sábado, 17 de enero de 2015

Agunos tipos de café italiano

No.1 Caffé (café expreso), es una pequeña taza de café muy fuerte, y es el más típico de Italia.
No. 2 Caffé doppio (café doble) dos cafés expresos servidos en una taza.
No. 3 Caffè ristretto, un café corto, esto es un café condensado (menos de 20 ml.)
no. 4 Caffè macchiato (un macchiato), un café manchado es un café expreso con unas gotas de leche. Un macchiato caldo (con gotas de leche caliente) o un mancchiato freddo (con gotas de leche fría), por último, o un mancchiato con schiuma di latte (con espuma de leche).
No. 5 Caffé Americano. Café más débil que se sirve en una taza grande o en un vaso, hay que advertir que es un café más fuerte que el americano, típico de los países anglosajones. Es un expreso al que se le añade agua caliente.
No. 6 Caffé Lungo. Es un café largo, se emplea más agua con la misma cantidad de café molido, es un café menos fuerte.
No. 7 Capuchino (capuccio en el sur de Italia). Otro de los cafés italianos más populares. No es sólo un café expreso con leche al vapor. Se vierte 1/3 de leche caliente, antes de completar 1/3 de espuma de leche. Opcionalmente se sirve con polvo de cacao o chocolate. Hay algunas variedades de capuchino bastantes extendidas en Italia. Por ejemplo, el capuchino con caffé doppio, (capuchino con café doble), osea, un doble de café preparado como un capuchino, es más fuerte que el capuchino normal. Otra opción es el Cappuccino scuro, un intermedio entre un capuchino y un caffè machiato que lleva menos leche que un capuchino normal.
No. 8 Caffê hag (también llamado un deca), es un café descafeinado. que se puede hacer de todas las formas descritas anteriormente.
No. 9 Caffè con schiuma (o Caffè schiumato), café al que se le prepara espuma en la parte superior.
No. 10 Caffè corretto, un café expreso con unas gotas de licor. Algunos tienen nombre propio, como el Caffè Borghetti, un café expreso con gotas de licor Borghetti…
No. 11 Caffé freddo, frecuente en verano, se trata de un expresso servido en un vaso con hielo. Es lo que se llama un “café del tiempo” en algunas partes de España.
No. 12 Caffè con panna, café con crema en la parte superior. Es lo que en muchos países se entiende que es un capuchino.
No. 13 Caffè latte. Puede dar lugar a bastante confusión entre los españoles. No se trata del típico “café con leche”, incluso no es realmente un café. Se trata de leche caliente abundante mezclada con un poco de café. Se sirve en vaso largo o grande.

Esnobismo gourmet
Félix Velasco - Blog

sábado, 13 de diciembre de 2014

Moctezuma y Atahualpa en el Palacio Real de Madrid

¿Qué pintan Moctezuma y Atahualpa en el Palacio Real?
En la fachada del Palacio Real de Madrid que da a la plaza de la Armería se encuentran las estatutas de Moctezuma (1466-1520) y Atahualpa (1500?-1533), los últimos Emperadores de los aztecas y de los incas. Los dos gobernantes americanos están acompañados por otros Reyes españoles, como si la fachada del Palacio sirviera de lección de historia de la Monarquía hispánica.
La idea de colocar las estattas de todos los Monarcas se la propuso a Fernando VI el erudito Fray Martín Sarmiento, quien sugirió empezar por el Rey Ataulfo. Los historiadores consideran que la Monarquía apareció en la península ibérica hace 1.600 años, cuando se instaló el Rey Ataulfo, primer Rey visigodo, en 415 en la provincia romana Tarraconense.
Los Reyes posteriores se consideraban herederos de los que les precedieron, no sólo en los distintos Reinos de la península ibérica sino también en los territorios de otros continentes que se incorporaron a la Monarquía española. Y así se quiso expresar incluyendo las estatutas de los Emperadores azteca e inca en la entrada principal del Palacio Real.
Aquel centenar de estatuas reales estuvo decorando la fachada del Palacio hasta que Carlos III las ordenó retirar. Algunas acabaron en los almacenes del Alcázar y otras se distribuyeron por diversas ciudades españolas. Ataulfo terminó, junto a otros Reyes visigodos, en el parque de La Florida de Vitoria. En 1970 varias de ellas regresaron a su lugar original, pero otras se quedaron en Burgos, en Pamplona y en diversos lugares de Madrid, como el Retiro o la plaza de Oriente. Y la lección de historia quedó incompleta.
Almudena Martínez
Félix Velasco - Blog

miércoles, 3 de diciembre de 2014

España noble y bravía

Tengo plantada una flor,
Y en los montes de Navarra,
Tengo plantada una flor,
Y el aire la vahándola,
Y hasta aquí llega el olor,
Y hasta aquí llega el olor,
Y en los montes de Navarra.

Va el león de mi bandera,
Pregonando la bravura,
Va el león de mi bandera,
Por eso al oír la jota,
Se enardece España entera,
Se enardece España entera,
Pregonando la bravura.

España noble y bravía,
Aragón tierra valiente,
España noble y bravía,
No hay en todo el mundo entero,
Patria mejor que la mía,
Patria mejor que la mía,
Aragón tierra valiente.

