domingo, 8 de abril de 2012

El ignorante que se hace a sí mismo

La desinformación intencionada, ejercida por aquellos que dicen representar al pueblo, es un freno para el desarrollo del conocimiento de los individuos, ya que la ignorancia facilita el abuso del poder.
Pero también existe el ignorante que se hace a sí mismo con su forma obtusa de ver el mundo, mediante la envidia y el desprecio que siente por los que piensan de forma diferente. Por eso se autoexcluyen de la convivencia general, incapaces de integrase, enorgulleciéndose de su "enfermedad" psicológica y moral que les hace creerse superiores, por encima del bien y del mal.
Dicho más llanamente, la ignorancia adquirida transforma al individuo en un majadero.
Félix Velasco - Blog

El pasado es el prólogo de nuestro presente

El pasado es el prólogo de nuestro presente. Mostremos respeto por la Historia y esforcémonos por conocerla, los pueblos que la olvidan,... terminan por repetirla.
Desgraciadamente hay algunos oportunistas (autoproclamados defensores de algún segmento de la Humanidad), que pretenden tergiversarla, modificándola según sus intereses o pasiones, "olvidando" deliberadamente aquellas partes de la Historia que les puedan perjudicar en la "fabricación" de un pasado irreal que justifique su ideología presente. No les falta una borregada de seguidores que disfrutan siendo pastoreados por ellos.
Félix Velasco - Bolg

La violencia para intentar resolver conflictos

Desde tiempos inmemoriales, el ser humano ha utilizado la violencia para intentar resolver conflictos, la Historia es testigo.
El uso intencionado de la violencia constituye un arma para ejercer dominio o poder sobre otros seres humanos. Esa violencia, a manos de otras personas, nos roba la confianza, socava la autoestima y contradice los principios más elementales de convivencia.
Algunos aspectos que nutren las semillas de la violencia son:
- El desequilibrio crónico entre aspiraciones y oportunidades
- La desintegración del hogar familiar
- Un pésimo sistema escolar
- El deterior de las relaciones humanas en la comunidad con base ideológica.
La violencia constituye uno de los problemas más preocupantes de nuestro tiempo. Pero existen dos hechos esperanzadores:
1) La búsqueda de la convivencia pacífica es una característica natural que abunda en los seres humanos y que nos ayuda a sobrevivir, a evolucionar y a mejorar nuestra calidad de vida.
2) Ninguna sociedad puede perdurar sin que sus miembros estén continuamente ayudándose unos a otros.
Félix Velasco - Blog

