de gilipollez nacional pueden ser formidables. Y si a los cantamañanas natos, vocacionales o simples aficionados, añades los simples tontos de infantería -otrosí llamados tontos de baba o tontos del culo-, el número de unos y otros, coincidiendo a menudo en maneras y objetivos, se hace infinito, en plan muchedumbre tan apretada que en cuanto nazcamos unos pocos más acabaremos cayéndonos al agua. Como suele decir Carlos Herrera, que conoce a la peña hasta por las tapas, aquí hay más tontos que botellines de cerveza.
Como el espacio de que dispongo no es mucho, voy a poner sólo dos ejemplos recientes. Pero estoy seguro de que cada uno de ustedes podría aportar su buena docena y media. O más. Uno lo escuché en la radio y otro en la tele. El de la radio fue en boca de una presunta señora que, indignada, reprochaba a un novelista que éste hubiera mencionado la famosa frase de Alejandro Dumas referida a sus propias novelas: «Es lícito violar la Historia, pero a condición de hacerle hermosas criaturas». Como habrán ustedes adivinado, la señora ponía de vuelta y media no sólo al autor de El conde de Montecristo y Los tres mosqueteros, al que calificó de machista sin escrúpulos, sino también al infeliz juntaletras que se había atrevido a citar la frase. El uso del verbo violar ya era una agresión a la mujer, sostenía la señora. Hasta decir «violar la correspondencia» o «violar la intimidad» lo era, sostuvo, del mismo modo que decir «el terrorismo es el cáncer de la sociedad moderna», como se había dicho un rato antes en el mismo programa, era insultar a todos los enfermos de cáncer. Pero es que, además, según la antedicha dama, el resto de la cita dumasiana justificaba la violación y la presentaba como algo positivo y hasta lícito, lo que ya era el colmo. De ahí pasó a mencionar las violaciones y el genocidio en Bosnia y Ruanda, asegurando que de unas cosas vienen otras, y acabó afirmando con rotundidad: «Nunca leeré una novela de ese Dumas». Pero lo más simpático fue que el novelista que estaba siendo entrevistado, en vez de tomárselo a cachondeo, hablar de contextos socioculturales distintos entre Dumas y lo de ahora, o recomendar a la señora que leyese a Belén Esteban, que habría sido una forma elegante de mandarla a hacer puñetas, se disculpó casi balbuciente, dándole la razón y prometiendo enmendarse en el futuro. El muy tiñalpa.
La otra fue más bonita, si cabe. Más zoológicamente universal. Porque hablando de la imagen simpática que suele tenerse de los delfines, un pavo -esta vez era varón, mi primo- dijo muy serio en la tele que de simpáticos nada; pues ahí donde los ven, con su sonrisa indeleble, los machos son crueles porque «acosan a las hembras y las obligan a mantener relaciones sexuales». A tal afirmación siguió entre los contertulios un silencio, ignoro si horrorizado o desconcertado, que duró unos segundos, antes de pasar a hablar de otra cosa, mariposa. Y ahí, lo confieso malevo, sí eché en falta a alguien que, como la señora indignada con Dumas, se solidarizara con las pobres delfinas, forzadas por los malvados delfinos a tener relaciones sexuales contra su voluntad. Forzadas impunemente por esos fasciomachistas con aletas en la profundidad de los mares. Y ya puestos a ser consecuentes, que denunciara también, exigiendo soluciones urgentes, la triste situación sumisa de leonas, focas, cebras, lobas, conejas, gallinas, palomas mensajeras o sin mensaje, escarabajas peloteras, osas panda, patas azulonas, rinocerontas, tigresas de Ranchipur, urracas, murciélagas, grullas, cernícalas lagartijeras, perras salchicha, canguras australianas e hipopótamas del río Congo, entre infinidad de otras hembras oprimidas y por oprimir. Que, todas ellas, todavía en este siglo XXI, siguen siendo forzadas al sexo con intolerable desconsideración por los machos de su especie, que van al asunto con salvaje brutalidad animal en vez de acercarse a ellas con el debido respeto y la pregunta previa de si están de humor, prenda mía, o les duele la cabeza.
Arturo Pérez-Reverte
Félix Velasco - Blog