domingo, 9 de noviembre de 2014

El día en que la Alemania libre ganó la guerra al comunismo

La Friedrichstrasse que cruza Unter den Linden y el canal del río Spree no es aun hoy lo que fue a principios del siglo XX, la única calle europea que competía con Times Square en tráfico peatonal y rodado. Pero es ya otra vez una gran calle europea de luces, ruidos y bullicio. Hay que tener la mirada muy avisada para descubrir tras la gran estación del mismo nombre, unas escaleras cubiertas que bajan a lo que hoy es, en un gran semisótano, el museo del «Grenzgang», del «paso de fronteras».
Suena allí hoy aquello de «frontera» tan absurdo e irreal como un puente en medio del mar. Y nadie podría adivinar que allí estuvo durante casi tres décadas el nudo sentimental y emocional de Alemania. En aquellas instalaciones paralelas a la estación Friedrichstrasse, con compuertas, pasillos, juegos de espejos y rejas con pinchos, se producían a diario tremendas escenas de drama y desconsuelo entre quienes se iban y quienes se quedaban.
Allí se consumaban rupturas, reencuentros y separaciones unas fugaces, muchas temporales y también definitivas. Allí estuvo durante todos los 28 años de existencia del Muro de Berlín, el túnel vigilado que lo atravesaba, por el que el poder comunista regulaba, con cuentagotas, los contactos humanos entre las dos partes de la Alemania demediada por la Guerra Fría. Dos Alemanias que entonces se separaban rápidamente por un abismo cada vez mayor en desarrollo, bienestar, información y libertad.
Era el escenario y el símbolo a un tiempo del desgarro alemán. El Palacio de las Lágrimas lo llamaban. Estaba cerca del Palacio Admiral en el que se produjo el acto político que iba a consumar una larga tragedia, el del secuestro comunista de las regiones orientales de la Alemania derrotada. En el Admiral se obligó, por orden de Stalin, que los socialdemócratas del SPD en la zona oriental se unieran a los comunistas del KPD en el Partido Socialista Unificado. Que por supuesto fue comunista.
Las quejas no eran recomendables. Se desaparecía. El 22 de abril de 1946 con Berlín aún siendo un mar de escombros. Stalin dejaba ya claro que en la parte de Alemania ocupada por el Ejército Rojo se impondría un régimen obediente a Moscú. Ya no había que simular nada. Dos años más tarde, en 1948, se imponían los comunistas en todos los países que habían sido «liberados» por las fuerzas de Stalin. Tan solo tres años de frágil esperanza de libertad.
La ocupación nazi que había devastado Centroeuropa hacia sitio no a la democracia sino a una ocupación soviética. En Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Rumanía y Bulgaria se imponían los comunistas obedientes a Moscú. Tan solo en Yugoslavia, un Josip Broz «Tito», envalentonado por su propia leyenda, negaba obediencia a Stalin y protagonizaba la primera ruptura en la hasta entonces marmórea unidad comunista internacional bajo Stalin. Muchas ejecuciones habría de causar la purga estaliniana de «titoistas» reales o inventados, en toda la región.
El puente aéreo.
Alemania fue dividida en 1945 en cuatro partes por las potencias vencedoras. Pronto quedó claro que solo había dos, una con los sectores americano, francés y británico y otra la soviética. Y dentro de ese sector soviético de la Alemania dividida, que se habría de convertir en la República Democrática (RDA), en medio del mismo como una isla, la capital Berlín dividida a su vez en cuatro partes y a la postre en dos, la occidental democrática y la comunista. En 1948 cuando la Guerra Fría viene a hacerse oficial, Stalin hace su primer pulso a las potencias occidentales.
En reacción al anuncio de la creación de la República federal, Moscú pone en cuestión el estatus internacional de la ciudad y bloquea todos los accesos y suministros terrestres. Habría sido difícil convencer a la opinión pública norteamericana de que volviera a la guerra, esta vez contra la URSS, para defender la libertad de quienes hasta hacía tres años habían sido su mortal enemigo. Pero el presidente Harry Truman era consciente de que si Stalin lograba echar a los aliados occidentales de Berlín, toda Alemania caería en manos soviéticas.
La idea de tener a las fuerzas del Ejército Rojo en el Rhin y a horas de París era una pesadilla. Por eso se emprendió una operación sin precedentes. Un fuente aéreo de más de 272,000 vuelos durante 321 días alimentó a toda la ciudad hasta que, admitido el fracaso, Stalin abrió el tráfico a la ciudad sitiada.
El Tercer Reich, ese Imperio que iba a durar mil años según los planes de su fundador Adolf Hitler, apenas superó los doce. Su apoteosis final se consumó no lejos de la Friedrichstrasse. Su paralela, la Wilhelmstrass, tenía algunas de las principales direcciones oficiales del Estado nacionalsocialista. Aparte de ministerios como Exteriores, estaba allí, construido sobre el solar de una razonable cancillería imperial de Otto von Bismarck, el colosal edificio construido por Albert Speer para el Führer, la Reichskanzlei. Era símbolo, lleno de brutal energía, columnas y mármol, del poder emergente y oficialmente eterno aun en 1938. Con su búnquer en los jardines, en el que pasaría los últimos agónicos meses antes de quitarse la vida el 30 de abril de 1945, con los soldados soviéticos ya en calles aledañas.
Estallido de protestas.
Esa cancillería como otros muchos edificios del devastado barrio oficial entre la Puerta de Brandenburgo y la estación de ferrocarril Anhalter, que desapareció de la faz de la tierra, habría de quedar a partir de agosto de 1961, en un limbo urbano inalcanzable, no urbanizado hasta el año milagroso de 1989. Porque el muro que atravesaba el centro, aislando las tres zonas de Berlín ocupadas por americanos, franceses y británicos —los sectores occidentales— no era un simple muro. Era una amplia franja de terreno entre dos muros paralelos, en la que había minas, alambradas de espino, fosos, carretera para patrullas, instalaciones de perros, mecanismos de disparo automático y torres de vigilancia. En unas partes de la ciudad la franja tenía dos o tres centenares de metros de ancho y en otras siete u ocho.
La siguiente crisis estalló el 17 de junio de 1953. Los obreros que construían las viviendas de la avenida Stalin en el este de la ciudad se rebelaron aquel día contra nuevas exigencias laborales de las autoridades comunistas. Y lo que empezó como un conflicto laboral muy localizado se convirtió en horas en la mayor manifestación anticomunista desde el final de la guerra. Stalin había muerto el 5 de marzo. Pero quienes pensaron que eso podía cambiar actitudes en Moscú se equivocó. La lógica de Stalin funcionó sin él aún mucho tiempo.
Los tanques soviéticos, cuya presencia en la región era masiva, aplastaron con decenas de muertes aquella protesta obrera convertida en levantamiento nacional. El de Berlín este fue el primera levantamiento anticomunista con eco que se produjo en los países conquistados por Stalin en su guerra contra Hitler. Aunque ese mismo año ya se produjeron en Polonia y muy pronto habría de surgir, de forma muy traumática, el levantamiento de Hungría de octubre de 1956 y sus ecos polacos.
Un año antes se había producido un hecho insólito que hizo disparar las expectativas de muchos. Austria, que había estado dividida igual que Alemania, con Viena a su vez también dividida como Berlín, lograba que las cuatro potencias vencedoras firmaran su Tratado de Estado a cambio de «eterna neutralidad». Y por primera vez en la historia, el Ejército soviético abandonaba un país, Austria, cuya parte oriental había conquistado en guerra contra el nazismo.
Antagonismo ideológico.
Pero en Alemania no había neutralidad. La República Federal de Alemania, dirigida por Konrad Adenauer, se había comprometido firmemente con las potencias occidentales e ingresaba en la OTAN. Su democracia liberal no tendría nada que ver con la dictadura comunista del «otro lado». La economía social de mercado, con su elemento socialcristiano, era lo contrario que el dirigismo soviético de los planes quinquenales. Y las dos Alemanias, que se habían puesto a andar al mismo tiempo, se convirtieron así para todo el mundo en un inmenso campo de pruebas en el que verse la competencia de dos sistemas en una misma sociedad desarrollada.
El resultado no tardó en ser evidente. Nada más limpiarse las escombreras en que la guerra había convertido las ciudades alemanas, los alemanes occidentales se dejaron cautivar por un frenesí emprendedor y laborioso que pronto habría de llamarse el Milagro económico. Sobre los efectos de la Reforma Monetaria de Ludwig Erhard en 1948 que había introducido el marco alemán, DM, la década de los años cincuenta registra un espectacular crecimiento de la producción, la economía y del bienestar. Los fondos del Plan Marshall que Estados Unidos lanzó para la recuperación de una decena de países europeos afectados por la guerra, fueron ante todo a Francia y al Reino Unido, pero la parte que llegó a Alemania tuvo también un gran efecto positivo muy visible.
Telón de Acero.
Mientras, la parte de Alemania ocupada por los soviéticos apenas se movía. Sus dirigentes que habían fusionado por dictado moscovita a los dos partidos de izquierda SPD y KPD para crear el Partido Socialista Unificado (SED) fueron relevados por Walter Ulbricht, un comunista inflexible entre los fundadores del partido comunista KPD en la República de Weimar que había logrado sobrevivir doce años en la emigración soviética. Lo que habían logrado pocos sin sucumbir a las purgas. Alemania oriental se vio aplastada por regulaciones, ukases y otras órdenes de Moscú volcadas en las grandes industrias y en el control total del enemigo ocupado.
La mayor parte de la industria pesada había sido desmantelada y trasladada a Moscú como reparación de guerra. La frontera a lo largo de las dos Alemanias ya se había fortificado y era impermeable. Como ya había anunciado en su viaje a EE.UU. en 1946 Winston Churchill, un telón de acero había caído sobre Europa desde el Báltico al Adriático. Había una frontera totalmente cerrada a lo largo del frente entre las dos grandes potencias e ideologías.
¿Totalmente? No. El telón de acero tenía un inmenso agujero. En Berlín. Era toda la linea que separaba al sector soviético de los otros tres sectores, de norte a sur. Pese a las trabas administrativas y policiales, la ciudad abierta permitía que muchos trabajaran en un sector en el que no vivían. Trabajo bueno había en el oeste. Y cada vez eran más los que no volvían. Muchos para coger los aviones que comunicaban a diario a la isla de Berlín Oeste con Alemania occidental. Por ese agujero votaban los alemanes orientales a los que habían impuesto la dictadura. Votaban libertad. Votaban bienestar. Y votaban con los pies, como solía decirse. A lo largo de los trece años desde la reforma monetaria, Alemania oriental se desangraba.
El precio de la libertad.
El agravio comparativo entre las dos partes de Berlín y comunicado por el boca a boca diario del tráfico humano resultaba demoledor para la Alemania socialista. En 1961 la situación era ya dramática. Y un Nikita Jruschov con problemas propios internos no se podía permitir una RDA en la que pronto no quedaría mano de obra cualificada y amenazaba con el colapso. Ulbricht, agente del Komintern en España, burócrata inmovilista que saboteaba la desestalinización del propio Jruschov, estuvo más que dispuesto. Célebre es su frase un día antes de la construcción el 13 de agosto de 1961 de «nadie tienen intención de construir un muro».
Aquella madrugada hubo un inmenso despliegue policial y militar. Se cerraron las calles, se cegaron las alcantarillas, se prohibió el tráfico. Y un ejército de obreros en camiones llegaron al centro de la ciudad a cerrar herméticamente el sector soviético de los demás. No era tan fácil. Los límites atravesaban edificios y hasta viviendas, los canales y la amplia red de metro y de tren suburbano que distingue a Berlín desde el arranque del siglo XX. Hubo escenas escalofriantes. Tragedias. Muertos por disparos. Por suicidio. Muchos aprovecharon la confusión aquellos días para salir a través de una frontera aún imperfecta. Y durante toda la existencia del Muro hubo intentos logrados o no, de romper y burlar esa frontera.
Cerca de mil muertos dentro de la ciudad son testimonio de ello. A lo largo de los años el muro se sofisticó, se amplió con «la franja de la muerte» como la llamaban. Y hasta el 9 de noviembre de 1989, ese muro fue símbolo de la Guerra Fría pero ante todo del fracaso de un sistema de gobierno basado en la represión y el terror, en el fracaso de la segunda ideología criminal que tras el nacionalsocialismo, había arraigado y sembrado la tragedia en suelo alemán.
Crucé decenas de veces el muro, sobre todo por el «checkpoint charlie» que era para diplomáticos y personas acreditadas ante el gobierno de la RDA. Que era más cómodo que el Palacio de las Lágrimas. Estuve acreditado ante ambas Alemanias y también en Polonia, el país responsable de iniciar con su valentía y calidad moral los cambios que arrastraron al Muro, a sus constructores y a su ideología, al basurero de la historia y a todos los pueblos centroeuropeos a liberarse.
Un cuatro de siglo después, no están por supuesto igual todos los países implicados en aquella maravillosa gesta del siglo XX que fue la revolución democrática de 1989. Pero todos recuperaron entonces su libertad para vivir y equivocarse ellos en democracia. Millones vertimos lágrimas en todo el continente, secuestrado por el crimen nazi y comunista, y ya felizmente recuperado. Muy distintas que las de los lloros del desgarro en la Friedrichstrasse. Marcaron el año en que más felicidad se pudo gozar en todo ese siglo terrible anegado de dolor y sangre. Por la experiencia de la libertad triunfadora sobre la oscuridad y el miedo.
Hermann Tertsch
Félix Velasco - Blog