El sable y el granadero

Hoy toca vieja batallita. Con ésta, además, saldo una deuda. O lo intento. Iba en tren cuando un joven me abordó con mucha educación. Traía en la mano un objeto largo y estrecho en una funda de paño. Soy teniente de Infantería de Marina, dijo, y voy a incorporarme a un destino. También soy lector suyo desde que empecé a leer. Por eso, como éste es mi sable de oficial, quiero que lo tenga usted. Pasado mi estupor, y tras la natural resistencia a permitir que se desprendiera del sable, insistió y no hubo otra. Bajé del tren con su regalo bajo el brazo, que ahora está en mi casa, en compañía de dos docenas de sables y espadas vinculados a la historia de España de los cuatro últimos siglos. Agradecido, envié al joven un libro también un par de veces centenario, y con el acuse de recibo llegó una petición: que dedicase un artículo al granadero Martín Álvarez, infante de Marina español en el combate naval de San Vicente. Y aquí me tienen. Cumpliendo con el sable.
El 14 de febrero de 1797, una escuadra española mandada por un cobarde incompetente, el almirante Córdoba, fue derrotada por otra inglesa cerca del cabo San Vicente. A los ingleses los mandaba el almirante Jervis, que tenía menos barcos pero tripulaciones mejor adiestradas y con más ganas de pelea. Además, la escuadra española estaba mal dispuesta, mientras que los británicos conservaban la línea. De manera que nos dieron las suyas y las del pulpo. Sólo siete navíos españoles entraron en combate, y perdimos cuatro. Dos de ellos, el San José y el San Nicolás, tomados al abordaje por el Captain, con el comodoro Nelson dirigiendo el ataque. El resto de barcos españoles se dio a la fuga sin socorrer a los compañeros apresados; y si no perdimos también al Santísima Trinidad, que con Córdoba a bordo arrió bandera, fue porque el brigadier Cayetano Valdés, un duro e inteligente marino que ocho años más tarde se batiría con mucha decencia en Trafalgar, fue al rescate con su navío Pelayo, y dijo al Trinidad que o izaba la bandera de nuevo y seguía combatiendo, o lo cañoneaba.
Cayetano Valdés no fue el único español decente ese día. Y como no son precisamente los ingleses quienes mejor hablan en sus memorias de los sucios spaniards –que pasan las batallas tocando la guitarra y oliendo a ajo–, tiene aún más valor que los datos que siguen provengan de la relación de un marino llamado sir John Butler. Durante el abordaje británico del San Nicolás, el comandante don Tomás Geraldino sitúa en la toldilla, donde ondea la bandera, a un infante de marina con orden de que nadie la arríe y rinda el navío. La misión ha recaído sobre un granadero extremeño de 31 años que se llama Martín Álvarez Galán. Y a esas alturas del combate, con el navío inundado de ingleses, el comandante muerto y los oficiales rindiéndose, el granadero sigue en su puesto, sable en mano, defendiendo las drizas de la enseña porque nadie le ha dicho que se quite de ahí. Así que cuando el trozo de abordaje inglés llega a la toldilla, y el sargento mayor de marines William Morris pretende arriar la bandera, Martín Álvarez, que anda flojo de idiomas para explicarse hablando –ni siquiera sabe leer ni escribir–, le pega un sablazo al tal Morris que lo clava en un mamparo, con tal fuerza que no logra liberar el sable; así que agarra un fusil como maza, mata a golpes a un segundo oficial inglés y deja heridos a otros dos rubios antes de que lo frían a tiros. Y es ahí donde el comodoro Nelson, que ha presenciado la escena –siempre odió a los franceses, pero respetó a los españoles cuando eran caballerosos o valientes–, se porta como un hidalgo: cuando están recogiendo a los muertos para arrojarlos al mar con una bala de cañón como lastre, ordena que a Martín Álvarez lo envuelvan en la bandera que con tanto valor defendió. Y surge la sorpresa: el granadero no está muerto, sino malherido. Y lo evacuan a un hospital portugués, donde salva la vida.
Martín Álvarez volvió al mar y murió cuatro años después, tras un accidente que degeneró en tuberculosis. Se ahorró, quizás, repetir su hazaña en Trafalgar. Pero tuvo la satisfacción de ser ascendido a cabo y premiado con una pensión vitalicia de cuatro escudos mensuales. Lo que nunca supo es que, por decreto real, siempre habría un buque en la Armada española que llevaría su nombre, ni que en Gibraltar quedaría un cañón con la placa:«Hurra por el Captain, hurra por el San Nicolás, hurra por Martín Álvarez». Tampoco supo que en el Museo Naval de Londres se conservaría hasta hoy, con veneración y respeto, el sable con el que, bajo la bandera del navío vencido pero no rendido, un humilde infante de marina español clavó en un mamparo al sargento mayor William Morris.
Arturo Pérez-Reverte
Félix Velasco - Blog

Encuentros en la tercera fase

La vida tiene tres fases. La primera es en «boxes», estudias, aprendes, imitas, experimentas. Durante ese tiempo no eres el protagonista del siglo, aunque te lo creas. Son los adultos los que llevan el timón por ti. Después se debuta y empieza la segunda fase, intensamente productiva. Son los años de la carrera laboral, los hijos, la contemporaneidad con la rabiosa actualidad social. En determinado momento, adviene la madurez. De repente, la moda te da risa, aparece la distancia frente a lo inmediato y empiezas a disfrutar de algo de lo que antes carecías, memoria. Hay personas que, en este tercer período, precisamente por eso, cambian sus gustos de lectura y se pasan de la novela al ensayo, o que desarrollan interés por la Historia. Así como durante la primera etapa de la vida te pliegas al instinto y en la segunda, a la necesidad, en esta tercera aplicas la experiencia. Empiezas a elegir.
Cristina L. Schlichting (parte del artículo) 
Félix Velasco - Blog

Coherencia

Construimos nuestro pensamiento en función de las ideas esenciales que tenemos. Esas ideas nacen de la propia experiencia, de experiencias que acumulamos, o las tomas de personas en quien confías. Si hay coherencia entre lo que dices y lo que vives, no te justifiques ante nadie, tu vida habla por si misma. Eres el resultado de lo que piensas y eliges vivir.
Félix Velasco - Blog

sábado, 7 de abril de 2012

Valores

Valor es aquello que hace buenas a las cosas, aquello por lo que las apreciamos, por lo que son dignas de nuestra atención y deseo. El valor es todo bien encerrado en las cosas, descubierto con nuestra inteligencia, deseado y querido por nuestra voluntad. 
Los valores reflejan la personalidad de los individuos y son la expresión del tono moral, cultural, afectivo y social marcado por la familia, la escuela, las instituciones y la sociedad en la que vivimos.
Una vez interiorizados, los valores se convierten en guías y pautas que marcan las directrices de una conducta coherente; en ideales, indicadores del camino a seguir. De este modo, nos permiten encontrar sentido a lo que hacemos, tomar las decisiones pertinentes, responsabilizarnos de nuestros actos y aceptar sus consecuencias. Nos permiten definir con claridad los objetivos personales y colectivos de la vida.