sábado, 1 de noviembre de 2014

La mandolina del capitán Corelli


Una historia de amor y guerra que describe la capacidad humana para la crueldad y la pasión. En plena II GM la llegada de los italianos trastoca la apacible vida de un remoto pueblo de la isla griega de Cefalonia, y en particular la vida de la hija del médico de la localidad, que se siente cautivada por el capitábn Corelli, el oficial italiano que va a alojarse a su casa, músico consumado y hombre dotado de un agudo sentido del humor. 
- "El amor es una locura pasajera, hace erupción cómo un volcán y luego se serena. Y cuando esto pasa uno ha de tomar una decisión. Tienes que averiguar si vuestras raíces están tan fuertes entretejidas que resulta inconcebible separarse el uno del otro. Porque el amor es eso. Amor no es quedarse sin aliento,amor no es excitación, ni formular promesas de pasión eterna, ni el deseo de aparearse a cada momento del día, ni pasar la noche en vela imaginando que él besa hasta el último rincón de tú cuerpo. Eso sólo es enamoramiento cosa que puede pasarle a cualquier idiota. El amor propiamente dicho es lo que queda cuando el enamoramiento se extingue, lo cual es un arte y también un afortunado accidente. Tú madre y yo lo tuvimos, nuestras raíces crecían las unas hacia las otras bajo tierra, y cuando todos los bonitos pétalos hubieron caído de nuestras ramas descubrimos que éramos un único árbol, no dos."
Félix Velasco

El Acueducto de Segovia esconde una leyenda en sus columnas

Una de las construcciones más importantes no sólo de Castilla y León, sino de toda España es el Acueducto de Segovia, una obra que según los historiadores se remonta a la época romana, pero que encierra tras de sí una leyenda que es conocida por todos los segovianos y que serviría para «explicar» el hueco reservado para poner la Virgen de la Fuencisla. La leyenda dice así:
Hubo un tiempo en el que la zona alta de la ciudad de Segovia no tenía fácil acceso al agua. Para poder conseguirla, los habitantes tenían que realizar un gran recorrido para poder traer el agua de las fuentes en la zona exterior de la ciudad.
Una joven criada, tenía que llevar cada día agua a la casa en la que servía en lo alto de la ciudad, para lo que tenía que bajar a cuestas con el cántaro a la zona baja donde se situaba la fuente, para luego hacer el camino de subida con el cántaro lleno.
Un día la joven criada, sumida en la desesperación a mitad de camino, exclamó en alto: «Daría lo que fuera porque el agua llegara sola a las puertas de la ciudad para no tener que volver nunca a recorrer este camino». Entonces una voz melodiosa tras ella le respondió: «¿Estás segura de que darías cualquier cosa a cambio de que el agua llegara a las puertas de tu ciudad?». La joven se dio la vuelta asustada y se encontró con un hombre apuesto, al que respondió que sí sin dudarlo ni un momento, ya que pocas eran las pertenencias que tenía que pudieran interesarle al hombre.
Entonces el hombre le pidió algo que la mujer sí que poseía: su alma a cambio de hacer que el agua llegara directamente hasta las puertas de la ciudad. En el momento de bajeza, la joven pensó que el alma era algo que de poco le valía, por lo que aceptó sin dudarlo. Entonces, se percató de una rara sonrisa en la cara del extraño, por lo que antes de estrechar la mano con este y sellar el trato, la joven añadió que sólo le daría su alma si era capaz de hacerlo antes de que el primer rayo del sol brillara a la mañana siguiente. Tras cerrar el trato con un apretón de manos, el hombre se desvaneció ante sus ojos, y la joven continuó su camino a por agua pensando que todo había sido una simple fantasía causada por el gran cansancio.
La noche cayó, y la joven comenzó a dar vueltas en la cama sin poder dormir. No paraba de pensar en el extraño encuentro que había tenido al bajar a la fuente por la mañana, así que se levanto y fue a dar un paseo para airear la mente. Pero su sorpresa fue mayúscula cuando se asomó al mirador junto a la puerta de San Juan y observó como el extraño que había conocido esa mañana estaba envuelto en llamas y dando órdenes a cientos de diablos, dirigiéndolos en la construcción de una estructura que la joven no tardó en identificar con un conducto para llevar el agua a lo alto de la ciudad.
La obra continuó toda la noche, durante la cuál la joven no paró de rezar a Dios arrepentida por su trato con el diablo y pidiéndole que no dejara que el diablo se llevara su alma, sin obtener respuesta alguna. Cuando toda la construcción estaba prácticamente finalizada, el hombre en llamas y todos sus ayudantes comenzaron a celebrar la victoria mientras llevaban la última piedra al hueco, y justo en el momento que el hombre en llamas iba a ponerla, el primer rayo de sol golpeó su cara.
El diablo, indignado con su derrota, abandonó la ciudad junto a todos sus ayudantes dejando la casi terminada construcción a sus espaldas. La joven, sorprendida por su victoria, corrió a la iglesia para confesar ante el sacerdote. En el hueco que quedó es donde está ahora puesta la estatua de la Virgen de la Fuencisla.
Juan Giles
Félix Velasco - Blog

miércoles, 29 de octubre de 2014

El tonto de la bandera republicana

Cada vez que hablan de tontos, especie hispánica sin riesgo alguno de extinción, echo de menos a Jaime Campmany, autoridad mundial en Estultología o Ciencia de los Tontos, quien convalidó mi aportación del Tonto con Balcones a la Calle. Campmany profundizó en la conexa Estulticiología o Estultología Aplicada, que es a la Estultología como la Sociometría a la Sociología: la ciencia de clasificar tontos, observar su comportamiento, calcular el ITC (Índice de Tontos Contemporáneos) y el PIT (Producción Interior de Tontos). Ido Campmany, tengo por mi maestro en Estultología al embajador José Cuenca Anaya, quien sirvió al Reino de España en destinos tan decisivos como el Moscú de Gorbachov o el Palacio de Santa Cruz en tiempos de integración en la OTAN y en Europa. Cuenca es dueño de un bien escaso y valiosísimo: una prosa clásica, bien armada, asentada en Cervantes, con paladar de campo y pueblo, escopeta y perdiz. Perfecta. Quien quiera saborearla, lea sus libros «Sierras, perdices y olivares», «La Sierra caliente» o los recientes relatos de «La noche de bodas».
Cito a mi ilustre estultólogo porque el embajador Cuenca, doctoral y generosamente, me ha desvelado la causa de la incógnita que planteé el otro día: ¿por qué tras el triunfo de nuestra selección millones de españoles se echaron a la calle enarbolando la bandera nacional y absolutamente ninguno la republicana? El embajador Cuenca me ha dado la respuesta. Me llamó desde su mundo literario de Cazorla y Segura y me aclaró:
—Mira, igual que existe el que en mi pueblo, en Iznatoraf, llaman tonto de clavo pasado, y el tonto de la botella, que es el que va por la calle siempre con una botella de plástico de agua mineral para hidratarse, porque el tonto de la botella nunca bebe, se hidrata, está el tonto de la bandera republicana. Que no se queda tranquilo si no va con su bandera republicana a la manifestación. ¿Y qué ha pasado tras el triunfo de nuestra selección en el Mundial? Pues está clarísimo: que al tonto de la bandera republicana no le gusta el fútbol. Si no, prontito se iba a quedar el tonto de la bandera republicana en su casa cuando el Mundial...
Tiene razón mi actual Estultólogo Mayor del Reino. El tonto de la bandera republicana existe y todos lo conocemos. Hay muchos tontos de bandera. ¿No hablamos de «un toro de bandera» y ahí está la nacional con el de Osborne? Pues lo mismo existe el tonto de bandera. De diferentes banderas. Igual que el de la bandera republicana, que ni estaba ni se le esperaba cuando el Mundial, existe el tonto de la bandera palestina, imprescindible en toda manifestación que se precie. Y el tonto de la bandera saharaui. Y el tonto de la estrellada bandera separatista catalana. Y el tonto de la bandera arco iris: en algunas ciudades los tontos municipales de bandera hasta la izan en lo más alto del Ayuntamiento. Sin olvidar a un tonto histórico, que no ha podido aclarar la Estulticiología Vexilológica: aquel inquietante tonto moro que cuando los mojamés nos quitaron el Sáhara iba en la Marcha Verde con la bandera de los Estados Unidos. La única explicación que le encuentro es que era el tonto de la bandera del Polisario, pero que no le echó cojones. Y enseguida se iba a quedar el tonto de la bandera saharaui sin ir a una manifestación medio buenecita...
Antonio Burgos
Félix Velasco - Blog

domingo, 19 de octubre de 2014

El día menos pensado


Concéntrate en los pasos que puedes dar en el presente. ¿Qué puedes hacer ahora para que mañana sea según lo que has planificado y suceda lo que quieres conseguir? ¡Libérate de la ansiedad de un futuro incierto y de un presente amorfo, sin sueños ni esperanzas!
Félix Velasco

domingo, 12 de octubre de 2014

Aprender de Malala

Yo no sé si la Nobel de la Paz podría entender a nuestros desmotivados escolares del Primer Mundo
YA sé que no le han dado el Nobel de la Paz exactamente por espabilada, pero a mí es lo que más me admira de Malala y me llena de esperanza en estos días tan feos y marcados por la escasez de inteligencia en tantos adultos con toda clase de honores, títulos, cargos y responsabilidades. Me impresiona la total clarividencia de una niña en medio de una realidad sórdida y hostil para comprender la importancia que tenía acceder a la escolarización que se le negaba; «lo claro que lo tenía todo» en su cabecita a tan temprana edad y cómo esa claridad ha sabido abrirse camino en la oscuridad de sus desalentadoras circunstancias y de las más intimidatorias amenazas. Cómo no conmoverse ante la historia de ese blog que abrió a los trece años con un pseudónimo para la BBC y en el que se puso a contar su vida bajo el régimen de los talibanes. Cómo no quedarse pasmado ante esa mirada de lista que se ha impuesto sobre la precariedad, la bestialidad, la ignorancia y el fanatismo. Cómo no sorprenderse ante el caso de una cría del Tercer Mundo que se tuvo que jugar la vida para conquistar el derecho a ser educada y disfrutar de un bien básico cuando, en un país del Primer Mundo como el mío, una generación que ha accedido a la enseñanza gratuita ofrece tan tristes datos de fracaso, abandono y desaprovechamiento escolares. El último informa PISA, el de este año, levanta acta notarial del bajo resultado de los estudiantes españoles en lo que se refiere a comprensión lectora, a capacidad matemática y a resolución de problemas sencillos como el de encontrar en un mapa de carreteras la ruta más corta o el de comprar el billete más barato que combine metro, autobús y tren para ir de un lugar a otro.
Hemos creado en nuestro país gentecilla que se cree que con quince años ya no tiene nada que aprender en la vida y que lo sabe todo. El dinero fácil que propició la burbuja inmobiliaria, hoy reventada, contribuyó en una importante medida a ese desaguisado pedagógico. Malala, que viene de un país pobre y en guerra, contrasta con esa realidad de nuestro desarrollo. Yo no sé si ella podría entender a nuestros desmotivados escolares. Yo le pediría que les diera alguna clase particular además de luchar en la ONU por la educación universal. A Malala le llegó la noticia del Nobel cuando estaba en la escuela, en ese sitio que ella aún valora a sus diecisiete años y que considera privilegiado.
Malala es una esperanzadora noticia. Como lo es Kailash Satyarthi, el activista indio que ha luchado contra la explotación del niño. Lo es el Nobel de la Paz de este año que se ha fijado en la infancia y en dos personas concretas. A veces el Nobel premia más a las causas que a las personas y éstas luego le salen ranas. No parece ése el caso de Malala, que, siendo una lección viviente, quiere seguir aprendiendo. No estaría mal que se nos pegara algo de ella a los pequeños y a los mayores. No sé por qué me da que lo único que hará a este país salir de la crisis es la malalez.
Iñaki Ezkerra
Félix Velasco - Blog

Culpas

"Hace treinta años, cuando el sida llegó a España, hubo quienes lo atribuyeron a la decisión divina de exterminar a drogadictos y homosexuales y quienes lo consideraron un bulo propagado por el Vaticano para terminar con la promiscuidad. Las epidemias siempre han estimulado la parte criminal de la imaginación colectiva en sus raíces siempre individuales. Son las ocasiones más propicias para la elección arbitraria de chivos emisarios, o sea, de víctimas designadas a purgar las culpas sociales en el curso de jubilosos linchamientos gregarios.
Las epidemias favorecen la regresión de las multitudes a la fase de pensamiento mágico que ve en todo contacto una posible emisión de flujos contaminantes. La gente se olvida de lo que es un virus, si alguna vez lo supo, y cifra la causa de la enfermedad en la malevolencia de agentes humanos encabronados con el resto del mundo: quizás enfermos que no se resignan a su suerte e intentan vengarse contagiando, quizás espías de potencias enemigas, o brujas, o frailes, o moros o judíos. Desaparece la confianza mínima en el vecino, exigible para coexistir sin violencia, y que, si no se restaurase, haría saltar todos los consensos. Pero no hay que ponerse trágicos. Generalmente se restaura gracias al mecanismo infalible de la víctima propiciatoria, chivo expiatorio o como se le quiera llamar, que consiste en designar aleatoriamente un culpable y dirigir contra él toda la agresividad del grupo. Por lo general, el designado es inocente, o, si tiene alguna culpa, no es mayor que la de cualquier miembro de la muchedumbre linchadora. Pero eso no importa. Lo importante es que el mecanismo funcione, y suele funcionar. No para terminar con la epidemia, claro está, pero sí para calmar la furia de la masa aterrada."
Jon Juaristi
Félix Velasco - Blog