Félix Velasco - Blog

Amistad y confianza

La amistad puede llegar a ser una de las relaciones más largas que tiene el ser humano en su vida. El tiempo que dedicamos a un amigo es lo que le hace tan importante. Las amistades se constituyen de "pedacitos de tiempo" que vivimos con cada persona.
Una de las grandes virtudes de la amistad es el enriquecimiento mutuo y que ayuda al crecimiento y desarrollo personal.
En toda verdadera amistad se encuentra la confianza, lealtad, fidelidad, comprensión, el interés mutuo, generosidad, honestidad, respeto; de ahí que "ser amigos" consiste en vivir y practicar valores fundamentales de la vida.
Félix Velasco - Blog

Nosotros, mortales humanos

Nosotros, mortales humanos, somos seres que vivimos en el laberinto de la duda, que buscamos, que nos buscamos, y que nos hacemos buscándonos.
Pero somos también seres vanidosos, inclinados a no reconocer la limitada perspectiva desde la cual abordamos la realidad. Es más fácil reaccionar que pensar.
Curiosa dualidad. Si no reflexionamos vivimos en la ceguera y si reflexionamos vivimos en la oscuridad. Es normal que vivamos preguntado y preguntándonos,... mejor eso que no pensar, porque al final tomaremos decisiones, a pesar de nuestra eterna incertidumbre.
Félix Velasco - Blog

Malos momentos

No permitas que los malos momentos te detengan, sigue caminando con decisión. Una mala racha también ayuda a crecer y forja el carácter. No te olvides de vivir por dedicarte a lamentarte; lo que el día de hoy tiene para ti no es lo mismo que te ofreció el ayer,... ni tiene comparación con lo que vendrá mañana; hoy es tu realidad,... vivirla es tu oportunidad.
Félix Velasco - Blog
Quien vive sin pensar, no puede decir que viva realmente, porque solo sintiendo el pensamiento y pensando el sentimiento se vive con plenitud. El pensar configura la vida del que piensa. No se aprende sin pensar, y pasando por su tamiz las experiencias; no hacerlo es tiempo perdido, y pensar sin aprender es peligroso. Sino piensas, al final otros pensarán por ti, y lo más trágico... decidirán por ti.
Félix Velasco - Blog

Disfrutar de la vida

Nos acostumbramos a que la vida se nos vaya muriendo, poco a poco, mediante días faltos de sentido.
Disfrutar de la vida es salir del estado de "zombis sin voluntad" en el algunos se empeñan en convertirnos, reconociéndonos a nosotros mismos en la esencia de nuestra alma como personas libres y responsables, dueños de nuestro destino.
Vivir es alejarnos de esa "ciencia ficción", con altas dosis de"efectos especiales", con la que pretenden embaucarnos los profesionales de la demagogia... según dicen "por nuestro bien".
Existir implica mucho más que respirar: es sentir el aroma de la vida mientras le miras fijamente a los ojos y susurras al oído palabras sinceras, dulces y apasionadas, abrazándote a ella, eligiendo el Bien, la Verdad y la Justicia por encima de lo negativo, egoísta y sectario.

Félix Velasco - Blog

Libertad se convierte en un juego

La vida humana se vive contando con el futuro, y la libertad se ejerce también mirando hacia adelante. Si se pone el acento en que lo importante de la libertad es el presente, y se identifica con poder elegir lo que yo quiera en cada momento, entonces se olvida la pregunta ¿libertad, para qué? Si no hay un puerto hacia el que dirigirse, si no hay una tarea que valga la pena, un ideal atractivo cuya consecución merezca un esfuerzo, si no hay unos valores de fondo que inspiren la conducta y den a la vida un rumbo constante y coherente, entonces la libertad se convierte en un juego, en un capricho de elegir sin preocuparse del largo plazo.
Félix Velasco - Blog

Justificarse con mentiras


La histeria de la Historia hace que las personas suframos y nos enfrentemos sin necesidad. La causa son aquellos individuos que quieren que vivamos en un pasado inventado por ellos y no en un futuro creado entre todos.
Félix Velasco - Blog