sábado, 11 de octubre de 2014

Cataluña y las demás Españas


Muerto sin sucesión Carlos II, se disputaron el trono de España, en una larga guerra de Sucesión, Felipe de Borbón y Carlos de Habsburgo. Cataluña peleó por el archiduque austriaco que, finalmente, resultó derrotado. En ningún momento se planteó la independencia catalana sino, muy al contrario, en ambos bandos se combatió por España y su Rey verdadero. En un libro desapasionado y riguroso, España y Cataluña, el historiador británico Henry Kamen deja todo esto muy claro, desmitificando las manipulaciones tendenciosas de algunos intelectuales catalanes que escriben desde la ebullición pasional.
Tras leer al hispanista británico me he sumergido en Cataluña y las demás Españas de Santiago Muñoz Machado. Estamos ante uno de los libros más importantes que se han publicado en nuestra nación en los últimos años. Desde el rigor jurídico, la precisión histórica, la objetividad conceptual, la claridad ideológica, Muñoz Machado disecciona el problema catalán de forma incontestable. Se lamenta el gran jurista de la ambigüedad que preside la sentencia de la Corte Internacional de Justicia sobre Kosovo. Subraya el derecho del Estado a su unidad, a su integridad territorial. No existen dudas ni fisuras. El derecho internacional se muestra inequívoco frente a derechos singulares de territorios aspirantes a la independencia. Recuerda el autor la sentencia del Tribunal Supremo de Alaska que prohibió un referéndum de independencia al considerar la iniciativa anticonstitucional. La integridad territorial, por cierto, se consagra también en la última Constitución francesa de 1958, artículo 89: “No es admisible ninguna reforma de la Constitución que afecte al territorio del Estado”.
Añora Muñoz Machado el pactismo para que desde la negociación se pueda evitar la violencia. Denuncia la torpeza de Adolfo Suárez, Fernando Abril y los constituyentes por su ligereza al no establecer las cautelas necesarias al trazar el Estado de las Autonomías. No comparte el pacto federal que algunos proponen porque eso “implicaría cambiar la residencia de la soberanía para situarla en las entidades infraestatales (la mayor parte de ellas artificialmente construidas a partir de 1978) y nos llevaría a un confederalismo de nuevo cuño y de futuro ahora inexplorable”.
Lo razonable para Muñoz Machado es una reforma constitucional que ampare una nueva fórmula de articulación de Cataluña en el Estado. Hay que evitar que la reforma se convierta en “una alocada carrera hacia adelante en la dirección misma del abismo”. Aunque advierto cierta ambigüedad en el procedimiento y los tiempos, Muñoz Machado no descarta que la aprobación final para el encaje de la nueva articulación de Cataluña en la Constitución se vote simultáneamente por todos los españoles, catalanes incluidos, claro, que ejercerían así su derecho a decidir.
“Creo -afirma el gran jurista- que la solución óptima sería la tramitación simultánea, y naturalmente fraccionada, de la norma que ponga al día el autogobierno de Cataluña y su integración en el Estado, y la reforma constitucional, si fuera precisa, que dé cabida a ese proyecto”. Si el Estatuto de 2006, desautorizado en parte por el TC, se hubiera acompañado por una propuesta de reforma constitucional, tal vez hoy la situación discurriría por las vías adecuadas para evitar la colisión de trenes.
En mi opinión, los dirigentes políticos a izquierda y a derecha tienen la obligación de leer este libro y reflexionar sobre lo que en él se afirma y se propone. Santiago Muñoz Machado ha escrito una obra de importancia excepcional y, en muchos aspectos, definitiva. Me temo que algunos dirigentes políticos desdeñarán el esfuerzo clarificador del jurista español y permanecerán en la ambigüedad, la suficiencia y la pertinaz estupidez. La mediocridad de nuestra clase política está incluso por encima de su corrupción y provoca vergüenza ajena.
Luis María Anson - De la Real Academia Española
Félix Velasco - Blog

jueves, 25 de septiembre de 2014

Independentismo: una rareza entre los 129 presidentes de la Generalidad

Artur Mas ha vuelto a echar mano de la historia, de manera más o menos sesgada, para justificar o apoyar sus aspiraciones independentistas. En esta ocasión, el «president» ha defendido que la legitimidad de la Generalitat no emana, tal y como defendió Soraya Sáenz de Santamaría, de la Constitución de 1978, sino de la Diputación General de Cataluña, una institución creada a mediados del siglo XIV.
Independentismo: una rareza entre los 129 presidentes de la Generalidad de Mas
«Soy el presidente 129 de Cataluña», aseguró un Mas indignado por las palabras de la vicepresidenta del Gobierno, retrotrayéndose nada menos que hasta la Edad Media. El presidente de la Generalitat se apoyó en el listado elaborado por el historiador Josep María Solé, en 2010, que el Parlamento catalán hizo suyo entonces, y se ha autodenominado sucesor de Berenguer de Crüilles, nombrado primer presidente de la Diputación General por el Rey Pedro IV de Aragón, en 1359. En este sentido, explicó que el Gobierno no debería usar la Carta Magna para «silenciar al pueblo de Cataluña».
Lo que Mas no dice es que de «sus» 129 presidentes de la Generalitat, al menos 121 no tenían el más mínimo sentimiento catalanista ni, tampoco, secesionista con respecto a España (o la Corona de Aragón, en primer lugar). Esto se debe a que, según escribe el catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Autónoma de Barcelona, Francesc de Carreras, en el número de febrero de la revista «El Cronista del Estado Social y Democrático de Derecho», los orígenes del catalanismo político se encuentran a finales del siglo XIX y principios del XX. Es en esa época reciente cuando se configura la ideología nacionalista que permanece en la base de los acontecimientos actuales.
Ocho presidentes de 129
Durante los más de cinco siglos que transcurren desde el nombramiento de Crüilles, se pueden contar con los dedos de una mano los presidentes de la Generalitat aludidos por Artur Mas que tuvieron es su cabeza la idea de separarse de España.
Desde que la institución de Gobierno catalán fue reinstaurada en 1931, ya con el nombre Generalitat –la Diputación General había sido suprimida en 1716 por los Decretos de Nueva Planta–, Cataluña ha tenido ocho presidentes. Estos son los únicos de los 129 que albergaron sentimientos catalanistas. Y de estos, no todos ellos eran abiertamente independentistas, como son los casos de José Montilla, Pascual Maragall e, incluso, el mismo Josep Tarradellas, que siempre defendió la lengua, la cultura y la identidad catalanas desde un prisma no separatista que no vulnerara los derechos lingüísticos, identitarios y culturales de los castellanohablantes
«La historiografía nacionalista catalana, hasta los últimos años, nunca había cuestionado la inserción de Cataluña en el marco político español. Lo que siempre había hecho el nacionalismo catalán era confrontar la identidad catalana con la castellana, reivindicando la pluralidad de las dos Españas», explica el catedrático de Historia Moderna de la Universitat Autònoma de Barcelona, Ricardo García Cárcel, en «El Cronista».
Al servicio de Aragón
Si retrocedemos hasta 1359, la Diputación General de la que Crüilles fue nombrado presidente era tan solo una comisión temporal que se encargaba de recaudar el tributo que se concedía al Rey de Aragón, agobiado como estaba por las guerras contra Castilla. Crüilles, también obispo de Gerona y firme defensor de la Inquisición, era la autoridad bajo la que se situaban doce «auditores de cuentas» (cuatro de cada uno de los tres estados que formaban la Corona aragonesa) que debían administrar dicho impuesto. Sus funciones eran gestionar la suma, armar a la flota y contratar a la tropa extranjera, jurando no meter la mano en la caja y rendir cuentas al Rey dos veces al año.
Solo se ha barajado la posibilidad de no pertenecer a España en escasas ocasiones
Desde entonces, y hasta que quedó configurada la Monarquía Hispánica a través del matrimonio de los Reyes Católicos, fueron nombrados 38 presidentes de la Generalitat, ninguno de los cuales se planteó jamás «divorciarse» del Reino de Aragón. De la misma forma que en los siglos posteriores y hasta el día de hoy, tan solo se ha barajado esa posibilidad en escasas ocasiones.
«La integración de Cataluña en el ámbito hispano sólo ha sido cuestionada en algunos momentos políticos determinados: once años largos de separación de 1641 a 1652 durante la llamada revolución catalana, en que Cataluña se vinculó como provincia a la Francia de Luis XIII; unos meses de 1713-1714 en que algunos catalanes postularán una república independiente para Cataluña al final de la Guerra de Secesión, y la fugaz proclamación del «Estat Catalá» por parte de Lluís Companys, presidente de la Generalitat», asegura García Cárcel.
No es la primera vez que el actual presidente de la Generalitat utiliza argumentos históricos para justificar la deriva independentista de su Gobierno, incluso reconstruyéndola a su antojo. Ya lo hizo en 2012, cuando la web del Gobierno catalán se refirió a la «casa real catalana» y el nacimiento de «la concepción de la nación catalana» a finales del siglo XV, obviando por completo a la Corona de Aragón. Y en 2013, cuando la misma web aseguró que Cataluña había adquirido la «soberanía de Aragón» y que sus «dominios» incluían Sicilia y Cerdeña.
Israel Viana
Félix Velasco - Blog