Onomatopeyas

Las onomatopeyas son palabras que imitan o recrean el sonido de la cosa o la acción nombrada, son un recurso expresivo muy potente, capaz de condensar una idea o situación en muy poco espacio:
  • aceleración de motocicleta: ¡brrrum, brrrum!
  • ametralladora: ¡ra-ta-tá!; ¡ra-ta-tá!
  • aplausos: ¡plas, plas!
  • asco: ¡aj!; ¡puaj!
  • aullido del lobo: ¡auuu!
  • balido de la oveja: ¡beee!
  • beso: chuic; mua
  • bofetada: ¡zas!; ¡paf!
  • bomberos: ¡uuuuh, uuuuh!;¡niinoo, niinoo!
  • burbujas del agua: ¡glu, glu, glu!
  • caída: ¡catapumba!; ¡pumba!
  • campana: ¡talán, talán!; ¡tolón,tolón!; ¡tan, tan!
  • campanas (repique): ¡din don!, ¡dindon!; ¡din, don,dan!, ¡din, don,dan!
  • campanilla: ¡tilín, tilín!; ¡tintín,tintín!
  • canto de los pájaros: ¡pío, pío, pío!
  • canto de los pollitos: ¡pío, pío, pío!
  • canto del gallo: ¡quiquiriquí!
  • cañonazo: ¡buuum!
  • carcajada: ¡ja, ja, ja!; ¡je, je, je!;¡ji, ji, ji!; ¡jo, jo, jo!
  • carraspeo: ¡ejem, ejem!
  • castañuelas: ¡ria-pitá!
  • cencerro: ¡tolón, tolón!
  • chapoteo: ¡chap, chap!; ¡chop,chop!
  • chasquido: ¡chas!; ¡zas!
  • claxon: ¡piiii!, ¡piiii!
  • cloquear la gallina: ¡cloc, cloc!
  • comer: ñam, ñam, ñam
  • conversación ininteligible: bla, bla, bla
  • corneta: ¡tururú!
  • cornetín de órdenes: ¡tararí!
  • cristal contra cristal: ¡chin-chin!, ¡tintín!
  • cuco: ¡cu-cu, cu-cu!
  • desperezarse: ¡oaaa, oaaa!
  • disparo de cañón: ¡pum!
  • disparo de escopeta: ¡pum!
  • disparo de fusil: ¡pum!
  • disparo de pistola: ¡bang!; ¡pam, pam!
  • estallido fuerte: ¡buuum!
  • estallido pequeño: ¡tric!; ¡tris!
  • estornudo: ¡achís!
  • explosión: ¡buuum!; ¡pum!
  • gallina: co, co, co
  • ganso: on, on
  • golpe (en general): ¡cataplam!,¡cataplán!;¡cataplum!; ¡cataplún!;¡catapum!; ¡plum!;¡pum!
  • golpe contra el agua: ¡paf!; ¡zas!
  • golpe en la puerta: ¡toc, toc!; ¡tras, tras!,¡pon, pon!
  • golpe contra el suelo: ¡plaf!; ¡clonc!
  • golpe sobre el yunque: ¡tan, tan!
  • golpes repetidos: ¡zis, zas!
  • gota de agua: ¡ploc!
  • grillo: ¡cri, cri!
  • grito de dolor: ¡ay!
  • gruñido: ¡gr…!
  • gruñido del cerdo: ¡oenc, oenc!
  • hipo: ¡hip!
  • ladrido del perro: ¡guau, guau!
  • llanto de un bebé: ¡bua, bua!
  • lluvia suave: plic, plic
  • maullido del gato: ¡miau, miau!
  • muelles del colchón: ¡ñeeec, ñeeec!
  • mugido de vaca o buey: ¡muuu, muuu!
  • oca: on, on
  • pajarito: ¡pío, pío!, ¡pío, pío!
  • parpeo del pato: ¡cua, cua, cua!
  • pavo: ¡gluglú!
  • péndulo del reloj: tic-tac, tic-tac, tic-tac
  • perdiz: ¡aj, aj, aj!
  • pito: ¡piiii!, ¡piiii!
  • puñetazo: ¡zas!
  • rama que se quiebra: ¡crac!
  • rana: ¡croac!
  • rasgadura: ¡ris ras!; ¡tris!
  • ratón (de ordenador): clic
  • rebuzno: ¡hiaaa, hiaaa!
  • relincho del caballo: ¡hiiii, hiiii, hiiii!
  • repugnancia: ¡aj!, ¡puaj!
  • risa abierta: ¡ja, ja!
  • risa astuta: ¡je, je!
  • risa contenida: ¡ji, ji!
  • risa socarrona: ¡jo, jo!
  • roce de seda contra seda: frufrú
  • ronquido: rrrrrrrrr
  • ronroneo del gato: rrr rrr rrr
  • rotura de objetos: ¡crag!
  • silencio: ¡chist!; ¡chiss!; ¡chsss! (la incluimos aquí porque es muy frecuente, aunque no sea propiamente una onomatopeya).
  • sirena de ambulancia: ¡uuuuh, uuuuh!
  • sueño: zzz, zzz, zzz
  • tambor: ran rataplán; tantarán;tantarantán
  • teléfono: ¡riiin, riiin!
  • timbre: ¡rin, rin!
  • toque de trompeta: ¡tarara!; ¡tarará!; ¡tararí!; ¡tururú!; ¡turututú!; ¡tuturutú!
  • trasiego de líquido: ¡glu, glu, glu!
  • viento: sss sss sss
  • zumbido de abejas: zzzzzzzz
Este listado ha sido elaborado por José Martínez de Sousa
Publicado en su Manual de Estilo de la Lengua Española
Félix Velasco - Blog