lunes, 22 de septiembre de 2014

Einstein vuelve a acertar

Einstein vuelve a acertar: El tiempo va más lento para un reloj en movimiento
Físicos alemanes ha verificado una predicción de la teoría especial de la relatividad de Einstein con una precisión sin precedentes. Los experimentos en un acelerador de partículas en Alemania confirman que el tiempo se mueve más lento para un reloj en movimiento que para un uno fijo.
El trabajo es la prueba más rigurosa pero de este efecto "dilatación del tiempo", que Einstein predijo. Una de las consecuencias de este efecto es que una persona que viaja en un cohete de alta velocidad envejecería más lentamente que la gente en la Tierra.
Pocos científicos dudan de que Einstein tenía razón. Pero las matemáticas que describen el efecto de dilatación del tiempo son "fundamentales para todas las teorías físicas", dice Thomas Udem, un físico del Instituto Max Planck de Óptica Cuántica en Garching, Alemania, que no participó en la investigación. "Es de suma importancia para verificarlo con la mayor precisión posible."
El artículo ha sido publicado en Physical Review Letters. Es la culminación de 15 años de trabajo de un grupo internacional de colaboradores incluyendo al premio Nobel Theodor Hänsch, director del Instituto Max Planck de óptica.
Para probar el efecto de dilatación del tiempo, los físicos necesitan comparar dos relojes: uno que está parado y que se mueve. Para ello, los investigadores utilizaron el anillo de almacenamiento Experimental, donde se almacenan y se estudian las partículas de alta velocidad en el Centro Helmholtz GSI para la investigación de iones pesados en Darmstadt, Alemania.
Los científicos hicieron el reloj en movimiento mediante la aceleración de los iones de litio a un tercio de la velocidad de la luz. Luego midieron una serie de transiciones dentro del litio como electrones saltaban entre diferentes niveles de energía. La frecuencia de las transiciones se desempeñó como el "tic-tac" del reloj. Transiciones dentro de iones de litio que no se movían sirvieron de reloj estacionario.
Dilatación en el tiempo
Los investigadores midieron el efecto de dilatación del tiempo con mayor precisión que en cualquier estudio anterior, incluyendo uno publicado en 2007 por el mismo grupo de investigación. "Es casi cinco veces mejor que nuestro viejo método, y de 50 a 100 veces mejor que cualquier otro método utilizado por otras personas para medir la dilatación relativista del tiempo", dice el coautor Gerald Gwinner, físico de la Universidad de Manitoba en Winnipeg, Canadá.
Comprender la dilatación del tiempo tiene también implicaciones prácticas. El Sistema de Posicionamiento Global (GPS) se cronometra esencialmente en órbita, y el software de GPS tiene que dar cuenta de diminutos desplazamientos de tiempo en el análisis de la información de navegación.
La Agencia Espacial Europea planea probar la dilatación del tiempo en el espacio cuando ponga en marcha su reloj atómico Ensemble in Space (ACES), un experimento que se enviará a la Estación Espacial Internacional en 2016, informa Nature.
ABC
Félix Velasco - Blog

sábado, 20 de septiembre de 2014

La toga de los jueces

La sobriedad y templanza que transmite la toga negra de los jueces, fiscales y abogados no es fruto de la casualidad, sino de unacontecimiento histórico que supuso un antes y un después en el serio atuendo de la Justicia: la muerte la Reina María II de Inglaterra en 1964. Los ropajes oscuros llegaron a la adjudicatura inglesa para quedarse y posteriormente se extendieron por varios países europeos, entre los que se encontraba España.
La toga siempre ha vestido a las más altas instituciones de imperios y Estados. En la antigua Roma era portada por cónsules y senadores, aunque por esos tiempos los ropajes eran aún blancos. En el libro «Ilustración y derecho: los fiscales del Consejo de Castilla en el siglo XVIII», su autor explica como la toga ya era un requisito indispensable traje oficial del fiscal del Consejo de Castilla, que era «procurador del rey y promotor de su justicia».
El estudio Namucci & Abogados explica en su artículo «La toga, el traje de autoridad de los jueces» que el negro de los trajes se debe a un luto histórico. La muerte de la Reina María II de Inglaterra en 1694 visitó a todos los magistrados de negro. Tras varios años de luto, los ropajes oscuros arraigaron entre los jueces y asumieron este color como símbolo del respeto y la sobriedad que los casos tratados por la Justicia exigen. .
En 1814, este traje se institucionalizó bajo la normativa del nuevo Tribunal Supremo de España, que incluyó la toga negra en su legislación, al igual que el birrete (un gorro con borla y forma de hexágono). Estos ropajes se han mantenido hasta nuestros días y aún hoy es una obligación que los jueces vistan estas togas negras, aunque el sombrero se reserva para actos oficiales.
Sara Montero
Félix Velasco - Blog

martes, 16 de septiembre de 2014

Expresiones populares de origen militar

«Me importa un pito», «irse a la porra» y otras expresiones populares de origen militar
Muchas expresiones comunes en el lenguaje de hoy en día tienen su origen en situaciones de naturaleza militar. En especial, muchas frases populares proceden del periodo de los Tercios de España, donde la sociedad castellana se militarizó para responder a los desafíos del primer imperio global.

-«Irse a la porra»
El sargento mayor de cada Tercio de Flandes, la unidad de élite de los ejércitos Habsburgo en el siglo XVI y XVII, dirigía los compases de sus hombres moviendo un gran garrote, una especie de antecedente de la batuta de orquesta que recibía el explícito nombre de porra. Cuando una columna en marcha hacía un alto prolongado, el sargento mayor hincaba en el suelo el extremo inferior de su porra distintiva para simbolizar la parada. Los soldados arrestados debían permanecer sentados en torno a la porra que el sargento había clavado al principio. Eso equivalía por tanto a «enviar a alguien a la porra» como sinónimo de arrestarle.

-«Poner una pica en Flandes»
Sinónimo de algo sumamente dificultoso o costoso, refiriéndose a los gastos y esfuerzos que suponía el envío de los Tercios. Cervantes usó varias expresiones similares en El Quijote: el personaje de Sancho Panza afirma que «pues si yo veo otro diablo y oigo otro cuerno como el pasado, así esperaré yo aquí como en Flandes», lo que equivale a decir en cualquier parte.

-«No dar un palo al agua»
Significa ser un vago y proviene del mundo marinero, donde «palo» se entiende por remo. De tal forma, los remeros más holgazanes usaban los remos para golpear por encima el agua, es decir, solo fingían impulsar los remos.

-«Se te ve el plumero»
Cuando a alguien se le ve sus verdaderas intenciones o pensamientos. En el siglo XIX durante las guerras entre absolutistas y liberales, estos últimos crearon una unidad conocida como Milicias Nacionales en defensa del régimen liberal que lucían unas llamativos penachos en sus morriones. Tras ser disuelta en 1820 por los absolutistas se comenzó a emplear para señalar a los liberales ocultos.