Pilatos, el demócrata


En la condena del justo hay siempre algo que nos estremece, porque todos tenemos muy arraigada, casi podríamos decir que inscrita en los genes (aunque muchos traten de oscurecerla), una noción natural de la justicia; y si la conculcación de la justicia es siempre aborrecible, cuando sirve para condenar al inocente resulta aberrante. A quienes estudian leyes se les debería proponer el análisis del proceso a Jesús, en el que la injusticia adquiere una densidad rabiosa, pululante de irregularidades que lo convierten en una monstruosidad jurídica: el Sanedrín se reunió en el tiempo pascual, cosa que le estaba vedada; los testimonios contra Jesús fueron falsos y contradictorios; no hubo testigos de descargo, ni se permitió que el reo dispusiera de defensor; la sentencia del Sanedrín no fue precedida de la preceptiva votación; se celebraron dos sesiones en el mismo día, sin la interrupción legal establecida entre la audición y la sentencia; el sentenciado fue después enviado a la autoridad romana, que el Sanedrín no reconocía como legítima y que, además (como el propio Pilatos observa), no tenía jurisdicción sobre delitos religiosos; el delito de conspiración contra el César, que los miembros del Sanedrín promovieron después, no estaba penado con la crucifixión, a menos que hubiese mediado sedición armada, cosa que manifiestamente no hizo Jesús; y, en fin, dejando aparte otras irregularidades, el procurador romano lo mandó a la muerte sin pronunciar la sentencia oficial, cosa que un juez no puede hacer, pues es tanto como abdicar de su oficio.
Son solo algunas de las irregularidades que pueblan este proceso; y cualquiera de ellas bastaría para que se considerase nulo. Pero quizá lo que más nos conturba de este proceso oprobioso no sea la actitud furibunda o fanática de los miembros del Sanedrín, sino la cobarde y frívola del procurador Poncio Pilatos, que tras reconocer públicamente la inocencia del acusado («No encuentro culpa en él») lo manda sin embargo a la muerte, entregándolo para que lo crucifiquen, por miedo a la chusma. Analizando este pasaje evangélico, Hans Kelsen, el célebre teórico del Derecho y pope del positivismo jurídico, concluye que Pilatos se comporta como un perfecto demócrata, al menos en dos ocasiones. La primera, cuando en el interrogatorio primero que hace a Jesús, este le responde: «Todo el que es de la verdad escucha mi voz»; a lo que Pilatos replica con otra pregunta: «¿Qué es la verdad?». Para Kelsen, un demócrata debe guiarse por un necesario escepticismo; las indagaciones filosóficas o morales en torno a la verdad deben resultarle, pues, por completo ajenas. La segunda ocasión en la que Pilatos, a juicio de Kelsen, se comporta como un perfecto demócrata es cuando, ante la supuesta imposibilidad de determinar cuál es la verdad, se dirige a la multitud congregada ante el pretorio y le pregunta: «¿Qué he de hacer con Jesús?». A lo que la multitud responde, sedienta de sangre: «¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!». Pilatos resuelve el proceso de forma plebiscitaria; y puesto que la mayoría determina que lo que debe hacerse con Jesús es crucificarlo, Pilatos acata ese parecer.
La exposición de Kelsen puede parecernos brutal, pero nadie podrá negar que, en efecto, Pilatos es un modelo de político demócrata: escéptico hasta la médula, considera inútil tratar de determinar cuál es la verdad; y, en consecuencia, somete a votación popular el destino de Jesús. Y esta es la encrucijada en la que se debaten las democracias: renunciando a emitir un juicio ético objetivo (renunciando, en definitiva, a establecer la verdad de las cosas), el criterio de la mayoría se erige en norma; y, de este modo, la norma ya nunca más obedecerá a la justicia, sino a las preferencias caprichosas o interesadas de dicha mayoría. Es una solución relativista que está gangrenando las democracias; y que, de no corregirse, acabará destruyéndolas desde dentro, que por lo demás es como han sucumbido siempre todas las organizaciones humanas que no han preservado un núcleo de nociones morales netas; y en las que, inevitablemente, el justo acaba siendo perseguido y condenado, como un criminal cualquiera, para regocijo de los auténticos criminales.
Pero Kelsen tenía razón: Pilatos es un perfecto demócrata; por lo que las democracias relativistas deberían alzarle monumentos en los parques públicos e instituir fiestas –con lavatorio de manos incluido– que celebren su memoria.
Juan Manuel de Prada
Félix Velasco - Blog