-«Dejar en la estacada»
Procede de los obstáculos hechos con estacas afiladas que se colocaban para impedir el avance sobre las líneas enemigas. La infantería usaba estos obstáculos para frenar en seco a la caballería.

-«Me importa un pito»
El pífano o el «pito» era el chico que tocaba tal instrumento en el ejército. Su paga era muy baja. Por tanto cuando utilizamos la expresión «me importa un pito» damos a entender que le damos muy poco valor al asunto.

-«Meterse en camisa de once varas»
Intentar hacer algo demasiado complicado para nosotros. La camisa o cortina es la denominación medieval de un lienzo de muralla, espacio entre dos torres. Y las varas eran una unidad de medida por lo que once varas son unos diez metros lo que implicaba una muralla demasiado alta para ser tomada.

-«Se armó la de San Quintín»
Alude a la batalla que tuvo lugar el día de San Lorenzo —10 de agosto— de 1557, ganada por las armas españolas de Felipe II contra los franceses, y en la que los Tercios estuvieron dirigidos por Manuel Filiberto, duque de Saboya.

-«Hacer las cuentas del Gran Capitán»
Alude a las tan discutidas cuentas millonarias que Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, presentó a los Reyes Católicos después de haber conquistado para ellos el reino de Nápoles en 1504.

-«Meter en Orán cien lanzas»
Relacionado con una empresa compleja (como poner «una pica en Flandes»), pero en relación a conquistar la plaza africana de Orán.

-«Chusma»
La chusma eran los prisioneros condenados a apalear sardinas (a remar) en galeras y por tanto encargados de la tareas más ingratas.

-«Apalear sardinas»
Referido a la condena de remar en galeras

-«Ir de tiros largos»
Cuando alguien va muy elegante se suele emplear esta expresión a modo de halago. Los tiros eran las correas que sujetaban el sable a la cintura y en aquellas ocasiones en los que el soldado deseaba ostentar dejaba el sable más suelto, es decir de tiros largos. A diferencia de en combate, donde se llevaba bien sujeto, en la vida civil se buscaba más comodidad.

-«Camarada»
Su origen viene de cuando los tercios tenían que prolongar su estancia en algún lugar. Entonces se reunían en grupos de ocho o diez para hacer camarada o camareta. Así lo explica un documento de la época: «Hacen la camarada, esto es, se unen ocho o diez para vivir juntos dándose entre ellos la fe (juramento) de sustentarse en la necesidad y en la enfermedad como hermanos».

-«Medrar»
Hace referencia al alistamiento de los soldados, escapando de la pobreza de sus lugares de origen, para alcanzar riquezas y botines.

-«El despojo»

Nombre recibido a la práctica de adueñarse de las pertenencias –armas, dinero, joyas, ropa, calzado- de los enemigos.

-«Bicoca»
Algo sumamente fácil, o de escaso valor. En relación a la batalla librada el 27 de abril de 1522 en la localidad de La Bicocca, población cercana a Monza, en el antiguo condado de Milán, donde el ejército francohelvético fue diezmado sin que hubiera casi ninguna baja entre los españoles.

-«Al enemigo que huye, puente de plata»
Es decir, conviene facilitar la huida del enemigo que nos molesta para librarnos de él sin tener que combatir. Esta máxima militar tan sobada en la actualidad pertenece a Gonzalo Fernández de Córdoba, «El Gran Capitán» (1453-1515).

-«No hay moros en la costa»
Tras la Reconquista, las costas de España estuvieron dos siglos sometidas a la piratería, hasta tal punto que se decía que un pueblo se acostaba normal y se despertaba desierto, con los hombres muertos, y las mujeres y los niños esclavizados de camino a los puertos piratas del norte de África. Para evitar tales ataques, pues los moriscos expulsados conocían la zona e indicaban dónde y cómo atacar, se trasladaron los pueblos al interior y se colocaron vigías en las costas. Cuando no había moros en la costa significaba que no había peligro.

-«París bien vale una misa»
En 1593, Felipe II, interesado en que el trono francés lo ocupara su hija Isabel Eugenia, accedió a que Enrique III de Navarra, notorio calvinista, se casara con ella y se convirtiera en rey de los galos siempre que renunciara al protestantismo y abrazase la fe católica. Y Enrique contestó: «París bien vale una misa». Católica, claro.
César Cervera
Félix Velasco - Blog

sábado, 13 de septiembre de 2014

Cuando los hombres se hacen masa...

Las emociones tienen la capacidad de inspirarnos hasta alturas insospechadas o limitar nuestra visión a niveles vergonzosos. No hay nada más útil para manipular a la masa, que buscarle un enemigo y lanzarla rugiente, con pancartas y banderas inventadas a lincharlo. O mejor aún, transformar un concepto en el enemigo y luego pegarle esa etiqueta a toda persona, obra o institución que se quiera destruir.
Ante la enorme maquinaria generadora de odio en que se ha convertido la prensa de nuestro país, y su caja de resonancia -las redes sociales- convendría preguntarse... ¿Quién está provocando este odio, a quién le conviene mantenernos enfrentados y con qué objetivo nos están controlando?
Félix Velasco - Blog

Las Cadenas del Escudo de Navarra

La cadena de esclavos que adorna el escudo de Navarra

Las cadenas y la esmeralda son las que, según la tradición o la leyenda, trajo a Navarra el rey Sancho VII el Fuerte tras la victoria sobre las tropas musulmanas en la batalla de las Navas de Tolosa (1212), en la provincia de Jaén. En la acción bélica participaron los ejércitos de Alfonso VIII de Castilla (promotor de la misma), Sancho VII el Fuerte de Navarra, Pedro II de Aragón y Alfonso II de Portugal (aunque este no estuvo presente); asimismo, tropas de las Órdenes Militares de Santiago, Calatrava, San Lázaro, el Temple (Templarios) y San Juan (Malta); también cruzados llegados de más allá de los Pirineos, que respondieron al llamamiento del Papa Inocencio III a solicitud del arzobispo de Toledo, el navarro de Puente la Reina, Rodrigo Ximénez de Rada (1170-1247).
Las cadenas eran las que ataban a los miembros de la guardia personal del líder almohade Muhammad ibn Yakub, que ha pasado a la historia con el nombre popular de Miramamolín. Esta defensa privada rodeaba y protegía la tienda personal del caudillo musulmán; por encontrarse encadenados, estos soldados o soldados-esclavos no podían huir, por lo que sólo les quedaba la opción de luchar en defensa del puesto de mando de su jefe o morir. Los relatos sobre la batalla narran que el monarca navarro, al atacar la tienda de Miramamolín, rompió las cadenas con su espada y las trajo a Navarra como botín de guerra. Mientras, el líder almohade consiguió escapar y salvar su vida.
Algunos eslabones de las mismas (supuestamente) se conservan en Pamplona, (en el Palacio de Navarra), procedentes del monasterio de Irache, en Roncesvalles (en la capilla de San Agustín, en la que se encuentra el mausoleo del rey navarro) y en Tudela (en la catedral).
La esmeralda del centro del escudo, según la versión más extendida, Miramamolín la llevaría sujeta en su turbante en el momento de la batalla y la habría perdido durante su huida. La piedra preciosa habría sido recogida por Sancho VII, quien la habría incluido como pieza destacada en su botín de guerra. El museo de Roncesvalles exhibe entre sus fondos una esmeralda de la que se afirma, según la tradición, que es la lograda por Sancho el Fuerte en las Navas de Tolosa y que forma parte del escudo de Navarra.
Félix Velasco - Blog