lunes, 2 de abril de 2012

Al bordo del Titanic

Parece que fue ayer, y ya ven. La noche del próximo 14 de abril toca aniversario: cien años justos desde que el Destino, que tiene ganas de guasa, puso un iceberg en mitad de la ruta del Titanic. Barco publicitado como insumergible, tecnología ultramoderna, primer viaje, 2.228 personas a bordo entre pasajeros y tripulantes. La mar lisa como un plato. Y zaca. Cubitos de hielo en la cubierta de estribor, desgarro bajo la línea de flotación, y al fondo. Millar y medio de ahogados preguntándose cómo ha podido pasarme esto. Glú, glú. Después, un siglo de leyenda, libros, películas: la de Kate Winslet y Leonardo di Caprio, estupenda. La protagonizada por Clifton Webb, prescindible y mediocre, incluso mala. La mejor, en mi opinión, la más rigurosa y perfecta -la he visto docenas de veces, y sigo haciéndolo- es La última noche del Titanic, dirigida por Roy Baker sobre un guión nada menos que de Eric Ambler, basado a su vez en un libro conciso y magnífico de Walter Lord, A Night to remember -así se titula la película en inglés-, que ninguna de las obras posteriores logró superar nunca. El libro de Lord, publicado en 1954, acabo de verlo en bolsillo, recién reeditado, con el mismo título: La última noche del Titanic. Así que quien quiera saber exactamente lo que ocurrió a bordo entre el 14 y el 15 de abril de 1912, no sé a qué espera, si tiene una librería cerca. O lejos.
Ignoro si les pasa a ustedes. A mí, aquella tragedia me trae a la cabeza naufragios y desastres más recientes. Y como ese Destino al que mencionaba antes no tiene sentimientos y le gustan las paradojas, y por otra parte soy de los que imaginan a una especie de dios borracho, o bromista cósmico, tronchándose de risa con los afanes de las miserables hormigas que corremos bajo su bota, la coincidencia de fechas entre el aniversario del Titanic y la que está cayendo no me parece casual. Por el contrario, creo que todo responde al mismo plan. A la naturaleza de las cosas. A la misma estupidez colectiva que ahora ocupa el lugar de la inteligencia y el ingenio que durante siglos nos hicieron progresar y ser mejores, hasta que dejamos de serlo.
No sé si consigo explicarme. Consideren lo que el Titanic simboliza hoy. Las tripas del asunto. Dejen de lado la parte sentimental, si pueden. La compasión natural por las víctimas, las emociones y otros elementos perturbadores del buen juicio. Mírenlo con objetividad fría, como nos mira ese bromista al que me referí antes. Dos mil y pico infelices, desde sofisticados millonarios a emigrantes pobres como ratas, que confiando en la publicidad de la compañía White Star, que califica su barco de insumergible, se instalan alegremente a bordo de un artefacto de acero que pesa 45.000 toneladas, y cuya tendencia natural, si algo falla en la técnica -y la técnica puede fallar siempre-, será irse al fondo por su propio peso. Y no contentos con tentar a la suerte de tal manera, esos pasajeros confían sus vidas a una tripulación en la que los marinos auténticos son minoría. A un sindicato -así los llamó Joseph Conrad- de cocineros, mayordomos y camareros más dedicados al confort del pasaje, a que éste coma bien, duerma cómodo y se divierta, que a la navegación profesional propiamente dicha. Ahora, como guinda del pastel, añadan a eso una compañía naviera dispuesta a hacerse a toda costa con los récords de navegación y los beneficios que ese primer viaje puede traer en cuanto a promoción y venta de pasajes en el futuro. Con lo que tenemos, resumiendo la cosa, un artefacto monstruoso, hijo de la ambición y la arrogancia, lleno de incautos y gobernado por irresponsables, lanzado a veintiuna millas por hora en llena noche atlántica, a través de un mar lleno de icebergs. O sea: bingo.
Y ahora mírenme a los ojos y digan si la historia no suena calentita, a reciente de estos días. Cambien pasajeros por nosotros mismos, tripulantes por entidades financieras, compañía naviera por políticos desvergonzados, incompetentes y embusteros. Cambien la fiesta a bordo, los pasajeros de lujo con sus copas de champaña, los de tercera clase soñando con la vida mejor que podía aguardarles en América, por todos nosotros, nuestros créditos fáciles sobre sueldos que no podían sostenerlos, nuestro derroche, nuestra estupidez suicida, nuestro mirar hacia otro lado a las primeras señales de hielo en el mar. Metan todo eso en un ordenador, oigan. Denle a la tecla enter y saldrá nuestra foto exacta, saludando sonrientes desde la cubierta del barco insumergible, encantados de habernos conocido. Felices de estar ahí. Observen sobre todo nuestra cara de idiotas. Cien años ya, desde el Titanic, y no hemos aprendido nada.
Arturo Pérez-Reverte
Félix Velasco - Blog