jueves, 11 de septiembre de 2014

Error histórico del nacionalismo catalán

El error histórico de los nacionalistas: ¿Se equivocó Jordi Pujol en la fecha de la Diada?
El Parlamento de Cataluña declaró la Diada como fiesta autonómica catalana en su primera ley tras el restablecimiento de la cámara, en 1980. El Estatuto de Autonomía en su artículo 8.3 recuerda: «Conmemora la triste memoria de la pérdida de nuestras libertades el 11 de septiembre de 1714, y la protesta y resistencia activa contra la opresión». Una fecha que muchos de los miembros de PSUC criticaron por recordar una derrota.
Antes de esta decisión de la Generalidad, entonces presidida por Jordi Pujol, el 11 de septiembre no tenía gran peso en Cataluña más allá de la ofrenda floral que los círculos catalanistas dedicaban anualmente al conseller en cap Rafael Casanova, presentándolo como un mártir de la caída de Barcelona cuando en realidad había muerto veintinueve años más tarde (en 1743) en su domicilio en Sant Boi tras recibir el perdón real.
Pero, aunque los catalanistas consideran la fecha de la Diada como la conmemoración de la caída de la ciudad en 1714 frente a las tropas borbónicas, muchos historiados han señalado que se trata de un error, perpetuado con la decisión de Jordi Pujol de establecer como fiesta oficial el 11 de septiembre.
Así, como recuerda el historiador Henry Kamen en su último libro «España y Cataluña: historia de una pasión», los miembros del Parlamento de 1980 creían que el 11 de septiembre «Cataluña perdió sus libertades (entendidas con un sentido medieval de privilegios administrativos, no del concepto de libertades modernas), pero esto no ocurrió hasta el 14 de septiembre». Según especificaba el también historiador Salvador Sanpere y Miquel, «la muerte de la nación catalana», tal y como la interpretan los independentistas, aconteció dos días después de la entrada de las tropas con la rendición de las banderas de la ciudad a la Armada Real.
No en vano, la declaración de las nuevas autoridades, que con excepción de los oficiales militares eran todos catalanes, se formalizó de forma solemne el 16 de septiembre en la Casa de la Ciudad, donde el gobierno oficial de Patiño anunció la abolición del Consell de Cent y posteriormente de la Diputación.
Cuando Jordi Pujol y su partido se percataron del error histórico, algunos catalanes trataron de sugerir otras interpretaciones. Según escribió Xavier Trias en un artículo de prensa, «el 11 de septiembre de 1714, después de resistir durante todo un año un feroz y terrible asedio, al final de una larga guerra en defensa de las libertades de Cataluña, la ciudad de Barcelona se rindió a las tropas franco-españolas del Rey Borbón». Sin embargo, la afirmación de Trias también es falsa puesto que la rendición no tuvo lugar el 11 de septiembre, sino poco después del mediodía del 12 de septiembre.
César Cervera
Félix Velasco - Blog

domingo, 7 de septiembre de 2014

Falsas expectativas

Hay muchas maneras de manipular los sentimientos, una de ellas es la de crear falsas expectativas, esperanzas e ilusiones mediante la mentira y el enfrentamiento con un "enemigo opresor inventado", del que hay que liberarse. Una persona que pertenezca a una ideología que busca seguidores de este modo, no es libre para tomar sus propias decisiones, su capacidad de análisis, de reflexión y de critica están mermadas y en consecuencia, vive en un mundo irreal y fantástico. Es la dependencia emocional a la organización, sin la cual se sentiría desorientada y desgraciada.
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martes, 2 de septiembre de 2014

Es la guerra santa, idiotas

Pinchos morunos y cerveza. A la sombra de la antigua muralla de Melilla, mi interlocutor -treinta años de cómplice amistad- se recuesta en la silla y sonríe, amargo. «No se dan cuenta, esos idiotas -dice-. Es una guerra, y estamos metidos en ella. Es la tercera guerra mundial, y no se dan cuenta». Mi amigo sabe de qué habla, pues desde hace mucho es soldado en esa guerra. Soldado anónimo, sin uniforme. De los que a menudo tuvieron que dormir con una pistola debajo de la almohada. «Es una guerra -insiste metiendo el bigote en la espuma de la cerveza-. Y la estamos perdiendo por nuestra estupidez. Sonriendo al enemigo».
Mientras escucho, pienso en el enemigo. Y no necesito forzar la imaginación, pues durante parte de mi vida habité ese territorio. Costumbres, métodos, manera de ejercer la violencia. Todo me es familiar. Todo se repite, como se repite la Historia desde los tiempos de los turcos, Constantinopla y las Cruzadas. Incluso desde las Termópilas. Como se repitió en aquel Irán, donde los incautos de allí y los imbéciles de aquí aplaudían la caída del Sha y la llegada del libertador Jomeini y sus ayatollás. Como se repitió en el babeo indiscriminado ante las diversas primaveras árabes, que al final -sorpresa para los idiotas profesionales- resultaron ser preludios de muy negros inviernos. Inviernos que son de esperar, por otra parte, cuando las palabras libertad y democracia, conceptos occidentales que nuestra ignorancia nos hace creer exportables en frío, por las buenas, fiadas a la bondad del corazón humano, acaban siendo administradas por curas, imanes, sacerdotes o como queramos llamarlos, fanáticos con turbante o sin él, que tarde o temprano hacen verdad de nuevo, entre sus también fanáticos feligreses, lo que escribió el barón Holbach en el siglo XVIII: «Cuando los hombres creen no temer más que a su dios, no se detienen en general ante nada».
Porque es la Yihad, idiotas. Es la guerra santa. Lo sabe mi amigo en Melilla, lo sé yo en mi pequeña parcela de experiencia personal, lo sabe el que haya estado allí. Lo sabe quien haya leído Historia, o sea capaz de encarar los periódicos y la tele con lucidez. Lo sabe quien busque en Internet los miles de vídeos y fotografías de ejecuciones, de cabezas cortadas, de críos mostrando sonrientes a los degollados por sus padres, de mujeres y niños violados por infieles al Islam, de adúlteras lapidadas -cómo callan en eso las ultrafeministas, tan sensibles para otras chorradas-, de criminales cortando cuellos en vivo mientras gritan «Alá Ajbar» y docenas de espectadores lo graban con sus putos teléfonos móviles. Lo sabe quien lea las pancartas que un niño musulmán -no en Iraq, sino en Australia- exhibe con el texto: «Degollad a quien insulte al Profeta». Lo sabe quien vea la pancarta exhibida por un joven estudiante musulmán -no en Damasco, sino en Londres- donde advierte: «Usaremos vuestra democracia para destruir vuestra democracia».
A Occidente, a Europa, le costó siglos de sufrimiento alcanzar la libertad de la que hoy goza. Poder ser adúltera sin que te lapiden, o blasfemar sin que te quemen o que te cuelguen de una grúa. Ponerte falda corta sin que te llamen puta. Gozamos las ventajas de esa lucha, ganada tras muchos combates contra nuestros propios fanatismos, en la que demasiada gente buena perdió la vida: combates que Occidente libró cuando era joven y aún tenía fe. Pero ahora los jóvenes son otros: el niño de la pancarta, el cortador de cabezas, el fanático dispuesto a llevarse por delante a treinta infieles e ir al Paraíso. En términos históricos, ellos son los nuevos bárbaros. Europa, donde nació la libertad, es vieja, demagoga y cobarde; mientras que el Islam radical es joven, valiente, y tiene hambre, desesperación, y los cojones, ellos y ellas, muy puestos en su sitio. Dar mala imagen en Youtube les importa un rábano: al contrario, es otra arma en su guerra. Trabajan con su dios en una mano y el terror en la otra, para su propia clientela. Para un Islam que podría ser pacífico y liberal, que a menudo lo desea, pero que nunca puede lograrlo del todo, atrapado en sus propias contradicciones socioteológicas. Creer que eso se soluciona negociando o mirando a otra parte, es mucho más que una inmensa gilipollez. Es un suicidio. Vean Internet, insisto, y díganme qué diablos vamos a negociar. Y con quién. Es una guerra, y no hay otra que afrontarla. Asumirla sin complejos. Porque el frente de combate no está sólo allí, al otro lado del televisor, sino también aquí. En el corazón mismo de Roma. Porque -creo que lo escribí hace tiempo, aunque igual no fui yo- es contradictorio, peligroso, y hasta imposible, disfrutar de las ventajas de ser romano y al mismo tiempo aplaudir a los bárbaros.
Arturo Pérez-Reverte
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