sábado, 31 de marzo de 2012

El pecado y la penitencia

Después de la huelga (29/03/12), la tabarra consabida: que si la huelga ha sido un éxito o un fracaso, que si patatín y patatán. Lo cierto es que la huelga ha sido un éxito rotundo y un fracaso evidente: éxito de las organizaciones convocantes, a las que se ha encargado convertir la calle en un avispero, con la excusa de la enésima reforma laboral lesiva de los trabajadores, como hasta hace cien días se les había encargado mantener la calle como una balsa, ante otras reformas laborales igualmente lesivas; fracaso para los trabajadores cada vez más desprotegidos, cuya representación ha sido secuestrada por estas organizaciones de ideología sectaria. Basta contemplar las imágenes de las manifestaciones convocadas en la jornada de huelga, pululantes de banderas republicanas, para que el carácter sectario de las organizaciones convocantes salte a la vista. ¿De veras la representación de los trabajadores españoles se expresa a través de esa bandera?
La huelga ha servido para que volvamos a escuchar las viejas monsergas contra estos sindicatos sectarios; y, sin embargo, tales sindicatos son los mismos que el sistema alienta, protege y financia opíparamente. ¿Cómo se explica semejante contradicción? Para entenderla, tendríamos que volver la vista atrás un par de siglos. Descubriríamos entonces que el liberalismo, que proclamó pomposamente tantas libertades y derechos humanos, suprimió los gremios y corporaciones, en los que los trabajadores hallaban seguridad y protección, con la excusa de que en el seno de tales gremios se daba una «enajenación de la libertad» de los individuos. Pero héte aquí que, a la vez que se suprimieron las corporaciones y gremios, se potenció la creación de partidos políticos. ¿Es que acaso los partidos políticos no «enajenan» la libertad individual? Por supuesto que sí; pero los partidos políticos, a diferencia de los gremios y corporaciones, debilitan la fuerza de la comunidad, generan rencillas y enfrentamientos en las sociedades naturales, son la cizaña que favorece la destrucción de los vínculos. Cuando surja el movimiento obrero, de resultas de unas relaciones laborales esclavistas, lo hará reproduciendo el modelo de los partidos políticos; y de los hijos de un padre corrompido, aunque se revuelvan contra su corrupción, no pueden esperarse obras buenas. Los sindicatos, inevitablemente, han terminado dividiendo a los trabajadores y descuidando sus intereses reales, para atender intereses ideológicos; y su vinculación a los partidos políticos los ha convertido en un apéndice que repite todas sus lacras: burocracias en perpetua expansión, parasitismo a costa del presupuesto, etcétera. Pero estos sindicatos que se encargan de mantener la calle como una balsa cuando gobiernan los suyos y de convertirla en un avispero cuando gobiernan los contrarios son los mismos que el sistema ha alentado, protegido y financiado opíparamente, porque le convenían mucho más que los gremios y corporaciones de antaño, que favorecían la cohesión de los trabajadores y su representación auténtica.
Yo también desearía que estos sindicatos sectarios desapareciesen; y con ellos las subvenciones que los sucesivos gobiernos les reparten, y los enjambres de liberados, y —en fin— todas las prácticas sindicales mafiosas que han hallado cobijo al calor del sistema. Y desearía que, en su lugar, surgiesen organizaciones que, al modo de los gremios y corporaciones de antaño, representasen en verdad los intereses de los trabajadores, en una situación tan oprobiosa como la actual. Pero esto es, precisamente, lo que al sistema no le interesa; conque en el pecado lleva la penitencia.
Juan Manuel de Prada

Félix Velasco - Blog

jueves, 29 de marzo de 2012

¿Era el Flautista de Hamelín un líder?

Pues si cotejamos muchas de las definiciones de liderazgo con lo que nos explica el cuento, resulta que sí. Además, no me cabe la menor duda que muchos supuestos líderes, si hablaran con sinceridad, dirían que tienen en la cabeza como modelo deseado de liderazgo algo muy parecido al pretencioso y petulante protagonista del cuento.
Desde mi punto de vista, lo interesante de la pregunta es que no se puede contestar si no se centra la respuesta en los grandes olvidados de la mayoría de las teorías del liderazgo (y no digamos de los pomposamente llamados programas de desarrollo del liderazgo): los seguidores. A veces se olvida, a menudo con premeditación y alevosía, que el liderazgo es una estructura relacional, y que además de atender a la calidad del líder y del proyecto hay que atender a la calidad de quienes se vinculan a él. Dicho con otras palabras, a veces me pregunto porqué siempre se olvida que la calidad del liderazgo requiere calidad en el tipo de seguidores, y que sin ella no hay buen liderazgo. Pero claro, ¿cómo le explicas a la gente que desarrollar buen liderazgo requiere desarrollar buenos seguidores y no solo buenos líderes, si estamos sumergidos en el papanatismo de creer que quien no aspira a ser líder es un imbécil?
Si se me permite una formulación un poco burda, se trata de plantear claramente que sin buenos seguidores no hay buen liderazgo. La relación y el compromiso tanto con el líder como con el proyecto es responsabilidad de quienes lo asumen. Claro que el flautista de marras tenía seguidores, pero pasivos, acríticos, seducidos, dependientes. Y hoy lo que ocurre es que en situaciones complejas, con graves retos adaptativos que afrontar, lo último que se necesita son seguidores pasivos, acríticos, seducidos y dependientes. En los tiempos que corremos, los líderes mesiánico-heroicos ni están ni se les espera… pero en cambio abundan los pseudolíderes que no están dispuestos a aceptar seguidores activos, críticos, autónomos y autosuficientes. Seguidores que pueden contribuir y estan dispuestos a contribuir y a involucrarse en el proyecto sin pretender jugar el rol de líder. Pero son seguidores con propósito y con conciencia y que, por consiguiente, no estan dispuestos a renunciar a ellas en nombre de cualquier teoría o práctica del liderazgo.
Los problemas complejos a los que nos enfrentamos, el creciente nivel educativo de las personas, y la difusión de información y de opinión que facilitan las tecnologías modifican las condiciones que hacen posible el liderazgo. Sociedades y organizaciones cada vez más basadas en el conocimiento e interconectadas en redes hacen inviable y –literalmente- inconcebible un liderazgo que sólo prentende mandar, dirigir y controlar. Una sociedad en la que las redes son cada vez más determinantes no puede digerir modelos de liderazgo configurados a imagen y semejanza de estructuras jerárquicas.
Liderazgo hoy significa liderazgo distribuído. A todos los niveles de la organización o del sistema social debe potenciarse la capacidad de responder de acuerdo con criterios de liderazgo. No se trata de ser o no ser líder, sino de fortalecer la capacidad de respuesta en situaciones no previsibles ni programables. No se trata de ser o no ser líder, sino de tener los recursos para responder como tal, en cualquier nivel, en función de las capacidades propias ante la situación en la que nos encontremos. Por eso también se requiere el reconocimiento de que el liderazgo es circunstancial: no se trata de ser o no ser líder, sino de reconecer, aceptar y asumir que todas las personas pueden responder como tales en circunstancias y contextos concretos, sin que se espere que lo hagan en todos los ámbitos y momentos de su vida. Hoy los perfiles del liderazgo son plurales, si lo que buscamos son líderes y no clones.
Líderes y seguidores se configuran mutuamente porque el liderazgo es siempre relacional y contextual. Quizá deberíamos analizar menos a los líderes y más las relaciones y los contextos. Por eso, quienes pretenden educar o formar para el liderazgo deberían incorporar también la educación o formación de buenos seguidores. En primer lugar, porque el ejercicio del liderazgo se construye habitualmente sobre la experiencia del seguimiento: todos los líderes vienen de una trayectoria en la que no lo eran. Y, en segundo lugar, porque no habrá buen liderazgo sin buenos seguidores.
Lo que me lleva a concluir que hay que acabar con el binomio líder-seguidores (es decir, disolver la palabra seguidor), y hay que empezar a dar nombre y entidad a lo que corresponde en cada relación y en cada contexto. Es decir, hay que hablar más específicamente de líderes y ciudadanos, empleados, militantes, profesionales… lo que corresponda en cada caso. La palabra seguidor ya retrata a quien la usa.
Si no asumimos que no hay liderazgo sin potenciar a todos los niveles a personas activas, críticas, autónomas, autosuficientes y responsables, después no nos extrañemos ni nos quejemos si en lugar de líderes nos encontramos con aspirantes a flautista.
José Mª Lozano
Félix Velasco - Blog

lunes, 26 de marzo de 2012

Si quieres lograr algo que nunca has conseguido.

 
Si quieres lograr algo que nunca has conseguido... debes estar dispuesto a aprender cosas que nunca has estudiado, a hacer cosas que nunca te habías planteado, a romper cadenas nuevas y antiguas, a sacudirte el pensamiento rancio y caduco de ideologías impuestas,... y siempre tratando con respeto al tiempo, para que el tiempo te respete a ti.
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